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La
certeza de que la vida inmediata se aleja de mí,
de que la suerte se ceba sobre mi persona y que la vida
futura viene a mi encuentro, podría apartarme
de pensar en otro y de interesarme por lo que sucederá
tras de mí. No obstante, no estando preocupado
sino de mí mismo (a exclusión de los demás),
mi razón me ha indicado la verdad y me ha apartado
de mis pasiones; y mi situación se me ha aparecido
con toda su claridad, lo que me ha conducido a ser de
una seriedad exenta de toda frivolidad y de una sinceridad
alejada de toda mentira
He
encontrado que eras una parte de mi ser, e incluso todo
mi ser. Tanto así, que lo que pudiese alcanzarte
me alcanzaría también y que, si la muerte
te golpease, me golpearía con el mismo golpe.
Como lo que te concierne me concierne igualmente, te
escribo esta carta para que ella te proteja durante
mi vida y después de mi muerte.
Hijo mío, te recomiendo que temas
a Allâh, que respetes escrupulosamente Sus órdenes,
que tengas el corazón lleno de Su pensamiento,
y que te refugies en Su alianza.
¿Cómo podrías aferrarte a un lazo
más sólido que el que te une a Allâh?
Vivifica tu corazón con los discursos, mortifícalo
con la abstinencia; ilumínalo con la sabiduría;
hazlo humilde con el pensamiento de la muerte; hazle
reconocer la precariedad de la existencia; enséñale
a ver las calamidades de la vida; ponlo en guardia contra
los ataques de la fatalidad y los cambios detestables
de la suerte.
Cuéntale
los relatos de los antiguos, recuérdale las desgracias
que golpearon a aquellos que te han precedido, paséate
por sus moradas y sobre los vestigios de su historia,
medita sobre lo que han hecho, sobre lo que han dejado,
y sobre el lugar donde han bajado. Encontrarás
que han dejado a sus amigos y han vuelto a la mansión
del exilio. Pronto, tú serás, por así
decir, como uno de ellos. Prepárate un refugio
feliz, y no vendas tu vida futura por tu vida inmediata.
No hables de lo que no conoces, y no hagas discursos
sobre aquello de lo que no se te ha encargado. Si temes
que un camino te extravíe, no andes por él,
puesto que si hay peligro de perderse, más vale
abstenerse que explorar caminos peligrosos. Ordena el
bien y serás un hombre de bien. Reprueba el mal
con tus actos y con tus palabras, y esfuérzate
en apartarte de quien hace el mal.
Combate por Allâh como se debe, sin incurrir en
ningún reproche en Su servicio. Únete
a la lucha por la justicia, dondequiera que sea; ten
un conocimiento profundo de la religión; acostúmbrate
a soportar las contrariedades, puesto que el tener aguante
por una buena causa es una excelente cualidad. En toda
cosa, busca el refugio en tu Allâh, encontrarás
un refugio bien guardado y un poderoso protector. No
pidas sino a tu Señor, porque es a El a quien
pertenece el dar o el negar. Ruega a menudo a Allâh
para implorar sus dones; esfuérzate en comprender
bien mis consejos y no te desvíes, porque las
mejores palabras son aquellas que son útiles.
Que sepas que no hay ningún bien en un conocimiento
sin provecho, y que no se saca ningún provecho
de un conocimiento cuya adquisición no es necesaria.
¡Sí,
hijo mío! Viendo que he alcanzado una cierta
edad, y que me debilito más y más, me
apresuro a dirigirte estos consejos para enseñarte
la verdad, por miedo a que llegue mi hora antes que
te haya podido confiar lo que tengo que decirte, o que
mi razón decline como mi cuerpo. Yo temo también
que, adelantándose a mis recomendaciones, las
pasiones o las seducciones de la vida se apoderen de
ti y te vuelvan sombrío y huraño.
En efecto, el corazón de un hombre joven es parecido
a una tierra virgen que engulle todo lo que se le arroja.
Me apresuro a educarte antes de que tu corazón
se endurezca y que tu espíritu sea absorbido,
a fin de que tu inteligencia considere atentamente las
verdades que la experiencia de otros te libra de descubrir
y de comprobar. De este modo, te ahorrarás la
molestia de buscar, y evitarás los inconvenientes
de la experiencia. De esta forma, lo que nosotros fuimos
obligados a buscar, vendrá a ti espontáneamente,
y lo que podía parecernos oscuro, te aparecerá
a ti evidente.
¡Sí,
hijo mío! Aunque yo no haya vivido como los antiguos,
he reflexionado sobre sus actos, he meditado su historia
y andado sobre sus huellas, tanto que me he vuelto como
uno de entre ellos. Aún más, gracias a
mi conocimiento de su pasado, es como si yo mismo hubiese
vivido desde la época del primero de entre ellos
hasta la del último. Reconozco (distingo) lo
límpido de lo turbio, lo útil de lo nocivo.
He extraído para ti la quintaesencia de toda
ciencia, he escogido los aspectos más bellos,
y he apartado de ti todo lo que es indigno. Interesándome
por ti en todo lo que interesa a un padre afectuoso,
y muy particularmente en tu educación, yo deseo
que ésta se haga mientras tú aún
tienes la vida delante de ti, que tu destino no hace
sino comenzar, que tus intenciones son sanas, y que
tu alma es pura. He pensado primeramente en enseñarte
y explicarte el Libro de Allâh, las reglas y las
leyes del Islam, lo que es lícito y lo que es
prohibido, sin ir más allá. Pero enseguida
he temido que caigas en la misma confusión que
aquellos que han seguido sus pasiones y sus opiniones
personales. Entonces, a pesar de mi repugnancia de atraer
tu atención sobre estas cuestiones, prefiero
exponértelas exhaustivamente antes que dejarte
a ir a tu perdición. Es por lo que, con la esperanza
que Allâh te indicará la buena dirección
y te guiará por el camino recto, que yo te dirijo
estas recomendaciones.
Has
de saber, hijo mío, que la mejor forma de seguir
mis consejos es la de temer a Allâh, de atenerte
a Sus prescripciones, y seguir el ejemplo de tus primeros
padres y de los amigos de Allâh de entre tu familia.
En efecto, ellos no han dejado de examinar su situación
como tú examinas la tuya, y de reflexionar como
tú reflexionas. Eso les ha conducido a seguir
aquello que ellos conocían y abstenerse de lo
que les estaba prescrito. Si tu espíritu se niega
a admitir estas conclusiones antes de haber aprendido
lo que ellos sabían, que tu búsqueda se
funde en el estudio y la inteligencia, no en la perpetración
de faltas graves o en la exageración de las querellas.
Antes de examinar este punto, comienza por implorar
la ayuda de Allâh, desear Su asistencia y abandonar
toda impureza que podría hundirte en la duda
o el extravío. Cuando estés seguro de
que tu corazón es puro y humilde, que tu razón
está completa e intacta, que no tienes en este
campo sino una sola preocupación, entonces reflexiona
sobre lo que yo te explico. Pero si tu alma y tu espíritu
no son tan disponibles como tú quisieras, entonces
sabe que obras a ciegas y te precipitas en las tinieblas.
¡Ahora bien, aquel que se interesa por su religión
no se conforma ni con la oscuridad ni con la confusión!
Estas son condiciones que vale más evitar.
Esfuérzate,
hijo mío, en comprender bien mis recomendaciones,
y sabe que el Dueño de la muerte es el Dueño
de la vida; es Aquel que crea quien hace morir; es Aquel
que aniquila quien hace revivir; es Aquel que impone
las pruebas el que preserva de ellas. La vida no sabría
tener otros fundamentos que aquellos que Allâh
le ha concedido: favor divino, pruebas, sanciones en
el otro mundo, y otros elementos que Su Voluntad ha
decretado y que nosotros no conocemos.
Si algún punto te parece difícil de comprender,
ponlo sobre la cuenta de tu ignorancia. Tú has
sido primeramente creado ignorante, a continuación
se te ha instruido.
¡Cuántas cosas existen que tú ignoras,
ante las cuales tu espíritu permanece perplejo
y tu razón se extravía, pero que más
adelante acabas por comprender!
Ponte
bajo la protección de Aquel que te ha creado,
que te ha dado de qué vivir y que te ha formado
de manera tan perfecta. Es a Él a quien debes
adorar, a Él a quien debes aspirar y a Él
a quien debes temer.
Sabe, hijo mío, que nadie ha hablado de Allâh
tan claramente como el Profeta Muhammad (que Allâh
lo bendiga, así como a su familia). Acéptalo
como iluminador y como guía hacia la salvación.
No desdeño darte ningún buen consejo,
puesto que aunque te esfuerces, no llegarás a
preocuparte de tu propia persona más de lo que
yo mismo me preocupo por ti.
Sabe, hijo mío, que si tu Señor tuviese
un asociado, éste hubiese enviado mensajeros,
se verían las señales de su realeza y
de su poder y se reconocerían sus actos y sus
atributos. Pero Allâh es Único, como Él
se describe a Sí mismo, sin tener oponente alguno
en Su reino, Eterno en el pasado y en el futuro; anterior
a la creación, Él no ha tenido comienzo;
posterior a la creación, Él no tendrá
fin. Él es demasiado grande para que Su soberanía
pueda ser abrazada o demostrada por la inteligencia
o por la vista.
Cuando
hayas reconocido estas verdades, actúa como conviene
a tus semejantes, en la pequeñez de sus pensamientos,
la insignificancia de su poder, la enormidad de su incapacidad
y la inmensidad de la necesidad que ellos tienen de
Su Señor. Busca obedecerle a Él, teme
Su castigo y ten aprensión de Su cólera,
porque Él no ha ordenado sino aquello que es
bello, y no ha prohibido sino aquello que es feo.
Hijo mío, te indico las características
de la vida inmediata, su aspecto efímero e inestable,
y te explico lo que es la vida futura y lo que espera
a sus huéspedes. Sujeto de la una y de la otra,
te propongo parábolas para que las medites y
las apliques.
Aquel que conoce bien la vida es como un pueblo de viajeros
que, huyendo de una tierra árida se dirige hacia
un país fértil, de campiñas ricas
en pastos. Soporta las fatigas del recorrido, la separación
de los amigos, la incomodidad del desplazamiento y la
grosería de la comida, para alcanzar un hogar
espacioso y una estancia estable.
En
esta perspectiva, nada le parece demasiado penoso, y
no lamenta ningún pasto. Nada le es más
agradable que aquello que le acerca a la llegada y reduce
la distancia que le separa de su meta.
Aquel que, por el contrario se deja seducir por este
bajo mundo, es semejante a un pueblo que, después
de haber vivido en un país fértil, se
encamina hacia una región estéril. Nada
le es más odioso o más deplorable que
el abandonar aquello que poseía, para precipitarse
hacia un porvenir incierto.
Hijo mío, en tu relación con otro, tómate
a ti mismo por criterio: desea para tus semejantes lo
que deseas para ti y evítales lo que tú
querrías evitarte.
Igual que a ti no te gustaría ser burlado, no
burles a otros; actúa con ellos tan bien como
te gustaría que actuasen contigo; desaprueba
de tu parte lo que desapruebas de la suya, y admite
para ellos lo que admites para ti. No hables de lo que
no sabes aunque sepas un poco, no digas lo que no te
gustaría que se te dijese.
Sabe que la vanidad es contraria a la sabiduría
y que es la plaga de la inteligencia. Sé valiente
en tu trabajo, y no seas el tesorero de otro. Si encuentras
el buen camino, muéstrate tan humilde como puedas
para con tu Señor.
Sabe
que tienes delante de ti un largo trayecto, atestado
de dificultades. Es indispensable que reconozcas bien
el recorrido, guardando a la vez una cierta libertad
de movimientos. No te sobrecargues, pues la pesadez
de tu fardo te traería perjuicio. Si encuentras
necesitados para llevarles sus provisiones hasta el
día de la resurrección, y para devolvérselas
mañana, allí donde tengas necesidad, no
dejes de cargarlos y provéelos abundantemente
mientras puedas, porque puede suceder que busques y
no encuentres. Aprovéchate de aquel que te pide
prestado cuando estás en la abundancia para devolvértelo
el día que estés necesitado.
Sabe que tienes ante ti una cuesta muy pendiente, sobre
la cual se está tanto más cómodo
cuanto menos cargado , y donde cuando más deprisa
se vaya menos se sufre y que tú no descenderás
por ella sino hacia el Paraíso o el Infierno.
Estudia bien el terreno antes de descender y prepara
tu morada antes de ocuparla, porque tras la muerte no
existe ni perdón ni posibilidad de volver a este
mundo.
Sabe que Aquel que tiene entre Sus manos los tesoros
de los cielos y de la tierra te ha permitido que Le
ruegues y te ha garantizado una respuesta. Te ha ordenado
que Le pidas para que Él te dé y que Le
implores Su piedad para que Él te de de Su misericordia.
No ha designado a nadie para que se interponga entre
Él y tú y no te ha puesto en la obligación
de recurrir a Él por medio de un intercesor.
Si
has actuado mal, Él no te impide el arrepentirte
y no te castiga prematuramente. Él no te humilla
cuando lo mereces, no es demasiado exigente para aceptar
tu penitencia, no te vitupera por tus pecados y no te
deja desesperar de Su compasión. Al contrario,
cuando tú te apartas de una mala acción,
Él te lo valora como una buena obra. Él
cuenta cada una de tus faltas graves como una falta
sola, pero multiplica por diez cada una de tus buenas
obras. Te ha abierto la puerta del arrepentimiento y
la del conocimiento profundo.
Si tú Lo llamas en secreto, Él capta tus
palabras; tú puedes entonces confiarle tus necesidades,
entregarle tus sentimientos, quejarte de tus preocupaciones,
pedirle que ponga fin a tu penar, solicitar Su ayuda
para encontrar salida a tus problemas e implorar de
los tesoros de Su misericordia aquello que ningún
otro puede conceder: la prolongación de la vida,
la salud física y la abundancia de bienes.
Él ha puesto en tus manos las llaves de Sus tesoros,
al permitirte poder pedirle. Tú puedes abrir
a voluntad las puertas de Su favor mediante la oración
y hacer caer las cataratas de Su bondad. Que la lentitud
de Su respuesta no te desanime, pues la dadiva guarda
relación con la firmeza de la intención.
Sucede que la respuesta es retardada para que el mérito
del demandante sea mayor y para que aquel que espera
reciba más.
A
veces sucede que se le solicite un favor sin obtenerlo,
pero que se obtenga tarde o temprano alguna cosa mejor.
Sucede también que lo que se pide sea negado,
para bien del interés del solicitador. ¡Cuántas
cosas pediríais vosotros que, si os fuesen concedidas,
os harían perder vuestras almas! Pide, pues,
aquello que te procurará ventajas duraderas,
y que no estará acompañado de inconveniente
alguno. Pues los bienes de este mundo no son eternos
y aquellos que los poseen tampoco lo son.
Sabe
que has sido creado para el otro mundo y no para éste,
para ser aniquilado y no para ser conservado, para la
muerte y no para la vida; que tu estancia sobre la tierra
es pasajera; que no dispones sino de lo estrictamente
necesario; que estás en ruta hacia el otro mundo;
que eres perseguido por la muerte, de la cual nadie
escapa, que nunca falla su blanco y que lo alcanza infaliblemente.
Guárdate de perecer mientras estás en
estado de grave culpa y contando con arrepentirte más
tarde, pues la muerte te impediría la remisión
y perderías tu alma.
Hijo mío, piensa a menudo en la muerte, a lo
que te espera tras ella, y al destino que te está
reservado. De esta manera, cuando venga tu hora, habrás
hecho tus preparativos y no serás sorprendido
desprovisto.
No te dejes extraviar por el ejemplo de aquellos que
idolatran la vida inmediata y se consagran a ella con
un furor animal.
Âllâh
te ha informado sobre este bajo mundo; él mismo
te deja entrever su fin y te descubre sus taras. Sus
adeptos no son sino perros aulladores, bestias feroces
que se despedazan las unas a las otras, los más
poderosos devorando a los más débiles,
los más grandes maltratando a los más
pequeños. Son semejantes a cabezas de ganado
de las cuales algunas están trabadas, mientras
que otras, habiendo perdido sus ataduras, abandonadas,
vagabundean al azar. Tropeles calamitosos en un valle
escarpado! No tienen ni pastor para conducirlas, ni
dueño para marcarlas; la vida les conduce por
el camino de la ceguera y desvía sus miradas
del faro del buen camino; hierran en su perplejidad,
se ahogan en su opulencia y la toman por divinidad;
ella juega con ellos y ellos juegan con ella, olvidándose
de lo que debe venir después.
Pero poco a poco el día sucede a las tinieblas,
¡como una caravana llegando a su etapa! Aquel
que se apresura está presto a reunirse con ella.
Sabe,
hijo mío, que quien tiene por montura el día
y la noche es llevado, aunque esté parado, y
que recorre una distancia, incluso si permanece tranquilamente
en una morada fija.
Sabe con certeza que no obtendrás lo que esperas,
que no irás más allá de tu término,
y que estás sobre el camino de aquellos que te
han precedido. Reduce tus exigencias y gana tu vida
honestamente.
En efecto, a fuerza de perseguir los deseos, frecuentemente
se va a la perdición; aquel que pide, no siempre
obtiene y aquel que se conduce con rectitud no es frustrado
siempre.
Preserva tu alma de toda mancha, incluso si ella te
lleva hacia las tentaciones, pues, si cedieses la menor
parcela, nada sabría reemplazarla.
No seas el esclavo de otro, en tanto que Allâh
te ha creado libre. ¿Qué satisfacción
se puede obtener de un bien que no se obtiene sino haciendo
el mal o de una comodidad a la cual no se llega sino
a fuerza de vivir en la molestia?
No
te dejes llevar por las monturas de la codicia hacia
la aguada de la perdición. Si puedes, haz de
forma que no haya entre Allâh y tú ningún
bienhechor, pues de todas maneras obtendrás tu
parte y dispondrás tu lote. Un don ínfimo
de Allâh (Gloria a Él) es más importante
y más noble que abundantes presentes venidos
de Sus criaturas, aunque todo proviene de Él.
Es más fácil reparar un momento de silencio
que atrapar una palabra que se os ha escapado. Para
guardar lo que se tiene en la bolsa, se aprietan los
cordones. Prefiero mejor que conserves lo que tienes
en la mano, antes que pedir lo que está en las
manos de otros. La amargura de la desaparición
es preferible a la humillación de mendigar. El
ejercicio de un oficio, acompañado de la castidad,
vale más que la riqueza asociada al libertinaje.
Cada
hombre guarda sus propios secretos mejor que los demás.
¡Cuántas gentes trabajan para su propio
detrimento ! El que habla demasiado desatina y el que
reflexiona ve claro.
Frecuenta las gentes de bien y serás uno de ellos;
huye de las malas gentes y te distinguirás. ¡Qué
detestable es la comida ilícita! La injusticia
para con el débil es la más innoble de
las injusticias. Si la bondad es una tontería,
la tontería es bondad. A veces pasa que el remedio
sea un mal y que el mal sea un remedio. Un buen consejo
puede venirnos de una persona que no nos quiere bien,
mientras que aquél de quien se espera un aviso
amistoso puede abusar de nosotros.
Guárdate de tomar tus deseos por realidades;
esto sería obrar como un necio. La razón
consiste en retener las experiencias, y las mejores
experiencias son aquellas que te dan lecciones.
Apresúrate a atrapar la ocasión antes
que ella ceda el lugar al disgusto. Todo buscador no
encuentra, y todo ausente no vuelve. Es un mal el que
uno pierda su viático y el degradar el lugar
a donde uno debe volver. Todo asunto tiene consecuencias.
Lo
que te está reservado por el destino, te llegará.
El comercio consiste en correr riesgos. A menudo una
pequeña cantidad crece mejor que una grande.
No se debe esperar ningún bien de un ayudante
despreciado o de un amigo dudoso.
Sé conciliador con la suerte en tanto que te
sea propicia. No arriesgues nada con la esperanza de
ganar más.
No seas un disputador rápido en tomar los muertos
por los dientes. Cuando tu hermano rompe los lazos que
le unen a ti, acércate a él y atráelo
con buenas acciones; cuando él te huye, busca
su compañía; cuando es culpable, perdónalo;
haz como si tú fueses su esclavo y él
tu bienhechor.
Pero guárdate de adoptar una tal conducta fuera
de lugar, es decir, con gentes que no son dignas.
No tomes por amigo el enemigo de tu amigo, pues te disgustarás
con tu amigo. Sé sincero en tus consejos a tu
hermano, sean buenos o malos.
Trágate tus cólera, pues no conozco brebaje
alguno de efectos más dulces o de consecuencias
más felices que una cólera contenida.
Sé suave con aquel que te trata mal y él
estará próximo a hacer lo mismo contigo.
Trata a tu enemigo con magnanimidad, es la más
suave de las dos formas de vencer.
Antes de romper con tu hermano, déjale un recuerdo
de ti mismo hacia el cual pueda volverse si un día
lo desea.
Si
alguien tiene una buena opinión sobre ti, haz
de forma que esta opinión sea justificada. No
atentes contra los derechos de tu hermano bajo pretexto
de los lazos que existen entre vosotros dos, porque
aquel a quien tú privas de su derecho no es tu
hermano. No hagas más desgraciados a los tuyos
que a los demás.
No corras tras aquel que no se aviene a ti.
Que tu hermano no sea más capaz de romper contigo
que tú de reconciliarte con él.
No seas más apto para hacer el mal que para hacer
el bien.
No concedas una gran importancia a las injusticias que
soportas, pues sus autores trabajan en su propio detrimento
y para tu beneficio.
A aquel que te causa alegría, tú no debes,
en retorno, causarle una pena.
Sabe hijo mío, que existen dos clases de beneficios:
está el beneficio que tú buscas y está
aquel que te busca y que, si tú no vienes a él,
él viene a ti.
Que feo es mostrarse sumiso en la desnudez y feroz en
la riqueza.
De todos los bienes que habrás poseído
en este mundo, sólo te quedarán aquellos
que te habrán permitido mejorar tu morada en
la otra vida.
Si
debes afligirte por lo que se te ha escapado de las
manos, aflígete entonces por aquello que nunca
te ha pertenecido.
Descubre lo que no ha sido con la ayuda de aquello que
ya ha sucedido, porque los fenómenos tienen entre
ellos analogías.
No seas de aquellos a quienes no aprovechan las lecciones
a no ser que les hagan sufrir enormemente; un ser razonable
se instruye mediante la enseñanza, pero el bruto
no es instruido sino a golpes.
Cuando te asalten las preocupaciones, defiéndete
recitando las fórmulas que incitan a la paciencia
y haciendo uso de las certezas sanas.
Quien se reúne se parece.
El verdadero amigo es aquel cuya amistad no se desmiente
en vuestra ausencia.
La pasión es la asociada a la ceguera.
Sucede a menudo que lo que está lejos esté
más cercano que lo que está próximo,
y que lo que está cercano esté más
alejado que lo que esté a gran distancia.
El extraño es aquel que no tiene amigos.
Quien transgrede el derecho ve su camino estrecharse.
Quien se contenta con su parte la conserva más
largo tiempo.
El
cordel más seguro que tú puedes asir es
el que te une a Allâh.
Quien no se preocupa de ti es tu enemigo.
Si se desea algo hasta el punto de morir de envidia,
entonces es una victoria el renunciar a ello. Toda desnudez
no es visible, y toda ocasión no es alcanzable.
Sucede a menudo que una persona dotada de buena vista
se equivoque de ruta, mientras que un ciego encuentra
perfectamente su camino.
Siempre es preciso posponer las malas acciones hasta
más tarde, pues se las comete siempre con demasiada
rapidez.
La vida traiciona a aquel que confía en ella,
y humilla a quien la honra.
No todo el que tira da en el blanco.
Infórmate acerca de tu compañero de viaje
antes de preocuparte por tu itinerario y sobre tu vecino
antes de informarte de tu vivienda.
Confío a Allâh tu vida material y tu vida
espiritual, Le ruego que te reserve la mejor suerte
en lo inmediato y en el futuro, en este mundo y en el
otro.
As-Salam aleikum.
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