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Las Impresiones

Los sucesos se almacenan en lo que llamamos memoria. Pero nuestra memoria es transitoria, se carga y se descarga a medida que nuevos sucesos entran en ella.
Dado que nuestro estado cambia a lo largo del día, según los acontecimientos, la memoria operativa se va llenando y variando con datos superficiales que se van utilizando, pero ésta no tiene mucha capacidad.
El más escaso recurso del que disponemos es la Conciencia. Y debido a que la memoria operativa solo retiene algunos pocos datos con los que trabaja, pese a que el inconciente recoge toda la información, es necesario poner conciencia en lo importante.
Podemos concentrar nuestra atención en las palabras por ejemplo, pero no serán tan válidas como concentrarnos en percibir sensaciones. Las sensaciones, (calor, frío, simpatía, etc.) son más valederas que las palabras, ya que son fruto de la interacción, y se perciben en el corazón. Es el idioma del bebé, que recibe información sin intermediar las palabras.

Las impresiones, por otra parte, van directo al alma. Quedan grabadas, marcadas allí, como el proceso de una fotografía. Se puede denominar impresión a una sensación muy fuerte que se imprime en el alma.

En el caso de la sensación, que se recuerda luego gracias a la memoria transitoria, ella tiene historia, por lo que no es totalmente verdad. La sensación es sólo un archivo, creado por una impresión fuerte en el alma. Esta impresión crea criterios, condiciona el futuro y es fruto de la Repetición, del Miedo, o de la Sorpresa.

Todos estamos condicionados por impresiones que desconocemos, con respuestas automáticas que creemos es “mi verdad”. Esa “verdad nuestra”, es la hendidura por la que miramos nuestra vida. Las impresiones por lo tanto, no son del todo verdad; traen un condicionamiento como consecuencia. El condicionamiento se crea por un acto repetitivo, y supera la conciencia. Uno se transforma en la respuesta automática.

“Lo más grave en la vida es olvidarse de sí mismo.” Esto significa, ser automático. Debe haber un “recuerdo de sí mismo”, a cada instante.
Una cosa soy yo, y otra diferente lo que pasó. Es necesario entender que lo que ha quedado marcado o grabado, no soy yo.

Ese automatismo que se dispara sucede cuando uno se olvida de sí mismo, y lo que se debe hacer es separarse de la reacción.

El condicionamiento se forma por múltiples impresiones. Hay que reconocerlas pues afectan mis respuestas hoy. Las reacciones tanto internas como externas no coinciden con la realidad. Para ello disponemos de la facultad de Conciencia para responder a Dios, que es lo que sucede ahora. Si me olvido de mí, me transformo en la reacción, que es el pasado.
Vivimos en el pasado, al reaccionar. Se siente, se emociona, se reacciona y se piensa a través del pasado. Esto es entrar en incoherencia, con lo que sucede ahora.

Para reconocer el condicionamiento, hay que indagar en las impresiones grabadas, que crearon los criterios que nos mueven. Ellas se grabaron por la repetición, el miedo o la sorpresa.
Asimismo, las impresiones suceden en el presente. Y si no somos concientes, pueden estar generando nuevos condicionamientos.

Veamos un poco acerca de cómo funciona el cerebro. El cerebro posee dos hemisferios; el izquierdo, que se encarga de la memoria operativa, trabaja con datos y con la lógica. Y por otro lado, el hemisferio derecho, que es la memoria receptiva, donde se registran las impresiones a través de los tres medios que mencionamos antes, y que las catalizan, que son la repetición, la sorpresa y el miedo.
Hay un anclaje de las impresiones en el cuerpo, se graban allí, por eso pueden ser físicas, psicológicas, emocionales… Cuando se asocia un recuerdo con una parte física o con una emoción, allí está el anclaje, o nudo fijo. El cuerpo tiene partes con historia y memoria. El condicionamiento se da en la palabra, en el cuerpo, en las sensaciones…

Es fácil distinguir las impresiones por repetición, o las que se crean por estar en situaciones que dan miedo; más difícil es comprender la sorpresa. Entraría dentro de esta categoría todo aquello que no es comprensible; entre ellos la Presencia de Dios.

El foco de nuestra atención no debe estar colocado en otras cosas, como palabras, gestos, emociones, lo que me gusta o no, etc. Para ser conciente de las impresiones, hay que estar en blanco; no juzgar, no conjeturar, no suponer… sólo alcanzar el lugar abierto a la impresión.
Si uno no se da cuenta de sus condicionamientos, vive en uno mismo, y eso impide que se realice lo que hay que realizar, la función para la cual estamos aquí. El condicionamiento impide ver lo que Él Quiere.

“Dios no dará Su afecto a aquel que no dé su afecto a Sus criaturas. El preferido de Dios es quien se encarga de Sus criaturas. Todas las criaturas de Dios son Su familia.”

La función del jardinero es cuidar el jardín, no a sí mismo. Dios lo cuida a él.

Hay que trabajar y reconocer las impresiones. Hasta que Dios te regale un jardín. No hay jardín si no puedo darme cuenta de mis respuestas automáticas. No puedo cuidar de otro si no me libero de algunos de mis condicionamientos, para cumplir la función de cuidar a otros.

La gran equivocación se comete cuando uno dice “yo”. No hay uno, son pequeños y múltiples yoes que crean un estado de división interior, de fragmentación. El verdadero de esos yoes es el que trabaja para Dios.

Conocer quien soy, libera de la batalla de los yoes por el control.
De esto se desprenden tres conocimientos:
1- No soy uno, soy varios
2- No tengo control de mí
3- No me recuerdo a mí mismo

Si exclamo, “yo estoy leyendo”, hay una parte que desea, es una parte condicionada, pero no soy yo. Sólo basta ser conciente que leo en ese instante. Eso libera de condicionamientos para abrirse a las impresiones que Allah Regala.

Para Gurdjieff, el hombre es una compleja máquina que “ingiere impresiones y excreta conductas”, y se alimenta de conducta, aire e impresiones sensibles para impulsar cinco “centros” que actúan en forma independiente: intelectual, emocional, motor, instintivo y sexual.

Cuando uno mismo se da el choque del “Recuerdo de Sí”, se produce realmente un cambio milagroso en todo el trabajo del cuerpo, de modo que las células reciben un alimento diferente. Y lo más importante, se unifica en el Ser, bajo el cumplimiento de la función que Dios le designa.