| |
¿Pero
cómo hacer? ¿Cómo enfrentarse a
uno mismo? ¿Cuánto tiempo necesito?
¿Cómo poder superar las batallas que continuamente
perdemos contra nosotros mismos? ¿Dónde
están las técnicas ocultas que me llevaran
al existo? ¿Alguna palabra secreta?
Los
primeros pasos son los más fáciles. Uno
empieza deslumbrado por la cantidad de cosas nuevas.
Un halo de misterio da alas a nuestra imaginación
y no son pocos los casos de personas que al poco tiempo
de transcurrir este camino ya se sienten que han llegado
y que son verdaderos místicos. Incluso adoptan
posturas y gestos de místicos. ¡Ya saben
todo!
Algunos
recurren a revestirse del nuevo lenguaje y entonces
su mente comienza a hablar el nuevo idioma, tratando
de justificar las mismas equivocaciones y circunstancias
de siempre pero con nuevas palabras. Nada cambia en
sus vidas. Sólo las explicaciones.
Otros se visten como “místicos” y
eso ya les alcanza. Otros empiezan a dejar en manos
de Dios, lo que fuera de todas luces, son temas de su
exclusiva responsabilidad. Es tan fácil confundirse...
No
son pocas las personas que dejan librado a Dios la solución
de sus propios problemas y no hacen nada porque Dios
lo solucionará. Y esto es verdad... Sólo
si, uno lo intenta primero y hace el esfuerzo. "Si
tu das un paso, Yo daré dos..."
Uno debe hacer el esfuerzo y Dios dará los resultados.
Uno debe intentar.
Dice un hadiz que si uno avanza un paso hacia Dios,
Él dará dos pasos hacia nosotros Y que
si damos dos pasos Él corre hacia nosotros.
Pero el que empieza es uno...
¿Como
hacer?
Una vez le pregunte esto en Estambul a un Sheikh.
Estábamos en la terraza de su casa cerca de la
Mezquita de Fatih.
Con mirada picara, me dijo: acompáñame
a la mezquita.
Mientras bajamos la angosta escalera de un tercer piso;
no dejó de agacharse cada vez que encontraba
un papel en el piso. Los guardaba en su bolsillo del
saco. Fósforos, papelitos de caramelos, colillas
de cigarrillo que encontraba en el piso, se agachaba
y lo tiraba en el cesto de papeles más próximo…
Yo esperaba su respuesta, pero él era implacable
con su trabajo y no dejaba ni un sólo papel en
el piso.
Las dos cuadras que nos separaban de la mezquita se
tornaron interminables.
En todo este camino, no pronuncio palabra alguna.
Finalmente llegamos a la mezquita. Hicimos la oración
y retornamos por el mismo camino. No dejo de hacer lo
mismo.
En un momento giro, me miro de frente y me dijo: ¿Vio
lo que hice?
Si, respondí. Levantó todos los papelitos
que encontró, fue mi respuesta.
En parte eso es lo que hice, pero digamos que “puse
las cosas en su lugar”
Esto es lo que debe de hacer Ud. “Poner las cosas
en su Lugar”
La
gente tira los papelitos en la calle, colillas de cigarrillos,
envases vacíos.
¿Ese es su lugar? No. Yo los recojo y los pongo
en su lugar, el basurero. Cuando esto se le haga costumbre,
pondrá no sólo los papelitos en su lugar,
sino también sus propias cosas. Cada cosa tiene
su lugar: Sus emociones, sus pensamientos, sus acciones.
Cada uno de nosotros sabe que cosas o circunstancias
están fuera de su lugar, pero gracias a nuestra
inacción, e ilusión las dejamos ahí.
¿Ud. me preguntó como empezar? Yo, le
respondo. Poniendo las cosas en su lugar… No es
necesario reflexionar, ni pensar para poner las cosas
en su lugar.
En realidad es muy fácil.
¿Dónde debe ir la cama, en el dormitorio,
no?
¿La heladera, en la cocina, no? ¿El inodoro
no va en el baño?
Sin embargo, mire Ud. Algunas personas, por no decir
muchas, tienen su inodoro en el comedor.
Reflexione acerca de esto y verá que poco a poco
las cosas empiezan a estar donde deben estar.
En ese punto del camino, sucederán otras cosas,
pero no antes:
En ese momento Ud. preguntará nuevamente y la
respuesta vendrá a Ud.
Ya vera... Y siguió caminando.
|
|