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Cartas
del sheij Al-'Arabî Ibn Ahmad al-Sharîf ad-Darqâwî
Carta Nº 2
Si quieres recorrer la Vía espiritual y obtener la realización
espiritual rápidamente, entonces cumple las plegarias obligatorias
y los actos de devoción superogatorios confirmados, aprende de
la ciencia exterior lo que te sea indispensable, pues el culto que damos
a nuestro Señor no puede venir sino de Él. Pero no profundicéis
en ello, lo que es necesario profundizar es el interior.
Oponte a tus pasiones y a tus caprichos y verás maravillas. El
carácter excelente es el Sufismo para los sufíes y la religión
para las gentes de la religión. ¡Qué Dios maldiga
a los que mienten!
Huye siempre el mundo sensible pues es lo contrario del mundo espiritual,
y los contrarios no se juntan. Cuando refuerzas el mundo sensible, debilitas
el mundo espiritual, y al contrario. Escucha lo que le ocurrió
a nuestro Shayj, Dios esté satisfecho de él, en sus comienzos.
Había tamizado tres medidas de trigo y al informar a su Shayj Sîdî
al'Arabî Ibn 'Abdallâh, éste le dijo: "Si aumentas
en el mundo sensible disminuyes en el mundo espiritual, y viceversa".
Es algo muy evidente, si frecuentas a las gentes mucho tiempo, no percibirás
el perfume espiritual en ellos, lo que percibirás será el
sudor. Y eso porque el mundo sensible los domina. Se ha apoderado de su
corazón, de sus miembros. Piensan que su provecho se encuentra
en él, y por eso se sumergen y están absortos en él.
No se ocupan y no son felices más que en el mundo sensible. No
pueden prescindir de él, mientras que mucha gente se ha separado
de él. Estos se han sumergido en el mundo espiritual, desde el
momento en que se han separado del mundo sensible, Dios esté satisfecho
de ellos y nos haga aprovechar de su baraka. Es como si Dios no les hubiese
dado acceso a la espiritualidad, mientras que cada uno de ellos posee
tantos sentidos espirituales como el océano tiene olas. Si ellos
lo supiesen, el mundo sensible no los habría distraído del
mundo espiritual. Si lo conociesen, sabrían que ellos mismos son
océanos sin rivera. Y Dios es el garante de lo que decimos.
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