De Segundas Intenciones
Sheij Abdel Kader Baba Al-Halvetti Al-Yerrahi
 
 

Pilares, creencias... pero por nuestros actos, me parece que todo eso que preguntamos con tanta curiosidad acerca del Día del Juicio, del juicio a nuestras almas, del Juicio de la tumba, de los premios y castigos, del día en que apareceremos en la planicie de Arafat, totalmente desnudos y sin poder cubrirnos, y cuando veamos a Allah tal cual es. Si realmente creyéramos, no haríamos muchas de las cosas que hacemos normalmente.

Tenemos ideas acerca de las cosas, pero en realidad creemos más en la justicia humana que en la divina y le tememos más al juez y a la policía que a los ángeles que anotan nuestros actos.

 
 

Los actos buenos o malos están anotados inmediatamente en el momento que se producen y en ese momento somos juzgados, no hay dos instantes para eso. Remitámonos y démosle crédito únicamente al Corán y a los hadices para entender, no conocemos a nadie que se haya muerto y haya vuelto para dar fe. Nosotros creemos en el Libro, en los hadices y en lo que escribieron nuestros sabios sobre estos temas.
Dice Allah en el Corán "Yo estoy en la opinión de mi siervo". En el Día del Juicio, cada Profeta intercederá por su comunidad.

Me gustaría ver algo práctico: que es lo que hacemos nosotros hoy acá con nuestras creencias y con nuestros actos, teniendo la seguridad que nuestros actos son juzgados en el mismo momento que se producen, no en el momento de nuestra muerte, donde ahí el ángel nos va a decir lo que anotó.
Fíjense lo que nuestro hermano Abdu Rahman nos relató sobre los Hadices: si hay un hadiz firme que está transmitido por una persona incorrecta, ese hadiz no es tenido en cuenta. Los taoístas dicen también que una tradición correcta transmitida por un hombre incorrecto da resultados incorrectos y puede ser que una tradición incorrecta transmitida por una persona correcta de resultados correctos. Es la persona el soporte que hace correcto o incorrecto lo que se transmite.

Estamos tratando de hacer el camino que parte del gran frontispicio de la Shariá y se adentra en el desierto de la Tariká, donde todo lo que era zahir (lo externo de la Shariá) se convierte en baatin (lo interno de la Tariká). El Corán, los hadices, el udú, todo se convierte en baatin. Todo lo que tiene su lado expuesto tiene su lado oculto. Nos interesa no lo que está oculto, sino por ejemplo lo que está oculto de Uriel para él mismo, nos interesa poner de manifiesto lo que está oculto en nosotros, porque eso es lo que más nos molesta y se manifiesta a través de pulsiones inexplicables: miedos, reacciones raras, fobias, odios, hipocresía, un cúmulo de energías que están dentro nuestro y no podemos percibir.

Parece ser además que el ángel que anota nuestros actos, no lo hace por los actos en sí mismos sino por la intención que dio lugar al acto, y nosotros no conocemos bien cuales son nuestras intenciones. El sufismo es la ciencia de la develación de las intenciones. Cada acto tiene una "verdadera intención" que es más difícil de ver que una hormiga negra sobre una piedra negra en una noche sin luna, como decía nuestro Profeta (saws), para el que realiza el acto. El sufismo sostiene que esa intención evidente que está aparentemente detrás de cada acto, en realidad está ocultando otra intención que no es evidente para esa persona. ¡Que complicado! Los sufíes sostienen esto hace más de mil años, ahora lo están descubriendo los psicólogos modernos. Esto significa que hay algo oculto en uno y de eso se trata Tariká, en la parte interna del Camino. Tassawuff, la doctrina de la Unidad Divina está compuesto por cuatro pasos, que corresponden a la: T de tauba, arrepentimiento, darse vuelta, S de safia, que es pureza, W de wali, amigo o cercano de Dios, F de faná, disolución en Allah. Estas dos últimas (wali y faná), no las conocemos y no podemos hablar de ellas, pero un poco podemos hablar de tauba y safia.

"Todos los seres humanos son iguales excepto por su capacidad de tauba", reza un hadiz. La capacidad de arrepentirse es lo que diferencia a un ser humano del otro. Pero, arrepentirse ¿de qué y como? Después de la T de tauba, viene la S de safia, pureza, pero no nos estamos refiriendo aquí a la pureza de los cristianos en el sentido del ser moral; nos referimos a la pureza de la intención. ¿Qué intención se oculta en mi corazón cuando hago algo? A esto se refiere la frase "Conócete a ti mismo". Partimos de la base de que no nos conocemos, y por lo tanto no conocemos el secreto de nuestras intenciones.

Un ejemplo sencillo: Si yo me empeño en hacer buenos actos para congraciarme con Allah y así negociar con Él el paraíso, esos actos no sirven para nada. Esto es simplemente un comercio y no sirve. Ahora, ¿qué hacer para conocer la intención que está detrás del acto bueno que hice? Otro ejemplo: Cuando doy una limosna, ¿lo hago para aliviarme de todas las injusticias que cometo con la plata que tengo y que me guardo toda la que puedo, mientras que a la gente que tengo más cerca y que necesitaba mi ayuda, le hice un corte de manga? Estas cuestiones que son de las que trata el Tassawuff, necesitan un ojo interior entrenado y necesitan una despiadada indagación en mi corazón, sin contemplaciones hacia mi mismo. Instalo en mi corazón una sana duda sobre lo que soy y acerca de mis actos. Indago en que mis actos pueden estar originados en una segunda intención que se me escapa.
El sufismo está lleno de relatos sobre el tema de las intenciones y de gente que fue a parar a otro lado porque sus intenciones no eran las correctas como el relato de la madre del profeta Suleyman (as), Salomón, o de aquel que no se perdía jamás una oración. La primera, que construyó gran cantidad de mezquitas, supuestamente para agradar a Dios, cuando en realidad lo hacía para engrandecerse, para engrandecer su ego, y el segundo se creía un gran musulmán, estaba muy orgulloso de que nunca perdía una oración.

¿Cuántos de los actos que hacemos supuestamente para que otra persona se sienta bien, en realidad lo hacemos para sentirnos bien nosotros mismos? ¿Cuántas veces retenemos a alguien que se va a morir, y que se tiene que morir y que se va a morir, haciendo todo lo indecible por salvarlo, pero no por realizar un acto piadoso, sino porque no podemos soportar la idea de la pérdida de esa persona?

El sufismo es la ciencia de las segundas intenciones

Puede ser que esto que les estoy diciendo lo haga para que ustedes aprendan algo o porque me guste regodearme al escucharme, teniendo auditorio. Esto me incumbe a mí y no puedo ser tan necio de pensar que estoy aquí únicamente para ayudarlos, o que no tenga un nafs con una intención oculta; tal vez el poder que no puedo ejercer en mi casa, lo ejerza aquí con ustedes. Si me quedo solamente con la intención que me salta a la vista, entonces: "yo estoy aquí para ayudarlos, por supuesto". No quiero complicar más esto pero también puede ser que aunque la intención sea que yo me regodee, también los esté ayudando a ustedes, porque Allah sabe más, pero esto es otra cuestión.

El sufismo es el camino de los sentidos ocultos

Tiene que haber Tauba, arrepentimiento y Safia, pureza de intención.
Los maestros sufíes han tratado de llevar al derviche a un estado de perplejidad, a un estado de contradicción y a un callejón sin salida. Este no es un camino para pensarlo, es un camino para sentirlo, un camino de saboreo, sino sería otra filosofía más.

Entonces ¿de qué hay que arrepentirse, porque y como? El sufismo que es la ciencia del alma, opera como todas las ciencias, empleando las estadísticas, y ya que hablamos de estadísticas... nadie se salva, nadie se despierta por si mismo. La humanidad está formada por seres que son máquinas y esto es así por voluntad de Allah y tiene su razón de ser. Dicen los sabios que hay un solo profeta por época y 72 hombres que se despiertan en cada generación, por lo que esta ciencia es para ser aplicada a la inmensa mayoría que no se despierta, porque de ahí salen los 72 que sí se despiertan.

Todos nosotros debemos hacer el esfuerzo de conocernos a nosotros mismos, y ¿qué es lo que tenemos que conocer de nosotros mismos para arrepentirnos de eso que conocemos? Todos nosotros estamos perturbados por defectos que han conformado en nosotros una personalidad neurótica. Los psicólogos dicen que todos los seres humanos son neuróticos y los sufíes dicen que todos los seres humanos están dormidos. Las neurosis, nudos energéticos que nos desintegran como seres humanos, crean las diferentes particularidades de nuestra personalidad, y provoca que no estemos en un estado integrado. Debemos reconocer esto, que tenemos extrañas personalidades y que nos comportamos de una extraña forma con nosotros mismos y con el mundo, y todo eso se manifiesta en errores que cometemos en nuestras vidas que provocan situaciones desagradables. Además, nosotros echamos la culpa de estas situaciones a los demás, a la mala suerte, al mundo, con tal de no ver que soy yo el que las genera y hace que estemos en una situación donde nuestras energías se encuentran desperdigadas en preocupaciones por cuestiones psicológicas que nos impiden centrarnos en una verdadera búsqueda interna de Allah.

Este sueño de la humanidad es hereditario: yo heredé el sueño de mi padre que lo heredó a su vez de sus padres y que yo ya se lo transmití a mis hijas y éstas a sus hijos, que por supuesto nadie acepta que esto es así y dirán que están educando a sus hijos de una forma impecable. Estamos ciegos a nosotros mismos, estamos educando a nuestros hijos de una forma más parecida a como nos educaron a nosotros mismos. Yo les transmití a mis hijas mis miedos, mis fobias, mis malos comportamientos y ellas a su vez hacen lo mismo con sus hijos. Por supuesto que yo también pensaba que estaba educando a mis hijas impecablemente, ya que tenían un comportamiento "dentro de lo normal". Les estamos transmitiendo el sueño, nuestro sueño, a nuestros hijos. Tenemos comportamientos extraños – que nuestros hijos ven – y esas neurosis, que los sufíes llaman nafs ammara (el ego que transmite el error), provoca que a la persona no le quede resto energético para emplearlo en la búsqueda de Dios y si lo emplea, lo hace de una manera neurótica, buscando a Allah desde el nudo desintegrado interior de su neurosis. A esto el Profeta Muhammad (saws) lo denominaba "tu shaitán particular". Tu "shaitán particular" es tu núcleo desintegrado mayor o el rasgo principal o el defecto principal, o como lo quieran llamar. El Profeta mencionó a Aisha (as), que él había islamizado a su shaitán particular. Desde esta óptica, todos estamos dormidos, todos estamos enfermos, desintegrados, todos estamos en manos del nafs ammara. Conocerse a sí mismo es conocer los mecanismos del nafs ammara: cómo me miento a mí mismo, cómo me oculto mis verdaderas intenciones, cómo me disfrazo y cómo veo al mundo a través de ese disfraz.

Conocerse a si mismo significa conocer la mentira en que he vivido toda mi vida, para desterrarla y hacer tauba. El Profeta le pedía a Allah "Señor, hazme ver la verdad que hay detrás de la realidad". ¿Hay acaso una verdad detrás de la realidad o es que la primera realidad no es real? ¿Cómo es posible que algo sea verdadero y falso a la vez? ¿Cómo es posible que haya verdad detrás de algo que no lo es? Nosotros vemos al mundo como verdadero. Y no lo es, esa no es la verdad. ¿Y cuál es la verdad que está detrás de ese mundo que nosotros vemos como verdadero? Mis sentidos dicen que es verdadero. El sufismo dice que este mundo que vemos, olemos, degustamos, palpamos y oímos no es verdadero, es un sueño. Yo, anoche soñé que estaba en un bosque, ¿era verdadero el bosque?, no, no lo era, y cuando me desperté estaba en la cama y no había ningún bosque. Mientras soñaba el bosque era real, pero estaba únicamente en el sueño. Los sufíes dicen que este mundo no es real, es virtual. Cuando nosotros detectamos nuestros defectos, como envidia, hipocresía, soberbia – que siempre se enmascara en nosotros detrás de un personaje humilde – y ojalá que hayamos podido detectar el defecto principal, el paso siguiente es darse cuenta que todo esto que nos molestaba tanto, es mentira, que todo aquello, envidia, soberbia, todo eso forma parte del sueño, nos estábamos preocupando por algo irreal; entonces aquí viene la segunda parte del hadiz "que cuando te conozcas, verás cuál es tu realidad y verás a tu señor". Pero claro, este es un sueño muy real y nos tiene atrapados a todos del cogote, ¿o acaso ustedes no sufren?

(Le hacen una pregunta a Baba y se genera un diálogo)

Si yo tengo "un amor puro" por mi hijo o mi hija, ¿no tengo que poner la felicidad de ellos por delante de la mía? Y si la felicidad de ellos pasa por no quererme a mí, ¿no tendría yo que aceptarlo, porque esa es su felicidad?, ¿Por qué no pueden tener razón ellos, para no quererme? ¿Por qué tendría que dolerme, quién se duele?, ¿Mi imagen, la imagen que yo tengo de mi mismo?, Claro, yo quiero que todos me quieran ¿ y me tienen que querer todos a la fuerza, o puede ser que haya gente que no me quiera? ¿Por qué me tengo que resentir cuando alguien no me quiere? ¿Por qué le tengo que tomar inquina a esa persona que no me quiere? ¿Acaso me tiene que querer porque yo lo quiero? No me tendría que resentir nada y eso constituiría por si mismo una señal de pureza.

(Se genera otro diálogo)

La paradoja del sufismo es que al conocerse a si mismo, conocemos todo lo falso que somos y que toda nuestra vida y hasta nuestro pretendido amor por Dios, lo hemos asentado en sentimientos erróneos. Una vez que está esto reconocido, tenemos que saber que nosotros no somos eso y ahí es donde conoces a tu Señor. La paradoja estriba en que para qué hacer todo ese esfuerzo si es todo falso después. Sí, es falso, pero soy yo quien lo dice y eres tú el que lo tiene que comprobar. El guía está para guiar, pero la experiencia la tiene que hacer cada uno. El guía dará el remedio, pero tú eres el que se lo toma, o no.

La soberbia, la hipocresía, la envidia, la lujuria, etc. que tienen connotaciones morales, en realidad son todos núcleos de desintegración energética interna del individuo que le producen neurosis, el nafs ammara. En estas condiciones es muy difícil realizar una búsqueda espiritual.

Yo, que he pasado mi propia tragedia, cuando estaba devorado por ella, no veía otra cosa que la tragedia, mi tragedia personal y me había quedado sin Sheij, sin fe, sin camino, sin fuerzas, sin Allah, la tragedia me había devorado. Vi la falacia de mis creencias, vi la falacia de mi fe, de mis fuerzas y vi que todo eso estaba sustentado en nada, que no había en mi nada firme, que era todo mentira, que lo que creía que era fortaleza, fe, era todo mentira, tuve que hacer un renacimiento, pero de alguna forma se me murió todo lo que yo creía ser. Vi mi propia y enorme indigencia, que nada tenía, que no tenía fe... pero eso es bueno...

Cuando el Sheij Al Alawi se hallaba sumido en una prueba inmensa que Allah le había enviado, él le rogaba a Allah que le sacara esa prueba, pero cada vez la prueba se intensificaba, ahí cambió y le pidió a Allah que le diera fuerzas para sobrellevar la prueba.

Las pruebas que nos ocurren en esta vida no pueden ser cambiadas y no se le debe pedir a Allah que nos las cambie, lo que deberíamos pedir a Allah es que nos haga comprender para que son. Este es el mundo de la prueba, las pruebas para cada uno de nosotros ya están asignadas. Toda prueba es para aprender, crecer, para fortificarse. Las pruebas estaban en el cielo de nuestra constelación en el momento de nacer, es con la trama con la que venimos al mundo y se va a engrampar en un cuerpo que va a vivir esa trama, y todo es para comprender. No podemos evitar pasar por esa trama. Ibn ‘Arabi decía que para qué íbamos a pedirle a Allah que nos cambie algo, si ya estaba todo dado. La prueba es lo único que tenemos para aprender. Si uno pasa una prueba, seguramente la próxima la va a comprender mejor. Allah Hu Ta´ala nos dice en el Corán al Karim "En la dificultad está la facilidad".

En Tarika, decimos que hay que agradecer cuando a uno le va mal y tener paciencia cuando le va bien, y esto no es por ser masoquista, porque la prueba nos muestra todo lo que es nuestro rasgo principal, cuando es una prueba grande. Si una persona tiene un negocio y quiebra y termina encerrada en un manicomio o lo sobrepasa y abre otro más adelante, ¿porqué a esa persona se le presenta esa prueba en vez de otra diferente? Porqué su rasgo principal está relacionado con ese ítem y otro tipo de prueba no lo hubiera afectado tanto como quebrar.

Ibn ‘Arabi recomendaba llevar un diario donde anotar al fin de cada día los pensamientos que se nos van ocurriendo, donde al cabo de un tiempo uno se llevará una sorpresa acerca de lo que se creía de si mismo.