Cartas desde la Montaña de Käf
por Qamar bint Sufan
 
 
Carta Once

Somos gente del desierto. ¿Quién puede dudarlo?. Nuestro pecho se expande a la sombra de los naranjos y el agua de los arroyos corre a nuestros pies; pero nuestro corazón es firme y no vacilan nuestros pasos, acostumbrados al polvo y a las piedras de los caminos.
El Arquitecto diseñó la casa y sus amigos saben que uso tiene cada una de sus estancias y cómo se llega a la bodega y al aljibe, pero los obreros murmuran y dicen que no guarda las justas proporciones.

 
 

Pide solo lo que puedas merecer y darás muestras de buen juicio. Está alerta para saber que es lo que mereces, atento para reconocer que es lo que pides y para que te sirve y para que sirves y a quien.
A veces, gentes sin conocimiento, tienen deseos y piden continuamente bienes y mercedes, sin calibrar el merecimiento o desmerecimiento. Se desesperan cuando no obtienen lo que piden, como los niños se enfurecen cuando no consiguen los caprichos que desean.
Os repetimos, cuando os presentéis ante el Único que Es, ¿Cómo vais a decir qué y quién sois?. Cuando no seáis nada, podréis caber en todo.
Como flechas que se disparan en un arco, directos hacia la meta, sin contemplar el paisaje, ni ocuparse de los lugares por donde cruzan, así debemos ser. Ser flecha y diana a un tiempo, es el camino seguro. Caminar a través de ti mismo, cruzar tus inhóspitos parajes y tus hermosos huertos.
Cruzarte y olvidarte, para poder encontrar la verdadera aseidad.
Somos gentes del desierto, bien podéis verlo en nuestros pobres ropajes.
Como idiotas, nuestro atrevimiento nos lleva a internarnos por un Camino de Gloria. Nos miran los poderosos, los eruditos, aquellos que están a la sombra de los reyes, unos se enfurecen contra nosotros y otros se burlan y se ríen. Ellos llevan lujosos vestidos y joyas magníficas, nosotros, bajo nuestros harapos, escondemos las perlas de más precio, las que nos han sido confiadas.
Ved, aunque estemos rodeados de bosques, somos gentes del desierto, siempre sedientas; por eso el rumor del agua conduce nuestros pasos en línea recta hacia el Oasis.
¿Qué buscáis, las delicias del viaje o la dicha del destino?.
Entended bien vuestras intenciones.

Carta Doce:

Nos fueron dando una a una, las perlas del collar. Las fueron dejando en lugares sorprendentes. Una aquí, otra allá. Aquella persona que otros no valorarían, nosotros sabemos que es portador de una de las perlas. Este collar de gloria engarza muchas vidas, Nombres, lugares, tiempos, inteligencias y almas sensitivas.
Desde la cumbre lejana, nos han llamado. Aquí estamos aunque los ojos no nos vean.
En el instante en el que nos llamaron, levantamos las tiendas del corazón y lo dejamos vacío. Nos marchamos para que el mejor de los Huéspedes se aposentara en él.
No nos preguntéis, porque la anulación de nosotros, nos ha conducido a la ignorancia y al conocimiento.
Todo cuanto fuimos yace ya en el olvido, todo lo que placía a nuestro corazón, todo lo que nuestros sentidos apetecían, ha quedado borrado como las hondas de la arena después de pasar la tormenta.
Una a una, las gemas de la corona se han ido encontrando. Cuando la corona ha estado completa, se ha buscado un rey de poder, una frente digna de ceñirla y he aquí que este rey tiene tantas frentes como estrellas tiene el cielo.
Oíd, en el silencio de la noche cualquier murmullo que escuchéis de nuestros labios, será una oración.
No pidáis, pues no sois pordioseros. No ofendáis a vuestro Señor , Él es el Único que sabe.
Olvidad todo lo que habéis aprendido, destejed lo tejido, fabricad el paño nuevo, aquel que os vestirá de honor y os ocultará a la multitud.
¿De que sirven las palabras?. Como los aullidos del viento en las ruinas, son las palabras sin Palabra. Deshacen las murallas, pero no construyen nada. ¿De que sirven los gestos?. Como las pantomimas de un mal actor, son las acciones sin Realidad.
¿De que sirven pues tantas palabras y gestos?. Si vuestro Señor no os espera al final de cualquiera de esos caminos, son caminos equivocados. Atended al corazón. El Amor es el Camino seguro.