El Maestro Espiritual
De Martin Lings
 
 
  También cita continuamente el dicho del Profeta: «Señor, acrecien¬ta mi maravilla ante Ti.» La alquimia de la Gnosis no deja las cosas en su valor facial, sino que las reduce a la nada o las revela como aspectos de la Faz de Al-lâh.

La perspectiva islámica plena, es decir, la perspectiva Qur’ánica, es demasiado vasta para el musulmán medio. Las palabras: Para cada uno de vosotros hemos decretado una ley y trazado un camino, y si Al-lâh así lo hubiera querido habría hecho de vosotros una sola comunidad (10) son para él poco menos que letra muerta, y lo mismo puede decirse de muchos otros versículos, como: Para cada comunidad hay un, Mensajero (11), y el ya citado: En verdad hemos enviado Mensajeros antes de ti.

 

 
 

Las historias de unos te las hemos contado, pero las de otros no te las hemos contado, y: En verdad, los creyentes (12), los judíos, los sabeos y los cristianos —los que creen en Al-lâh y en el último día y hacen obras de piedad— no tienen que temer y no se afligirán (13). Pero el Sufí, que trata de impregnar todo su ser con el Qur’án, no puede dejar de estar interesado, potencialmente, en todas las demás religiones de origen celestial en cuanto manifestaciones de la Divina Misericordia, en cuanto Signos (de Al-lâh) en los Horizontes (14). Digo «potencialmente» porque puede que nunca entre en contacto directo con otras religiones, y en cualquier caso se verá más o menos obligado a mantener exteriormente los prejuicios de la gran mayoría de sus correligionarios a fin de no crear escándalo. Pero en la medida en que los comparta, estos prejuicios serán como hilos de telaraña que obstaculizan su visión, prestos a ser barridos al menor contacto.

Según Berque, «El Shayj tenía una gran hambre de conocimientos en lo referente a las demás religiones. Parecía estar muy bien informado acerca de las Escrituras e incluso acerca de la tradición patrística. Le atraían particularmente el Evangelio de San Juan y las Epístolas de San Pablo. Como metafísico extremadamente sutil y penetrante que era, podía conciliar la pluralidad con la unidad en el concepto trinitario de las tres personas en una identidad consustancial... La rechazaba, sin embargo, pero su comprensión de la idea hizo pensar a algunos que se adhería a ella» (15).
En la época en que el Shayj, después de abandonar la Tariqa ‘Îsawí, buscaba con su amigo Al Hâyy Bin ‘Awda una vía espiritual, había va¬rías ramas de la Tarîqa Darqâwî (16) firmemente establecidas en la pro¬vincia de Orán, a la que pertenece Mostagán, sin mencionar las múltiples ramas de otras órdenes. Sin embargo, dice: «Aunque considerábamos absolutamente necesario tomar como guía a alguien que fuera reconocido generalmente como un Maestro por parte de los que tenían capacidad para juzgar, teníamos pocas esperanzas de encontrar a alguien así» (17). Quince años más tarde, cuando murió el Shayj Al Bûzîdî, había todavía el mismo predominio de la cantidad sobre la calidad en¬tre los que se presentaban como guías.
El Shayj declara en uno de sus poemas:
«Hubo un tiempo en que oculté la verdad (18) y la velé cuidadosamente,
Y quien guarda el Secreto de Al-lâh tendrá su recompensa.
Cuando el Donador me permitió proclamarla
Me hizo capaz —y cómo, no lo sé— de purificar las almas,
Y me hizo ceñir la espada de la constancia,
De la verdad y de la piedad, y me dio un vino:
Todo aquel que bebe de él no puede dejar de beberlo,
Tal como un hombre ebrio que necesita embriagarse más.
Me he convertido en su escanciador, más aún, soy yo quien lo ha prensado
¿Hay alguien más que lo escancie en estos tiempos?» (19)

La visión de los esfuerzos relativamente vanos de tantas almas fervientes que seguían sin darse cuenta a «guías ciegos» indujo al Shayj a expresarse cada vez más abiertamente sobre su propia función e indirectamente —y a veces incluso directamente— sobre las pretensiones injustificadas de otros (20).
Sin duda, él tuvo conciencia de ser el renovador (muyaddid) que el Profeta prometió para cada siglo (21). El último había sido, indiscutiblemente, el gran Shayj Al Darqâwî. El Shayj Al ‘Alawî dice: «Yo