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Y
entonces, los más afortunados despiertan, refrescan
sus ojos y abandonan los lechos de la comodidad y la
negligencia, y hacen de la noche sus mejores momentos
de intimidad con el Dueño de sus corazones. Los
afortunados son los que hacen de sus noches días,
los que se hacen reproches acusándose de desatención
hacia el Amado, los que convierten sus alegrías
en tristeza porque todavía en ellas no tienen
la compañía de Allah, los que cuando consiguen
su intimidad saben echar un velo celoso, los que no
dudan en permanecer en los umbrales de Allah hasta que
les sea dado permiso para entrar, los que se esmeran
y redoblan sus esfuerzos por alcanzar al Uno-Viviente.
Para ellos, el desierto y la ciudad son lo mismo, y
son quienes acaban oyendo lo que nadie puede oir. Son
los felices, porque se han quedado a las puertas y no
las han abandonado, y han insistido hasta entrar en
la Morada del Encuentro.
Allah retira sus velos y se les muestra en toda su belleza
y esplendor. Disipa la niebla que a los demás
no permite acceder al verdadero significado de sus Palabras.
Y cuando esto sucede, la perplejidad se apodera de los
afortunados, y no pueden expresar su emoción
más que derramando abundantes lágrimas.
Los afortunados son quienes no temen las censuras de
las criaturas, se desnudan de la maldad que los hombres
tienen por cosa preciada y se revisten con las mejores
cualidades, aquéllas que son agradables a su
Creador, y esperan con ansiedad hasta que Él
es dice: “Yo soy el que se vuelve hacia el que
se vuelve hacia Mí”.
Y en ese feliz encuentro beben del licor de la unión:
¡qué podría decirte acerca de esa
bebida! Ellos la absorben en su ser y pierden los sentidos,
y es cuando entre ellos y su Dueño Verdadero
ya no hay distancias. Se han dejado a sí mismos
atrás, y ahora están en su Señor.
Y cuando recuperan la sensatez, he aquí que se
han vuelto sabios, y su sabiduría es extraña
al resto de los mortales. El poeta dijo: “La Verdad
ha retirado el más denso de sus velos, y deja
a sus íntimos escuchar las más perfumadas
de sus palabras. Están presentes en una asamblea
entre íntimos, y en ella pierden la conciencia
cuando muere todo sufrimiento. Estando siempre cerca
de ellos, Allah aún más los aproxima a
Sí dándoles de beber de un licor que pertenece
a los de más alto rango. Con ello los convierte
en reyes, y los hace sultanes de la creación,
y son como montañas para el mundo. Son los que
han rasgado el velo, y ya nada se interpone entre ellos
y lo esencial. Han seguido la mejor de las sendas, y
de ella no se han apartado: han declarado la Unidad
de Allah y no han dejado de hacerlo hasta tropezar con
ella. Han tenido como guía los textos del Libro,
y el Corán ha sido para ellos la luz. Y se han
aferrado a la Costumbre de la mejor de las criaturas,
y la Sunna ha sido para ellos huellas sobre las que
depositar sus pies. Son los que no han dejado de ajustarse
a sí mismos las cuentas, antes de que nadie tenga
que hacerles algún reproche. En la soledad han
hablado consigo mismos, y se han dicho verdades. Al
llegar la noche, puedes observar que cuando los demás
duermen ellos despiertan: saben que es el momento en
que menos distancia hay entre Allah y su creación.
Dan vida a las oscuridades pronunciado palabras de Allah,
y se hacen dignos de su Señor. La Verdad no deja
de observarlos, y presume de ellos. Y por ellos se apiada
del resto de las criaturas. Yo les envío mi saludo:
tal vez lo escuchen en el estrépito del trueno
y lo vean en el resplandor del relámpago”.
Por
todo ello yo quiero elogiar aquí a Allah con
una alabanza que me haga digno de Él, quiero
agradecerle sus bondades para conmigo con una gratitud
que propicie aún más su generosidad y
la desborde, y me haga pertenecer por todo ello al número
de los afortunados, aquellos que han logrado poseer
corazones despiertos. Y afirmo que no hay más
Verdad que Allah, y que todo lo demás es ilusión.
Y con estas palabras rechazo todos los ídolos,
todos los fantasmas y todas las fantasías que
distancian al ser humano de lo esencial y auténtico.
Ojalá que la firmeza de estas palabras me aparte
de toda insensatez y me libere de las creencias inútiles,
e ilumine mi entendimiento evitándome la ignorancia
de los que polemizan sin más argumentos que sus
sueños y sus esperanzas. De Allah sólo
sé que no puedo definirlo, ni medirlo, ni pensarlo,
ni situarlo, ni contemporalizarlo, ni afirmar nada de
su cercanía ni de su lejanía, y sólo
sé de su grandeza en la media en que la creación
me habla de su sabiduría, de su poder, de su
resolución, de su belleza y de su majestad. Es
la creación, y no sólo yo, la que lo glorifica
y exalta en cada instante, pues no hay momento que no
sea expresión de la inmensidad de la Verdad que
la sostiene y la hace real. A ese fundamento es a lo
que llamo Allah, Señor de los Mundos. Y porque
sé que nada puede ser dicho acerca de su naturaleza,
callo y no la imagino, y mis palabras sólo pueden
expresar mi perplejidad y asombro ante lo que carece
de forma, de perfiles, de peso, tiempo y espacio.
Y
junto a este testimonio pronuncio otro que lo completa,
y digo que Muhammad es el mensajero de Allah, y su esclavo
y traductor. Él es quien con mayor claridad ha
sentenciado acerca de estos temas, y nada sé
yo que él no lo haya sugerido. No hago sino intentar
beber de su manantial que es la fuente de toda sabiduría
sensata. Él es quien sembró la simiente
para la destrucción de los ídolos que
impiden llegar al Verdadero, y avisó para que
su nación no se torciera de ese camino. Ojalá
Allah me permita ser su seguidor y amarlo con una pasión
que me acerque a él en todo momento. Allah lo
bendiga y salude con una paz en la que disfrute de la
Abundancia Inagotable de su Dueño.
Después
de todo lo antes dicho, pido a Allah que nos acaricie
con la brisa de su cercanía y nos de de beber
de las copas de su amor. Quiero explicaros de modo resumido
los fundamentos de lo que entiendo como el mejor camino
para llegar a saborear a Allah. Ésta senda que
resumo es la que se desprende de nuestras experiencias,
y tiene diez bases.
Primer fundamento: an-niyya as-sâdiqa
La base de todo bien ante Allah es la intención
sincera (an-niyya as-sâdiqa) en la que no hay
ninguna doblez, porque el Profeta dijo: “El ser
humano sólo consigue en verdad aquello en lo
que ha puesto su intención”. Niyya, o intención,
quiere decir firmeza interior. Es sincera (sâdiqa)
cuando su propósito es alcanzar a Allah, y no
tiene otro interés, por lo que se rinde por completo
a su objetivo y no busca otra cosa: su sola satisfacción
está en su Señor, y no en sí misma
ni en sus actos. Y además es firme y continua,
y nada influye sobre ella ni se tambalea ante nada.
Es una intención con la que se busca la Verdad,
y por ello es verdadera.
Segundo fundamento: al-‘ámal lillâh
El segundo fundamente es actuar por Allah (al-‘ámal
lillâh). Es decir, hacer lo que se tenga que hacer
por Allah, sin asociarle nada. Nada esperarás
de la creación, ni te fijarás en lo que
opine acerca de ti. No esperarás que te admiren,
ni temerás sus censuras. Esto es lo que quiere
decir al-‘ámal lillâh. El Profeta
dijo: “Sirve a Allah como si lo vieras; si no
lo ves, Él te ve”. Tener presente estas
palabras es lo que permite cumplir con este segundo
pilar del camino. En otra ocasión, el Profeta
dijo: “El servidor del dinero es desgraciado”,
no esperes, pues, ninguna recompensa que no sea tu Señor
en Sí mismo. Además, para cumplir con
este segundo fundamento, debes abandonar todas tus esperanzas
y expectativas. Sólo sirve a Allah por Allah
el que no espera nada de Él como no sea Él
mismo. Nada te bastará que no sea tu Señor.
El Profeta dijo: “Signo de buen Islam es que abandones
lo que no te concierne”, y a ti sólo te
concierne Allah.
Tercer fundamento: muwâfaqat al-Haqq wa
mujâlafat an-nafs.
En tercer lugar, es necesario coincidir con Allah (muwâfaqat
al-haqq) y rebelarse contra el ego (mujâlafat
an-nafs). Coincidir con Allah quiere decir abandonarse
al destino, fluir con lo que Allah decide, no frustarte
ante lo que no te satisface. Rebelarse contra el ego
consiste en someterlo a tu disciplina y no entregarte
a sus caprichos, perezas y comodidades. El hombre común
hace lo contrario a lo señalado en este tercer
fundamento: se rebela contra Allah, y acaba frustrado,
y coincide con su ego, por lo que acaba cegado. Sin
embargo, quien sigue este consejo rompe el velo y entra
en el espacio de las revelaciones: duerme poco, prefiere
la soledad, practica el ayuno, es humilde, silencioso
y pobre. Por ello, es sabio.
Cuarto fundamento: al-‘ámal bil-ittibâ‘.
Actuar conforme al ejemplo (al-‘ámal bil-ittibâ‘),
es decir, amoldarse a las enseñanzas del Profeta,
y seguirlo en el paradigma que nos ofrece. Esto te evitará
tus arbitrariedades. Nada consigue el que se sigue a
sí mismo, pues aunque no lo quiera es inspirado
por su ego, y el ego es un dios, un rival de la Verdad.
El Profeta dijo: “Oid y obedeced, aunque sea a
un esclavo etíope”, es decir, respetad
a quien tenga algo que enseñaros. Y el mejor
de los maestros ha sido Muhammad (s.a.s.).
Quinto fundamento: (al-himma al-‘úlia)
Tener una aspiración elevada (al-himma al-‘úlia),
es decir, contar con fuerzas suficientes en el corazón
como para no dejar nada para mañana, y saber
que quien se contenta con poco nunca tendrá mucho.
Sexto fundamento: al-‘aÿç
Junto a todo lo anterior debes tener una clara conciencia
de tu impotencia (‘aÿç). A pesar de
tu resolución y firmeza, tu incansable esfuerzo
y tu decisión imperturbable, debes saber que
nada de ello te acercará a Allah si Él
no quiere. Esto se basa en la Verdad de las cosas, pero
también te hará humilde y no despreciar
a las gentes. Cuando realmente llegues a saborear que
todo está en Manos de Allah estarás de
verdad cerca de Él y cerca de las gentes. Habrás
comprendido entonces lo esencial.
Séptimo fundamento: al-jáuf wa
r-raÿâ
Simultanear el miedo (jáuf) y la esperanza (raÿâ).
Temer a Allah te evitará echarte a atrás,
y esperar únicamente de Él te hará
avanzar. No tengas miedos pequeños ni esperanzas
pequeñas: sea tu miedo de Allah y tu esperanza
de Allah, y así tus pasos serán de gigante.
Octavo fundamento: al-wird ad-dâim
Te es necesario un wird permanente (al-wird ad-dâim),
pues quien no tiene wird no tiene de dónde beber.
Tu práctica del Dzikr es el soplo con el que
desatas los nudos, pues las palabras sirven para relajar
el mundo interior. Haz que tus palabras sean en buena
medida Dzikr, y así iluminarás tu corazón
y lo desatarás.
Noveno fundamento: al-mudâwama ‘alà
l-murâqaba
Constancia en la vigilancia (al-mudâwama ‘alà
l-murâqaba). Debes ser consciente de tus momentos,
e intentar estar siempre en Presencia de Allah. Quien
vigila constantemente su propio corazón acaba
descubriendo en él a su Señor, y una vez
logrado no debe de apartar de Él la mirada. Con
el Dzikr niegas lo que no sea Allah, y eso va despejando
tu mundo hasta que en él ya no puedes encontrar
lo que no sea la Verdad, y es en tu corazón donde
resplandecerá con mayor intensidad. Primero entenderás
que no hay movimiento ni calma en el universo que no
sea Voluntad de Allah y Presencia directa suya. Después
te elevarás sobre esta percepción hasta
que esa observación se convierta en certeza,
y vivas movido y calmado por Allah. Al final, exclamarás:
“Nada veo en lo que no esté Allah”,
y es así puesto que Allah es el Sostenedor de
todas las cosas. Deja de ver las cosas y distinguirás
su Fundamento. Y todo esto te enseñará
sobre todo a ser cortés con cuanto existe, pues
el Profeta (s.a.s.) dijo: “Me ha educado mi Señor
y ha hecho hermosa mi cortesía”.
Décimo fundamento: al-‘ilm
Y también debes procurarte conocimiento y ciencia
(‘ilm) pues todo lo que se hace sin saber da como
fruto ignorancia y fanatismo. Puesto que buscas ser
iluminado, has de caminar por una senda clara. Y lo
primero que has de procurar conocer es la Sharî‘a
para que tus acciones sean conformes a la Revelación,
se ajusten a una norma sabia y te enseñen humildad
y sencillez. La Sharî‘a no es otra cosa
que el Corán y la Sunna, y en ellos está
la Senda.
Sobre estos fundamentos he asentado los pilares de palacios
que son más valiosos que los palacios. Sobre
cada uno de estos cimientos he colocado sólidas
piedras para que sobre ellas se suban los que quieran
divisar el horizonte de Allah. Son un campo de cultivo
que arar con azadones de wird y dzikr, para en ellos
sembrar los jardines prometidos a los afortunados. Son
mi alcázar que he adornado con las ricas alfombras
del Salat, y sobre ese reposo he estimulado mi esfuerzo
y he redoblado mi esmero. Así es como espero
recolectar los frutos de mis acciones: sólo deseo
que sean regados por el frescor del agua de Allah. Ciertamente,
Él es el Generoso, el Noble, el que no escatima
a los que ansían su Abundancia.
Y la Paz se apodere de quienes sigan estos pasos e imiten
el ejemplo del Profeta (s.a.s.). Allah lo bendiga y
lo colme de secretos íntimos, así como
a los suyos y a sus compañeros. Âmîn.
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