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Así pues, cuando ama sabe:
• lo que es el amor;
• lo que hay que entender por amante;
• lo que es realmente el ser amado;
• lo que espera del bienamado;
• si su bienamado es capaz de ejercer la voluntad
(irada) y si está dotado de libre albedrío
(ijtiyar), para amar lo que ama;
• si, por el contrario, el amado no es capaz de
ejercer su voluntad, a fin de que el amante ame únicamente
por sí mismo a su bienamado;
• lo que es este individuo en el cual, y sólo
en él, quiere que se realice el objeto de su
amor. En este último caso, podemos precisar que
este individuo es amado por el amante, incluso si el
móvil de su amor sólo se encuentra en
este individuo sin ser por ello este último él
mismo.
Si este individuo puede ejercer su voluntad, es posible,
que el amante lo ame por él y no por sí
mismo.
Si este individuo, por el contrario, no puede ejercer
su voluntad, el amante no amará a esta persona
sino por sí mismo, quiero decir por el amante,
y no por su bienamado, porque éste, en su amor,
no está animado por una cosa o una motivación
particular (hacia el amante). Sin embargo, puede que
este ser grato imponga su voluntad al amante, de forma
que éste distinga sin esfuerzo que tiene afecto
por lo que este individuo ama y que el amante pueda
también amarlo por él, aunque por un efecto
secundario que el amor engendra.
Por esencia, el amante desea la unión después
de haber buscado la existencia efectiva del objeto de
su amor. Y, sin duda alguna, la existencia efectiva
del amado es idéntica a la unión con él,
¡no puede ser de otro modo!
He aquí lo que decimos de ello:
El momento del éxtasis es el de la unión
y el del amor. ¡Comed y bebed de él!
Durante una verdadera revelación que se nos presentó
a nosotros estando en contemplación, improvisamos
los versos siguientes:
Zaynab me ha conquistado mediante la pasión de
amor.
Fuera de ella no sé, pues, comportarme.
Pero cuando se me manifestó la luz del ser
envolviéndome por completo, se esfumaron las
tinieblas.
Me entregué a ella por afecto intenso.
Pero el amor para siempre agota por cansancio.
Entre el efecto de amor y la atracción del deseo
no podría encontrarse un momento de descanso.
Desde que se actualiza la pasión de amor, se
desarrollan un hálito de beneplácito recíproco
(tanaffus) y de profundos suspiros (tanahhud), el hálito
se exhala de manera que forma en el amante la imagen
del amado hasta el punto incluso de hacer aparecer una
forma externa que contempla y por la que realiza su
motivación y su felicidad al margen de toda circunstancia
temporal.
Hemos expuesto este aspecto doctrinal, que acabamos
de completar, a propósito de la existencia de
la Nube opaca (‘ama’) (por la acción
de seres individualizados).
En la siguiente poesía damos su quintaesencia:
Permanezco subyugado por la misericordia
que Al-lâh me ha otorgado. Es por ello que, en
amor,
es deseable que seáis conquistados.
El momento del amor es el del éxtasis
y el de la unión ¡Comed y bebed de él!
¿Dónde está el amor intenso? ¿Dónde
está la enfermedad?
¿Y dónde está la pasión?
¿Acaso no estáis turbados?
Esta amada cuyo vestido sigue puro está escondida.
¡Pero entonces a nadie puede ella compararse!
Hemos visto que el objeto de amor debe ser virtual o
no actualizado (madum). Ahora bien, en este estado potencial
(adam), el amado es puro en su vestido al principio
mismo de la existencia, porque nada viene a degradarlo
o a mancillarlo en el primer momento de su manifestación
y de su existencia.
El fundamento de la pureza original es atestiguado por
esta palabra del Profeta: «Todo ser es engendrado
según la naturaleza primordial (fitra)»...
que es esta pureza de la que aquí hablamos.
En el último verso de nuestra poesía hemos
especificado: está escondida, puesto que se trata
de la potencialidad de este ser puro que hemos puesto
en relación con la toma de conciencia inmediata
de la existencia efectiva (shuhud al wuyud).
La última parte de esta misma poesía:
Pero entonces a nadie puede ella compararse, se refiere
al ser virtual que no existe todavía de modo
relacional, aunque el amante desea una relación
así para sí mismo.
Completamos este punto doctrinal con estos últimos
versos que acaban la última poesía:
¡Es muy necesario dar gracias a Al-lâh!
¡Yo la tengo por virgen, pero yo ya no lo soy!
La explicación que puede darse de ello es que
el objeto grato se realiza a partir de una potencialidad
que es (simbólicamente) una virginidad (bikr).
Sin embargo, yo me encontraba ya amado (por el amor
divino) incluso antes de ser generado, pero ahora estoy
revestido del hábito (de la existencia de forma
que yo no he podido conservar mi virginidad primordial).
Tras estas consideraciones, añadiremos que, sin
ser grato, que es (originalmente) virtual, llega a realizarse
en un individuo que no ejerce su voluntad, no se dice
que el amante desea el objeto grato para el amado, en
consecuencia lo ama forzosamente por él, el amante,
como ocurre en el amor natural.
Si, por el contrario, el objeto del amor no se realiza
sino en el ser capaz de actuar deliberada mente (sobre
el amante), como Al-lâh —exaltado sea—,
una doncella o una adolescente, el amante puede ser
afectado por estos seres gratos que acabamos de mencionar.
Por ello es plausible que el amante ame el afecto de
un tal ser, en el cual, y solamente en él, se
cristaliza el objeto de su amor. Pero si sucediese que
este ser no quisiera lo que ama ese amante, éste
se quedaría en su estado primero, es decir, en
el amor (no actualizable) que tiene por el amado, dado
que el amado no puede ejercer su voluntad sobre él,
lo que equivale a lo que expusimos anteriormente.
Esta última reflexión no significa que
el amante deba vincularse a lo que este individuo ama,
puesto que éste no ama (necesariamente) lo que
le gusta al amante, porque este individuo no es el objeto
mismo del amor, sino sólo el lugar en el que
este objeto grato se realiza. En efecto, no está
dentro del poder del amante actualizar el objeto de
su amor en este individuo, salvo si puede hacerlo por
sí mismo. Si, por el contrario, lo que es grato
no encuentra modo de ejercerse en un individuo, no lo
será nunca posible al amante realizar este objeto
grato sin que intervenga una ayuda especial de Al-lâh
para permitirle, si lo quiere, realizar un acto creador
(takwin), al modo de Jesús —que la paz
sea con él— y de otros servidores de Al-lâh.
Si Él les otorga tal gracia, el amor obliga al
amante a dar la existencia al objeto grato.
No encontrarás en ningún otro tratado
este punto doctrinal analizado de una forma tan realista,
porque yo nunca he encontrado a nadie que haya desarrollado
lo que acabo de exponer.
Sin embargo, los amantes son legión. Podemos
incluso afirmar que todos los seres existentes son amantes,
pero no son conscientes de quien depende su amor y se
encuentran ofuscados por el ser sobre el que se aplica
el objeto del amor. En consecuencia, imaginan que este
individuo es aquel al que aman, cuando verdaderamente
se trata de un efecto secundario de amor. En realidad,
nadie ama al amado por el amado mismo, lo ama solamente
por sí mismo. ¡tal es la verdad sin duda
alguna!
Jamás un ser inexistente en acto (ma’dum)
puede ser calificado de voluntario. Por esta razón
el amante ama al amado por sí, el amante, y abandona
su propia voluntad en provecho de la de su bienamado.
Ante esta verdad, solo le queda al amante amar por sí
mismo. ¡Intenta comprenderlo!
Este es claramente el amor espiritual despojado de la
forma sensible (sura tabi’iyya). Sin embargo,
si el amor se reviste de esta forma y se manifiesta
a través de la misma, tal como lo hemos explicado
anteriormente a propósito del amor divino, sigue
siendo no obstante de una condición que lo asemeja
más al aspecto espiritual, porque es una de las
formas posibles del mundo, cualquiera que sea la manera
de ser asumida por el Espíritu, aunque sea de
un nivel superior al de la Naturaleza.
¡Has de saber!: cuando el Espíritu se reviste
de una forma natural a través de los soportes
del mundo de las imágenes, y no en los cuerpos
del reino sensible percibidos habitualmente, las formas
de este mundo de las imágenes proceden también
de un mundo de percepción normal. Sin embargo,
no es dado a cualquiera discernir la diferencia entre
estos cuerpos de origen sutil y los del mundo sensible.
Por esta última razón, los Compañeros
del Profeta no reconocieron al ángel Gabriel
cuando se presentó ante ellos bajo la forma de
un árabe y no tuvieron conciencia de que se trataba
de una entidad corporal relevante del mundo de las imágenes,
hasta el momento en el que el Profeta —que la
paz y las bendiciones sean con él— se lo
hizo saber explicando: «¡Éste es
Gabriel!» ¡Y ya no dudaron entonces de que
Gabriel era árabe! (1)
El mismo caso se aplicó a María cuando
el ángel se presentó ante ella bajo la
apariencia de un ser humano completo, porque ella no
tenía el conocimiento de la señal distintiva
(‘alama) que hace reconocer a los espíritus
cuando asumen el aspecto corporal (2).
Ahora bien, el Profeta poseía este conocimiento
que le permitió discernir que se trataba claramente
de un ángel y que ese ángel era Gabriel.
Es así como el Ser verdadero se manifestará
a Sus siervos el Día de la Resurrección,
hasta el extremo que éstos buscarán refugio
de Él por falta de conocimiento a Él.
Tal es también el principio que rige el doble
aspecto divino y espiritual que se aplica igualmente
al ser que se presenta a alguien que ignora este caso
preciso.
Cualquiera que goce del favor divino debe conocer el
signo particular que diferencia la Manifestación
de Al-lâh de la del ángel, la del ser del
mundo sutil, el genio [yin] y, por fin, la del ser humano,
cuando se les ha dado la facultad de manifestarse bajo
formas como Qadib al Ban y también otras.
Si el ser humano está hecho de tierra posee la
capacidad de metamorfosearse (tahawwul) bajo el ojo
del observador, manteniendo al mismo tiempo su forma
original, las metamorfosis habrán de ser mucho
más fáciles para los espíritus
de fuego y de luz.
¡Discrimina, pues, lo que ves y por quien ves
y lo que es la realidad de lo que se presenta ante ti!
Hemos tratado esta cuestión en el capítulo
del conocimiento del mundo de las imágenes. ¡Estúdiala,
pues, con atención! (3).
El espíritu que se manifiesta bajo una forma
natural o corporal lo hace siempre de esta manera, tal
como lo hemos desarrollado ya en el capítulo
sobre el amor divino, sea esta forma percibida externa
o internamente (al amante que experimenta este fenómeno),
porque dicha forma no puede escapar a esta ley. ¡Conviene
que lo sepas!
El amor espiritual une así el amor natural y
el amor espiritual, pero también el amor por
sí mismo y por el bienamado, aunque éste,
sin embargo, es como lo hemos descrito, es decir, que
puede ejercer su voluntad.
Según lo que acabamos de exponer, te será
claro que los hombres no tienen conocimiento de lo que
aman y que el objeto de su amor se encuentra contenido
íntimamente en cualquier ser. Entonces imaginan
que aman a tal o cual persona, cuando no es en absoluto
así.
Date cuenta bien del alcance de la enseñanza
que acabo de transmitirte y agradece a Al-lâh
por haberte liberado de la ignorancia. Sin embargo,
esta exposición te bastará, ya que el
fin que nos habíamos propuesto ha sido alcanzado,
aunque las aplicaciones sean numerosas, pero hemos querido,
en este tratado, atenernos a la adquisición de
los principios. ¡Alabado sea Al-lâh!
Notas
(1).
Ibn ‘Arabî hace referencia varias veces
a este importante hadith a lo largo del Tratado del
amor. Ante los numerosos comentarios que hace de él,
presentamos una traducción íntegra:
Se cuenta que ‘Umar ibn al Jattab —que Al-lâh
esté satisfecho con él— dijo: «Cuando
estábamos cerca del Enviado de Al-lâh —la
paz y las bendiciones sean con él—, se
apareció un hombre imponente, vestido de blanco,
con los cabellos de un negro intenso. Sobre él
no había huella alguna de viaje y nadie de nosotros
lo conocía. Finalmente se sentó cerca
del Profeta, rodilla contra rodilla, y posó las
palmas de la mano sobre los muslos del Enviado. Él
dijo: “¡Oh, Muhammad!, infóriname
de qué es el islam.” El Enviado de Al-lâh
respondió: “El islam es que tú manifiestes
que no hay más dios que Al-lâh y que Muhammad
es el Mensajero de Al-lâh, que cumplas con la
Oración, que des la limosna purificadora legal,
que ayunes el mes de Ramadán, que cumplas la
Peregrinación si tienes la posibilidad de ello.”
El hombre dijo: “¡Has dicho la verdad!”
‘Umar dijo: “Nosotros nos asombrábamos
de que pudiera interrogar y confirmar al Profeta. Esa
persona también le pidió: “Infórmame
respecto a la Fe.” El Profeta respondió:
“Es que tú creas en Al-lâh, en Sus
Ángeles, en Sus libros revelados, en Sus Mensajeros,
en el Día final, que creas en el Decreto predestinado
en el bien como en el mal.” El hombre dijo de
nuevo: “¡Has dicho la verdad!” También
le pidió: “Infórmame respecto al
comportarrúento perfecto.” El Profeta dijo:
“Es que adores a Al-lâh como si Lo vieses,
porque si tú no Lo ves, ¡Él te ve!”
De nuevo le pidió: “Infórmame respecto
de la Hora.” El Profeta respondió: “¡Quien
es interrogado sobre este punto no es más sabio
que quien pregunta!” Él pidió: “Infórmame
sobre los signos precursores”. “Es, respondió
él, cuando la sierva esclava criará a
su dueña y cuando verás a los descalzos,
sin ropa, miserables, pastores de rebaños, construir
altos edificios.” El hombre desapareció
y yo permanecía allí bastante tiempo.
Entonces el Profeta me dijo: “¡Oh, ‘Umar!,
¿sabes quién era ese hombre que me planteaba
esas preguntas?” Le respondí: “¡Al-lâh
y su Enviado lo saben mejor!” Él añadió:
iEra Gabriel que venía a enseñar vuestra
tradición!”. »
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