| |
La
segunda concierne al significado interno y a la razón
para estos preceptos, y es denominada la ciencia
del conocimiento conceptual de las cosas que no son
auto-evidentes,
las ciencias místicas. La tercera se relaciona
con la esencia
espiritual oculta en sí misma, la que es llamada
sabiduría. La cuarta
concierne a la esencia interna de esta esencia, y es
la verdad. El
hombre perfecto debe aprender y saber todo esto, y encontrar
senderos
conducentes a ellas.
Nuestro Maestro el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones
de Allah
sean con él), dijo: `La religión es un
árbol: el misticismo son sus
ramas, la sabiduría su follaje, la verdad es
su fruto. El Sagrado
Corán, con sus comentarios, explicaciones, interpretaciones
y
analogías, las contiene a todas ellas.' En el
libro `al-Majma`' las
palabras `tafsir', "comentario", y `ta'wil',
"interpretación a través
de analogías" , se definen así: `El
Comentario sobre el Corán es el
esclarecimiento y elaboración para la comprensión
de las gentes
comunes, mientras que la interpretación por medio
de la analogía es la
clarificación del significado interno a través
de inspiradas
reflexiones experimentadas por el verdadero creyente.
Tales
interpretaciones son para los servidores especiales
de Allah que se
encuentran firmemente establecidos, constantes en su
estado espiritual
y bien afianzados en el conocimiento que les permite
formar juicios
veraces. Como el árbol datilero cuyas raíces
se encuentran sólidas en
el terreno, sus pies están asentados en este
mundo material, y
nuevamente como el árbol datilero, cuyas frondas
llegan altas dentro
del cielo, sus corazones y sus mentes son elevadas al
conocimiento
celestial.' Por la gracia de Allah esta constancia que
no encierra
dudas está colocada en el centro de sus corazones.
El corazón firme en
esta condición es asimilado a la segunda parte
de la Confesión de la
Unidad la illaha illa Llah , es la confirmación
final de la unidad.
`El es Quien ha revelado el Libro a vosotros; algunos
de sus
versículos son decisivos - Ellos son la base
del Libro - y otros
son alegóricos. Entonces aquellos cuyos corazones
se encuentran
infectados de perversidad siguen la parte que es alegórica,
buscando llevar al error, al intentar darle [su propia]
interpretación. Y ninguno conoce su interpretación
salvo Allah y
aquellos firmemente anclados en el conocimiento (al-r
sikhun).
Ellos dicen: Nosotros creemos en ello, es todo proveniente
de
nuestro Señor. Y ninguno lo respeta excepto los
hombres de
entendimiento.' (Sura Al`Imran 3:7).
El
escritor de un gran comentario sobre el Corán
dice de esta aleya:
`Si la puerta a este versículo se abriese, todas
las puertas del reino
de los secretos interno se abrirían también.'
El verdadero servidor de
Allah se encuentra obligado a cumplir las órdenes
de Allah y a
abstenerse de aquello que El prohibe. Asimismo se halla
obligado a
oponerse a su ego y a los requerimientos inferiores
de la carne. La
oposición básica del ego a la religión
se presenta bajo la forma de
imaginación e ilusiones contrarias a la realidad.
En el nivel del
misticismo, el traicionero ego, nos anima a prestar
acuerdo y
adherirnos a causas y propuestas que están solamente
vecinas a la
verdad, incluso a seguir proféticos mensajes
y declaraciones de santos
que han sido distorsionados y aceptar falsas ideas y
maestros. En el
nivel de la sabiduría el ego intenta empujarnos
a reclamar santidad,
aún divinidad - el peor pecado, aquél
de colocarse uno mismo como par
de Allah. Dice Allah: `Has visto tú al que ha
tomado por su dios a su
propia pasión [ó impulsos] ... ' (Sura
Al Furqan, 25:43).
Pero
el nivel de la verdad es diferente. Ni el ego ni el
Diablo pueden
alcanzar allí - ni siquiera los ángeles
colocan su pie en esa altura.
Cualquiera que se aproximase allí salvo Allah,
se quemaría hasta
quedar reducido a cenizas, como el ángel Gabriel
(Quiera Allah ser
complacido con él), cuando declaró: `Si
yo diese otro paso, me
quemaría hasta quedar en cenizas'.
El verdadero servidor de Allah está liberado
de la oposición de su
ego y del Diablo, porque se halla protegido con un escudo
constituido
de su sinceridad y de su pureza.
El hombre no puede obtener la verdad a menos que sea
puro, porque
sus atributos mundanos no le abandonarán hasta
que la esencia se
manifieste en él. Esto es la real sinceridad.
Su ignorancia le dejará
solamente cuando reciba el conocimiento de la Esencia
de Allah. No
podemos obtener esto mediante la educación; solamente
Allah, sin
intermediarios, puede enseñarlo. Cuando Allah
El Más Elevado es El
Mismo el maestro, El nos da el conocimiento de Si Mismo,
como El lo
hizo con el profeta Khidr. Entonces el hombre, con la
consciencia de
lo que ha recibido, alcanza el nivel de la divina sabiduría,
donde él
conoce a su Señor y adora a El a Quien él
conoce.
Aquél que asciende a este estado tiene la visión
del espíritu santo
y llega a ver al Amado de Allah, Muhammad (Que la Paz
y las
Bendiciones de Allah sean con él). Habla con
él sobre todo y cada cosa
desde el comienzo hasta el fin, y todos los otros profetas
le brindan
las buenas nuevas de la promesa de unión con
el Amado. Allah describe
esta condición así:
`Y quienquiera que obedece a Allah y al Mensajero existe
con
aquellos de entre los profetas y los veraces y los fieles
y los
rectos sobre los cuales Allah ha otorgado favores y
ellos
constituyen una excelente compañía!' (Sura
Al-Nisa , 4:69).
Quien
no logre hallar ese conocimiento en su ser, aún
leyendo un
millón de libros no se convertirá en sabio.
El Paraíso es quizás, el
beneficio mediante el cual se puede tener la esperanza
de adquirir el
conocimiento exterior de las cosas auto-evidentes: todo
cuanto se ver
allí son las manifestaciones de los divinos atributos
en formas de
luz. No importa cuán perfecto pueda ser el conocimiento
del hombre de
lo visible y de lo concebible, éste no le ayudará
a entrar en la
santidad del lugar sagrado, el lugar cercano a Allah.
Porque hacia ese
lugar uno debe volar, y para hacerlo se precisan dos
alas. El
verdadero servidor de Allah es el que vuela a ese reino
con las alas
del conocimiento exterior y del conocimiento interior,
jamás
deteniéndose en su camino, nunca distrayéndose
en su vuelo por cosa
alguna. Allah, hablando a través de su Profeta
(Que la Paz y las
Bendiciones de Allah sean con él), dice:
Mi servidor, si tú deseas entrar al santuario
de Mi intimidad, no
prestes atención, ni a este mundo ni al más
alto que éste, el
mundo de los ángeles, ni siquiera aún
a los elevados reinos donde
tú puedes recibir Mis divinos atributos.
Este
mundo material es la tentación, el diablo, para
el hombre de
conocimiento. El reino angélico es la tentación
de los sabios, y el
reino de los atributos divinos es la tentación
de aquél que conoce la
verdad. Los que se contenten con alguno de estos dominios,
se ven
rechazados de la gracia de Allah de llevarlos cerca
de Su Esencia. Si
se rindieran a esas tentaciones, se detendrían,
no avanzarían, no se
elevarían más a las grandes alturas. Aunque
su meta era estar cerca de
su Creador, ya no pueden llegar allí. Se han
convertido en desviados
al apartarse de su objetivo; son los que tienen una
sola ala.
El que despierta y se hace perceptor de la verdad recibe
tal gracia,
tales dones de Allah que ningún ojo mundano ha
visto similar, ni
tampoco ningún oído material ha jamás
escuchado, ni menos ningún
corazón mundanal sabe sus nombres. Este es el
paraíso de la intimidad.
No existen allí ni palacios de joyas, ni doncellas
de eterna belleza.
Que el hombre sepa su propio valor y no quiera
ni reclame lo que no
le corresponde! Hazrat `Alí, quiera Allah ser
complacido con él, dice:
`Quiera Allah hacer llover Su Caridad sobre los que
conocen su propio
valor, que saben permanecer dentro de sus límites,
que vigilan su
lengua, que no malbaratan su tiempo en ociosidad.'
El hombre que sabe, debe incorporar la noción
de que el hijo del
espíritu que nace en el corazón, es el
significado de la verdadera
humanidad: es decir el verdadero ser humano. El deber
educar al hijo
del corazón, enseñando unidad mediante
ser consciente de la unidad
constantemente - abandonando este mundo de materia y
multiplicidad,
buscando el mundo espiritual, el mundo de los misterios,
donde no hay
otra cosa que no sea la Esencia de Allah. En realidad
no existe otro
lugar salvo ‚se, que no tiene fin ni tampoco comienzo.
El niño del
corazón asciende a las máximas alturas
por encima de este paisaje
infinito, contemplando cosas que nadie ha visto anteriormente,
de las
que nadie podría hablar y a las que nadie podría
describir. Ese lugar
es el hogar de los que se han dejado atrás a
sí mismos y han
encontrado la unidad con su Señor. Ellos vieron
con el mismo ojo que
su Señor - el ojo de la unidad - aquello que
percibieron. Cuando
contemplan la belleza y la gracia de su Señor,
no queda en ellos
ningún remanente de su ser temporal. Si uno mira
al sol no puede ver
nada más, ni tampoco puede verse a sí
mismo. Cuando la belleza y la
gracia de Allah se manifiestan, qué podría
quedar de uno mismo? Nada.
Jesús (Quiera Allah ser complacido con él)
dijo, `El hombre ha de
nacer dos veces para alcanzar el reino de los ángeles,
como los
pájaros que nacen dos veces.' Es el nacimiento
del significado desde
el acto, el nacimiento del espíritu desde la
carne. Esa posibilidad
existe en el hombre. Ese es el misterio, el secreto
del hombre. Nace
del connubio entre el conocimiento de su religión
y su percepción de
la verdad, así como todos los niños nacen
de la unión de dos gotas de
agua.
`En
verdad Nosotros hemos creado al hombre desde una gota
de
fluido seminal, a fin de ponerlo a prueba. Así
Nosotros le dimos
[los dones] del oído y de la vista.' (Sura Al-Dahr,
76:2).
Cuando
el significado se manifiesta en el ser, se hace fácil
pasar a
través de las superficialidades en el mar de
la creación y sumergirse
a uno mismo dentro de las profundidades de los mandamientos
de Allah.
Todos los universos materiales no constituyen sino una
gota,
comparados con el mar del mundo espiritual. Es solamente
cuando todo
esto es comprendido, que el poder espiritual y la luz
de los misterios
de la naturaleza divina, la verdad real, emana dentro
del mundo, sin
palabras y sin sonidos.
|
|