El
Sendero del Corazón
Tal
como comentábamos anteriormente, la apertura
del corazón es uno de los elementos esenciales
del sufismo. La Devoción por Dios es una de las
prácticas principales y básicas del sufismo.
Esta Devoción está reflejada en la cálida
poesía mística de Rumi y de muchas otros
grandes poetas sufíes. Rumi nos recuerda el poder
del amor.
"Desde
que he oído la palabra Amor
he
pasado mi vida, mi corazón,
y
mis ojos en ese camino.
Acostumbraba
a pensar que el Amor
y
el Amado eran diferentes.
Ahora
ya sé que son lo mismo".
Los sufíes aprenden a amar a su Shaij, amar y
servir a sus hermanos y hermanas. Ellos aprenden a amar
al Profeta y a todos los grandes maestros espirituales.
Cuando yo me inicié como derviche, mi maestro
me decía que para ser un derviche tenía
que amar a Moisés y a sus enseñanzas más
que los mismos judíos y tenía que amar
a Jesús y a sus enseñanzas más
que los mismos cristianos.
Años atrás, cuando el Shaij Muzaffer (ra)
y un grupo de derviches estaban visitando París,
fueron invitados a realizar oraciones islámicas
en una de las más grandes catedrales. Después
de ello, el Obispo les dijo: “Yo les he dejado
hacer sus oraciones en mi catedral. ¿Me dejarían
Uds. dar misa en una de las grandes Mezquitas?”.
Shaij Muzaffer le respondió inmediatamente: “¡Por
supuesto que no!”. El prelado se estremeció
por la aparente desigualdad en el trato, pero el Shaij
Muzaffer prosiguió: “Yo tengo el derecho
de rezar en su catedral porque amo a Jesús, pero
Ud. no puede rezar en nuestras mezquitas porque Ud.
no ama a Muhammad (swas)”.
El
Sendero de la razón
Además
de la inspiración de los poetas y amantes, la
tradición sufí ha sido enriquecida por
la sabiduría de grandes intelectuales y sabios.
También es cierto que los sabios del sufismo
aprendieron a acceder a una más profunda sabiduría
y obtuvieron una inteligencia más completa que
la inteligencia del promedio de los intelectuales. Los
sufíes dicen: "El erudito que no pone en
práctica lo que ha aprendido es como un burro
cargado de libros. Los libros cargados por un burro
no pueden transformar al animal y tampoco pueden transformar
el conocimiento que está en la cabeza del erudito".
Un estudiante, después de acabar su educación,
viajaba de regreso a casa llevando con él sus
preciosos libros y las notas que había tomado
durante sus años de estudios. Él y sus
compañeros de viaje fueron interceptados por
una banda de ladrones. Los ladrones miraron las pertenencias
de cada uno y tomaron lo más valioso. Cuando
encontraron los libros y las notas del estudiante fueron
a arrojarlos al fuego. "Deténganse"
-gritó-, "esos papeles no son valiosos para
Uds., pero para mí representan años de
estudio y aprendizaje". El jefe de los bandidos
se sonrió y dijo: "Si tu aprendizaje puede
ser perdido tan rápidamente entonces no es realmente
muy valioso". Él entonces procedió
a quemar los libros y los papeles. El estudiante se
dio cuenta de los límites del conocimiento adquirido
a través de sus preciados libros y siguió
su camino hasta transformarse en un gran maestro sufí.
La verdadera sabiduría se encuentra al aprender
algo bien y aplicar lo que uno ha aprendido. Así
un pobre derviche llegó una vez a un maestro
de la lengua árabe. El maestro no tenía
aula, se sentaba frente a una pared y escribía
sus lecciones con una tiza en ella (los pizarrones no
habían sido inventados aún). El derviche
le preguntó al maestro si podía aprender
a leer y a escribir. Le explicó que había
crecido en una pobre familia y nunca había tenido
dinero suficiente para enfrentar los gastos de un maestro
mientras crecía. Impresionado con la sinceridad
derviche, el maestro le ofreció lecciones gratis.
Él dibujó una línea vertical sobre
la pared y le explicó: “Ésta es
la letra Alif, es la primera letra del alfabeto”.
El derviche lo saludó y agradecido al maestro
se retiró. El maestro sorprendido pensó
que esto sería un largo proceso. Usualmente él
daba la mitad del alfabeto durante la primera lección.
El derviche no regresó al próximo día,
ni al siguiente, ni a la siguiente semana. El maestro
de árabe pensó que el derviche había
renunciado a las lecciones y, con el tiempo, se olvidó
de él. Meses después el derviche volvió
al maestro y con los ojos iluminados por una luz interior
y con una profunda reverencia le dijo que estaba listo
para la próxima lección. El maestro pensó:
“Esto es absolutamente imposible, nunca conseguiremos
ir a través del alfabeto a este ritmo”.
Pero todo lo que le dijo al derviche fue: “Muy
bien, veamos la primera lección, escribe la letra
Alif en la pared”. El Derviche escribió
la letra Alif y la pared se derrumbó.
Esta historia es un hermoso recordatorio para nosotros.
Existe mucho más sentido en lo que a veces aparenta
ser un simple comienzo, y generalmente no nos damos
cuenta.
También el secreto del progreso espiritual está
en la maestría de lo que aprendemos más
que en la cantidad que aprendemos. Lo importante es
la calidad.
El
Sendero de la Comunidad
En
nuestra aislada y moderna sociedad muchos están
hambrientos por pertenecer a una comunidad. Sufismo
es un sendero espiritual intrínsecamente ligado
a la experiencia comunal. Una de las prácticas
centrales es el 'dzikr' semanal o ceremonia de la remembranza.
Los derviches cantan unidos inspiradas canciones religiosas,
y se dan aliento unos a otros para estar más
cerca de Dios.
Los derviches se enseñan mutuamente así
como el Shaij enseña a sus derviches.
Está dicho en el Corán que el creyente
es el espejo del creyente. Los nuevos derviches pueden
ver en los derviches más antiguos una fe más
desarrollada, una gran capacidad de servicio y una profunda
remembranza de Dios.
El ser humano aprende de buenos ejemplos, y mientras
más buenos ejemplos existan, mejor serán
los resultados. También aquellos que están
poco avanzados en este camino, son mejores modelos para
aquellos que empiezan que los derviches más avanzados,
porque sus ejemplos suelen ser más comprensibles
y accesibles.
De acuerdo a un famoso dicho del Profeta (swas): “Tu
iman no está completo hasta que tú desees
para tu vecino lo que deseas para ti mismo”. Ésta
es una simple y hermosa prueba de iman. Pregúntate
a ti mismo: "¿Te importa realmente lo que
le ocurra a tu vecino? ¿Estás dispuesto
a ayudar a tu vecino si está en necesidad?"
De acuerdo con otro dicho profético: “Tú
no eres un creyente si comes cuando tu vecino está
hambriento”. Aún hoy en día en la
moderna Turquía existe la costumbre de tener
las ventanas cerradas cuando se cocina, porque los vecinos
pueden estar hambrientos y no tener para comprar alimentos.
El olor de una comida puede incrementarles su sufrimiento.
De hecho cuando una familia turca prepara asado al aire
libre, se acostumbra enviar un plato de comida a los
vecinos.
Hoy el mundo de nuestros vecinos incluye a aquellos
que pasan hambre en África, Asia y ciertas regiones
de Europa. Ser un derviche es estar ligado a la justicia
social y trabajar para aliviar el hambre y el sufrimiento
de todos los seres humanos. El corazón que no
puede sentir dolor por el sufrimiento de los demás,
no puede amar a Dios.
Los derviches aprenden a amar y a servirse unos a otros
y a los demás. Idealmente la amistad entre derviches
está basada en su mutuo amor a Dios, no existe
ambición mundana u otros deseos ocultos. Muchas
amistades terminan cuando no pueden compartir las mismas
cosas, por ejemplo, amigos que acostumbran a ir a restaurantes
caros dejan de verse si uno de ellos no puede mantener
el mismo estilo de vida.
El genuino amor espiritual, el amor que es sentido idealmente
entre derviches, no es una mentira. Los derviches no
reclaman nada de sus amistades excepto la felicidad
de la amistad en sí misma. No existe ningún
otro interés. Este amor refleja el amor de Dios
que cada derviche posee. Ser un derviche es probar al
menos una gota de este amor sin fin.
El
Regalo del Rabino
Existe
una historia contada en diferentes culturas y tradiciones
y que claramente ilustra acerca del poder de la comunidad.
Una de las viejas órdenes sufíes estaba
agonizando a través de los años hasta
que solamente quedaron un Shaij y tres derviches. Vivían
juntos en el claustro de la Orden y pasaban sus días
en oración y contemplación, y también
atendiendo los campos y árboles frutales, cuyas
cosechas suplían sus necesidades materiales.
Los cuatro hombres se estaban volviendo viejos y ninguna
de las nuevas generaciones mostraba interés en
seguir la vida de derviche. Comenzaron a preocuparse
pensando que la Orden y su rica tradición se
extinguiría con ellos.
No podían encontrar una solución al dilema
y, finalmente uno de los derviches, sugirió que
el Shaij visitara al Rabbí local que era reconocido
por ser un hombre sabio y un guía espiritual
para su comunidad. “El también es un maestro
espiritual” -dijo un derviche-, “yo estoy
seguro que él tiene la misma preocupación
de atraer jóvenes de la nueva generación
al camino de Dios ”.
El Shaij fue a ver al Rabbí. Después de
sentarse juntos y tomar té, el Shaij le contó
al Rabbí el problema. El Rabbí sonrió
y dijo: ”Realmente no debió venir a mí.
Yo tengo el mismo problema y no sé tampoco cómo
interesar a la nueva generación de jóvenes
de mi propia comunidad; sin embargo, quizás pueda
decirle una cosa que le ayude. Durante mis meditaciones
se me ha revelado que uno de Uds. es el 'Qtub' de la
época”.
En Sufismo 'Qutb' significa literalmente el pilar, es
un maestro espiritual oculto y líder de la humanidad.
Siempre existe un 'Qutb' cuya identidad es revelada
a un grupo selecto de santos. El 'Qutb' canaliza la
luz y sabiduría de los Cielos al nivel terrenal
y sin un 'Qutb' el mundo se sumiría en la oscuridad
y la espiritualidad cesaría de existir.
El Shaij volvió a sus derviches y les dijo lo
que el Rabbí había dicho. Inmediatamente
los tres derviches pensaron que el Shaij debería
ser el 'Qutb'. Pero también pensaron y reflexionaron
que quizás el 'Qutb' podía ser Mehmet,
quien lideraba las oraciones cada día y había
memorizado el Corán entero. O quizás el
'Qutb' fuese Ahmed, quien hacía el llamado a
la oración y cuya hermosa voz siempre inspiraba
a quien lo escuchaba. O quizás el 'Qutb' era
Daud, quien era quieto y silencioso y siempre parecía
estar donde los demás lo necesitaban.
El Shaij y sus derviches empezaron a tratarse mutuamente
como si cada uno de ellos fuera el 'Qutb'. El amor y
respeto que sentían el uno por el otro se convirtió
en un sentimiento profundo.
La sede de la Orden estaba ubicada en un hermoso paraje
y muchas veces llegaba la gente a hacer pic-nic los
fines de semana. La nueva atmósfera de la comunidad
sufí comenzó a atraer más y más
visitas.
Con el tiempo algunos visitantes se quedaban y participaban
en las oraciones o en la ceremonia de la remembranza.
Eventualmente algunos de los más jóvenes
comenzaron a preguntar acerca de la Tradición
Sufí y en la posibilidad de convertirse en derviches.
El
Sendero del Servicio
El
sendero del servicio se asemeja al sendero de la comunidad.
Si
realmente nos interesa el prójimo, vamos a desear
servir.
Sirviendo a otros también servimos a lo Divino
dentro de ellos, y entonces, nuestro servicio se convierte
en un privilegio y un regalo para nosotros. No es la
cantidad de servicio, sino la intención lo que
cuenta.
La madre Teresa de Calcuta dijo: “no es importante
lo que haces, sino la cantidad de amor con que lo haces
“. La madre Teresa fue un hermoso ejemplo de transformación
a través del servicio. Cuando era una novicia,
no mostró señales de ser una gran mística
o líder espiritual. Según se relata, fue
una monja común y una maestra corriente en un
colegio Católico de Calcuta. Ella se transformó
realmente en una santa después de haberse dedicado
a servir a los leprosos y a los más pobres de
los pobres.
La
madre del Sultán y la Hormiga
Años
atrás, la madre del Sultán era conocida
como una gran filántropo. Había hecho
plantar árboles para dar sombra a la gente de
Estambul en verano y tenía varios pozos para
evitar que la gente tuviera que viajar largas distancias
en busca de agua. Había construido escuelas,
mezquitas y un gran hospital. Además cedió
a las escuelas y hospitales tierras que producían
ingresos para que pudieran funcionar perpetuamente.
Mientras el hospital estaba en construcción ella
visitó el lugar. Notó que una hormiga
estaba caminando cerca del cemento fresco. Observó
cómo la hormiga caía en el cemento aun
húmedo y, pensando que ninguna criatura debería
sufrir por un acto de caridad suyo, sumergió
su lujoso parasol francés en el cemento y permitió
que la hormiga pudiera salir.
Años después pasó al Más
Allá. En la noche de su tránsito muchos
amigos soñaron con ella. La encontraban joven
y radiante en el sueño. Cuando le preguntaron
si estaba en el Paraíso en recompensa por todas
sus hermosos actos de caridad, ella contestó:
“no, el estado que estoy disfrutando ahora es
porque ayudé a una pequeña hormiga”.
El
Califa y el Jardinero
Así
como la madre del Sultán, nosotros podemos servir
a aquellos que están a nuestro alrededor y también
podemos servir a las generaciones futuras. No es necesario
ser un filántropo para hacer lo que ilustra la
historia siguiente.
El Califa Harun al-Rashid estaba caminando por las afueras
de la ciudad de Bagdad cuando le informaron que un viejo
jardinero estaba plantando palmeras datileras .
Le preguntó al viejo hombre qué estaba
haciendo, a lo cual el jardinero respondió: “Estoy
plantando estas palmeras de dátiles”.
"¿Cuántos
años tardarán estas palmeras en dar sus
frutos?" - preguntó el Califa-.
"Por
lo menos 10 o 20 años, algunos de estos árboles
pueden tardar 100 años en dar frutos" -
explicó el jardinero -.
"¿Piensas
que vivirás lo suficiente para disfrutar de los
frutos de estos árboles?" - preguntó
Harun al-Rashid
"Yo
probablemente no veré florecer estos árboles,
pero todos nosotros hemos comido frutos de árboles
que fueron plantados por aquellos que nos precedieron.
¿No deberíamos entonces plantar árboles
para que puedan tener alimento aquellos que nos seguirán?".
El Califa quedó impactado por la respuesta del
Jardinero y le arrojó una bolsa con oro. El viejo
hombre lo agradeció y dijo: “Gracias a
Allah, los árboles que he plantado hoy ya me
han dado la primera cosecha de frutos”. El califa
se mostró tan complacido con esta respuesta que
le entregó al hombre otra bolsa con oro. El viejo
hombre exclamó: “Agradezco nuevamente a
Allah, los árboles generalmente dan fruto una
vez al año, pero estos árboles ya me han
dado dos veces frutos “.
El Califa le arrojó una tercera bolsa con oro
y dándose vuelta le dijo a su sequito: “Vayámonos
de aquí rápidamente, sino este hombre
nos dejará sin un centavo”.
El
Sendero de la Remembranza
Sufismo
es una disciplina del recuerdo de lo Divino dentro de
nosotros mismos. Los sufíes creen que Dios coloca
una 'Chispa Divina' en cada uno de nosotros, escondida
dentro, en el corazón del corazón. Esta
'Chispa Divina' está rodeada por miles de velos.
Nuestros velos incluyen nuestro amor por lo que no es
Dios, nuestros apegos a todas las trivialidades del
mundo, nuestros descuidos, impulsos y olvidos. Los velos
en sí mismos son irreales. En uno de los dichos
del Profeta (swas) Dios le revela: “Existen 70.000
velos entre tú y Yo, pero ninguno entre Yo y
tú”.
La mayoría de los derviches tienen prácticas
individuales de remembranzas que consisten generalmente
en repeticiones de los Divinos Nombre o Atributos y
recitaciones de ciertas oraciones o pasajes del Corán.
En la mayoría de las órdenes existe un
ritual semanal comunitario de remembranza. Los derviches
se reúnen y juntos entonan ciertas oraciones
y cánticos de algunos de los Nombres Divinos.
Uno de los rituales más conocidos es el llevado
a cabo por la orden 'Mevlevi' que incluye música,
cánticos y el giro de los derviches. En otras
órdenes existe más énfasis en algunos
cánticos o en ciertas oraciones. Algunas órdenes
practican la remembranza sentados, otras de pie, y otras
realizan una combinación de ambas.
Existe un gran poder en la convicción de que
Dios está siempre presente, dentro de nosotros,
y que podemos tomar conciencia de ello, aunque esa presencia
fue desde siempre total y completa y no le afecta nuestra
ignorancia de su existencia. Después de todo,
la remembranza es traer a nuestra conciencia algo que
ya sabemos en lo más profundo de nuestro ser.
Un santo expresó esta idea de la siguiente manera:
“Un
buscador sabe que el sendero hacia la verdad está
dentro de sí mismo. Tú eres el viajero.
El ir caminando sucede automáticamente. El regresar
sucede a pesar de ti. No existe ni un punto de partida
ni uno de llegada, tampoco existe ningún lugar
donde ir, ni un contenido dentro del recipiente. ¿Quién
está ahí con Dios? ¿Qué
otra cosa existe sino Dios? ¿Quién busca
y quién encuentra cuando no existe nada sino
Dios?".
De acuerdo con uno de los dichos del Profeta Muhammad
(swas) se dice que: "Cuando tú das un paso
hacia Dios, Dios avanza diez pasos hacia ti; pero la
verdad es que Dios siempre está contigo”.
Un reconocido maestro explicaba a sus derviches: “Tú
debes seguir golpeando la puerta del iman hasta que
la puerta se abra". La santa Rabia pasaba por ahí
ocasionalmente y al escuchar estas palabras preguntó:
"¿Cuándo estuvo cerrada la puerta?“.
El maestro al escuchar este comentario se inclinó
ante ella.
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