Acerca del Sermonear
Imán Al Gazzali
 
 
  ¡Hijo mío! Debes evitar con el mayor cuidado, convertirte en sermoneador y misionero. Porque esto presenta muchos inconvenientes. A menos, claro esta, que unas el ejemplo a la palabra; después invitaras a otros a que te imiten. Medita en las palabras que le fueron dichas a Jesús (as), hijo de Maria(as): “Sermonéale ante todo a tu alma; si ella se beneficia con tu sermón, entonces dales el sermón a los demás. Si no, TEN VERGÜENZA ANTE TU SEÑOR”. Pero si te ves constreñido a emprender esta tarea, guárdate de dos defectos.
 
 

De la afectación en la palabra, las expresiones, los gestos, las extravagancias, los verbos y las estrofas. Dios detesta a los hombres afectados. La afectación revela, en efecto, el desorden y el descuido interiores. Predicar es impulsar al ser humano a tener presente el fuego de la otra vida, su negligencia en servir al Creador, el tiempo pasado en ocuparse de cosas inútiles; es invitarlo a pensar en los obstáculos que pueden impedir creer en el mas allá, a pensar en el estado en el que se encontrara entre las manos del ángel de la muerte, a preguntarse si puede responder a las preguntas de Munkir y de Nakir, a ocuparse seriamente de su estado en el día de la resurrección.

Ellos son los nombres de dos Ángeles que examinan a los muertos en sus tumbas. Apenas se ha extinguido el ruido de los pasos de quienes lo han encerrado en la tumba, el muerto ya es visitado por los dos Ángeles llamados Nakir y Munkir, que lo interrogan: ‘? ¿Cuál es tu Señor? ¿Cuál es tu fe? ¿Cuál es tu Profeta?. Si responde recitando la profesión de fe musulmana, la Sajada que se ha repetido en torno a el antes de su muerte y que DEBE haber sido el tema de sus ultimas palabras, los Ángeles lo abandonan silenciosamente y abren en su tumba una puerta a través de la cual puede ver su lugar en el paraíso. Si no responde o si responde mal, los Ángeles lo golpean con porras de hierro y en la tumba una puerta se abre que le muestra su lugar en el infierno.- Esta descripción es dada en la pagina # 64 de Les Institutions Musulmanes.)

¿Podrá pasar sano y salvo el puente que separa este mundo del otro o caerá en el precipicio? ( Sirat = vía [puente]. En el libro citado anteriormente dice en la pagina #66: “Efectuado el Juicio Final, pasan todos los seres sobre el puente [sirat], mas fino que un cabello y más filoso que un sable. Los buenos lo atraviesan con la velocidad del relámpago, los réprobos caen en el infierno”.)

Todas estas cosas quedaran grabadas en su corazón y lo atormentaran. El ardor del Fuego, los lamentos al pensar en estos infortunios, esto se llama la advertencia.
Informar a los hombres y mostrarles estas cosas, llamar su atención sobre su negligencia y sus excesos, incitarlos a pensar en sus defectos de modo que el ardor de este Fuego toque a los miembros de la asamblea y que estas desgracias los horroricen de tal manera que reparen, en la medida de lo posible, los días pasados de sus vidas y lamenten a los que emplearon en otras cosas que en la sumisión a Dios, estas ideas que acabo de resumir forman lo que se llama un sermón. Si tu vieses que una inundación alcanza una vivienda en la que se encuentra tu prójimo con toda su familia, gritarías: “! Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡ Huid que llega el torrente!”. ¡En una situación como esta, no le advertirás al propietario de la casa con maneras o expresiones afectadas, rasgos de ingenio o alusiones, sin duda! Así debe ser el predicador: debe evitar todo eso.

El segundo defecto es pretender provocar la emoción de quienes te oyen para que expresen con ostentación su entusiasmo ante tus dones y tu genio, por ejemplo rasgando vestiduras, a fin de que se grite: “!Que orador extraordinario!”. En este caso no inclinarías mas que a las cosas de aquí abajo, a lo que es tan solo fruto de la futilidad. Por el contrario, tu impulso y tu ardor deben tener por propósitos llamar a los hombres para que se dirijan de este mundo al otro, de la desobediencia a la obediencia, de la adhesión a las cosas de este mundo a la vida ascética, de la avaricia a la generosidad, de la duda a la certeza, del olvido negligente al sobresalto de la conciencia, de la vanidad a la piedad; y hacerlos amar el mas allá y detestar este mundo; enseñarles la ciencia de la adoración y del ascetismo; no hacerlos presumir la generosidad de Dios, ni su misericordia; porque lo que domina su naturaleza es el alejamiento del camino de la religión, la búsqueda de lo que Dios no quiere y la practica de las malas costumbres.
Pon, pues, el temor en sus corazones, horrorízalos, aterrorízalos, para que teman el peligro que los espera y se pondrán entonces a obedecer firmemente a Dios y a dejar de desobedecerlo. Tal es la vía que ha de seguirse para predicar a los demás y darles consejos.
Toda otra manera de predicar constituye un peligro tanto para “el que habla como para el que escucha. Es mas, ya se lo ha dicho: un mal predicador es un monstruo de perfidia diabólica que aparta a los hombres de la vía recta para perderlos. Así, pues, deben huirle, porque ni Satán en persona alteraría su Fe tanto como él lo hace. El auditor que tuviese coraje suficiente para ello debería hacerlo descender del lugar de donde predica e impedirle que continuara con sus estragos – consecuencia natural del precepto que manda hacer el bien prohíbe practicar el mal.