Sintió remordimiento cuando el hecho había
sido consumado, pero ya era muy tarde. Preguntándose
a si mismo que le diría al padre a su regreso
del Peregrinaje, y como volvería a mirar a alguien
a los ojos, comenzó a maldecirse a si mismo,
llorando, gimiendo, tratando de arrepentirse y buscando
el perdón. Pero en despecho de todo esto, no
encontraba salida a su situación. Estaba lejos
de corregir el mal que había hecho, y sin esperanza
y deprimido, confió su horrible secreto a un
hombre erudito. No podía mezclarse libremente
entre la gente como solía hacerlo, ya que sentía
vergüenza de que lo vean en público. La
causa de su desgracia era su destreza de haberse hecho
pasar por un hombre piadoso y devoto, cuando su carácter
no era verdaderamente perfecto. A pesar de que estaba
dominado por su baja naturaleza, él había
dado la impresión de haber vencido sus pasiones.
Como
un camino por el cual él pudiera escapar de esta
calamidad, el sabio erudito a quién había
consultado, le aconsejó casarse con la chica
que había deshonrado, asignarle a ella una parte
de sus riquezas y luego exiliarse por un tiempo. Mientras
tanto, se pondría a si mismo bajo la enseñanza
de un santo, de modo de aprender verdaderamente el auto
control.
Este
santo, le dijo el erudito, vivía en la ciudad
de Bistam y se llamaba Santo Abu Yazid. "Ve y preséntate
ante él. Sólo él es capaz de entrenarte,
enseñarte el auto control y transformarte en
el hombre que meramente pareces ser ahora".
El
pobre hombre desposó a su protegida, le dio la
mitad de su dinero, y luego la divorció antes
de partir a la ciudad de Bistam. En cada parada de su
viaje, él respondía lo siguiente a todos
aquellos que le preguntaban de donde era y hacia donde
iba:
"Me
han dicho que en Bistam vive un santo de nombre Abu
Yazid al Bistami y voy a visitarlo". El veía
que muchos con los que hablaba criticaban a este venerable
santo, pero esto no lo hizo cambiar de opinión
respecto de su búsqueda.
Cuando
eventualmente llegó a Bistam, se sorprendió
al escuchar que muchos de sus habitantes atacaban verbalmente
contra el venerable Sheikh al cual debía encontrar.
"Allah, Allah", él profería,
"He escuchado a un demonio por cuarenta años.
Ahora he tenido mi escarmiento y he pagado un alto precio.
En mi camino hacia aquí, no he oído una
sola buena palabra acerca de esta persona la cual me
recomendaron que buscara. Ahora veo que incluso sus
conciudadanos hablan pestes de él. Todo esto
se ve muy raro, pero al menos
debo verlo una vez".
Con
estos pensamientos rondando su cabeza, comenzó
a preguntar donde vivía el venerable Abu Yazid
al-Bistami.. La casa se encontraba en las afueras de
la ciudad y estaba realmente exhausto cuando llegó
al lugar. Comenzó a mirar alrededor ; y que es
lo que vio?. Un radiante individuo de barba blanca sentado
al lado de una hermosa y excepcionalmente bella chica,
quien le estaba dando algo de beber de un vaso que ella
misma sostenía.
A
la vista de todo esto, se auto convenció de que
todas las cosas que le habían dicho debían
ser verdad. Allí decidió que no había
razón para el encuentro después de todo,
pero justo cuando se estaba alejando de la puerta, el
venerable Sheikh se paró y la abrió, llamándolo
por su nombre.
Siendo
un extraño en una ciudad donde nadie lo conocía,
el hombre estaba muy asombrado de oír a alguien
llamándolo por su nombre. Lleno de curiosidad,
se acercó nuevamente. El radiante individuo,
a quién acababa de ver bebiendo de un
vaso sostenido por una joven chica, ahora lo estaba
invitando a entrar, diciéndole con una sonrisa:
"Tú
querías verme. Habiéndote causado tanta
dificultad el llegar hasta acá, sería
difícil para ti irte sin haberte encontrado conmigo!".
Aún
habiéndole dado la bienvenida como un honorable
invitado, el hombre se sentó clavando su mirada
en el barril y el vaso, tratando de entender lo que
había visto. Advirtiendo esto, el venerable Sheikh
decidió mandar las sospechas de su invitado a
descansar. "Por qué mantienes fija tu mirada
en ese barril?" le preguntó y luego agregó:
"Esta casa pertenecía a un Zoroastra. Cuando
se la compré, había vino en ese barril
que ves allí. Convertí el vino en vinagre
y lo doné y ahora tengo agua ".
Pero
recordando la escena que había visto antes, el
pobre amigo comenzó a pensar para si: "Una
buena explicación, pero que acerca de la hermosa
mujer y lo que le estaba dando de beber no hace mucho?".
El venerable Sheikh pareció haber leído
los pensamientos, por lo que se enfureció, su
rostro se sonrojó y la vena en su frente sobresalió,
mientras decía con dura voz: "La chica que
has visto es mi hija!".
El
hombre estaba completa y terriblemente avergonzado de
sus pensamientos malignos. Se arrojó a los pies
del Sheikh, mientras clamaba: "Perdóneme,
amable señor, se lo ruego! En todo el viaje hasta
aquí, y luego en el momento de haber arribado
a la ciudad, no he oído sino indignas insinuaciones
contra ti. He sido influenciado en mi mente pero las
cosas malas que he escuchado. Perdona mi curiosidad,
pero por qué no dejas que la gente sepa lo realmente
inocente que eres? Por
qué no reparas tu mismo estas ofensas?".
Con calmada dignidad, el venerable Sheikh respondió:
"Yo
no estoy seguro de mi mismo. Suponte que me doy a mi
mismo una reputación de piadoso y puro, y mis
hermanos en Islam me confían sus hijas para su
cuidado mientras ellos realizan el Peregrinaje. ¿Que
sucedería si traiciono esa confianza y luego
tengo que andar deambulando por la tierra en busca de
la cura para mi sufrimiento?".
Tal
era el carácter del venerable Abu Yazid al-Bistami.
En cuanto a aquellos que se equiparan a si mismos con
tales dignos Amigos de Allah, sin haber corregido sus
propias faltas y antes de haber llegado a la fe, el
Shaytan (Diablo) en persona se entretiene ante su propia
auto decepción.
Se
dice que una gallina una vez se ilusionó con
la idea de poner un huevo tan grande como el de un ganso.
Se esforzó tanto en poner su imaginario huevo
que finalmente explotó.
La
gente generalmente habla pestes de los Santos de Allah,
sin embargo ellos nunca se lamenta acerca de este vulgar
maltrato y abuso.
Estando
con sus Amigos, ellos no sienten lo que otros le tiran.
Cuando los amantes se funden en un cariñoso abrazo,
acaso el amante advierte alguna espina.
|