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Con el Islam
se vuelve a tomar el impulso que hizo del hombre un
ser humano pero aún en estrecha armonía
con la vida que ve fluir mágicamente por todo
el universo. No se trata de una teoría, ni del
fruto de una meditación reflexionada, ni mucho
menos de una pose ecologista: forma parte estructural
de la personalidad del musulmán, de su mundo
de percepciones e intuiciones íntimas y está
en la inmediatez de sus sensaciones, de la información
que recibe a través de los sentidos. Esta extraordinaria
sensibilidad lo hace capaz de aprovechar energías
y fuerzas de la naturaleza sutil, oculta tras la apariencia
de los fenómenos pero que, sin embargo, son su
esencia espiritual. Esta intensidad vital de todo lo
existente puede transformarse en Báraka.
En
palabras de Chelhod "la baraka sería una
cualidad oculta e invisible, excepto por sus efectos,
que se sobreañade a los seres y a las cosas,
aportando con ella beneficios"; un efluvio misteriosos
que da fecundidad, actuando principalmente por contacto
y, debido a que nuestra naturaleza es esencialmente
porosa a lo sagrado, nos penetra cuando nos acercamos
al ser que la contenga; "es ella quien da prosperidad,
multiplica los nacimentoss y favorece el éxito;
ella es la abundancia en la pradera, el crecimieno en
el rebaño, el efecto saludable en el remedio".
La baraka es "este secreto de Dios... en las cosas"
(A. Amîn, Qâmus al-'âdât, p.86).
Es un poderoso tonificante espiritual que repercute
positivamente en todas las dimensiones de la vida. Emana
de ciertos objetos, de ciertos lugares, y de ciertos
momentos. El Corán tiene Báraka -sus letras,
sus sonidos, su recitación- : "Y este Libro
que te revelamos es Mubarak", es decir, portador
de Báraka. Y las mezquitas, los olivos, las palmeras,
el agua, La Meca, la noche vigesimoséptima de
Ramadán, algunas piedras (¿qué
sentido tiene, si no, el tocar la Piedra Negra que irradia
una especialísima Báraka?), y también
determinadas fuente, ríos, lagos, grutas, bosques,
montañas.
El
concepto musulmán de Báraka y todas sus
connotaciones tienen una enorme trasciendencia. Da al
ser humano no sólo la posibilidad de aprovecharla
sino de convertirse también en su transmisor;
es el caso del wali, aquel que en su progreso espiritual
ha pulido en extremo su sensibilidad y agudizado enormemente
sus sentidos, y no sólo recibe la Báraka
que le rodea sino que la proyecta, y cuanto más
cerca está ese hombre de Allah más intensa
es su Báraka. Tanto vivo como muerto su Báraka
continúa siendo efectiva y todo el que lo visita
o se acerca a su tumba es penetrado por ella. Muhammad
(s.a.s.) hizo de Medina el Haram de su Báraka.
También la Báraka puede ser transferida
voluntariamente cobrando una especial fuerza, o ser
retirada según unas técnicas determinadas.
A parte de los awliyá, otras personas pueden
poseer Báraka en menor grado: los que conocen
el Corán de memoria, los niños pequeños,
los ancianos, los locos, todos ellos si son inocentes
o bondadosos. También puede haber Báraka
en los animales, especialmente están dotados
el caballo, el cordero, el camello, el gato, la cigüeña,
la golondrina, la abeja. Por supuesto, los árboles
y las plantas, y sus productos: ya hemos citado algunos,
añadamos a la lista el laurel y la henna. Y también
tienen Báraka los solsticios, los viernes, determinadas
palabras y nombres, los números impares, ciertos
talismanes... La Báraka es testimonio de una
presencia sutil de la Fuerza de Allah bendiciendo y
transmitiendo prosperidad y fecundidad, espirituales
y físicas. Báraka es la magia de algunos
lugares, de algunas personas, de algunos objetos, una
magia buena que aprovecha al que la recibe. Percibirla
es estar en la Fitra, es haber recuperado esa dimensión
en la que se está íntimamente ligado a
la idea y sus energías.
Mientras
el monoteísmo judeo-cristiano, en su rigor totalitario,
entró en lucha contra lo que consideraba un atentado
supersticioso contra el culto a su Dios, el Islam recogió
sin problemas el venero de la antigua sensibilidad humana
gracias a la cual el ser humano ha sido capaz de trascender.
Sólo a los que no comprenden realmente el signifcado
del Tawhid les puede parecer paradójico el rigor
con el que el Islam afirma la Unidad de Allah y la importancia
dada por los musulmanes a la Báraka, que muchos
identifican con la magia, con la idolatría y
el culto a los santos, al totemismo, al chamanismo,
etc. El Tawhid no es monoteísmo: éste
es un producto del ego, es el Dios a la medida del hombre
aislado, el ser supremo en su separación. A su
vez el materialismo es un producto, o mejor dicho otra
de las formas de monoteísmo llevado a sus conlusiones
lógicas. Monoteísmo-materialista es el
dominio perfecto del ego imperante. Tawhid es clarividencia
del yo en su intuición del Uno, del Uno previo
a todo y no producto de la elaboración del discurso
humano, el Uno soporte y destino de la realidad y no
ser supremo idealizado, sino verdad de todas las verdades
y referencia primera y última del ser humano.
El
Islam no erige ídolos a las fuerzas de la naturaleza,
no las "separa" de la realidad, no las abstrae
ni las mitifica, sino que las reconoce y se relaciona
con ellas desde su perspectiva unitaria. A marcha veloz,
los musulmanes en la actualidad parecen como hipnotizados
por los valores judeo-cristianos, por su mentalidad
en la que todo está aislado y justificado, por
una ciencia arrogante y enajenadora, y quieren disfrazar
al Islam con ropajes que no son los suyos, convertirlo
en "monoteísmo" y llamar al verdadero
Islam "rural", como si alguna vez hubiese
existido un Islam urbano y sofisticado al modo de la
religión de los colonizadores. Para la cuestión
que estamos viendo, el recurso es mediocre: se confunde
el "tabarruk", el acto de aprovechar la Báraka,
con la 'Ibada, el acto por el que se reconoce el poder
de Allah, confundido con "culto".
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