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Una
Revelación temprana había dicho: "Concede
una prórroga a los infieles, déjalos solos
por un tiempo." (XII, 39). Pero por el momento
no podía ser más que un asunto de incursiones.
El Quraysh resultaba vulnerable en sus caravanas, y
era especialmente en los meses de primavera y de principios
de verano cuando su comercio con Siria era más
activo y quedaban expuestos a los ataques procedentes
de Medina. Durante los meses de otoño e invierno
enviaban la mayoría de sus caravanas al sur,
principalmente al Yemen y Abisinia.
La información que se recibía en Medina
sobre las caravanas pocas veces era muy precisa, y podían
sufrir cambios de última hora. Las caravanas
mequies en conjunto esquivaron algunas de las primeras
incursiones de Medina, pero los musulmanes consiguieron
hacer tratados con tribus beduinas situadas en puntos
estratégicos a lo largo de la costa del Mar Rojo.
Cuando el Profeta mismo salía designaba a uno
de sus Compañeros para que estuviese en el frente
de Medina durante su ausencia. El primero que disfrutó
de este honor fue el jefe de los Jazrach, Saad ibn Ubadah.
Sucedió eso once meses después de la Hégira.
Hasta entonces el Profeta no había tomado parte
personalmente en las expediciones, y en cada una de
estas ocasiones en que se había quedado en Medina
había dado al jefe un estandarte blanco enarbolado
en una lanza. El primer año solamente envió
a sus Compañeros Emigrantes, pero en septiembre
del año 623 llegó la noticia de que una
rica caravana mequí regresaba del norte escoltada
por Umayyah, el jefe de Yumah, con cien hombres armados.
Umayyah había sido siempre uno de los más
encarnizados enemigos del Islam, y otra razón
para el ataque era el botín mismo. Se decía
que hasta 2.500 camellos portaban la mercancía
en cuestión. Pero los Emigrantés por sí
solos no habrían sido enemigos para un centenar
de qurayshies; por lo que en esta ocasión el
Profeta se puso en marcha con doscientos hombres, más
de la mitad de los cuales eran Ansar. Una vez más,
sin embargo, la información había sido
equivocada y no hubo ningún encuentro. También
dejaron escapar, unos tres meses después de la
anterior, otra rica caravana, menos custodiada, que
el shamsí Abu Sufyan conducía hacia Siria.
Las noticias de ésta habían llegado demasiado
tarde, y cuando el Profeta y sus hombres alcanzaron
Ushayrah en el valle de Yanbu, que se abre al Mar Rojo
al sudoeste de Medina, la caravana ya había pasado.
Pero Abu Sufyan pronto estaría de regreso de
Siria, quizás con una carga todavía más
valiosa, y entonces, si Dios quería, no errarían
de nuevo a la hora de interceptarle el paso.
Aunque por el momento no había tenido lugar ningún
combate, el Quraysh ya estaba alerta ante el peligro
de tener un enemigo establecido en Yathrib. Les parecía,
sin embargo, que esto de ninguna manera afectaría
sus úelaciones comerciales con el sur. Pronto
se desilusionaron, porque el Profeta recibió
el mensaje de una caravana que venía procedente
del Yemen y envió a su primo Abdallah ibn Yahsh
con otros ocho Emigrantes para que estuviesen a su acecho
cerca de Najlah, entre Taif y la Meca. Era Rayab, uno
de los cuatro meses sagrados del año, y el Profeta
no dio a Abdallah instrucciones para que atacase la
caravana sino simplemente para que trajera noticias
de ella. Sin duda deseaba conocer cómo estaban
defendidas las caravanas del sur, con vistas a una futura
actividad contra ellas.
Poco después de que los Emigrantes alcanzaran
su destino y se hubieran apostado en un lugar estratégico
no lejos de la ruta principal, una pequeña caravana
del Quraysh pasó junto a ellos y luego se detuvo
y acampó cerca de donde estaban, sin advertir
su presencia. Los camellos iban cargados de pasas de
Corinto, cuero y mercancías diversas. Abdallah
y sus compañeros se encontraron en un dilema;
las únicas instrucciones concretas del Profeta
habían sido llevarle noticias, pero no les había
prohibido luchar ni había hecho mención
del mes sagrado. ¿Estaban aún sujetos
a estas convenciones preislámicas?, se preguntaban.
Pensaron en la Revelación: Quienes son atacados
tienen permiso para combatir, porque han sido tratados
injustamente... Quienes han sido expulsados injustamente
de sus hogares. (XXII, 39). Estaban en guerra con el
Quraysh y habían reconocido al menos a dos mercaderes
de la caravana como hombres del Majzum, el cual era
de todos los clanes de la Meca el que se había
mostrado más hostil al Islam. Era la mañana
del último día de Rayab; con la puesta
del sol comenzaría Shaban, que no era mes sagrado;
para ese momento, aunque ya no protegidos por el calendario,
sus enemigos tendrían el amparo de la distancia,
porque ya habrían alcanzado el recinto sagrado.
Al final, después de muchas vacilaciones, decidieron
atacar. Su primera flecha dio muerte a un hombre de
Kindah, un confederado del clan de Abdu Shams, con lo
cual Uthman, uno de los hombres de Majzum, y Hakam,
un liberto, se entregaron, aunque Nawfal, el hermano
de Uthman, escapó a la Meca.
Abdallah y sus compañeros se llevaron los prisioneros,
los camellos y la mercancía a Medina. Apartó
una quinta parte del botín para el Profeta, dividiendo
el resto entre sus compañeros y él. Pero
el Profeta se negó a aceptar nada y dijo: "No
os di permiso para combatir en el mes sagrado",
ante lo cual quienes lo habían hecho pensaron
que estaban condenados. Sus hermanos de Medina les culparon
de su violación de Rayab, mientras que los judíos
dijeron que era un mal presagio para el Profeta, y el
Quraysh se puso a difundir por todas partes las noticias
de que Muhammad había incurrido en sacrilegio.
Entonces vino la Revelación: Te preguntan sobre
el mes sagrado y sobre el combate en él. Di:
Combatir en él es una grave ofensa, pero apartar
a los hombres del camino de Dios, negarlo a El y a Su
Mezquita Sagrada y expulsar a Su pueblo de ella es más
grave para Dios. Y más grave que la matanza es
la persecución. (II, 217).
La interpretación del Profeta confirmaba la tradicional
prohibición de la guerra durante el mes sagrado
pero haciendo una excepción en este caso particular.
Así pues tranquilizó a Abdallah y sus
compañeros del temor tan grande que tenían
y aceptó una quinta parte del botín para
el beneficio general de la comunidad. El clan de Majzum
envió rescates para sus dos prisioneros, pero
su liberto Hakam eligió abrazar el Islam y quedarse
en Medina, y, en consecuencia, Uthman regresó
solo.
Fue en esta misma luna de Shaban cuando se produjo una
Revelación de gran importancia ritual. Sus palabras
iniciales hacen referencia al extremQ cuidado del Profeta
para orientarse en la dirección correcta para
la plegaria. En la Mezquita la dirección la indicaba
el mihrab, el nicho de la plegaria situado en el muro
de Jerusalén, y cuando estaba fuera de la ciudad
podía comprobar la dirección mediante
el sol si era de día y por las estrellas si era
durante la noche.
Hemos visto cómo se vuelve tu rostro hacia el
Cielo. Te haremos volverte hacia una dirección
que te gustará. Vuelve, pues, tu rostro hacia
la Mezquita Sagrada, y dondequiera que estéis
volved vuestro rostro hacia ella. (II, 144).
Se hizo inmediatamente un mihrab en el muro meridional
de la Mezquita, mirando hacia la Meca, y el Profeta
y sus Compañeros aceptaron con alegría
el cambio. Desde entonces los musulmanes se vuelven
en la dirección de la Kaabah para la realización
de la plegaria ritual y, por extensión, para
otros ritos.
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