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El
sufí considera que el hombre "común",
con sus imperfecciones, sufre una enfermedad que hace
que su percepción y su discernimiento sean constantemente
erróneos. Por tanto, la gente ordinaria distorsiona
su concepción de la Realidad, debido a su misma
imperfección, e inconscientemente se extravía.
La
psicología moderna ha demostrado que la mayoría
de los actos y de los comportamientos del ser humano
se determinan inconscientemente. El sufismo, por su
parte, sostiene que el nafs-e amm ara (el yo dominante,
el ego) [ Nota 1 ] ejerce un control tiránico
sobre el pensamiento y la conducta humanos. Como consecuencia,
el discernimiento del individuo que se halla bajo su
influjo no puede ser puro, sano y desinteresado y, por
tanto, no puede en modo alguno ser correcto ni justo.
Aquellos
que proclaman conocer el sufismo
Aquellos estudiosos que, por su conocimiento de la situación
sociológica o de la doctrina del sufismo, afirman
que entienden el sufismo, no poseen, por supuesto, las
características de los sufíes o, mejor
dicho, no hay ninguna razón para que tengan las
cualidades reales y los atributos de los fieles del
amor. No se puede decir que hayan, de ningún
modo, realmente conocido o entendido lo que los sufíes
ven con el ojo del corazón. Por tanto, para los
sufíes, las afirmaciones de esas personas carecen
de valor, si bien, sin embargo, pueden ser interesantes
para los no sufíes interesados en el estudio
del sufismo desde el exterior.
El
Hombre Perfecto
Desde un punto de vista teórico, y con un sentido
espiritual e interior, el Hombre Perfecto es aquella
persona que ha escapado a la dominación del yo
dominante. Su realidad, tanto exterior como interior,
ha quedado determinada por cualidades de una Naturaleza
sublime, de lo que resulta la liberación del
ego individual y la unificación con Dios. En
una palabra, se ha convertido en un espejo que refleja
en todos los aspectos a lo Único Real. Mirándole,
uno no ve sino la Verdad.
El
sufismo afirma que la única manera disponible
para el hombre de transformarse en Hombre Perfecto es
convertirse en discípulo de un maestro espiritual
perfecto (Qotb), para conseguir purificarse y alcanzar
la perfección. Este periodo de formación
guiado por un maestro así se llama Tariqat o
Senda. La Shari'at, los preceptos religiosos, se considera
como la escuela primaria para el sufí. La etapa
de formación más avanzada, que se realiza
respetando la Ley, se llama Tariqat y en la etapa final
el sufí es llevado a alcanzar la Haqiqat, o la
Realidad Absoluta.
Los
sufíes toman como base para dividir el camino
espiritual en tres etapas el siguiente dicho del Profeta
Mohammad: "La Shari'at son mis palabras, la Tariqat
mis actos y la Haqiqat mi estado interior". A la
persona que entra en la Tariqat se le llama morid o
discípulo, mientras al maestro se le llama mor
ad o qotb.
Talab, la búsqueda
Considerando el significado del siguiente versículo
del Qorán: Tú no eres responsable de guiarles,
Dios es quien guía a quien Él desea (2;272),
el sufismo afirma que todo avance hacia la Senda espiritual
o Tariqat está determinado por la Voluntad de
Dios. El estado que produce este movimiento se conoce
como talab y puede considerarse como una especie de
tensión que atrae al hombre hacia su meta final,
la perfección. Basándose también
en el versículo: Ciertamente tú guias
a los hombres hacia el camino recto (Qor 42;52), los
sufíes consideran que el Qotb posee las cualidades
para guiar en el camino espiritual.
La
atracción o búsqueda en el sufí
es la fuerza que constantemente le motiva en la Senda
hacia la perfección. Puede decirse que es una
intensa añoranza la que anima y da fuerzas al
discípulo, en todo momento, en la Senda. Es un
anhelo que continuamente provoca en el caminante de
la Senda insatisfacción con el recorrido ya realizado,
y deseo de acercarse aún más cerca de
su Objetivo final. Su añoranza y su anhelo refuerzan
constantemente su aspiración de escapar de su
estado limitado, y de alcanzar un mayor nivel de calma
y de sosiego donde poder saborear el deleite de una
existencia más segura y armoniosa.
El
amor y la búsqueda del sufí le llevan
hacia la belleza, la bondad y la perfección,
y a intentar poseer por siempre esas cualidades. El
movimiento y el ardor del amor resultan del hecho que
el amor trata constantemente de crear la perfección
eterna, ya que sólo mediante una continua creación
y generación puede ser eterna la perfección.
Faqir
En el sufismo se considera que el anhelo del amor nace
del faqr (pobreza espiritual), y a aquel que lo posee
se le llama faqir. Faqr se debe a la no posesión
de una cosa y al deseo de poseerla. En otras palabras,
aquel que siente en sí una cierta carencia de
la sublime perfección humana, y que desea sinceramente
remediarlo es un faqir.
Morid, el discípulo
En la "escuela secundaria" de espiritualidad,
la Tariqat, existe un programa específico que
debe realizar el discípulo y que es determinado
por el Qotb. El objetivo de la disciplina y de la formación
incluidos en este programa es transformar las tendencias
pasionales y diabólicas (nafs-e amm ara: el yo
carnal) del viajero espiritual, o s alek, en tendencias
modificables (nafs-e laww ama).
Las
tendencias pasionales del alma humana conducen al hombre
a satisfacer todos sus instintos animales, sexuales
y agresivos. Las tendencias modificables son aquellas
que reprochan al alma el tener sus instintos pasionales
y animales, y que desean alcanzar la perfección
y remediar las imperfecciones del alma. Finalmente,
el estado del alma cuando asume las cualidades de sublimidad
y serenidad (nafs-e motma'enna) corresponde al abandono
de las pasiones y a su transformación y su sublimación
en atributos más elevados. Cuando alcanza esta
estación el discípulo ha llegado al final
de la Tariqat. Y, conforme al versículo: Oh alma
apaciguada (nafs-e motma'enna) regresa a tu Señor,
contenta y agrada a tu Señor (Qor 89;27-28);
se considera que un hombre con tal perfección
ha entrado en la presencia de Dios.
Al
cumplir con sus obligaciones hacia la Tariqat, el discípulo
va escapando gradualmente de la presión de los
conflictos psicológicos. Sus tendencias animales
y pasionales se transforman, y la energía que
servía para alimentar a las pasiones se convierte
en el modo de pulir el espejo del corazón y de
abrir la vía para la iluminación del espíritu.
El discípulo luego, en la etapa final, queda
purificado de sus propiedades básicas para ser
adornado con los Atributos Divinos. En palabras del
poeta H afez
Primero lávate y luego entra en el jar ab at
no sea que esta taberna se vuelva impura con tu presencia.
(H afez 1983, Vol. 1, gazal 414, verso 3)
La
expresión "lávate" se refiere
a la purificación del corazón por medio
de la Tariqat, mientras que jar ab at (taberna) es una
imagen poética común para designar la
aniquilación del ego, el anonadamiento del yo,
la última etapa de la Senda sufí, que
es en realidad equivalente a alcanzar la Realidad Absoluta.
El
objetivo de la primera etapa de la Tariqat, el periodo
inmediatamente previo a la iniciación formal
en el sufismo, es que el buscador de lo Real desarrolle
una creencia firme en el maestro espiritual o Qotb.
Debe tener la seguridad de que el maestro le va a guiar
hasta la meta final y hasta la perfección a la
que aspira. Por su parte el Qotb debe observar en el
discípulo potencial la sinceridad y la devoción
que pueden hacer de él un candidato válido
para ser guiado. Una vez que el maestro y el discípulo
potencial se han aceptado mutuamente, se le asegura
a este último, en primer lugar, que todos sus
pecados y errores pasados le serán perdonados,
a condición de que se arrepienta sinceramente
y se aparte de las pasiones y de los actos prohibidos.
En
la terminología del sufismo se considera a la
entrada en el círculo de los sufíes como
un segundo nacimiento, y como testimonio están
las palabras de Jesús, "El que no nace de
nuevo, no puede ver el Reino de Dios" (Jn 3;3).
Desde el punto de vista del sufismo todos deben pasar
por dos nacimientos. El primero consiste en nacer a
este mundo y el segundo, mucho más difícil,
en dejar este mundo de la materialidad y la multiplicidad
para entrar en el mundo del amor, de la devoción
y de la Unidad.
Se
considera que esta etapa preliminar de la Tariqat debe
durar, como máximo, entre siete y doce años.
Refiriéndose a esta etapa, dice el poeta:
El pastor de los fieles [Moisés] llegó
a encontrar un guía,
después de servir largos años a Sho'eib.
(H afez, op. cit., gazal 449, verso 6).
Tras
arrepentirse y después de haber aceptado la autoridad
del maestro espiritual, el discípulo se hace
digno del honor de ser formalmente iniciado, luego de
lo cual se le revelan las técnicas espirituales
de la Tariqat.
Murid,
el maestro espiritual o Qotb
El maestro espiritual es un Hombre Perfecto que, como
mínimo, ha recorrido las etapas del camino espiritual.
Pero, por supuesto, el mero hecho de proclamarse Qotb
no es suficiente para demostrar que ha recorrido, de
hecho, las etapas del camino. Su designación
como maestro debe venir, de hecho, del Qotb bajo cuya
dirección ha realizado su periodo de discipulado.
Por esta razón, los Qotbs y sheijes sufíes
deben indicar claramente la cadena de iniciación
que les ha llevado a ser sufíes- o, en terminología
sufí, el Qotb debe mostrar su jerqa o túnica
de iniciación.
Básicamente,
existen dos formas de recorrer la Senda espiritual.
En la primera, Dios, por la acción de Su gracia
y de Su benevolencia, atrae en un solo paso a una de
Sus criaturas a Su presencia, liberándole de
su ego individual. A estas personas se les llama ma
yzub (raptado) y son casos muy raros. La segunda forma
es la Tariqat. Al contrario de lo que ocurre con el
ma yzub, la Tariqat precisa del esfuerzo y de la voluntad
del discípulo. A ello se refiere Dios cuando
dice: Pero a aquellos que luchan por Nuestra causa,
con seguridad los guiaremos por Nuestros caminos (Qor.
29;69). La travesía de la Senda espiritual se
llama, tanto en persa como en árabe, seir wa
soluk (el recorrido interior y la conducta exterior).
Sólo se puede acometer bajo la dirección
y guía de un Qotb.
Conviene
recordar aquí que ni el ma yzub, ni la persona
que tan sólo ha recorrido la Senda espiritual
están calificados para convertirse en Qotb. Esto
se debe a que el Qotb debe haber recorrido el camino
de las dos maneras. Debe haber completado las etapas
de la Tariqat después de haber sido un ma yzub,
o bien haber sido raptado en el curso del recorrido
de la Senda. O sea, tanto aquel que sólo ha sido
un ma yzub, como el que sólo ha recorrido la
Tariqat son incompletos. En resumen, el Hombre Perfecto
o Qotb debe haber tenido una visión verdadera
de la Senda, haberla recorrido de principio a fin, y
debe conocerla bien para poder guiar a otros por ella.
Disciplina y cortesía en la Senda
El discípulo devoto debe percibir en el espejo
de su corazón el arquetipo espiritual de su maestro
y estar ardiendo de amor por él, un amor que
en lo sucesivo será la fuente de todo su gozo.
Mientras el discípulo no tenga este amor por
su maestro espiritual, no será capaz de aceptar
sin rechistar y con los brazos abiertos cualquier instrucción
que el maestro le pueda dar; porque, de hecho, el discípulo
realiza la voluntad de su maestro, y no sigue sus propios
caprichos. Por ello dijo el poeta, "Oh corazón,
si quieres que el Bienamado esté satisfecho contigo,
debes hacer y decir cuanto Él te ordene. Si dice,
'¡Llora sangre!', no preguntes, '¿Porqué?';
y si dice, '¡Muere!', no digas '¿Es lo
adecuado?'".
Queda
pues claro que la primera y más importante obligación
del discípulo es aceptar, sin cuestionarlas,
todas las instrucciones del maestro. También
sobre este tema escribe H afez:
En el camino de la casa de Laila (la Bienamada),
donde acechan peligros mortales,
la primera premisa es perder la razón (Majnún).
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