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En
esta vida tendrás que estar con otros que te
empujan al igual que tu ego te empuja y habrá
gente poderosa entre ellos. Intenta estar con aquellos
que conoces, porque en esta vida es difícil saber
quien es un forastero y quien un nativo. No te quedes
en ningún sitio. Sigue moviéndote. No
intentes conocer a nadie ni dejes que nadie te conozca.
Cuando encuentres a alguien insinúa que está
cerca de ti o merodea alrededor tuyo y te trae cosas,
tu ego dirá: “Es Allah quien ha hecho que
esa persona se de cuenta de tu necesidad y le ha puesto
esta generosidad en el corazón”. No aceptes
lo que te traiga. Si aceptaste algo, devuélvelo,
porque aquella persona te había estado observando
e intentó comprarte satisfaciendo las necesidades
de tu ego, no tus necesidades verdaderas. Esto no es
sustento procedente de Allah. Aunque estés a
punto de morir, no aceptes ese tipo de regalo.
Si te traen algo inesperado e indeseado, obsérvate
a ti mismo detenidamente -¿Qué es lo que
tienes y lo que te falta?. Si no sientes presión
o incomodidad al aceptarlo y si es lícito, toma
lo mínimo que te haga falta y devuelve el resto.
De todos modos, no te quedes más en aquel sitio.
Si resulta que el que te haya traído el regalo
es de entre los ricos y poderosos y que insiste en que
te quedes, vete. Si te indica lugares de adoración
donde podrías ir en países donde el tiene
contactos e influencia, no hace falta que lo rechaces.
Todos estos ejercicios reforzarán la verdad en
ti. Y que sepas: Si no sigues este consejo te estarás
tiranizando a ti mismo.
No escuches lo que diga el “Sufi” ocioso
que está sentado, no hace nada y dice: “Mi
Señor me basta”, porque está sufriendo
todo lo que yo te acabo de prevenir. No seas ocioso,
porque el sustento mejor y más lícito
es el que viene de Allah y es el que te ganas con tus
propias manos.
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