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¡Bienvenida,
oh Cotorra! Bellamente vestida y con collar de fuego;
tu collar es digno de un morador de las antípodas
pero tu traje es merecedor del Cielo. ¿Pudo Abraham
salvarse del fuego de Nimrod? Rompe la cabeza de Nimrod
y sé como Abraham, amigo de Dios. Cuando te hayas
liberado de manos de Nimrod, ponte el ropaje de la gloria
y no temas al collar de fuego.
¡Bienvenida, oh Perdiz! Tú, que caminas
con tanta gracia y te contentas sobrevolando los montes
del conocimiento divino. Elévate con regocijo
y considera los beneficios del Camino. Golpea con el
martillo la puerta de la casa de Dios; y humildemente
haz que se fundan las montañas de tus perversos
deseos para que el camello pueda salir.
¡
Salud, oh Halcón Real! Tú de mirada penetrante,
¿por cuánto tiempo seguirás siendo
tan violento y apasionado? Ata a tus patas la carta
de amor eterno pero no rompas el sello hasta la eternidad.
Mezcla tu espíritu con la razón y mira
la eternidad del antes y el después como una.
Rompe tu inmundo cadáver y establécete
en la caverna de la unidad; y Mahoma se hará
presente.
¡Salud,
oh Codorniz! Cuando en tu espíritu oyes el "alast"
del amor, tu cuerpo del deseo contesta, con disgusto,
"balé". Consume tu cuerpo del deseo
como el asno de Cristo, y enciéndete, como el
Mesías, con el amor del Creador. Haz arder este
asno y toma
el pájaro del amor, para que el Espíritu
de Dios pueda felizmente llegar a ti.
¡Salud,
oh Ruiseñor del jardín del Amor! Pronuncia
tus notas melancólicas, quejumbrosas por heridas
y penas de amor. Laméntate dulcemente desde el
corazón, como David. Abre tu garganta melodiosa
y canta a las cosas espirituales. Muestra a los hombres
con tus cantos el Camino verdadero. Haz el hierro de
tu corazón tan blando como la cera, y serás
como David, ferviente en el amor a Dios.
¡Salud,
oh Pavo Real del jardín de las Ocho Puertas!
Has sufrido a causa de la serpiente de siete cabezas
por la que fuiste expulsado del Edén. Si te liberas
de esta detestable serpiente, Adán te llevará
con él al Paraíso.
¡Salud, oh Excelente Faisán! Tú
ves aquello que está lejos; percibes la fuente
del corazón inmersa en el océano de luz,
al tiempo que estás metido en el pozo de la oscuridad,
la prisión de la duda. Sal del pozo y eleva tu
cabeza hacia el trono divino.
Salud,
oh Tórtola gimiente! Saliste llena de alegría
y regresaste con corazón triste a una prisión
tan estrecha como la de Jonás. Oh tú que
vagas de aquí para allá como un pez ¿te
dejarás consumir por el rencor? Corta la cabeza
de este pez para que puedas acomodar tus plumas en el
ápice de la Luna.
¡Salud, oh Paloma! Entona tus notas para que yo
pueda rodearte con siete bandejas de perlas. No te cabe
la infidelidad, ¿acaso no es un collar de lealtad
el que rodea tu
cuello? Cuando penetres el camino de la comprensión,
Khizr te ofrecerá el agua de la vida.
¡Bienvenido,
oh Halcón! Tú que has levantado vuelo,
y luego de rebelarte contra tu amo has bajado la cabeza.
Compórtate correctamente. Estás atado
al cuerpo de este mundo, y por ello estás lejos
del otro. Cuando te liberes de ambos mundos, presente
y futuro, descansarás en las manos de Alejandro.
¡Bienvenido, oh jilguero! Ven con alegría,
como el fuego, deseoso de actuar. Cuando hayas quemado
todos tus lazos, la luz de Dios se manifestará
cada vez más. Dado que tu corazón conoce
los secretos de Dios, sigue siendo fiel. Cuando hayas
llegado a la perfección, ya no existirás.
Pero Dios permanecerá.
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