El Qawm: Las Ciencias del Núcleo
 
 

En el mundo de la trascendencia, entrégate sin reparos a tu Destino, abandónate a tu Señor. Que en el mundo de tu acción no te justifique el destino: esa es la excusa del perezoso. Y no trasciendas con prejuicios: ese es el estigma del ignorante. Sé en cada casa según su exigencia y no seas de los que no saben. En tu mundo, sé rey y sultán; en el Mundo de Allah, sé lo que eres en realidad, sé según tu propia verdad.


 
 

No encuentre tu corazón sosiego en el mundo, ni en lo que te ofrece: la calma no es el signo de los fenómenos. Si te dejas conducir por el mundo como un muerto, no encontrarás nada. Toma del mundo tu parte, pero entrega tu corazón a la Verdad de lo creado. Aquiétate tan sólo ante las puertas de Allah, y espera a que sus embajadores griten el "adzán" que anuncie tu momento, aquél en el que puedas acceder a la Presencia del Uno, del Señor de los mundos; entonces, aguza el oído de tu corazón, pues en un momento se te revelará el secreto, y desde tu corazón pacificarás todos tus esfuerzos, y harás descansar a tu cuerpo fatigado. Que tu descanso no sea muerte, si no el haber alcanzado el significado de las cosas: que tu corazón esté siempre a solas con tu Señor y no irrumpan en tu soledad ni tus riquezas ni tus hijos.

Llegará hasta ti un momento en el que para tu corazón la creación aún no haya sido creada, y entonces dejarás de contemplarlo todo como algo añadido a la realidad del Uno, como si tu Señor no hubiera creado nada fuera de Él, integrado todo en su Unidad Verdadera. Será el instante de tu dicha, aquél en el que todo es reunido: contémplalo entonces con Su Ojo, y óyelo con Su Oído, que sólo Él actúe. Sé como las ramas de un árbol, Él es tu tronco; o como una hoja, Él es tu rama. Entonces no sabrás nada, ni oirás nada; Él te habrá plegado. Sólo Él sabrá, verá y oirá. Y cuando Él quiera, volverá a desplegarte.

El Qáwm, los selectos de entre los musulmanes, son guardianes de corazones y secretos: están siempre atentos al Verdadero obrando para Él. ¿Y tú pretendes formar parte de su número? Nada sabes del Qáwm, nada sabes de las ciencias del Núcleo, nada sabes de los susurros de la Intimidad. Pronto habrás de morir, ¡ tras la muerte te vendrá el arrepentimiento! La elocuencia de las lenguas te ha hechizado, pero tú eres mudo. Elocuencia es la del corazón: llora por ti mismo mil veces antes de hacerlo una sola vez por alguna otra cosa. Tu corazón está muerto: No verías al Qáwm ni aunque los tuvieras delante de ti; sin saberlo has vuelto la espalda a los Awliyá, has cubierto tu mirada con un espeso velo. El sabio estaba mudo y Allah le dio la palabra: con ella Allah cura corazones; si no fuera así, ojalá volviera a enmudecer.

Os invite a la muerte roja, a la que sigue a la batalla sangrienta. Os invito a la muerte de los que se combaten a sí mismos hasta causarse la muerte. Ese es al Yihad: si no morís de vuestra la muerte, ¿cómo podréis estar vivos alguna vez? Morid de vosotros, morid de vuestro mundo, abandonadlo todo sin dejarnada, forjaos en la lucha verdadera del que busca al Verdadero, haced ese sangriento recorrido y no desesperéis. Allah mismo cambia continuamente: "Cada instante, Él está en un asunto distinto". Invocadle con vuestros corazones poderosos, no con las lenguas.

Declara la Unidad del Verdadero hasta que en tu corazón no quede un átomo creado: en el tawhid se disuelve todo fulminado por la evidencia de la inmensidad de Allah-Uno. El tawhid es remedio, bálsamo y talismán contra los desvaríos del ego. Tu nafs ama las apariencias, se satisface en lo insustancial porque tiene poca consistencia y tú nunca lo has asomado a los espacios insondables de Allah, esos espacios abiertos donde todo adquiere su medida justa. Tu nafs ha acabado convirtiéndose en una serpiente que se ha revuelto contra ti: ahora te domina y dirige tu vida arrastrándote en pos de tus quimeras. Busca al encantador que le arranque los colmillos y extraiga su veneno. El encantador te enseñará cómo cuidarte de los engaños de la serpiente y te la devolverá inofensiva y mansa. Volverás a ser dueño de ti mismo y tus facultades estarán a tu servicio.

Cuando avances verdaderamente por las sendas del amor a Allah, verás cómo Él mismo te socorre y te auxilia, protegiéndote contra los espejismos que sólo son causa de frustración: te conducirá a donde hay agua real que saciará tu sed. El mundo dejará de angustiarte, y serás su dueño y su sultán.

Afirmas con la lengua la Unidad de Allah, y sin parar dices “la ilaha illa lah”, pero tu fuerza no traspasa los límites de la boca: después te dispersas de mil modos, y tu dispersión inventa para ti un sinfín de dioses. ¿Te atreverías a salir conmigo una noche y caminar por veredas apartadas y peligrosas, tú armado y yo sin armas? ¿Quién crees de los dos que sería espantado por el miedo? Tú has crecido en la hipocresía y yo en el imán.

¡Gentes! Corréis como locos detrás del mundo para que os dé sus migajas, y el mundo corre detrás de los awliyá para recibir sus bendiciones. El mundo se postra ante los conocedores de Allah, se humilla ante ellos, hunde su cabeza antes de acercárseles. Quisiera sobornarlos como a vosotros os ha corrompido, pero nada tiene el mundo que los awliyá ambicionen.

Hiere la codicia de tu nafs con la afilada espada del tawhid, ponte el casco protector de la absoluta confianza en Allah, toma la lanza de tu combate interno y guárdate con el escudo de tu temor a Allah sólo: lucha, a veces caerás al suelo, otras cabalgarás sobre tu enemigo; pero no desistas hasta que lo hayas sometido por completo. Sólo entonces podrás reconciliarte contigo mismo.

Nada de bueno hay en ti mientras no te conozcas realmente. Sólo entonces encontrarás reposo: tu corazón se calmará entonces y tu secreto se tranquilizará y tu vida se reconfortará en Allah.