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Historia
sobre la Devoción
extraido de la biografía de Hz. Pir Nureddin Al-Jerrahi (ks)
Ibrahim Halili
Una relación
muy personal debe existir entre maestro y discípulo, ya que sólo
el sheikh realmente conoce las realidades y necesidades del derviche.
Una relación profunda de respeto conducente al amor y la devoción
entre los dos es el elemento humano más esencial y personal en
la tariqa, y sin esto los esfuerzos y la °ibadet del derviche no lo
llevarán a ninguna parte. Por eso el derviche está absolutamente
obligado a pedir el permiso del sheikh y su consejo en todos los asuntos,
tanto “religioso” como “secular”. Se recuerda
que el permiso del sheikh es también un rezo (dua), una protección,
y la garantía del desarrollo exitoso del discípulo. En miras
a esta íntima relación y el absoluto respeto hacia el sheikh,
relatamos aquí un incidente de la vida del primer khalifa de Hz.
Nureddin, Hz. Velieddin Efendi. Este incidente ilustra el extraordinario
grado del más escrupuloso respeto hacia la orden, el permiso, el
placer y la prohibición del sheikh por parte del derviche. La historia
es tomada del Envar-i de Hz. Fahreddin Sevki Efendi.
Uno de los tíos de Hz. Velieddin, viviendo en el barrio de Küçük
Mustafapasa, murió y dejó como su porción asignada
de la herencia treinta bolsas de oro así como también muchos
otros valores a su sobrino Hz. Velieddin Efendi. A este efecto llegaron
noticias al Dergah en Karagümrük. Hz. Velieddin fue a Hz. Pir
Nureddin y le dijo las noticias de lo que él había recibido,
a lo que el noble Santo replicó: “Oh Velieddin, deseas la
porción de las riquezas de este mundo que te ha llegado recientemente,
o deseas las Bendiciones Divinas de la próxima vida?”. Retirándose
de la presencia de su sheikh y maestro, Hz. Velieddin fue a su familia
y acorde a ello renunció a su parte de la herencia diciendo que
aceptarlo lo profanaría espiritualmente. Ahora, ya que era invierno,
una estación que puede ser extremadamente dura en Estambul, uno
de sus tíos le ofreció como regalo, a cuenta del frío
tiritante, una capa amplia, hecha de algodón verde. Hz. Velieddin
aceptó la capa y, colocándosela volvió con su maestro.
Cuando Hz. Pir vió la capa que su derviche utilizaba, le preguntó
“de dónde sacaste esa capa, Velieddin?” a lo que el
derviche respondió: “Debido al hecho de que renuncié
a la herencia, y en vista de mi pobreza, uno de mis tíos la trajo
y me la ofreció como un regalo.”
“Bueno, si ese es el caso” - replicó el Santo –
“esta capa se ha convertido ahora en tu posesión. La usarás
hasta el fin de tu vida, nunca te la quitarás. Cuando mueras sera
situada sobre tu tumba como una advertencia para futuras generaciones.”
El siguiente día siendo un Viernes, Hz. Pir y su derviche fueron
a la Mezquita Fatih Sultan para el rezo del Viernes, después de
lo cual Hz. Pir y su séquito fueron a la Puerta de Cörekçi
donde el Santo ordenó a su derviche que se quitara su capa y la
extendiera sobre el suelo. Hz. Velieddin inmediatamente obedeció,
extendiendo la capa en el lodo. Más tarde se trajo comida, se cortó
en porciones y se situó en la capa, y Hz. Nureddin ordenó
a su derviche que llamara a los perros del area y que los hiciera comer
la comida situada sobre la la capa. Luego de esto, ofreció al derviche
a que recogiera su capa y se la ponga. Así procedieron juntos al
Dergâh Kubbe. En el lote vacante opuesto al dergâh, se alzaba
un gran árbol de moras. Hz. Pir ató a Hz. Velieddin por
los cabellos a una de las ramas de este árbol (éste último
tenía cabellos largos). Quitándose su turbante, el Pir entró
al dergah donde encontró al postnisin Hz. Sheikh Süleyman,
un Sheikh Qadiri. Luego de saludar a Hz. Pir, el ilustroso sheikh le dijo
“Oh, Hz. Pir, si mi hermano Velieddin ha hecho algo incorrecto,
por favor perdónalo. Vayamos y desatemos su cabello y traigámoslo
al dergâh.” Hz. Pir contestó: “Él entrará,
no te preocupes” – y estirando su cabeza fuera de una de las
ventanas, llamó “Velieddin, entra!” Ese noble compañero
del Camino, poseedor de sagacidad y total obediencia, Hz. Velieddin, para
obedecer a su sheikh, inmediatamente sacudió su cabeza violentamente,
de tal forma que arrancó su cuero cabelludo y su largo cabello
de su cabeza. Ellos quedaron pegados al árbol, y, con sangre saliendo
copiosamente de su lastimada cabeza, Hz. Velieddin fue a su Sheikh. Él
inmediatamente fue sujeto a preguntas: “Por qué” –
preguntó el Pir – “primero no desataste tu cabello
y luego entraste?”
El noble respondió: “Oh mi Sheikh, me ordenaste entrar; no
escuché otra orden de ti.”
(es decir “Tú no dijiste específicamente desata tu
cabello”). Con su bendita mano, el sagrado Pir gentilmente frotó
la cabeza de Hz. Velieddin donde inmediatamente se detuvo el sangrado
y el cuero cabelludo se volvio como una cabeza limpiamente afeitada. Luego
dijo: “Ve y trae tu cuero cabelludo del árbol y tráelo
aquí.”
Cuando el
derviche trajo el cuero cabelludo a su noble maestro, Hz. Pir Nureddin
(que Allah santifique su secreto) lo dividió en dos piezas, dando
una mitad al Sheikh Süleyman y ubicando la otra en su bolsillo a
la altura del pecho. “Para que esto sea una admonición a
aquellos que vienen después de nosotros” – dijo –
“deja que estas dos piezas de tu cuero cabelludo sean conservadas
en los respectivos dergâhs, el Dergâh Kubbe y el nuestro en
Karagümrük.” Hasta este día, este cuero cabelludo
puede verse en el Tekke Jerrahi, al que se visita en el Banquete del fin
de Ramadán (nota del autor: lo he visto con mis propios ojos, en
Ramadán de 1980, cuando Hz. Muzaffer abrió las reliquias
para las visitas en occasion del Banquete de Rotura de Ayuno de Ramadán
ese año). El día siguiente de este suceso, Hz. Pir Nureddin
y su séquito, incluído Hz. Velieddin, fueron a visitor el
Dergah de Hamza Zade. Delante del dergâh había un gran árbol.
Hz. Nureddin clavó a Hz. Velieddin a una rama de este árbol
de su oreja, y fue adentro. El sheikh de este dergâh, Hz. Sheikh
Hamza Zade, viendo a Hz. Velieddin así clavado al árbol,
le dijo al noble Pir: “Si nuestro amado hermano Hz. Velieddin ha
hecho algo mal, por favor perdónalo, oh Noble Maestro!”
Inclinándose a través de una ventana del cuarto en los que
estaban sentados, Hz. Nureddin lo llamó “Entra, Velieddin!”
En inmediata conformidad con la orden de su Pir, Hz. Velieddin arrancó
su oreja, partiendo la oreja en dos, y fue adentro al pie de su maestro.
Hz Pir otra vez le repitió que usaría el abrigo hasta el
fin de su vida, nunca se lo quitaría, que con su muerte se deberá
colocar sobre su tumba como un recordatorio y advertencia para las próximas
generaciones…
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