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Algunos de los que buscan tienen todas estas características
favorables, aunque otros tienen sólo algunas.
Por eso podemos ver que, por ejemplo, la constitución
del que busca puede suponer un obstáculo, mientras
que sus sacrificios espirituales son nobles y buenos.
Y este principio se aplica en todos los casos.
Has
de saber que desde que Dios creó a los seres
humanos y los trajo de la nada a la existencia, no han
dejado de ser viajeros. No han tenido un lugar de descanso
en su viaje excepto en el Jardín o el Fuego y
cada Jardín y Fuego es según son sus gentes.
Toda persona racional debe saber que el viaje está
basado en los esfuerzos y dificultades de la vida, en
las aflicciones y las dudas y en la aceptación
de los peligros y grandes temores. No es posible que
el viajero encuentre en este viaje comodidad, seguridad
o deleite. Las aguas van cambiando, el clima varía
y el carácter de las personas es diferente en
cada lugar en que paras. El viajero tiene que aprender
lo que hay útil en cada lugar. Permanece en cada
uno de ellos durante una noche o una hora y, después,
se va. ¿Cómo se podría esperar
facilidad en tales condiciones?.
No
hemos mencionado esto para responder a las personas
acostumbradas a las comodidades de este mundo, que luchan
por ellas y se afanan por acopiar cualquier fruslería
mundana. No nos ocupamos, o no fijamos la atención,
en los que se dedican a esas actividades ridículas
y sin importancia, sino que lo hemos mencionado como
un consejo para todo el que quiera prepararse para la
felicidad de la contemplación en un Reino distinto
al que se le ha dado y llegar al estado de fana’,
a la desaparición, en cualquier otro lugar que
no sea el suyo de origen, y a su asimilación
a lo Real desapareciendo de los mundos. (4)
Los
maestros que hay entre nosotros desdeñan esta
[ambición], porque es una pérdida de tiempo
y una desviación de la [verdadera] línea
y relaciona el Reino con lo que no le conviene. (5)
El mundo es la prisión del Rey, no su casa; y
todo el que busque al Rey en Su prisión, sin
haber salido completamente de ella, viola la regla de
la correcta conducta (adab) y se le escapa algo de gran
importancia. Porque el tiempo de fana’, en Verdad,
es el momento de trascender a un estado superior al
alcanzado.
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