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La única Realidad, es lo que pasa ahora. Es lo que Allah Quiere que suceda, y aceptar lo que sucede es lo más difícil. Pero es vivir en Realidad. Es renunciar a mi deseo de cómo deben ser las cosas, por el Deseo de Allah. Pero generalmente, como no alcanzo lo que quiero, no soporto la realidad. No aceptamos, y la respuesta inmediata es el autoengaño. El autoengaño es la respuesta inmediata de la mente para no aceptarla, y realiza fábulas para poder vivir con ello. El engaño también puede ser hacia fuera, pero parte del autoengaño, que es hacia uno mismo, por no tolerar la realidad tal cual es. Ver la Realidad duele. Para no verla, hay miles de excusas,
como el negarlo (“no pasó nada”), o desentenderse,
(“no es mi culpa”, o “no recuerdo”). Pero como
el autoengaño no permite ver la realidad, no permite ver a Dios.
Allah Enseña, a través de los obstáculos que nos
pone. Como decía Cicerón: “Un hombre cae en el error,
pero los necios perseveran en él”. El ciclo del deseo, es la satisfacción en el placer,
en forma desenfrenada, que llegado, luego de un tiempo se va. Al irse,
deja sufrimiento por el fin del placer (su ausencia). Hay que comprender que el único que satisface las
necesidades es Dios. El autoengaño puede presentarse en formas muy variadas. Hay personas, por ejemplo, que caen en él porque necesitan continuas manifestaciones de elogio y aprobación. Su sensibilidad al halago, al continuo “tiene usted razón” sin tenerla, hace desplegar a su alrededor servilismos capaces de idiotizar a cualquiera. Son personas difíciles de desengañar, pues exigen que se les siga la corriente, que se mienta con ellos, y acaban por enredar a los demás en sus propias mentiras. Son presa fácil de los aduladores, que los manejan a su antojo, y aunque a veces adviertan que se trata de una farsa, no suele bastarles para salir de ella. En este estado, no se puede hablar de Dios. Había un grupo de filósofos en un castillo,
que permanecían 3 o 4 días y se reunían cada tanto
en el desayuno, el almuerzo y la cena, en los jardines, y realizaban jornadas
de debate y charlas. A esta situación, le pidieron explicaciones al derviche. Y respondió: “Mientras vuestra codicia os impida distinguir entre el autoengaño y la realidad, nada real os podrá enseñar un derviche, sólo ilusiones. Aquellos cuyo alimento es autoengaño y fantasía sólo con engaño y fantasía pueden ser alimentados.” Se está tan entretenido en la consecución
del deseo, que no se llega a Dios. Nunca hay Realidad. La búsqueda de Dios es como dice la ensoñación de un sufi, “Cómo hago para acercarme a ti?” – “Ven a Mí sin ti”. La sinceridad (ikhlas) en la búsqueda de Dios. Como oraba Abdul Qadir Al Qelani “Perdóname, Señor, por todos los errores que cometemos en Tu búsqueda.”
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