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SUEÑOS La enseñanza más íntima en nuestra orden derviche, llega a través de sueños espirituales y su interpretación inspirada. El sheij no se ocupa de los sueños psicológicos, aquellos que meramente alivian el estrés; tampoco existe un simbolismo fijo en los sueños. Dos derviches acudieron una vez a nuestro gran sheij anterior para relatarle el mismo sueño —que subían a un minarete y hacían el llamado a la oración. Al primero, el inspirado intérprete comentó: "Prepárate, porque vas a hacer la Peregrinación a la Meca". Al segundo le dijo: "Has tomado algo que no te pertenece. Devuélvelo a su dueño". Antes de tomar la mano, el aspirante a menudo recibe un sueño que es indicativo del permiso divino, y en algunos casos la insistencia de Al-láh para ello. Después de la ceremonia, generalmente se tiene un sueño que confirma que ésta ha sido aceptada por Al-láh. En el contexto de la espiritualidad islámica, ningún rito sagrado se considera automáticamente efectivo. Más bien, uno debe buscar y esperar señales de que Al-láh, el Altísimo, esté complacido. Una de las enseñanzas fundamentales, compartida por las diferentes líneas de iniciación que forman el Árbol del Taríqa, se refiere a los siete niveles de la conciencia. Bajo este clarísimo análisis, las enseñanzas esotéricas del sufismo islámico quedan firmemente establecidas. No es preciso consultar los textos antiguos para descubrir la sabiduría perenne del sufismo. Este mapa esotérico de la conciencia fue transmitido con exactitud inequívoca en un sueño espiritual concedido por Al-láh, a través de las bendiciones de Pir Nureddín Yerraji, a una privilegiada niña mexicana de doce años. Junto con sus padres y hermano menor, Rajima había tomado la mano más o menos un año antes del extraordinario sueño. Cuando visitaba la Mezquita Amina, la Mezquita de la Madre del Profeta en la ciudad de México, en donde funciona nuestra orden bajo la dirección de Amina Teslima al-Yerraji, mujer de grandes dotes espirituales y dedicación admirable, tuve el honor de interpretar este sueño. En mi papel de guía, he escuchado miles de profundos sueños en los últimos once años, y éste ha sido uno de los más asombrosos. Rajima, con la imaginería natural propia de su edad, describió con exactitud la más sofisticada enseñanza del misticismo islámico. Al escuchar a su padre hacer la traducción del sueño de su hija al inglés, empecé a darme cuenta del inmenso regalo que éste era para la orden, ya que los tesoros espirituales y su interpretación pertenecen a la comunidad. La poderosa bendición de un sueño místico no es sólo para el soñador; el poder curativo, integrador e iluminador del sueño beneficia a toda la humanidad. Creo que el bendito sueño de Rajima sobre los siete niveles de la conciencia es patrimonio de todos los amantes de la Verdad en todo el planeta y su efecto se extiende hasta el distante futuro. Rajima soñó que era guiada por alguien a quien no reconocía por una gran casa de siete pisos. En el primer piso no había en absoluto signos de que estuviera habitada, ni huella alguna de refinamiento humano. El lugar ni siquiera se mantenía limpio. El segundo piso era una morada extremadamente sencilla, con el piso de madera desnudo, una cama, una silla y una mesa. Estaba limpio y era agradable dentro de su modestia. El tercer piso era un hogar muy confortable, según los estándares modernos. Había tapetes, radio, televisión, refrigerador y otras cosas. Cuando fue llevada al cuarto nivel de conciencia, Rajima quedó azorada al encontrar un brillante palacio, con pisos de mármol, techos altos, grandes espejos enmarcados, hermosos muebles y preciosos vasos antiguos, así como otros objetos de arte. En este punto de la narración del sueño, comencé a darme cuenta de ciertos misterios del camino espiritual, que hasta entonces habían sido vagos para mí, estaban a punto de desplegarse en imágenes simples y dramáticas. Todos los presentes entraron en un suave estado de éxtasis —lo cual es un regalo del cuarto nivel— mientras Rajima continuaba hablando serena y confiada, libre de cualquier inhibición. Cuando fue guiada al quinto piso, encontró la oscuridad total, inundada por música profunda y retumbante que a ella, a su tierna edad, le pareció más bien inquietante. Cuando fue llevada al sexto piso, encontró un espacio vacío, alumbrado con velas. Un círculo de derviches vestidos de blanco, sentados en pieles de oveja y entregados a la antigua ceremonia de la Remembranza Divina. Al llegar al séptimo piso Rajima entró en una habitación inundada por la luz del sol, con grandes tragaluces, y llena de frondosas plantas. No había personas, ni señales de que el lugar estuviera habitado. La luz dorada y el verde oscuro de las hojas creaba un sentimiento expansivo y jubiloso. De repente, una de las plantas la alcanzó y enredándola entre sus ramas por la cintura, la arrojó con suavidad por una ventana abierta. Cayó con suavidad en la tierra, aterrizando sobre sus pies. Casi como una idea tardía, Rajima mencionó que su guía la llevó de regreso por la misma estructura, a través de las siete dimensiones varias veces, de modo que veía con claridad cada uno de los niveles. Al final de cada recorrido era nuevamente lanzada por la ventana. Al preguntarle cuántas veces había ascendido esos pisos, después de pensar cuidadosamente durante un momento, replicó sin dudar, "cuatro veces". La interpretación de este sueño puede ser muy extensa. Di un seminario en la ciudad de México sobre los siete niveles de la conciencia, en el que hablé de este sueño durante horas. El primer nivel es el "yo dominante", base de la agresividad, la territorialidad y la urgencia violenta de sobrevivir que amenaza seriamente la coherencia de nuestra calidad de personas, nuestra sociedad y nuestro planeta. No hay nada intrínsecamente humano aquí. No hay posibilidad de hospitalidad. No hay ni siquiera la limpieza esencial para la dignidad humana. Aunque la mayoría de los seres humanos experimentan desconcertantes vislumbres de este ego dominante, muy pocos están centrados por completo en este nivel. Sólo de los criminales de guerra y otros enemigos de la humanidad puede decirse que viven en este primer nivel de conciencia. Sin embargo, no hay nada intrínsecamente malo en él. Provee un sustrato biológico para la realidad humana. A través de esta conciencia, los pulmones respiran y late el corazón. El segundo piso en el sueño representa el "yo crítico". La mayor parte de la humanidad está en este nivel en donde los refinamientos humanos básicos comienzan a aparecer. Inútil es decir que esta imaginería del sueño no tiene nada que ver con la situación social o la riqueza. Hay quienes viviendo en palacios presidenciales, ocupan el piso sucio del primer nivel de la conciencia, mientras que otros que viven en chozas de techo de paja, disfrutan del glorioso palacio del cuarto nivel de conciencia. La crítica que realiza este segundo nivel del yo es la crítica del ego dominante, la crítica de los impulsos egoístas. La búsqueda que se lleva a cabo aquí es la de los valores verdaderamente humanos, de caminos disciplinados de vida. Hay muchas dimensiones dentro de este segundo nivel de conciencia, pero todas son esencialmente positivas, honorables y evolutivas, con excepción de las que sigan dominadas por el primer nivel, ya sea en forma evidente o sutil. El tercer piso de esta estructura de conciencia es el cumplimiento de nuestra humanidad. El potencial humano se despliega armónicamente. Acaso la mayoría de los seres humanos alcanzan regiones más elevadas del segundo nivel, pero sólo personas excepcionales y de buena voluntad quedan establecidas en el tercer nivel. Aquí, los ideales religiosos y éticos se hallan en plena floración. Este nivel del desarrollo o del despertar a nuestra verdadera naturaleza, es la base actual de nuestra civilización —educación, arte, ciencia. Los buscadores sinceros del segundo nivel reciben ciertos vislumbres del tercer nivel, pero lo que cuenta para el desarrollo evolutivo es saber en dónde se enfoca principalmente la conciencia. En el lenguaje sufi tradicional, el tercer nivel se denomina: "yo satisfecho". Sería pertinente preguntarse, ¿Cómo puede haber niveles más altos que este cumplimiento de la aspiración humana a una existencia óptima, civilizada? Los cuatro niveles superiores son la fruición del camino místico de retorno. No son, estrictamente hablando, parte del potencial y esfuerzo humano. Son la clara manifestación de la Realidad Divina a través de la realidad humana. Generalmente es preciso alcanzar el tercer nivel de conciencia para recibir una auténtica iniciación en una orden mística. Si no es así, la persona puede ser elevada hasta el tercer nivel por la gracia divina, a través de la iniciación misma. Cuando se alcanza el cuarto nivel, los atributos divinos comienzan a manifestarse directamente, enbelleciendo al ser humano. En el sueño de Rajima, esto está simbolizado por las refinadas obras de arte que se encuentran en el cuarto piso de la casa. Tales manifestaciones no son, sin embargo, producto del trabajo o del esfuerzo humano. La transición al cuarto nivel ocurre por lo general inmediatamente después de la muerte física, en el reino de la conciencia del Paraíso. Los verdaderos místicos son los únicos capaces de generar la suficiente intensidad espiritual para entrar tanto a este nivel como a otros más elevados durante la experiencia terrena. Una vez más reconocemos que algunas personas que gozan de dones especiales, cuando se encuentran en el tercer nivel o incluso desde el segundo, pueden reconocer gloriosas vislumbres del cuarto nivel de conciencia; pero el quedar establecidos en él pertenece por completo a otro orden de experiencia. Ni siquiera todos los miembros de una orden mística llegan a establecerse en el cuarto nivel, que en el lenguaje místico tradicional se llama "yo tranquilo". El quinto nivel es el de la unión mística. En él ya no operan modos finitos de pensamiento; de ahí el símbolo de oscuridad total. La música atronadora en el sueño representa la resonancia divina de la cual toman forma los universos y en la cual la existencia finita desaparece otra vez. Este fue el único piso en la estructura del sueño que causó a Rajima inquietud y preocupación, porque esta negrura radiante es la más alejada del nivel ordinario de la experiencia. En el lenguaje sufi, el quinto nivel se llama el "ser pacífico". Si correlacionamos los siete niveles con los cuatro pasos, sharí'a sería el tercer nivel, taríqa sería el cuarto y jaqíqa el quinto. Los dos últimos niveles de conciencia son una expresión de marífa, la asombrosa dimensión de manifestación espiritual que está más allá de la unión mística. En el quinto nivel, sólo existe la Verdad y su resonancia creativa. En el sexto nivel, la Realidad Divina se manifiesta una vez más, no ya a través de hermosos objetos de arte, como en el cuarto nivel, sino a través de la prístina forma humana simbolizada por el círculo de los derviches. Una buena noticia sorprendente anunciada por el sueño de Rajima es la confirmación de que la antigua ceremonia del dhikr, llevada a cabo tradicionalmente a la luz de las velas, brinda a los derviches en el círculo un vislumbre del sexto nivel, aún cuando la mayor parte de ellos pueda no estar establecidos en el cuarto nivel. En el precioso sacramento del dhikr, energías divinas esenciales descienden de hecho dentro de los corazones y también de los cuerpos de los derviches. La Realidad divina se hace visible y experimentable a través de la realidad humana. En la terminología sufi el sexto nivel es el "yo completo". El enigmático séptimo nivel de conciencia es un reino de brillantez, claridad y sutil sentido del humor. La forma humana ha sido trascendida incluso con el modo de pura expresión divina del sexto nivel. Así el séptimo nivel, de alguna manera se parece al quinto, aunque aquí la imaginería de luz y crecimiento exhuberante reemplace a la de la oscuridad mística. La persona humana de Rajima no tuvo permiso para permanecer allí, sino que fue sacada instantáneamente en una forma más bien ligera y graciosa. Mi sheij Muzaffer Ashki solía comentar simplemente, "en el séptimo nivel de conciencia, si se imagina uno que existe, es idolatría". Por el dinámico verdor y luz dorada de la Realidad Suprema toda posibilidad de percepción idólatra de la dualidad es arrojada por la ventana. Los colores en este séptimo nivel indican por qué Nureddín Yerraji escogió como símbolo de su orden el turbante dorado envuelto en tela verde. El verde es también el color elegido del Bienamado Mensajero de Al-láh. En términos sufis, el séptimo nivel recibe el nombre de "yo puro". El hecho de que Rajima haya sido llevada a través de esta estructura simbólica del sueño cuatro veces indica que ella, aunque tenía sólo doce años, estaba en íntima comunión con el cuarto nivel de conciencia. A medida que crezca, tendrá que practicar la disciplina espiritual y experimentar una intensa añoranza espiritual para ser establecida de lleno en este cuarto nivel y progresar hacia los siguientes. Este sueño místico es una de esas raras obras del arte divino que se manifiestan en el palaciego piso de mármol del cuarto piso del sueño. Su guía desconocido era probablemente Nureddín Yerraji, que su espíritu sea santificado, cuyo poder de interceder, por el permiso de Al-láh en su presencia, abrió tiernamente el camino para este maravilloso sueño que se ha convertido en un canal de energía espiritual e iluminación para todos sus agradecidos hermanos y hermanas. |
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