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Pide
solo lo que puedas merecer y darás muestras de
buen juicio. Está alerta para saber que es lo
que mereces, atento para reconocer que es lo que pides
y para que te sirve y para que sirves y a quien.
A veces, gentes sin conocimiento, tienen deseos y piden
continuamente bienes y mercedes, sin calibrar el merecimiento
o desmerecimiento. Se desesperan cuando no obtienen
lo que piden, como los niños se enfurecen cuando
no consiguen los caprichos que desean.
Os repetimos, cuando os presentéis ante el Único
que Es, ¿Cómo vais a decir qué
y quién sois?. Cuando no seáis nada, podréis
caber en todo.
Como flechas que se disparan en un arco, directos hacia
la meta, sin contemplar el paisaje, ni ocuparse de los
lugares por donde cruzan, así debemos ser. Ser
flecha y diana a un tiempo, es el camino seguro. Caminar
a través de ti mismo, cruzar tus inhóspitos
parajes y tus hermosos huertos.
Cruzarte y olvidarte, para poder encontrar la verdadera
aseidad.
Somos gentes del desierto, bien podéis verlo
en nuestros pobres ropajes.
Como idiotas, nuestro atrevimiento nos lleva a internarnos
por un Camino de Gloria. Nos miran los poderosos, los
eruditos, aquellos que están a la sombra de los
reyes, unos se enfurecen contra nosotros y otros se
burlan y se ríen. Ellos llevan lujosos vestidos
y joyas magníficas, nosotros, bajo nuestros harapos,
escondemos las perlas de más precio, las que
nos han sido confiadas.
Ved, aunque estemos rodeados de bosques, somos gentes
del desierto, siempre sedientas; por eso el rumor del
agua conduce nuestros pasos en línea recta hacia
el Oasis.
¿Qué buscáis, las delicias del
viaje o la dicha del destino?.
Entended bien vuestras intenciones.
Carta
Doce:
Nos
fueron dando una a una, las perlas del collar. Las fueron
dejando en lugares sorprendentes. Una aquí, otra
allá. Aquella persona que otros no valorarían,
nosotros sabemos que es portador de una de las perlas.
Este collar de gloria engarza muchas vidas, Nombres,
lugares, tiempos, inteligencias y almas sensitivas.
Desde la cumbre lejana, nos han llamado. Aquí
estamos aunque los ojos no nos vean.
En el instante en el que nos llamaron, levantamos las
tiendas del corazón y lo dejamos vacío.
Nos marchamos para que el mejor de los Huéspedes
se aposentara en él.
No nos preguntéis, porque la anulación
de nosotros, nos ha conducido a la ignorancia y al conocimiento.
Todo cuanto fuimos yace ya en el olvido, todo lo que
placía a nuestro corazón, todo lo que
nuestros sentidos apetecían, ha quedado borrado
como las hondas de la arena después de pasar
la tormenta.
Una a una, las gemas de la corona se han ido encontrando.
Cuando la corona ha estado completa, se ha buscado un
rey de poder, una frente digna de ceñirla y he
aquí que este rey tiene tantas frentes como estrellas
tiene el cielo.
Oíd, en el silencio de la noche cualquier murmullo
que escuchéis de nuestros labios, será
una oración.
No pidáis, pues no sois pordioseros. No ofendáis
a vuestro Señor , Él es el Único
que sabe.
Olvidad todo lo que habéis aprendido, destejed
lo tejido, fabricad el paño nuevo, aquel que
os vestirá de honor y os ocultará a la
multitud.
¿De que sirven las palabras?. Como los aullidos
del viento en las ruinas, son las palabras sin Palabra.
Deshacen las murallas, pero no construyen nada. ¿De
que sirven los gestos?. Como las pantomimas de un mal
actor, son las acciones sin Realidad.
¿De que sirven pues tantas palabras y gestos?.
Si vuestro Señor no os espera al final de cualquiera
de esos caminos, son caminos equivocados. Atended al
corazón. El Amor es el Camino seguro.
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