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El
texto que a continuación les ofrecemos corresponde
al artículo del doctor Javad Nurbakhsh, titulado:
Sufismo y psicoanálisis, que fue publicado en
The International Journal of Social Psychiatry, Vol.
24, Nº 3.
El
sufismo es la escuela de la iluminación interior
y no la de la discusión, y el sufí es
algo en el que uno "se convierte" y no algo
que uno aprende intelectualmente. Ahora bien, lo referente
a la iluminación interior no puede expresarse
con palabras. Por tanto, según afirman los grandes
maestros sufíes, "aquello de lo que se puede
hablar no es sufismo". O bien, en palabras de Yal
al-ol Din Rumi
Por
mucho que hable de amor o lo defina,
cuando llego al amor me avergüenzo de mis palabras.
(Rumi 1926, p.10).
De
aquí que todo lo que han dicho eminentes sufíes
acerca del sufismo sea tan sólo un intento de
expresar con palabras sus propios estados interiores.
Puede servir para dar una muestra de la naturaleza del
sufismo y de sus características, pero no puede
constituir una definición general y completa
del sufismo. En un intento de formular una definición
completa podríamos decir lo siguiente: "El
sufismo es un camino hacia la Realidad Absoluta, cuya
fuerza motivante es el amor, y los medios que se aplican
son el continuo recuerdo de Dios (zekr) y la vida en
un estado de estabilidad en cualquier circunstancia;
el objetivo de este camino es Dios". En otras palabras,
al final de la senda sufí nada queda sino Dios.
Objetivo
del sufismo
El
objetivo del sufismo es el conocimiento de la Realidad
Absoluta, no como nos la enseñan los hombres
instruidos, a través de la lógica y de
la demostración, sino tal como es en sí
misma. Este conocimiento sólo se puede alcanzar
con el "ojo del corazón", esto es,
mediante la iluminación y la contemplación.
Definición
del sufí
El
sufí es aquel que recorre la senda del amor y
de la devoción, dirigiéndose hacia lo
Absolutamente Real. Cree que el conocimiento de lo Real
sólo está al alcance del Hombre Perfecto
y que el hombre imperfecto está impedido para
alcanzarlo en razón a su propia imperfección.
El sufí considera que el hombre "común",
con sus imperfecciones, sufre una enfermedad que hace
que su percepción y su discernimiento sean constantemente
erróneos. Por tanto, la gente ordinaria distorsiona
su concepción de la Realidad, debido a su misma
imperfección, e inconscientemente se extravía.
La
psicología moderna ha demostrado que la mayoría
de los actos y de los comportamientos del ser humano
se determinan inconscientemente. El sufismo, por su
parte, sostiene que el nafs-e amm ara (el yo dominante,
el ego) [ Nota 1 ] ejerce un control tiránico
sobre el pensamiento y la conducta humanos. Como consecuencia,
el discernimiento del individuo que se halla bajo su
influjo no puede ser puro, sano y desinteresado y, por
tanto, no puede en modo alguno ser correcto ni justo.
Aquellos
que proclaman conocer el sufismo
Aquellos
estudiosos que, por su conocimiento de la situación
sociológica o de la doctrina del sufismo, afirman
que entienden el sufismo, no poseen, por supuesto, las
características de los sufíes o, mejor
dicho, no hay ninguna razón para que tengan las
cualidades reales y los atributos de los fieles del
amor. No se puede decir que hayan, de ningún
modo, realmente conocido o entendido lo que los sufíes
ven con el ojo del corazón. Por tanto, para los
sufíes, las afirmaciones de esas personas carecen
de valor, si bien, sin embargo, pueden ser interesantes
para los no sufíes interesados en el estudio
del sufismo desde el exterior.
El
Hombre Perfecto
Desde
un punto de vista teórico, y con un sentido espiritual
e interior, el Hombre Perfecto es aquella persona que
ha escapado a la dominación del yo dominante.
Su realidad, tanto exterior como interior, ha quedado
determinada por cualidades de una Naturaleza sublime,
de lo que resulta la liberación del ego individual
y la unificación con Dios. En una palabra, se
ha convertido en un espejo que refleja en todos los
aspectos a lo Único Real. Mirándole, uno
no ve sino la Verdad.
El
sufismo afirma que la única manera disponible
para el hombre de transformarse en Hombre Perfecto es
convertirse en discípulo de un maestro espiritual
perfecto (Qotb), para conseguir purificarse y alcanzar
la perfección. Este periodo de formación
guiado por un maestro así se llama Tariqat o
Senda. La Shari'at, los preceptos religiosos, se considera
como la escuela primaria para el sufí. La etapa
de formación más avanzada, que se realiza
respetando la Ley, se llama Tariqat y en la etapa final
el sufí es llevado a alcanzar la Haqiqat, o la
Realidad Absoluta.
Los
sufíes toman como base para dividir el camino
espiritual en tres etapas el siguiente dicho del Profeta
Mohammad: "La Shari'at son mis palabras, la Tariqat
mis actos y la Haqiqat mi estado interior". A la
persona que entra en la Tariqat se le llama morid o
discípulo, mientras al maestro se le llama mor
ad o qotb.
Talab,
la búsqueda
Considerando
el significado del siguiente versículo del Qorán:
Tú no eres responsable de guiarles, Dios es quien
guía a quien Él desea (2;272), el sufismo
afirma que todo avance hacia la Senda espiritual o Tariqat
está determinado por la Voluntad de Dios. El
estado que produce este movimiento se conoce como talab
y puede considerarse como una especie de tensión
que atrae al hombre hacia su meta final, la perfección.
Basándose también en el versículo:
Ciertamente tú guias a los hombres hacia el camino
recto (Qor 42;52), los sufíes consideran que
el Qotb posee las cualidades para guiar en el camino
espiritual.
La
atracción o búsqueda en el sufí
es la fuerza que constantemente le motiva en la Senda
hacia la perfección. Puede decirse que es una
intensa añoranza la que anima y da fuerzas al
discípulo, en todo momento, en la Senda. Es un
anhelo que continuamente provoca en el caminante de
la Senda insatisfacción con el recorrido ya realizado,
y deseo de acercarse aún más cerca de
su Objetivo final. Su añoranza y su anhelo refuerzan
constantemente su aspiración de escapar de su
estado limitado, y de alcanzar un mayor nivel de calma
y de sosiego donde poder saborear el deleite de una
existencia más segura y armoniosa.
El amor y la búsqueda del sufí le llevan
hacia la belleza, la bondad y la perfección,
y a intentar poseer por siempre esas cualidades. El
movimiento y el ardor del amor resultan del hecho que
el amor trata constantemente de crear la perfección
eterna, ya que sólo mediante una continua creación
y generación puede ser eterna la perfección.
Faqir
En
el sufismo se considera que el anhelo del amor nace
del faqr (pobreza espiritual), y a aquel que lo posee
se le llama faqir. Faqr se debe a la no posesión
de una cosa y al deseo de poseerla. En otras palabras,
aquel que siente en sí una cierta carencia de
la sublime perfección humana, y que desea sinceramente
remediarlo es un faqir.
Morid,
el discípulo
En
la "escuela secundaria" de espiritualidad,
la Tariqat, existe un programa específico que
debe realizar el discípulo y que es determinado
por el Qotb. El objetivo de la disciplina y de la formación
incluidos en este programa es transformar las tendencias
pasionales y diabólicas (nafs-e ammara: el yo
carnal) del viajero espiritual, o salek, en tendencias
modificables (nafs-e lawwama).
Las
tendencias pasionales del alma humana conducen al hombre
a satisfacer todos sus instintos animales, sexuales
y agresivos. Las tendencias modificables son aquellas
que reprochan al alma el tener sus instintos pasionales
y animales, y que desean alcanzar la perfección
y remediar las imperfecciones del alma. Finalmente,
el estado del alma cuando asume las cualidades de sublimidad
y serenidad (nafs-e motma'enna) corresponde al abandono
de las pasiones y a su transformación y su sublimación
en atributos más elevados. Cuando alcanza esta
estación el discípulo ha llegado al final
de la Tariqat. Y, conforme al versículo: Oh alma
apaciguada (nafs-e motma'enna) regresa a tu Señor,
contenta y agrada a tu Señor (Qor 89;27-28);
se considera que un hombre con tal perfección
ha entrado en la presencia de Dios.
Al
cumplir con sus obligaciones hacia la Tariqat, el discípulo
va escapando gradualmente de la presión de los
conflictos psicológicos. Sus tendencias animales
y pasionales se transforman, y la energía que
servía para alimentar a las pasiones se convierte
en el modo de pulir el espejo del corazón y de
abrir la vía para la iluminación del espíritu.
El discípulo luego, en la etapa final, queda
purificado de sus propiedades básicas para ser
adornado con los Atributos Divinos. En palabras del
poeta Hafez
Primero
lávate y luego entra en el jar abat
no sea que esta taberna se vuelva impura con tu presencia.
(Hafez 1983, Vol. 1, gazal 414, verso 3)
La
expresión "lávate" se refiere
a la purificación del corazón por medio
de la Tariqat, mientras que jarabat (taberna) es una
imagen poética común para designar la
aniquilación del ego, el anonadamiento del yo,
la última etapa de la Senda sufí, que
es en realidad equivalente a alcanzar la Realidad Absoluta.
El
objetivo de la primera etapa de la Tariqat, el periodo
inmediatamente previo a la iniciación formal
en el sufismo, es que el buscador de lo Real desarrolle
una creencia firme en el maestro espiritual o Qotb.
Debe tener la seguridad de que el maestro le va a guiar
hasta la meta final y hasta la perfección a la
que aspira. Por su parte el Qotb debe observar en el
discípulo potencial la sinceridad y la devoción
que pueden hacer de él un candidato válido
para ser guiado. Una vez que el maestro y el discípulo
potencial se han aceptado mutuamente, se le asegura
a este último, en primer lugar, que todos sus
pecados y errores pasados le serán perdonados,
a condición de que se arrepienta sinceramente
y se aparte de las pasiones y de los actos prohibidos.
En
la terminología del sufismo se considera a la
entrada en el círculo de los sufíes como
un segundo nacimiento, y como testimonio están
las palabras de Jesús, "El que no nace de
nuevo, no puede ver el Reino de Dios" (Jn 3;3).
Desde el punto de vista del sufismo todos deben pasar
por dos nacimientos. El primero consiste en nacer a
este mundo y el segundo, mucho más difícil,
en dejar este mundo de la materialidad y la multiplicidad
para entrar en el mundo del amor, de la devoción
y de la Unidad.
Se considera que esta etapa preliminar de la Tariqat
debe durar, como máximo, entre siete y doce años.
Refiriéndose a esta etapa, dice el poeta:
El
pastor de los fieles [Moisés] llegó a
encontrar un guía,
después de servir largos años a Sho'eib.
(Hafez, op. cit., gazal 449, verso 6).
Tras
arrepentirse y después de haber aceptado la autoridad
del maestro espiritual, el discípulo se hace
digno del honor de ser formalmente iniciado, luego de
lo cual se le revelan las técnicas espirituales
de la Tariqat.
Morad, el maestro espiritual o Qotb
El
maestro espiritual es un Hombre Perfecto que, como mínimo,
ha recorrido las etapas del camino espiritual. Pero,
por supuesto, el mero hecho de proclamarse Qotb no es
suficiente para demostrar que ha recorrido, de hecho,
las etapas del camino. Su designación como maestro
debe venir, de hecho, del Qotb bajo cuya dirección
ha realizado su periodo de discipulado. Por esta razón,
los Qotbs y sheijes sufíes deben indicar claramente
la cadena de iniciación que les ha llevado a
ser sufíes- o, en terminología sufí,
el Qotb debe mostrar su jerqa o túnica de iniciación.
Básicamente,
existen dos formas de recorrer la Senda espiritual.
En la primera, Dios, por la acción de Su gracia
y de Su benevolencia, atrae en un solo paso a una de
Sus criaturas a Su presencia, liberándole de
su ego individual. A estas personas se les llama mayzub
(raptado) y son casos muy raros. La segunda forma es
la Tariqat. Al contrario de lo que ocurre con el mayzub,
la Tariqat precisa del esfuerzo y de la voluntad del
discípulo. A ello se refiere Dios cuando dice:
Pero a aquellos que luchan por Nuestra causa, con seguridad
los guiaremos por Nuestros caminos (Qor. 29;69). La
travesía de la Senda espiritual se llama, tanto
en persa como en árabe, seir wa soluk (el recorrido
interior y la conducta exterior). Sólo se puede
acometer bajo la dirección y guía de un
Qotb.
Conviene
recordar aquí que ni el mayzub, ni la persona
que tan sólo ha recorrido la Senda espiritual
están calificados para convertirse en Qotb. Esto
se debe a que el Qotb debe haber recorrido el camino
de las dos maneras. Debe haber completado las etapas
de la Tariqat después de haber sido un mayzub,
o bien haber sido raptado en el curso del recorrido
de la Senda. O sea, tanto aquel que sólo ha sido
un mayzub, como el que sólo ha recorrido la Tariqat
son incompletos. En resumen, el Hombre Perfecto o Qotb
debe haber tenido una visión verdadera de la
Senda, haberla recorrido de principio a fin, y debe
conocerla bien para poder guiar a otros por ella.
Disciplina
y cortesía en la Senda
El
discípulo devoto debe percibir en el espejo de
su corazón el arquetipo espiritual de su maestro
y estar ardiendo de amor por él, un amor que
en lo sucesivo será la fuente de todo su gozo.
Mientras el discípulo no tenga este amor por
su maestro espiritual, no será capaz de aceptar
sin rechistar y con los brazos abiertos cualquier instrucción
que el maestro le pueda dar; porque, de hecho, el discípulo
realiza la voluntad de su maestro, y no sigue sus propios
caprichos. Por ello dijo el poeta, "Oh corazón,
si quieres que el Bienamado esté satisfecho contigo,
debes hacer y decir cuanto Él te ordene. Si dice,
'¡Llora sangre!', no preguntes, '¿Porqué?';
y si dice, '¡Muere!', no digas '¿Es lo
adecuado?'".
Queda pues claro que la primera y más importante
obligación del discípulo es aceptar, sin
cuestionarlas, todas las instrucciones del maestro.
También sobre este tema escribe Hafez:
En
el camino de la casa de Laila (la Bienamada), donde
acechan peligros mortales,
la primera premisa es perder la razón (Majnún).
(Op. cit., gazal 1, verso 3) [ Nota 2
]
En el relato del Qorán sobre Moisés y
Jezr (18,61-83), Moisés le pide a Jezr ser su
discípulo y éste le contesta lo siguiente:
Si me sigues, pues, no me preguntes nada sin que yo
te lo sugiera (18,69). El discípulo no sólo
no debe cuestionar al maestro; debe además realizar
todos sus actos de acuerdo con las observaciones y las
instrucciones del Qotb. Nunca debe actuar sin su aprobación,
ni revelar ninguno de los secretos que existen entre
él y el Qotb. Es más, es su obligación
informar al maestro de todas aquellas cosas fuera de
lo normal que vea estando dormido o despierto.
El
discípulo no debe nunca intentar adelantarse
al Qotb ni en palabras ni en actos. Conforme al versículo:
Oh creyentes, no os adelantéis a Dios ni a Su
mensajero (Qor 49,1), el discípulo tiene la obligación
de permanecer siempre humilde en presencia del maestro,
para evitar cualquier tipo de protagonismo, de no decir
nada sin estar autorizado, ni de hacer nada sin que
se lo pidan. En este sentido es por lo que se dice en
el sufismo, "El amor es refinamiento y buenas maneras".
La Tariqat es en sí misma el respeto de la ética
y el modo correcto de comportarse. El discípulo
no debe hablar en voz alta en presencia del maestro:
Oh creyentes, no habléis más alto que
la voz del Profeta (Qor 49,2). Esto se debe a que los
sufíes creen que su maestro es respecto de sus
discípulos como el Profeta con los miembros de
su comunidad.
Programa
a seguir en la Tariqat
De
lo que se ha dicho anteriormente queda claro que el
programa de la Senda espiritual empieza con la eliminación
de los "nudos" psíquicos, de los complejos
y de las tendencias pasionales del discípulo,
con lo que alcanza, después de un cierto tiempo,
el equilibrio psíquico y la salud moral. La segunda
etapa de la Tariqat es la asunción por el discípulo
de las virtudes espirituales, quedando entonces adornado
por las Cualidades y Atributos Divinos.
A
fin de dirigir el desarrollo espiritual del discípulo,
el maestro controla su comportamiento, hasta el último
detalle. Un aspecto que concentra en gran medida la
atención del Qotb, y que hoy en día concita
el interés de los psicoanalistas, aunque no se
den cuenta de su aspecto espiritual, es el de los sueños.
El maestro soluciona los problemas psíquicos
y espirituales del discípulo analizando sus sueños,
que sólo se cuentan al maestro en persona.
Por
tanto, la primera fase de la Tariqat es un periodo de
"psicoterapia espiritual" que varía
de discípulo a discípulo. Y, de paso,
anotemos que el trabajo de los psicoanalistas de hoy
en día es una imitación imperfecta del
que realiza el Qotb, pues prescinde totalmente de la
relación con Dios.
Al
ejercer sus métodos de curación, el maestro
"lava" y purifica al discípulo de sus
tendencias pasionales y diabólicas por medio
del "agua de la Devoción y del Amor".
Sustituye las cualidades negativas del discípulo
por los Atributos Divinos.
Para
iniciar la disciplina espiritual de la Tariqat, el discípulo
debe cumplir ciertos requisitos indispensables. Debe
(a) ser creyente; (b) ser caritativo con los demás;
(c) mantener los misterios de la Tariqat; y (d) obedecer
las instrucciones del maestro hasta el final de la Senda.
Sólo cuando el maestro observa que se cumplen
estas condiciones en el discípulo, y cuando sabe
que es digno de la Tariqat, es cuando le hace el honor
de permitirle emplear el zekr, el recuerdo permanente
de los Nombres Divinos.
Zekr
(continuo recuerdo de Dios)
El
zekr consiste en la repetición metódica
de ciertos Nombres de Dios, inculcados, a la hora de
la iniciación, al discípulo por el maestro.
Se corresponde con el sentido del verso del poeta:
Durante
tanto tiempo se sentó el Amado frente a mi ávido
corazón,
que éste se transformó del todo en Él.
(Magrebi 1990, gazal 156).
Los
sufíes creen que si un discípulo medita
constantemente en Dios, su alma se irá gradualmente
impregnando de las Cualidades Divinas, y sus tendencias
pasionales desaparecerán.
El
objetivo de esta constante invocación de Dios
es, en primer lugar, crear en el discípulo una
concentración perseverante. El discípulo,
que hasta entonces había estado invadido por
pensamientos dispersos y por miles de intereses y de
deseos, empieza progresivamente a concentrar todo su
poder mental en un solo punto, y este es Dios. Gracias
al zekr, deja de gastar su energía en agitación
mental para concentrarla completamente en el recuerdo
de Dios. Queda entonces liberado de conflictos psíquicos
y dotados de equilibrio, calma y seguridad.
Mientras
practican el zekr los sufíes repiten varios Nombres
de Dios, y enfocan su atención no sólo
en la pronunciación de los Nombres sino también
en su significado. Teniendo en cuenta que el hombre
conoce el sentido de las cosas por la palabra, el objetivo
de pronunciar constantemente una palabra es el de llegar
a realizar su sentido. Los sufíes creen que si
uno se fija solamente en la pronunciación del
Nombre durante la invocación se trataría
tan sólo de idolatría. La palabra en sí
no tiene eficacia alguna. Por supuesto, ni que decir
tiene que al inicio de la Senda el discípulo
no puede evitar el fijarse en la pronunciación
misma. Sólo después de algún tiempo
empieza a familiarizarse con el sentido espiritual y
no formal, y a separar el Nombre de su articulación
verbal. A propósito de esto Rumi dice en su obra
Masnawi:
Borraré
las palabras, los sonidos y los discursos,
para poder, sin ellos, conversar contigo.
(Rumi 1926, Vol. 1, línea 1740).
Durante
el zekr, el discípulo debe olvidarse no sólo
de todo lo que le une a este mundo y al del más
allá, sino que debe olvidarse incluso de sí
mismo. El discípulo que permanece consciente
de que está realizando la invocación ha
caído, de hecho, en dualismo y, por tanto, ha
profanado la realidad de la Unicidad Divina, el tawhid.
Por ello es por lo que en el zekr se suprime la partícula
vocativa y, por ejemplo, en lugar de decir "Oh
Dios" (y a Allah) se usa solamente el nombre de
Dios. En efecto, si se usara la partícula "Oh"
(ya), quedaría claro que alguien se estaba dirigiendo
a Dios, mientras que la doctrina de la Unicidad Divina
indica, en su raíz, que toda existencia es ilusión,
excepto Dios mismo. En realidad se considera al zekr
como un torrente que, además de eliminar las
cualidades indeseables del discípulo para substituirlas
por los Atributos Divinos, elimina, en última
instancia, el ego individual de tal manera que no queda
rastro del "yo". Este es el final de la Tariqat
y el inicio del océano del anonadamiento o fana
en Dios.
Debe
tenerse en cuenta que el zekr sólo es eficaz
bajo la guía estricta del maestro. La devoción
del discípulo hacia el maestro es la que hace
que el árbol del zekr alcance la madurez y produzca
el fruto del anonadamiento
Algunas
palabras sobre los Nombres y los Atributos de Dios
Los
sufíes consideran que Dios tiene un número
ilimitado de Nombres, y que cada uno de ellos describe
uno de Sus Atributos: A Dios pertenecen los Nombres
más bellos (Qor. 7;179). Cada Nombre tiene su
correspondiente Atributo y cada Atributo implica un
modo particular de conocimiento. A su vez, cada uno
de estos modos manifiesta un aspecto particular de la
Divinidad que requiere una forma particular de adoración
y de veneración.
La
imagen que un Atributo Divino adopta en el molde de
un Nombre depende esencialmente de la capacidad y de
la aptitud del receptáculo humano. El Atributo
se refleja en cada momento en el corazón del
sufí bajo las formas teofánicas del mundo
imaginal (mundus imaginalis) , dándole así
paz y sosiego. A cada instante el sufí experimenta
éxtasis indescriptibles e iluminaciones inefables,
que le revelan siempre y a cada vez los múltiples
aspectos de los Nombres Divinos.
Milagros
En
principio, el sufismo ni siquiera tiene en cuenta el
karamat, los milagros y los actos carismáticos
atribuidos a los amigos de Dios. Los sufíes no
se declaran capaces de realizar hechos extraordinarios
ni actos ajenos a la experiencia humana normal. Un verdadero
sufí niega todo aquello que no es Dios, incluso
se niega a sí mismo; por tanto, cómo podría
pretenderse capaz de realizar milagros, afirmando así
su ego individual, cuando de hecho él mismo no
existe. Su principio arquetípico es la negación
de su propio "yo". Por tanto, los grandes
sufíes han considerado la declaración
de realizar milagros como una falta que priva al hombre
de la cercanía a Dios.
No
obstante, debe añadirse que ocurre que un discípulo,
en su intensa devoción hacia su maestro, vea
en éste, por la influencia espiritual que ejerce
sobre el discípulo, la manifestación del
karamat. En estos casos, corresponde al maestro instruir
al discípulo, cuando alcanza una determinada
etapa de la Senda, para que ignore estos fenómenos,
no sea que le lleven al dualismo y idolatría.
Libre
albedrío y determinismo
Como
se dijo anteriormente, el sufismo confía en la
fuerza de voluntad del discípulo. Al inicio del
camino espiritual al viajero místico o s alek
le asaltan múltiples presiones procedentes de
su falta de equilibrio psíquico y de su debilidad
frente a sus pasiones. En esta etapa de la Senda, el
viajero debe creer en el libre albedrío, como
dice el versículo: El hombre tendrá en
su cuenta sólo lo que haya ganado (Qor. 53;40).
En efecto, sólo ejercitando su voluntad podrá
eliminar sus tendencias pasionales y diabólicas
y prepararse para ser adornado con los Atributos Divinos.
Sólo podrá alcanzar su objetivo sublime
mediante la atracción Divina conjugada con su
esfuerzo individual. En este sentido dijo H afez:
Aunque
la unión con Él no se dé por tus
esfuerzos,
¡oh corazón! esfuérzate hasta el
límite para conseguirlo.
(op. cit., gazal 279, verso 5).
Pero debe señalarse que en las etapas realmente
avanzadas de la Senda, cuando el sufí ha sido
adornado con los Atributos Divinos, cree entonces en
el determinismo, aunque en el contexto de la absoluta
libertad. Esto es porque ahí ya no existe el
ego individual, y todo lo que realiza el sufí
es por voluntad Divina.
Intimidad con Dios en el seno de la sociedad
Para
el sufí, la pereza y la ociosidad son cualidades
negativas. Intentará, por tanto, en la medida
de lo posible servir a la sociedad en la que habita.
En cualquier caso no le queda más remedio que
ejercer alguna actividad externa y, por ello, estar
aparentemente ocupado con los demás miembros
de la sociedad; interiormente, sin embargo, está
ocupado con Dios. A propósito de esto dice Sa'di:
¿Has
oído hablar alguna vez de alguien que está
ausente y presente al mismo tiempo?
Yo vivo entre la gente, pero mi corazón está
en otro lugar.
(Sa'di s.f. , p. 554).
La
forma más ardua de ascetismo y de mortificación
para un sufí es vivir en armonía en la
sociedad. Más todavía, el sufismo considera
que esta armonía es el símbolo de la perfección
humana y cree que aquel que es incapaz de vivir en buenos
términos con sus vecinos está, de hecho,
enfermo. Considera, por tanto, a aquellos que se retiran
de la sociedad y adoptan la soledad para desarrollar
su vida espiritual como seres imperfectos y desequilibrados.
En
otras palabras, el recorrido interior no es suficiente
para el viajero. Para alcanzar la perfección
debe también ser capaz de adaptarse a la comunidad
y vivir en armonía con ella. No sólo debe
servir a los demás sino además no sentirse
nunca inquieto ni molesto cuando está con la
gente. De hecho, el contacto con la sociedad es para
él la prueba de su deseo de progresar hacia la
perfección, ya que es en el mundo donde debe
demostrar que está libre de tendencias pasionales
y que ha dejado atrás su ego. En este estado
avanzado el sufí nunca se siente perturbado por
el daño que otros le puedan hacer. Se considera
que el discípulo que se siente perturbado o molesto
es aún un incrédulo. Por eso dijo H afez:
Amor
ofrecemos con paciencia y felicidad, que en nuestro
camino
el ofenderse es la infidelidad misma.
(Hafez, op. cit., gazal 385, verso 3)
El discípulo que se siente perturbado está,
de hecho, viendo doble; se considera aún a sí
mismo como real y, por tanto, no ha cesado de "asociar"
a un otro aparentemente real con lo verdaderamente Real,
Dios.
El hecho de que, con frecuencia, se considere al sufismo
como retiro del mundo y ascetismo, no significa que
la soledad, la mortificación y el ayuno sean
elementos de la Senda hacia la perfección. Sin
embargo, puede ocurrir que, en ciertos casos, el maestro
espiritual vea en el discípulo un cierto desequilibrio
psíquico y que le ordene retirarse temporalmente
del mundo y abstenerse de comer productos de origen
animal hasta que recobre el equilibrio y esté
listo de nuevo para servir a la sociedad. Por tanto,
para los sufíes, la "soledad" y la
"mortificación" constituyen un tipo
de remedio contra desórdenes psíquicos
y no una prescripción para la perfección
espiritual. Por el contrario, los sufíes siempre
han sido muy conscientes de la necesidad de una alimentación
correcta para tener la energía necesaria para
esforzarse en el camino espiritual y en el servicio
a la sociedad. Como dice Rumi:
Uno
come y se vuelve más hambriento, más vicioso,
mientras que otro come y se convierte todo en luz divina.
Uno come y se vuelve más impuro y apartado,
mientras que otro come y todo él se vuelve luz
del Único.
(Rumi 1926, Vol. 1, línea 273)
El
sufí aprovecha su alimentación para permitirle
realizar tareas de naturaleza espiritual, mientras que
la gente común pone toda su energía al
servicio de sus pasiones y sus caprichos.
La
escuela de la Realidad Absoluta (Haqiqat)
Esta
"escuela" tiene dos fases, fana (anonadamiento)
y baqa (subsistencia), simbolizando el fana a la entrada
en la jarabat. Ya hemos visto que cuando el discípulo
alcanza el final de la Tariqat, llega en primer lugar
a la contemplación de la Divinidad. Este es el
estado de fana, o muerte del ego, del cual existen dos
clases, exterior e interior.
El
fana exterior es la aniquilación de los actos
del discípulo por la manifestación de
la Voluntad Divina. El discípulo alcanza un estado
en el que está sumergido en el océano
de los Actos Divinos, de tal modo que ve la Voluntad
Divina en todo lo que ocurre y no su propia voluntad
ni la de los demás. En esta etapa queda totalmente
privado de libre albedrío.
El
fana interior es la aniquilación de los atributos
y del ser del sufí. En esta etapa, contempla
en algunos momentos los Atributos Divinos, en los cuales
sus propios atributos han quedado aniquilados, y en
otros instantes contempla el Ser de la Divinidad, que
aniquila por tanto su propio ser. Al principio del fana
interior, el discípulo queda privado de toda
sensación; pero gradualmente, de acuerdo con
sus capacidades, se vuelve consciente del mundo exterior,
aunque su ser haya cesado de existir. Su estado interior
es de aniquilación en Dios, mientras exteriormente
está presente en el entorno y es completamente
consciente de lo que ocurre a su alrededor.
El
baqa consiste en la subsistencia en Dios y se realiza
cuando Dios concede al discípulo una nueva voluntad,
que procede directamente de Él, para sustituir
a aquella que quedó aniquilada en el recorrer
del camino. Esta subsistencia, o "permanencia",
se obtiene a cambio de la aniquilación interior,
que consiste en la desaparición del ser y de
los atributos temporales del discípulo, que son
como un velo que lo separa de lo Real. En este estado
tan avanzado, Dios ya no es un velo que oculta el mundo
a los ojos del sufí, ni el mundo un velo que
oculte a Dios; ya no existe más ninguna clase
de separación, y la dualidad se ha transformado
en Unidad.
Eradat,
la devoción
En
el artículo anterior, mencionábamos que
el aspirante empieza a buscar un maestro cuando percibe
su falta de plenitud y siente la necesidad urgente de
alcanzar la perfección. Cuando encuentra a un
maestro, el aspirante se somete a su voluntad y se convierte
en su discípulo (morid), de modo que puede avanzar
por las etapas de la perfección y alcanzar finalmente
el estado de Hombre Perfecto (ens
an-e kamel). Al lazo espiritual que une al discípulo
con el maestro (morad), se le llama eradat.
El
sentido literal de eradat es simplemente "querer",
"desear", o "tener la intención";
pero, entre los sufíes, eradat significa preferir
la voluntad del maestro a la propia voluntad. En otras
palabras, eradat es la negación de la propia
voluntad frente a la del maestro. Literalmente, el significado
de morid es el de una persona con voluntad, mientras
que para los sufíes, paradójicamente,
designa a aquel que no tiene voluntad; y es más,
mientras no haya abandonado su voluntad, la persona
no estará cualificada para llamarse morid, discípulo.
Aun cuando el hallar a un maestro perfecto depende de
la búsqueda del morid y de que este finalmente
lo reconozca, en la mayoría de los casos, y quizás
incluso en todos ellos, el encuentro entre el discípulo
y el maestro se produce inconscientemente. Es un asunto
del corazón, por tratarse de un hecho de naturaleza
puramente espiritual.
La
psicología espiritual de los sufíes reconoce
dos clases principales de inconsciente: el del corazón
(del) y el del "yo dominante" (nafs-e ammara)
[ Nota 1 ]. Se considera al corazón como un don
divino. Se le compara a un espejo que debe ser limpiado
del orín del mundo natural y material, hasta
que quede pulido y refleje la Verdad (Haqq) [ Nota 2
].
Por
otro lado, se considera al nafs-e ammara como una potencia
que debe ser transmutada, en un sentido real, en el
nafs-e lawwama (yo arrepentido) y finalmente en nafs-e
motma'enna (yo serenado), de manera que pueda retornar
a la Verdad. Los sufíes han tomado este concepto
del versículo coránico: Oh alma serenada,
regresa a tu Señor, contento y agradable a tu
Señor! (89,27-28).
En
el corazón residen el amor ('eshq), la compasión,
el sacrificio personal, la caballerosidad espiritual,
la pureza y la bondad. Esto queda expresado en la tradición
profética: "El corazón está
entre dos dedos del Misericordioso" (Ruzbahan 1970,
p. 123). Del yo carnal, por otra parte, proceden las
tendencias animales, la agresividad, la bajeza y la
impureza. A este yo se refiere el Qorán cuando
dice: Ciertamente el yo del hombre incita [amm ara]
a la maldad, a menos que el Señor se apiade (12,53).
La disciplina y el método espiritual de la Tariqat
(Senda) purifican gradualmente el corazón, dejando
salir su calidad espiritual, y, al mismo tiempo, transmutando
el "yo dominante". Por ello han dicho los
sufíes, "El sufismo es el abandono del yo
a la servidumbre ('obudiyya), y la unión del
corazón con el Señorío divino (robubiyya)".
Intelecto
parcial e intelecto universal
En
la terminología sufí se habla de dos clases
de intelecto: intelecto parcial ('aql-e yoz'i) e intelecto
universal ('aql-e kolli). El intelecto parcial [es decir,
la razón] es el que ejercita el hombre en su
vida diaria, y se enriquece con lo que aprende en su
existencia material. Cuando es necesario, lo usa como
un instrumento para protegerse de los peligros del entorno
y para dominar a la naturaleza. Al mismo tiempo, el
intelecto parcial, la razón, es un yugo que puede
someter y controlar al "yo dominante" cuando
este se vuelve salvaje y su comportamiento se desvía.
Dentro del marco de los usos y costumbres sociales,
así como del de las leyes y principios de la
religión exotérica, este intelecto vigila
al "yo dominante", pero nunca puede ser un
guía hacia la Verdad, y esperar de él
tan noble tarea es totalmente absurdo.
A
propósito de este intelecto dice Rumi:
La
razón se asemeja a una acequia
que lleva el agua desde la montaña a las casas.
Cuando el flujo del agua se interrumpe,
los moradores sufren sed y mil desgracias.
¡Busca la fuente en tu interior
para librarte de esa dependencia!
(Rumi 1926, vol 4, versos1967/1968)
En otro lugar dice:
La
fantasía y la conjetura son la plaga del intelecto
limitado
pues éste mora en la oscuridad.
(Rumi 1926, vol 3, v. 1558)
También dice:
El
intelecto limitado es incapaz de crear por sí
mismo,
es sólo receptor de la ciencia, y requiere enseñanza.
(Rumi 1926, vol 4, v. 1295)
Cuando el corazón queda limpio del orín
de la multiplicidad, refleja la Verdad tal y como es.
A la persona que alcanza ese estado se la llama Hombre
Perfecto, y a la fuente de su conocimiento o visión
interior, libre de engaño, de error, de auto-adoración
y de búsqueda de provecho, se la llama intelecto
universal o "conciencia del corazón".
A una persona que posee este intelecto, también
se la puede designar como "intelecto universal".
Rumi dice:
El
intelecto universal y el alma universal son el hombre
de Dios.
No creas que el Trono y el Pedestal están separados
de él.
Su pura esencia es el lugar de la manifestación
de Dios,
buscad por tanto a Dios en él y no en ningún
otro.
(Rumi 1926, vol 5, v.461/462)
Es en este estado en el que el Hombre Perfecto, que
ha alcanzado el intelecto universal, niega todo lo ajeno
a Dios, y ayudado por el amor sólo le afirma
a Él. Como dice Shah Nematoll ah Wali: "El
intelecto niega todo lo que no es Dios, de modo que
el Amor pueda afirmarle a El" (Shah Nematollah
1964, Vol. 4, p. 87).
Amor e intelecto
En la literatura sufí, comúnmente, se
suele alabar al amor y menospreciar al intelecto. Por
supuesto, lo que se menosprecia es tan sólo el
intelecto parcial, que no debe confundirse con el intelecto
universal. Rumi distingue entre los dos cuando dice:
El
intelecto limitado es motivo de infamia para el intelecto;
el deseo del mundo priva al hombre de su realización.
(Rumi 1926, Vol. 5, v. 463)
Lo que los sufíes han entendido por amor no es
más que la perfección e intensidad de
la erdat, que es la fuerza que impulsa el amor y el
fuego de su anhelo. Es con esa fuerza con la que el
corazón alcanza la perfección, y no con
el intelecto parcial. Este intelecto depende obviamente
de la percepción de los sentidos y de las experiencias
de la vida. Por el contrario, el amor es un don divino
y una bendición. No es pues de extrañar
que, en todos los tiempos, los juristas (foqaha), los
ascetas (zohhad) y todos aquellos que siguen exclusivamente
al intelecto parcial hayan renegado de los enamorados
del Bienamado Divino y hayan pensado que estaban equivocados.
Sobre este tema dice Rumi:
El
intelecto limitado niega al amor,
y se proclama, al mismo tiempo, confidente de los misterios.
(Rumi 1926, vol 1, v. 1982)
Los sufíes, por su parte, han respetado a aquellos
que los rechazaban, porque pensaban que esas personas
son prisioneras de sus intelectos parciales e ignorantes
del amor, y que, además, no son conscientes de
su ignorancia.
El
fenómeno de transferencia
Los
psicoanalistas consideran que el establecimiento de
una relación entre el analista y el sujeto analizado
es de una importancia capital para el proceso terapéutico.
Freud llamó "transferencia" a este
proceso. Sabemos que, en ciertas circunstancias, la
persona analizada transfiere todo su pasado a la persona
del médico. En palabras de H. Racker, "Freud
denominó 'transferencia' a la totalidad de los
fenómenos psicológicos del paciente y
de los procesos relativos al analista, y que derivan
de las otras relaciones previas" (Racker 1966,
p.13).
En
la transferencia, se forma una nueva relación
entre el analista y el paciente, que hace que este último
se vuelva obediente hacia el primero y deposite su confianza
en él. Esta obediencia y este depósito
de confianza, que hunde sus raíces en la relación
del niño con sus padres y que se desarrolla ahora
como instrumento terapéutico, hace parecer al
analista como una persona en quien se puede confiar.
Esta relación es necesaria para todo avance con
éxito de la terapia, y tiene lugar espontáneamente
en algún momento de su desarrollo. Como escribe
Freud:
Observamos [...] que el paciente, que sólo debería
estar pensando en la solución de su propio conflicto
angustioso, empieza a desarrollar un interés
especial hacia la persona del médico. Todo lo
que tiene relación con dicha persona le parece
más importante que sus propios asuntos y lo distrae
de su enfermedad. (Freud 1961, p. 367)
Transferencia
frente a er adat
Cuando
el vínculo de la eradat une al maestro y al discípulo,
el aspirante proyecta inconscientemente la imagen que
tiene de la persona ideal sobre el maestro, transfiriéndole
sus sentimientos y pasiones mundanas. Entonces, el discípulo
acepta totalmente al maestro y le somete todo su ser.
La cuestión consiste en saber si este fenómeno
corresponde, o no, a lo que Freud llamó "transferencia".
Cuando
Dios establece un vínculo entre el corazón
del discípulo y el del maestro, los sufíes
utilizan el término er dat para describir lo
que ocurre. Se ha dicho que, "La realidad de la
eradat es el movimiento del corazón en busca
de la Verdad" (Sayaddi 1960, p. 29).
Para
contestar a la cuestión planteada, debemos distinguir
dos clases de eradat. La primera es la eradat de aquellos
que están bajo el influjo de su "yo dominante",
o dicho de otro modo, de aquellos que tienen su alma
enferma. Estos pacientes ejercen la eradat primera y
esencialmente debido al dominio de su yo carnal, y en
segundo lugar, y aparentemente, por el juicio del intelecto
parcial. La transferencia en psicoanálisis sólo
se puede relacionar con estos casos. La segunda clase
es la eradat de los enamorados de la Verdad, que la
practican referida a un maestro espiritual, en primer
lugar debido a la orientación dada por Dios,
y en segundo por la aprobación del corazón.
Sólo en estos casos cabe aplicar el término
sufí er adat.
En
base a lo expuesto, podemos concluir:
1.
La transferencia es el establecimiento de la relación
adecuada entre el paciente y el analista, que puede
conducir a la curación del paciente, llevándole
al estado de persona normal. Eradat, por otro lado,
es la relación espiritual entre el discípulo
y el maestro, establecida para elevar el estado de la
persona normal al de Hombre Perfecto.
2. La transferencia es el establecimiento de una relación
con un analista para satisfacer los deseos del nafs-e
ammara, el yo dominante, mientras que eradat es el amor
hacia otra persona establecido para escapar a la auto-adoración.
3. El fenómeno de transferencia requiere elegir
a un oyente adecuado que escuche las palabras del auto-adorador
que habla, mientras la eradat requiere convertirse en
un oyente cualificado, para aprender como adorar a la
Verdad.
4. Y finalmente, la transferencia es un fenómeno
material, relativo y temporal, mientras que la eradat
es algo espiritual, absoluto y eterno.
Fana
fi-sheij (anonadamiento de uno mismo en el maestro)
Una
de las etapas del sufismo es la llamada fan a fi-sheij
(anonadamiento de uno mismo en el maestro). Algunos
de los que recorren la Senda quedan totalmente raptados
(mayzub) por el maestro gracias a la perfección
de su eradat o de su amor ('eshq). Debido a la irradiación
de su eradat se hallan aniquilados en el ser del maestro,
y en todo lo que miran sólo le ven a él.
Cuando alcanza este estado es cuando se dice que el
discípulo ha alcanzado la etapa de fana fi-sheij.
Muchos de los grandes sufíes alcanzaron esta
etapa, siendo el ejemplo más notable el de Rumi,
que fue totalmente raptado por su maestro, Shams-e Tabrizi.
Por ello, esto es lo que dijo:
¡Mi
Maestro y mi Señor! ¡Mi pena y mi cura!
Déjame revelar el secreto, ¡mi Sol (Shams
[ Nota 3 ]), mi Dios!
Desde que te fijaste en mí, estoy loco de amor,
pues eres rey de los dos mundos, ¡mi Sol, mi Dios!
Quedaré anonadado ante Ti y no quedará
de mí ni rastro,
esto es lo que exige el decoro, ¡mi Sol, mi Dios!
(Rumi 1965, p. 509)
Debe
destacarse sin embargo que el fana fi-sheij es una etapa
de preparación para el fana fi-Allah, el anonadamiento
en Dios.
Auto-adoración
y eradat
Como
ya se ha dicho, para poder ser cualificado como novicio
en la Senda y como alguien que pone en práctica
la eradat, el aspirante debe poseer, mental y físicamente,
madurez y salud. El primer efecto de la eradat en el
discípulo es que su atención queda desviada
del mundo y de sus asuntos y enfocada, por consiguiente,
tan sólo en el maestro. Por tanto, el primer
paso que da el novicio con la ayuda de la eradat es
el de dirigir su atención hacia el maestro y
quedar libre de auto-adoración. Aquellos que
se hallan profundamente enredados en el amor hacia sí
mismos y en la auto-adoración, no sólo
no pueden dar el primer paso con éxito, sino
que su eradat tiene un efecto negativo. De hecho, ese
enredo se convierte en un gran obstáculo para
el desarrollo de una eradat genuina y, por tanto, para
alcanzar la meta final.
Este punto lo expresa bien el poema de Hafez (Hafez
1983, gazal 72, verso 9):
Dirigirse
a la puerta de la Taberna
es tarea de los que son íntegros.
No hay camino a la vecindad del tabernero [ Nota 4 ],
Para quienes se alardean de si mismo.
En
cuanto a la relación del paciente con su analista
y al fenómeno de transferencia, Freud llega a
la misma conclusión, cuando afirma:
"La experiencia demuestra que las personas aquejadas
de neurosis narcisista no tienen capacidad para la transferencia,
o tan sólo para vestigios insuficientes de la
misma. Se apartan del médico, no con hostilidad,
sino con indiferencia." (Freud 1961, p. 374)
Morid
y morad (discípulo y maestro)
De
la misma manera que el morad es la manifestación
del Nombre divino, al-Morad, el morid es la manifestación
del Nombre divino, al-Morid. Esto es para aclarar que
en la er adat el objeto de la adoración no es
una persona individual, sino Dios, pues tanto el morid
como el mor ad son manifestaciones del Nombre divino.
Por tanto, la eradat es de hecho la relación
divina entre dos Atributos de Dios, y sus aspectos carnales
y materiales son irrelevantes.
Conocimiento
adquirido ('elm-e hosuli) y conocimiento revelado por
la presencia divina ('elm-e hozuri)
Debe resaltarse que los sufíes no sólo
renuncian al intelecto parcial, que se forma como resultado
del conocimiento adquirido en el mundo sensible, sino
que consideran incluso al conocimiento adquirido por
aquél como el principal obstáculo en la
enseñanza de la Verdad. Este es el sentido cuando
dicen, "El conocimiento es el mayor velo [de la
Verdad]". En otras palabras, los sufíes
rechazan todo conocimiento que no esté relacionado
con el amor, y admiten sólo como verdadero el
conocimiento revelado por la presencia divina (o aquel
que se halla más allá de la distinción
entre el sujeto y el objeto), y cuyo órgano es
el corazón. Se ha dicho que, "el conocimiento
es una luz que Dios proyecta en el corazón de
aquellos que quiere" (sheij Bah a'i, s.f., p. 493).
Los sufíes, por tanto, entienden que el conocimiento
adquirido aumenta la auto-adoración y el egoísmo,
y separa, por consiguiente, aun más a la gente
de la percepción de la Verdad. A este propósito,
dice Rumi:
El
libro del sufí no está hecho de tinta
ni de letras:
es sólo un corazón blanco como la nieve.
Las provisiones del erudito son marcas de una pluma.
¿Cuáles son las provisiones del sufí?
Marcas de pasos.
(Rumi 1926, p.366)
La
cadena iniciática (selsela) y la autorización
de la maestría
Los
sufíes consideran que una persona no está
cualificada para ser maestro espiritual hasta que no
ha recorrido las etapas de la Senda guiado por un Hombre
Perfecto. Tiene que haber sido reconocido como maestro
por el maestro o Qotb anterior. En definitiva, un maestro
tiene que haber tenido la visión completa de
la Senda y haberla recorrido hasta el final, conociéndola
totalmente. Esta cadena iniciática, que existe
en las órdenes sufíes auténticas,
se remonta al profeta y de él hasta Dios. Por
tanto, los sufíes no consideran a un supuesto
maestro, que no esté conectado a una cadena iniciática
auténtica, como capacitado para guiar a otros.
Dado que una persona así no ha recorrido la Senda,
ni aprendido sus principios bajo la supervisión
de un maestro o Qotb anterior, no puede ayudar ni guiar
a los demás. Existe además el riesgo de
que uno de estos presuntos maestros confunda el fenómeno
de transferencia con la er adat y, sin saberlo, comunique
sus propios defectos a otra persona.
Por
tanto, una persona que no haya sido autorizada por un
maestro conectado a una cadena, no sólo es incapaz
de conducir a un discípulo a cualquier nivel
de perfección, sino que puede perfectamente convertirle
en una persona enferma y empobrecida espiritualmente.
Los psicoanalistas también afirman tajantemente
que hasta que uno no ha sido psicoanalizado no puede
analizar a otros. La pregunta que aquí se plantea
es ¿quién analizó al propio Freud?
(véase Perry 1966, pp. 103-119)
La
transferencia y sus efectos sobre la vida espiritual
de los sufíes
Es
muy difícil distinguir entre transferencia y
er adat. Sólo los maestros sufíes y los
amigos de Dios, que son muy pocos en cada época,
pueden trazar la línea que las separa. Desafortunadamente,
además, en diferentes tiempos, ha habido personas
conectadas con el sufismo que han confundido la transferencia
con la eradat. Es más, algunos presuntos 'maestros',
que no han alcanzado la perfección, han desviado
sin saberlo el fenómeno de transferencia en su
propio beneficio, sin considerar sus aspectos egoístas.
En referencia a esto, dice Rumi: "En este aspecto
el mundo entero anda perdido, y apenas conoce a los
abd al [ Nota 5 ] de Dios" (Rumi 1926, p. 16).
Los
enfermos mentales se convierten en discípulos
de esta clase de 'maestros' y establecen con ellos una
relación de transferencia. Luego, proclamando
que han tenido lugar milagros, que no eran, de hecho,
sino el resultado de las fuertes emociones establecidas
por la transferencia, actúan como misioneros
de su maestro y consiguen conversos. El así llamado
maestro, a su vez, no consciente de su propio egoísmo,
se beneficia de la ignorancia de la gente. Luego, llamándose
a sí mismo amigo de Dios (wali), se instala en
un modo de vida paradisíaco. A veces, por causa
de un milagro contado por un discípulo, acaba
por pensar que, durante todo el tiempo, había
sido realmente un hombre de Dios, pero sin darse cuenta.
En fin, este tipo de 'maestro' se ve empujado por la
gente debido a su necesidad de ganarse la vida, y a
la vez se siente cada vez más convencido de sus
propias afirmaciones. Esto crea un círculo vicioso
entre el discípulo y el maestro, manteniéndose
ambos firmes en su propio egoísmo.
En
todos los tiempos este círculo vicioso ha estimulado
a un cierto número de personas a convertirse
en 'maestros', y luego hay discípulos que están
encantados con ellos y que van contando historias maravillosas
sobre ellos. De este modo, se crean escuelas 'sufíes'
que no son realmente nada más que tiendas donde
los 'maestros' exponen sus mercancías. En realidad,
la gente así crea sus propios ídolos y
luego empieza a adorarlos. Esta clase de maestros está,
de hecho, sujeta a sus propios discípulos. El
hecho es que un discípulo desea tener a cierta
persona como maestro, es decir, un maestro que, debido
a sus defectos e imperfecciones, siempre disfruta teniendo
una multitud de seguidores que lo apoyan. Sobre esto
dice Rumi:
Cuidado,
que estos cuervos han izado el fraude,
al imitar el grito del halcón blanco.
(Rumi 1926, Vol. 4, verso.1699)
El
resultado de este tipo de falso sufismo ha sido que
los falsos maestros han sido incapaces de dar enseñanza
a una auténtica estirpe espiritual y de llevarles
a un estado de perfección y de maestría.
En consecuencia, la mayoría de estos 'maestros'
nombran a sus propios descendientes como sucesores,
de modo que en sus órdenes la base de la maestría
espiritual se cambia por una especie de herencia de
sangre, convirtiéndose, por tanto, en un asunto
material.
Los
maestros de la Senda verdaderos y perfectos, por otra
parte, sólo aceptan a aquellos discípulos,
libres de enfermedades mentales y de segundas intenciones,
y que han sido elegidos por Dios. Sólo los discípulos
que cumplen estas condiciones son guiados y formados.
La mayoría de estos maestros no aceptan a enfermos
psicológicos; sin embargo, han existido algunos
maestros tan perfectos que podían admitir también
a este tipo de personas. Estos discípulos, o
mejor dicho pacientes, siguen un tratamiento de psicoanálisis
y transferencia antes de penetrar en la Senda espiritual
propiamente dicha.
Debe
quedar claro que han sido muy pocos los maestros con
tal grado de perfección. Uno de los más
destacados entre ellos fue Shah Nematollah Wali. Este
maestro perfecto acostumbraba decir, "Mandadme
a todo aquel que otros maestros hayan rechazado, y yo
le formaré de acuerdo con su aptitud" (ver
Nurbakhsh 1959). Confirmando la grandeza de Shah Nematoll
ah, escribe Reza Qoli Hed ayat: "El pequeño
arroyo se duele con las piedras, pero el océano
talla las rocas."
Gracias
a las habilidades de estos maestros perfectos, se han
establecido clases elementales en las órdenes
sufíes para curar a los enfermos psicológicos.
En estas clases, un maestro perfecto o "médico
divino" trata al paciente necesitado de cuidados
psicológicos mediante la transferencia. Cuando
se completa el tratamiento y el paciente recobra la
salud, éste abandonará la escuela, o bien,
si es la voluntad de Dios y la eradat le ha ayudado,
podrá ser iniciado y entrar en el círculo
esotérico.
Sumario
y conclusión
No
existe una semejanza de naturaleza genuina y profunda
entre el sufismo y el psicoanálisis. Sí
existen, sin embargo, parecidos superficiales entre
estas dos escuelas. Mientras el objetivo del psicoanálisis
es tratar a una persona anormal y llevarla a un estado
de "normalidad" psíquica, la meta del
sufismo es tratar a una persona psicológicamente
normal y llevarla al estado de Hombre Perfecto. La relación
analista-paciente se funda en el fenómeno de
transferencia, mientras que la del discípulo
con el maestro se funda en la eradat. La transferencia
es algo material, psíquico y temporal, mientras
que la er adat es algo espiritual, divino y eterno.
Sin embargo, considerando su cualidad material, psíquica
y temporal, la transferencia no ha sido ignorada por
los sufíes. Ha habido maestros perfectos que
han hecho uso de la transferencia, unas veces como instrumento
terapéutico para pacientes necesitados de cuidados
psicológicos, y otras veces como una etapa inicial
en el programa real del sufismo.
Notas
Reproducido con el permiso del autor a partir del artículo
publicado en The International Journal of Social Psychiatry,
Vol. 24, Nº 3.
Referencias
• Arberry, A. J. (1964). The Koran Interpreted,
Londres.
• Freud, S. (1961). Introductory Lectures on Psycho-Analysis,
J. Rivière (trad.), Londres.
• H afez (1983). The Diwan, P. N. Khanlari (ed.),
Teherán.
• Nurbakhsh, J. (1959). The Life and Works of
Shah Ne'mato'll ah Wali, Teherán.
• Perry, W. H. (1966). 'The Revolt against Moses',
Tomorrow, Londres.
• Racker, H. (1966). Transference and Countertransference,
Londres.
• Rumi, J. (1926). The Mathnawi, R. A. Nicholson
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• Rumi, J. (1956). Qazaliy at-e Shams-e Tabrizi,
M. Moshfeq (ed.), Teherán.
• Ruzbah an (1970). 'Abharo'l-'Asheqin, Dr. J.
Nurbakhsh (ed.), Teherán.
• Sayadi, I. (1960). Farhang-e mostalah at-e 'oraf
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• Sheij Bah a'i (s.f.). Kashkul, Qom.
• Sh ah Nematoll ah Wali (1964). Ras a'el, Dr.
J. Nurbakhsh (ed.), Vol. IV, Teherán.
[1] Nafs: El término Árabe-Persa (al-nafs)
posee una gran variedad de significados, entre ellos:
la esencia (de un objeto), el alma, la psique, el espíritu,
la mente, el ser vivo, la persona, lo individual, el
deseo, la identidad de una persona, o el "yo",
traducción que hemos usado en este artículo.
En la terminología sufí, normalmente,
se usa el término nafs para referirse al nafs-e
amm ara (el alma baja, el yo dominante) (en francés:
âme concupiscente; en Latin: cupido libido), haciendo
alusión al ego del hombre que está dominado
por el mal. Desde este perspectiva, el término
normalmente designa la totalidad del alma-cuerpo, en
el sentido en que el hombre está sujeto a su
egocentrismo, y es llevado por sus pasiones, la "carne"
(del término griego sarx en la forma en que es
entendido por los padres de la Iglesia). Por otra parte,
el nafs recorre diferentes niveles en su progreso y
transformación, sobre los cuales el lector interesado
puede acudir a la obra del autor, Psicología
sufí. Madrid 1997). [N.T.] [ Volver ]
[2] En la terminología sufí, Haqq, o la
Verdad, es una alusión a Dios, al Ser Absoluto
(wo yud-e motlaq). Es decir, Aquel que es libre de todo
limite. En palabras del Qorán: Dios es la Verdad
manifiesta (24,25). [N.T.] [ Volver ]
[3] El "sol" al que se hace referencia aquí,
además de ser el nombre del maestro de Rumi,
es el sol del mundo espiritual, fuente y principio de
todo lo existente. [N.T.] [ Volver
[4] En la terminología sufí, el "tabernero"
simboliza al maestro sufí, y la "taberna",
al estado del anonadamiento (fan a). [N.T.] [ Volver
]
[5] Abd al, que significa literalmente "substituto",
designa en la terminología sufí a los
grandes amigos de Dios (walis) sobre los cuales reposa
la existencia del universo espiritual. [N.T.] [ Volver
]
Reproducido
con el permiso del autor a partir del artículo
publicado en The International Journal of Social Psychiatry,
Vol. 24, Nº 3.
Personas y obras citadas
• Arberry, A. J. (1964). The Koran Interpreted,
Londres.
• Freud, S. (1961). Introductory Lectures on Psycho-Analysis,
J. Rivière (trad.), Londres.
• H afez (1983). The Diwan, P. N. Khanlari (ed.),
Teherán.
• Nurbakhsh, J. (1959). The Life and Works of
Shah Ne'mato'llah Wali, Teherán.
• Perry, W. H. (1966). 'The Revolt against Moses',
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• Racker, H. (1966). Transference and Countertransference,
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• Rumi, J. (1926). The Mathnawi, R. A. Nicholson
(trad.), Londres.
• Rumi, J. (1956). Ghazaliy at-e Shams-e Tabrizi,
M. Moshfeq (ed.), Teherán.
• Ruzbah an (1970). 'Abharo'l-'Asheqin, Dr. J.
Nurbakhsh (ed.), Teherán.
• Sa y adi, I. (1960). Farhang-e mostalah at-e
'oraf a', Teherán.
• Sheij Bah a'i (s.f.). Kashkul, Qom.
• Sh ah Nematoll ah Wali (1964). Ras a'el, Dr.
J. Nurbakhsh (ed.), Vol. IV, Teherán.
[1] El término nafs en la terminología
sufí posee un amplio significado, como, por ejemplo:
el alma, el yo, el ego, etc,. Para más información
sobre el nafs y sus diferentes niveles, véase
el libro "La Psicología Sufí"
del Dr. Javad Nurbakhsh. [ Volver ]
[2] Laila y Majnún: los dos protagonistas de
una de las historias de amor más bellas de la
literatura persa, obra de Nezami Ganyawi (siglo XIII).
Esta obra posee especial valor para los sufíes,
por su contenido interior. El significado de la palabra
Majnún es "el loco". [ Volver ] |
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