La Guía Espiritual
del LIbro Adornos del Corazon - Sheikh Muzzafer Ozak (ra)
 
 
El término guía espiritual (murshid), se aplica al individuo que encarna todos los atributos arriba mencionados. Una persona que obedece las instrucciones del guía, sometiéndose a sí mismo enteramente a su supervisión, es llamado un discípulo (murid).

El guía espiritual pone en práctica el Libro de Allah y el ejemplo fijado por el Mensajero de Allah, tanto en habla como en condición. La palabra del noble Mensajero está representada por la Sagrada Ley (Sharia), mientras que su condición está representada por el Místico Sendero (Tariqa).

 
 

Para iniciar en este sendero basta escuchar las palabras del bendito Muhammad, luego hay que obedecer las reglas de la Sharia, hasta que por la práctica de lo que uno ha escuchado, uno se infunde con la condición del Mensajero. Como representante del Profeta, el guía espiritual primeramente le comunicará la palabra de Allah y los dichos del Profeta, es decir, la Sharia. La Tariqa es el proceso por el cual nuestro ser absorbe la Sharia.
En esta etapa, Satán intentará destruirle con sus tentaciones. Él puede corromper insidiosamente su corazón con vicios como la ostentación hipócrita y el orgullo de la pretendida devoción. Si un discípulo o derviche lleva a cabo actos de adoración empujado por tales motivos, comete un pecado mayor que la simple negligencia en adorar, porque el politeísmo está escondido en la simulación hipócrita, y el orgullo de la devoción afectada es un atributo de Satán. Satán se consideró a sí mismo superior a Adán, y fue expulsado de la Misericordia Divina por expresar:

“Yo soy más elevado que Adán. Tú lo creaste a él de tierra,
mientras que Tú me creaste a mi de fuego.
Ante Ti, yo me prosternaré pero no ante Adán”.
Así es expulsado un discípulo desde la Misericordia Divina y no puede hallar iluminación si se considera a sí mismo superior a otros, y si es arrogante en su adoración. Él será un objeto de ridículo para la gente y para Satán mismo, y será estigmatizado en ambos mundos. Un discípulo habrá de ajustarse en discurso y actitud a la máxima:

Ellos son el trigo, y nosotros somos la paja,
Ellos son virtuosos, y nosotros somos desdeñables.

Ha de considerarse a sí mismo como inferior a todos los otros seres. No debiera mirar con desdén ni siquiera a un infiel, sino decirse a sí mismo:
“Esta persona podría estar bendecida con verdadera fe. Yo no tengo modo de saber cuál será mi propio estado al momento de mi último aliento. Si yo fracaso en la preservación de mi fe, ¿Cómo podré entrar a la presencia de la Verdad?”.
Al atestiguar el poder de Dios en toda la creación, el derviche observa con el ojo de la verdad, viendo y dando gracias, mirando y extrayendo conclusiones.
Ante alguien más anciano que él, debiera mostrar respeto, pensando:
“Este noble ser es mayor que yo. Con seguridad su adoración de la Verdad es más grande que la mía”.
Y con aquellos más jóvenes él debiera pensar afectuosamente:
“Ellos son más jóvenes que yo, con seguridad sus pecados son menos que los míos”.
Aquellos que no siguen a un verdadero guía espiritual no pueden ver sus propias faltas y defectos. El guía espiritual, actuando como un espejo en cuanto a condición y habla, rescata al discípulo de las emboscadas y lo lleva a la seguridad. El guía espiritual es como un médico. De la misma manera que los médicos encuentran remedios y medicinas para los padecimientos que afectan al cuerpo de una persona, el guía espiritual sana con prescripciones espirituales los problemas escondidos en el mundo interno de una persona. Y a aquellos quienes desean realizarse como sultanes con plenitud, ya sea en este mundo o en el otro, el camino les será mostrado por el guía.
De la misma forma en que un médico semicalificado no puede sanar una persona, y finalmente causa su destrucción, así también el guía semicalificado es la causa de la ruina espiritual de una persona. Debido a su ignorancia, el tal médico puede muy bien terminar con la vida de la persona. El falso guía, no obstante, al guiar al discípulo en el camino del error, arruina tanto si vida efímera como la vida eterna. Y, no importa cuán h hábil sea el médico, si el paciente no sigue la prescripción, no recibirá cura alguna. Similarmente, un discípulo que no sigue el consejo de un guía verdadero, no deriva beneficio alguno. Si obedece al guía y cumple sus deberes espirituales, encontrará la salvación, y su ser total alcanzará la verdadera felicidad.
Jamás debemos olvidar que al poner nuestra mano en la de un guía verdadero, lo estamos haciendo con la mano de nuestro bendito Maestro, el Más Noble Mensajero:

Desde una mano hasta la otra,
Nos tomamos de la mano de la Verdad.

Hallarse bajo la tutela de un guía verdadero, es estar protegido por el bendito Mensajero. No es razonable tomar la mano de un guía verdadero sin seguir su consejo, pero aún así, la acción no carece enteramente de sentido, ya que su mano es la mano de la Verdad, y él permanece fiel a su creencia. Como heredero del bendito Mensajero, dotado con una gran sensibilidad para el cuidado de otros, el guía espiritual es la esencia misma de la terapéutica curativa. Su mirada es compasiva para quien toma su mano, y a través de su propia intercesión le asegura bienaventuranzas en el Más Allá.
De acuerdo a Abu Sa’id, el Mensajero de Allah, que Allah lo bendiga y le dé la paz, dijo:

“Algunos miembros de mi Comunidad interceden por grandes cantidades, algunos interceden por la tribu, algunos interceden por sus parientes, algunos interceden por otro hombre, hasta que todos ellos ingresan al Paraíso”.

Estos intercesores son los guías espirituales y líderes religiosos que alientan a la Comunidad en la ruta de la Sharia.
Abdullah ibn Shaqiq informa:
Yo estaba con un grupo de gente en Ibliya. Un hombre de entre ellos, dijo: He escuchado al Mensajero de Allah, quiera Allah bendecirlo y darle la paz, decir:

“A través de la intercesión de un hombre de mi Comunidad, entrarán al Paraíso más seres que la tribu entera de Tamim”.

Alguien dijo: “¡Oh Mensajero de Allah!, ¿(Tu quieres decir un hombre), distinto de ti?”.
Y él dijo:

“Distinto de mí.”

Entonces cuando él se levantó, yo dije: “¿Quién es este hombre?”
Ellos dijeron: “Este es Ibn Abi’l-Jada”.

LA COMPASION DE YUNAYD AL-BAGHDADI

Un rebelde fue ajusticiado debido a una serie de crímenes, y su cuerpo fue abandonado colgando del cadalso. Al pasar por la escena el noble guía espiritual y Santo, Yunayd al-Baghdadi, sus ojos se detuvieron en el hombre que había sido ejecutado. Su mirada estaba plena de compasión. Esa noche en la ciudad todos los amantes y devotos que estaban cercanos a la Verdad Divina soñaron que el hombre colgado había entrado al Paraíso. Cuando los que soñaban le preguntaron como había alcanzado tal posición, él replicó:
“Yo había sido ahorcado en el patíbulo cuando el noble Yunayd al-Baghdadi pasó por el lugar. Su mirada era llena de piedad… y yo escuché estas palabras dirigidas a mí por el Único Todo-Glorioso y Exaltado:

“No se acomoda a Mi Majestad el castigar a quien Mi amigo ha considerado con compasión. ¡Yo te perdono y te concedo Mi Paraíso!”

Es así como he ganado admisión aquí”.

Si un rebelde condenado a muerte es admitido en el Paraíso a través de la conmiseración en la mirada de un Amigo de Allah, yo dejo librado a su juicio, ¡Oh amante!, tomado de la mano de un Amigo, cuantas más riquezas llegarán a usted como discípulo. Ciertamente, la guía verdadera que es pura compasión jamás abandonará a cualquiera que entre en su rebaño. Aún si un discípulo se hace desgraciado y miserable en esta vida por no atender las palabras de su guía, se encontrará a salvo en el Más Allá. Esto es así porque los Amigos de Allah no abandonan aquellos que los siguen en este mundo ni en el Siguiente.

EL QADI BEKTASHI

Un Qadi (magistrado) fue una vez nombrado para la ciudad de Sivas,
y los dignatarios locales se acercaron a recibirlo para darle la bienvenida. En el curso de una reunión amistosa, la conversación se centró en la cuestión de las afiliaciones a varias órdenes Sufíes. Algunos de los presentes dijeron que ellos eran Rufais, algunos Khalwatis, algunos Naqshis, y otros Mevlevis.
Esta discusión dejó al Qadi riendo cínicamente, porque no creía en el
sendero Sufi. Cuando todos habían establecido su afiliación, el nuevo magistrado decidió burlarse de sus anfitriones afirmando ser un Bektashi. Quedaron todos sorprendidos sin comprender como un graduado de una academia formal podría haberse convertido en un Bektashi, pero la cortesía refrenó su curiosidad.
Se estaba haciendo más bien tarde, de modo que la sesión se interrumpió y todos se dispersaron. El Qadi estaba sulfurado por las conversaciones de la velada, a las que había escuchado con oculta animosidad. Llevó a cabo sus plegarias de la noche y se acostó a dormir. Durante la noche tuvo un sueño aterrador. Había llegado al día de la Resurrección y él había sido emplazado para presentarse ante la Corte del Todopoderoso. Convicto de muchas inconductas de justicia, el Qadi fue condenado al Infierno. Sollozaba y gritaba mientras los Ángeles responsables lo arrastraban afuera. En esas circunstancias, un noble ser de radiante aspecto entró a la Divina Corte, prosternándose mientras decía:
“Mi Señor, esta persona es mi derviche, un seguidor mío. Yo soy Tu Amigo, Tu Santo, Hajji Bektash. Si Tú destinas a este Qadi al Fuego, yo no entrará en el Paraíso. ¡Oh bien déjame acompañarlo, o permítele que venga conmigo al Paraíso!”
El Todo-Glorioso replicó:

“¡Tómalo! Yo perdono a este pecador magistrado por consideración a
ti”.

El venerable Santo tomó entonces al espantado y sacudido Qadi por la mano, y mientras lo conducía de allá al Paraíso, le dijo:
“Esta es la consideración que nosotros ofrecemos a quienquiera que meramente simule ser un discípulo. De haber sido tú un genuino seguidor mío, yo te hubiera capacitado para alcanzar el Jardín de la Esencia”.
El Qadi despertó ansiando jamás volver a dormirse de nuevo. Tuvo dificultades para concentrarse en su plegaria temprana de la mañana.
“Yo solamente pretendí pasar por un Bektashi y no obstante entré al Paraíso, salvado del Fuego por la intercesión del Santo Hajji Bektash. Si yo en la realidad me convirtiera en su discípulo, ¿quién sabe qué exaltado grado pudiera obtener?”
Después de la plegaria matutina, buscó al grupo que le había dado la bienvenida la noche anterior. Les relató su experiencia, añadiendo:
“Si hay un Sheij Bektashi aquí en Sivas, hará de inmediato mi promesa de fidelidad hacia él”.
Leal a su palabra, tomó compromiso con el Sheij Bektashi local y se convirtió en un miembro de la Orden Bektashi. He relatado esta historia palabra por palabra tal como la escuché de mi propio maestro quien estaba presente en la ocasión.
¡Oh amante buscador de la Verdad! Los fieles servidores de los Amigos de Allah, no son abandonados en la necesidad. Si Qitmir fue admitido al Paraíso porque era el perro de los Compañeros de la Cueva, ¿será desposeído el sirviente de un Santo? ¡Dios lo prohiba! Con seguridad no será despojado e ingresará en el Paraíso con el ser a quien sirvió.
Acaso no nos dijo el Más Noble Mensajero:

“Estamos junto a aquellos que amamos.”

El discípulo es el hijo o la hija espiritual del guía. ¿Sería una madre o un padre capaz de abandonar sus descendientes, sin importar que los niños fueran buenos o malos? Los verdaderos guías son aún más compasivos hacia sus hijos espirituales.
A través de la sobre-indulgencia, ignorancia, o falta de experiencia, los padres llevan a menudo a sus niños a una posición más baja que la que pudieran haber obtenido. Sin embargo, como padres espirituales, los verdaderos guías están enteramente dedicados a la elevación de sus hijos espirituales hacia posiciones más altas, a dirigirlos hacia la felicidad y la seguridad en este mundo y en el Más Allá, y a asegurar su bienestar. Ellos no abandonan ni aún a los malos hijos espirituales.
¡No dudes de ello! La aprobación del verdadero guía es la aprobación del Noble Mensajero, y la aprobación del Noble Mensajero es la aprobación de Allah el Todo-Glorioso.

¿CÓMO PODEMOS RECONOCER AL GUIA VERDADERO?

Ni un buscador no-extático, ni un extático que no sea un buscador, pueden convertirse en guías espirituales. En cuanto al buscador que finalmente experimenta el éxtasis por ser atraído hacia Dios, es el guía perfecto. El extático que es primero atraído hacia Dios y que entonces atraviesa el sendero del buscador, puede también convertirse en un guía, tal como fue ejemplificado por Ahmad al-Badawi, santificada sea su alma secreta. Los guías verdaderos pueden ser reconocidos por las siguientes conductas:

>Ellos adornan todos los corazones con el amor de Allah, el afecto del Mensajero, y él carácter de Amigos Intimos de Allah.

>Ellos invitan a toda la humanidad al camino que complace a Allah Exaltado es Él, y a seguir la conducta ejemplar del bendito Mensajero. En sus conversaciones ellos hablan del Más Allá y alientan el amor de todas las criaturas.

>Ellos resuelven los problemas de este mundo y del Más Allá, moldean a la gente para que sea verdaderamente humana, y los iluminan con la radiancia del Sagrado Corán.

>Ellos tiñen con el matiz de Muhammad, e iluminan el sendero con la antorcha del amor.

>Ellos brindan a la gente el sabor de la fe y llenan sus almas con el amor de la fe y la sumisión.

>Ellos siempre recomiendan e inculcan la verdad y la paciencia.

>Ellos son hospitalarios y generosos.

>Ellos siempre sonríen, son pacientes y perseverantes al enfrentar las adversidades y las aflicciones.

>Ellos son humildes pero directos.

>Ellos comen frugalmente, prefiriendo dar de comer en abundancia a otros.

>Ellos son tolerantes y clementes de los pecados y las ofensas contra sus propias personas.


> Sus súplicas son merecedoras de aceptación y su aliento posee
propiedades curativas.

> Ellos solucionan todos los problemas de sus discípulos, y los
conectan con Allah y Su Mensajero.

> Ellos perdonan a aquellos que los desobedecen o aún que los
desdeñan y oran por su progreso.

> Ellos están contentos con este mundo y celosos por el Más Allá.

>Ellos son misericordiosos y compasivos, generosos y amables,
porque ellos están dotados con los atributos del Noble Mensajero. Cada uno de ellos es como una estrella guía, que dirige a la humanidad hacia la Verdad.

Todos los sufrimientos son alejados de aquellos que contemplan a
tales seres. Sus corazones se transforman inmersos en amor y serenidad.

CUALIDADES DE UN GUIA ESPIRITUAL VERDADERO

>Él actúa en acuerdo con las creencias de la gente de la Sunna y de la Comunidad.

>Él es realmente versado en el conocimiento esotérico.

>Él tiene profunda comprensión de la ciencia de la interpretación de las experiencias visionarias, tanto personales como universales.

>Él brinda guía de acuerdo a su apreciación del grado espiritual del buscador y de su nivel de realización.

>Siendo un sincero y consumado erudito, él aconseja a sus discípulos y los dirige a través de sus palabras y por medio de su bendita categoría.

>Todo lo que él hace es por causa de Allah, y de esta forma ‚ él es siempre considerado con la Verdad Divina y Su creación. Él es un ejemplo de honestidad e integridad.

>Él es generoso y hospitalario. Él alimentaría a otros antes que comer él mismo. Él atiende más a los otros que así mismo.

>Él logra serenidad mediante la limpieza de su corazón de las ansiedades, dirigiéndolo íntegramente hacia la Verdad. Él está libre de temores frente a todo, excepto Allah.

>Él está preocupado internamente y externamente con la Verdad, sin ningún pensamiento de recompensa en este mundo o en el Más Allá, siendo su solo objetivo la Complacencia de Allah. Tal como el místico Yunus Emre, santificada sea su alma secreta, declara:

Entrégales a ellos lo que ellos desean,
Un palacio, el Paraíso y huríes,
Todo cuanto yo necesito es a Ti, eres Tú.

Habiéndose purificado a él mismo, está libre de extenuantes deseos.

>El no codicia las propiedades de sus discípulos, ni sus riquezas, rangos o grados.

>Él trata a sus discípulos con equidad, ya sean ellos ricos o pobres.

>Él elude las preocupaciones que podrían obstruir la tranquilidad de su corazón y alma.

>Él es amable y compasivo hacia sus discípulos, orando por su bienestar y recta guía.

>Él es un maestro de tolerancia, no dado a la violencia, la cólera o la irritabilidad.

>Él está pronto a perdonar y absolver ofensas y faltas sin expectativa de disculpa.

>Él cubre las faltas y las omisiones de otros, usando insinuaciones sutiles para indicar donde necesitan mejorar los discípulos.

>Su noble carácter le obliga a ser gentil hacia aquellos que son bruscos, a ofrecer aceptación a quienes rechazan, a dar a aquellos que retienen y a dar la bienvenida a quienes se alejan.

>El no exige servicios de un discípulo que se encuentre ocupado, a menos que le esté poniendo a prueba.

>Su generosidad y filantropía se incrementan día por día.

>Él posee total confianza y esperanza en Allah El Exaltado.

>Él es indiferente al elogio y la acusación, a la pobreza y la riqueza, al infortunio y a la buena suerte.

>Él observa con diligencia las cinco plegarias diarias, siempre receptivo a la Divina inspiración. Él demuestra a sus discípulos en todo momento, verdadera devoción y verdadera humanidad.

>Él es un maestro de la constante recordación y testificación de la Verdad. Él recuerda a Allah el Exaltado con cada respiración y está siempre en Su presencia.

>Él ejemplifica la completa sumisión a la Verdad: él adopta como referencia la Verdad en todo lo que hace, y deposita la confianza en la Verdad para todos sus asuntos.

>Él acepta el destino con completa ecuanimidad.

>Él posee dignidad sin arrogancia, e inspira respeto en aquellos que lo rodean.

>Él está libre de la falsa modestia, siendo un maestro de genuina humildad.

>Él es siempre confiable y fiel a su palabra.

>Él es constante en su afirmación de la Verdad y un maestro de pru dad. Él es un heredero del Profeta, y está por lo tanto dotado con poderes milagrosos.
Tal como el místico poeta Ummi Sinan dice:

Aquellos que están realizados no se reúnen entre la multitud,
Aquellos que vienen afirmando, jamás serán indigentes.
Un hombre necesita afirmar la Verdad para ver con ojos abiertos,
una gema necesita un joyero para saber su verdadero valor.
Si usted coloca una jarra al costado de la fuente y la deja allí durante cuarenta años, no se llenará a sí misma.

Ummi Sinan dice:

El camino es claro, el discurso evidente.
El sendero del dervichado no se halla en el turbante ni con la túnica.