Paciencia y Fortaleza
IRSHAD, Sheikh Muzaffer Ozak
 
 
Todo comienza con la paciencia. Paciencia es el punto de partida de Islam, de la fe y de las buenas acciones. Para defenderse uno mismo del diablo, el primer requerimiento es la paciencia en resistir las tentaciones en la lucha contra el bajo ego. Aquel que carece de paciencia no podrá sostener su fe, las buenas acciones y un buen nombre.

Existen varias clases de paciencia:
1- La Paciencia en la Fe
2- La Paciencia en la obediencia
3- La Paciencia en la presencia del mal y del pecado
Existe también la paciencia del burro, pero no la llamaremos paciencia. Esto es mero empecinamiento, mientras que la Paciencia es uno de los Benditos Nombres Divinos.

 

 
 

¿Qué es la Paciencia en la Fe? Algunos miembros de antiguas comunidades fueron sometidos al fuego y a la crucifixión por los no creyentes que buscaban que renunciaran a su Fe. A pesar de sufrir cien mil agonías y tormentos, ni un solo de ellos pudo ser doblegado de su Fe y del camino de verdad. Toda clase de torturas fueron infligidas en aquellos Nobles Compañeros, el radiante Bilal, el Abisino, Yasir (padre de Ammar) y Sumayya, pero ninguno de ellos abandono a Muhammad, el amado del Todo Misericordioso, y su encomiable religión.

Muchos de ellos se les quitaron los ojos o fueron atados a camellos y enviados arrastrados en varias direcciones, pero nada indujo a estos creyentes a abandonar su fe. Por el contrario, mostraron fuerza y fortaleza frente a estas persecuciones, clamando: “¡Allah es Uno; Su Mensajero es Ahmad!”, tragando el vino de la muerte para obtener el rango de mártires. Debido a su Fe, Zaynab, la esclava de Abu-l Hakam, tenia sus ojos quemados por la ardiente espada de su maestro, quien la dejo ciega en el ardiente desierto. Aún así, ella soportó estas terribles adversidades con paciencia, sin ninguna palabra saliera de su boca excepto la profesión de Fe:
“No hay otro dios más que Allah, y Muhammad es el Mensajero de Allah”.
Los ojos de Zaynab fueron mas tarde milagrosamente restaurados po el Profeta (saws).

En cuanto a Abu-l Hakam, quien quemó los ojos de esta reina del Más Allá porque dijo “Allah” y entregó su corazón a Muhammad, ciertamente encontró en eterno tormento, sus propios ojos fueron cegado por el fuego del Infierno, donde residirá por siempre.

El maldito Abu Jahl se enfureció cuando su tormento falló en impresionar a Sumayya, cuya fe buscaba quebrar. Un día, le dijo a ella: “¡O dejas de una vez la religión de Muhammad o te mato!”. Pero Sumayya respondió: “No hay otro dios más que Allah y Muhammad es el Mensajero de Allah”. A esto, en un ataque de furia, la golpeo contra el suelo y pateo su estómago e intestinos hasta que murió como una mártir. Ahora Sumayya está junto a nuestro Maestro en el Paraíso, mientras que el maldito infiel Abu Jahl está hirviendo en el Fuego. Debido a su martirio, Sumayya recibirá bendiciones hasta el Día de la Resurrección, pero todas las maldiciones recaerán sobre el maldito Abu Jahl hasta el mismo Día, como hasta ahora.

En cuanto a Yasir, el noble padre de Ammar, el entregó su vida por causa de Allah, por el amor de Muhammad, bajo la lanza de Abu Jahl. El se hizo a si mismo una mortaja de su propia sangre. La historia del venerable Bilal ha sido narrada en todo lugar.

A través de su inalterable Fe en Dios y en los Profetas, su paciencia en la aflicción su negativa a rendirse a la persecución, del mismo modo, antiguas comunidades han sido liberadas Ali mismas de la eterna perdición. Si han desplegado tal Paciencia y fortaleza en su fe, si bien no pertenecen a la Comunidad de Muhammad, ¿podremos nosotros mostrar tal fe cuando las desgracias arremetan contra nosotros?. Por que somos la Comunidad de un glorioso Profeta, quien fue enviado como una misericordia para todos los mundos, es que ciertamente es necesario para nosotros el ser una Comunidad digna de el.

Una persona paciente es una persona de fortaleza. Su rango ante la vista de Allah es extremadamente elevado. Los pacientes son alabados y exaltados por Allah en el Sagrado Corán, donde El dice:

“Allah está con aquellos que resisten con paciencia” (2:153)