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En
la orden Yerráji, más que una serie de
iniciaciones sucesivas como las prescritas en ciertas
otras órdenes, hay una iniciación principal
que ofrece todas las bendiciones del camino. Esta ceremonia
no es secreta. Con frecuencia se realiza en presencia
de los visitantes a la tekia, el lugar sufi de reunión.
Hasta el presente he conducido este rito de entrada
para más de quinientos aspirantes sinceros, de
manera que se ha vuelto casi tan natural para mí
como la respiración. Es siempre una experiencia
conmovedora para la comunidad como un todo, así
como para mí, el iniciado y los hermanos o hermanas,
que se colocan a ambos lados del nuevo derviche, entrelazando
los brazos y ayudándole a dar los cuatro pasos
supremos.
"Tomar
la mano" significa iniciarse, porque místicamente
se reproduce el acontecimiento histórico en la
vida del Profeta, en donde algunos de sus compañeros,
leales hacia el modo sagrado de vida, estrecharon ceremonialmente
su mano derecha, para señalar la intensificación
de su entrega, compromiso y de su intimidad. Este acto
de "tomar la mano" crea un lazo espiritual
con el amado Mujámmad —la paz sea con él—
más allá y por encima del respeto y la
lealtad experimentada por los musulmanes devotos hacia
su noble Profeta. La mano derecha que se tiende y se
recibe es, en última instancia, la mano derecha
del Profeta. La mano derecha del sheij es simplemete
un conducto. Debido a la tradicional cortesía
islámica, las mujeres que se inician usualmente
no sujetan la mano del sheij, ambos toman el mismo hilo
de cuentas de oración. Se empieza por informar
al nuevo iniciado que esta ceremonia es una coronación
mística. La corona de luz que normalmente recibe
el alma en el Paraíso le es conferida aquí
en la Tierra. Quienes tienen el don de Al-láh
de la visión espiritual pueden percibir la luz,
y hasta una corona de luz, descendiendo sobre la cabeza
del nuevo derviche en un momento determinado de la ceremonia.
Puesto que la corona del Paraíso sólo
puede ser otorgada en el Paraíso, la conciencia
paradisíaca debe estar plenamente presente durante
esta iniciación. La corona es simbolizada por
el regalo de un gorro blanco a los hombres y un velo
blanco o de color a las mujeres.
El
recibir esta corona espiritual nos capacita para experimentar
la conciencia del Paraíso aquí y ahora,
durante las oraciones y aun durante las luchas de la
vida diaria. Los derviches iniciados pueden ahora transmitir
por lo menos un vislumbre de esta conciencia jubilosa
y profunda a las personas amadas y amigos, no en forma
verbal sino directamente, elevando así a toda
la humanidad. Los derviches no buscan su propia bienaventuranza
espiritual; están claramente motivados por el
anhelo de servir a sus semejantes.
El
sheij da ahora la señal para que los derviches
experimentados ayuden al iniciado a dar el primer paso,
comenzando con el pie derecho. Se da el saludo islámico
de paz, salam aleikum, y el sheij da al iniciado la
bienvenida a la dimensión de la sharí'a,
la profundidad de la Ley Sagrada. Le recuerdo en este
exaltado nivel que la sharí'a es esencialmente
la repetición de la afirmación de la unidad
lá ilájha il-Al-láh —externa
e internamente, verbal y no verbalmente— con cada
respiración, cada paso, cada intención,
cada percepción. Desde este pilar primordial
del Islam, proclama de la unidad, los otros cuatro derivan.
Recuerdo al aspirante que la sharí'a es la vía
sagrada de la oración constante, y el deleite
en la oración, el camino sagrado de actos incesantes
de generosidad y amabilidad para con todos los seres,
como una sola familia de conciencia; el sendero sagrado
del ayuno —no sólo la abstinencia de la
comida y la bebida, desde antes del alba hasta el ocaso,
durante el mes santo de Ramadán, sino el abstenerse
en todo momento, despiertos o dormidos, de toda conceptualidad
y emocionalidad limitadas. Finalmente, la sharí'a
es la peregrinación, no sólo hacia la
Kaaba terrenal, en la noble ciudad de Meca, sino la
permanencia constante en el estado abierto y rendido
de un peregrino al acercarse a la verdadera Kaaba, el
corazón secreto de la humanidad, en donde se
esconde —oculto de la mirada convencional del
mundo— el diamante de la esencia divina. Este
primer paso —la sharí'a— evidentemente
no es nada más para principiantes, ni tampoco
se deja atrás al dar los tres pasos siguientes.
Una
vez más, el sheij da la señal y el proceso
se repite, al ser recibido el aspirante en la taríqa.
Este es el escarpado sendero ascendente mencionado en
el sagrado Corán, el camino en espiral que asciende
y atraviesa los siete niveles de la conciencia. Es el
camino de la purificación profunda, de los sueños
místicos y su inspirada interpretación,
el camino del alboroto gozoso y la dulce compañía
de los derviches amantes de la Verdad. La táriqa
es el árbol místico —siendo el bienamado
Profeta la raíz que se extiende horizontalmente
dentro del corazón de la humanidad, y el sublime
Alí el noble tronco vertical de trascendencia.
Las ramas mayores que otorgan sombra bendita son los
fundadores de linajes iniciáticos, y las ramas
menores son sus herederos y herederas, los sheijs y
sheijas. Las flores de todos los colores y fragancias
son los innumerables derviches. Los frutos son el amor
y la sabiduría. La savia de este árbol
es el éxtasis de la unión conciente con
la Realidad.
A
la indicación del sheij, el aspirante da el tercer
paso a la jaqíqa, la cumbre de la montaña
de luz. Aquí el camino desaparece en la verde
pradera ilimitada de la Verdad. Se pide al aspirante
y a la comunidad entera, que sigue totalmente concentrada
durante la ceremonia, que vean con los ojos del corazón.
Ahora se percibe sólo un océano de luz
sin riberas, sin ninguna división, sin superficie
ni profundidad. Este océano de luz divina no
es plácido, siempre está lleno de olas
gigantes de amor divino. Se pide entonces al aspirante
enfocarse en los ojos mismos del corazón, para
percibir que ellos también están constituidos
de Luz Divina. Este es el misterio de Núrun 'ala
nur, la luz de Al-láh dentro de la luz de Al-láh.
Por
cuarta vez, el sheij amorosamente hace la indicación,
y el nuevo derviche da el paso final hacia la preciosa
piel de oveja extendida frente al representante de la
alcurnia profética, sentado sobre sus rodillas.
Este nivel, el marífa, el valeroso descenso del
alma del derviche de la montaña de la luz hacia
el valle del sufrimiento humano, de la lucha sagrada,
mientras el ser realizado retiene perpetuamente la unión
conciente con la Verdad, característica del tercer
paso. Esta culminación de la sabiduría
es el convertirse en polvo bajo los pies de la humanidad.
Marífa es el servicio desinteresado a la humanidad
y a la creación como un todo, en total coincidencia
con la enseñanza del amadísimo Jesús,
la paz sea con él, cuando lavó los pies
a sus discípulos en la Última Cena, abriendo
así sus corazones e iluminando sus mentes. Las
manos del ser derviche se convierten en Rajmán
y Rajim, divina Compasión y Misericordia. El
corazón del nuevo derviche se transforma en justicia
y amor divinos. Su respiración se transmuta en
la vida divina. Sus ojos perciben sólo la belleza
divina, su mente opera sólo con la claridad divina
y por el principio de la Unidad Divina.
El
protector y guía especial para la sharí'a
es el amado Moisés; para el camino del taríqa,
el amado Jesús; para el estado del jaqíqa
el amado Abraham; y el guía del marífa
es el Sello de los Mensajeros, el dispensador de la
Luz de la Profecía para todos los corazones,
el bienamado Mujámmad Mustafá, la paz
sea con él. En cada uno de los cuatro pasos se
experimenta una energía espiritual distinta.
En
este punto de la ceremonia, el iniciado se arrodilla
frente al sheij, rodilla con rodilla. La mano derecha,
o las cuentas de oración, se sujetan con firmeza
y el sheij ora a la inconcebible misericordia divina
que desciende siempre como una lluvia invisible sobre
el planeta y sobre el corazón humano, para que
se haga visible a los ojos del corazón, limpiando
todo el ser del iniciado de cualquier resto de malentendido
o entendimiento parcial que nos haya sido impuesto desde
la infancia por la sociedad limitada o a partir de las
estructuras convencionales del yo limitado. El sheij
ora para que hasta la más ligera sombra de negación
del amor sea barrida del corazón del aspirante
y sea colmado por entero de luz divina. Juntos, el nuevo
derviche y los derviches experimentados que lo acompañan,
con el sheij y toda la comunidad repiten once veces
la frase en árabe Astágfiruláh
que tiene la virtud de abrir el corazón al poder
del perdón divino.
Cada
vez que el sheij da la bienvenida a un nuevo derviche
a los cuatro pasos, rezando por él, sus palabras
se convierten en energía divina que se despliega,
a través de los ojos del corazón, precisamente
lo que es recitado o descrito, no como una mera abstracción
o un deseo piadoso, sino como realidad viva.
Esta
es la réplica sacramental del misterio de la
creatividad divina descrito en el sagrado Corán:
Al-láh el Altísimo con sólo invocar
la palabra de poder "Sea" hace que cualquier
cosa que Él quiera aparezca instantáneamente
y sin esfuerzo alguno.
En
este punto, en la antigua ceremonia de "tomar la
mano", se entona el canto melódico del pasaje
coránico que describe el acontecimiento original
ocurrido en el desierto de Arabia. Interpreto a continuación
las palabras divinas al nuevo derviche como sigue: "Cuando
los amantes del amor unieron el lado derecho de su ser
con el Profeta del Amor, la paz sea con él, la
mano derecha de la Presencia Divina descendió
sobre ese lazo. Así, Al-láh confirma la
promesa original hecha al noble Adán, pasando
en una ininterrumpida corriente de luz a través
de los ciento veinticuatro mil profetas hasta llegar
al bienamado Mujámmad de Arabia, y transmitida
desde él a lo largo de catorce siglos de guías
místicos. Esta es la promesa de unión
del alma con su Señor en la alcoba nupcial del
amor divino, la promesa de que aún los velos,
que se llaman alma y Señor, se desvanecerán
en la realización de la identidad suprema".
Agrego que aquí y ahora, mencionando el año
y lugar, ante la mirada de estos honorables testigos,
esta divina promesa, válida hasta el fin de los
tiempos, se confirma una vez más.
Ahora
la afirmación de la Unidad Lá ilájha
il-Al-láh se repite siete veces junto con el
sheij y el aspirante, una vez por cada nivel de conciencia;
la séptima repetición ocurre en el nivel
espiritual donde sólo la conciencia divina existe.
El sheij concluye la séptima afirmación
con Mujámmad ar Rasulu-láh —Mujámmad
es el Mensajero de Al-láh— y la comunidad
derviche comienza a cantar con una hermosa melodía
tradicional, el llamado de la trascendencia divina,
Alájhu ákbar, la afirmación de
la Unidad y los saludos al Profeta. El sheij ahora hace
entrega del gorro blanco o el velo consagrándolo
tres veces con el noble beso, tocándolo con los
ojos y la frente, y ofreciéndolo luego al derviche
que lo recibe en la misma forma. Asimismo pone las tradicionales
cuentas de oración del Islam en la mano derecha
del plenamente iniciado. Las cuentas simbolizan el hecho
de que cada respiración se ha vuelto equivalente
a la repetición de uno de los bellos nombres
divinos, el hecho sorprendente de la iniciación
en que el derviche ha sido transformado ante nuestros
ojos en una persona de oración perpetua y de
la remembranza divina incesante.
A
continuación el sheij, abriendo las palmas de
sus manos, deja que de su corazón y sus labios
broten espontáneamente palabras de plegaria llenas
de Gracia, apropiadas para la elevación espiritual
del iniciado, de acuerdo a las instrucciones de Al-láh
el Altísimo.
Se
concluye esta larga oración suplicando al Altísimo
que nuestro santo fundador Pir Nureddín Yerraji
fije su mirada espiritual en el corazón del derviche
día y noche, llenándolo de la luz universal
del Islam, que su santa madre Amina Teslima transmita
su pureza y santidad al derviche y que el representante
de Pir Nureddín para la humanidad moderna, Muzaffer
Ashki, colme el corazón del derviche con el exquisito
vino del Amor.
El
nuevo derviche así investido besa la mano del
sheij como si besara la mano del fundador y del Profeta;
luego se levanta y da los mismos cuatro pasos hacia
atrás, empezando con el pie izquierdo. El pie
derecho simboliza la Ley Sagrada, el izquierdo el Sendero
Místico. La atmósfera se ha vuelto ligera,
gozoza e informal. Explico a nuestro hermano o hermana
que esos nobles cuatro pasos no son una regresión
o retirada, que ninguna de las riquezas adquiridas en
los cuatro pasos se pierde, sino que, es simplemente
un retorno a su situación existencial para realizar
y actualizar estos sublimes regalos que desde el centro
de su ser permanecen irradiando. No entramos en el camino
místico para involucrarnos en una fantasía
religiosa sino para llegar a ser más realistas,
más libres del autoengaño, más
impecables con respecto a la Verdad. Pido después
a toda la comunidad que abrace al nuevo derviche —o
derviches, ya que en ocasiones, varios familiares o
amigos dan los cuatro pasos juntos, entrelazando los
brazos para darse mutuo y amoroso apoyo, con los corazones
fundidos en el bello estado espiritual de la eterna
compañía. En los círculos musulmanes
tradicionales, las hermanas abrazan a las hermanas,
mientras que los varones felicitan a los varones. Pero
entre los derviches norteamericanos y mexicanos, estas
restricciones inculcadas culturalmente, con frecuencia
son difíciles de imponer. Después de todo,
los derviches son una familia, hay risas y llanto. El
brillo de la luz divina en el rostro del nuevo derviche
es un hecho empírico innegable.
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