Diabetes en Ramadan
 
 

El ayuno durante el Ramadán constituye uno de los pilares del Islam y aunque los diabéticos pueden ser exceptuados del ayuno, muchos de ellos desean cumplir con este precepto religioso. Por lo tanto, analizaremos las recomendaciones de la Asociación Británica de Diabetes.

Conceptos generales y repercusiones en el paciente diabético

El Ramadán es el noveno mes del calendario lunar musulmán y se considera un mes sagrado. Se encuentra dedicado al ayuno y la oración, para conmemorar el hecho de que el Corán le fuera otorgado la pueblo para su guía.

 

 
 

El momento exacto de esta conmemoración depende de las fases lunares, suele tener lugar aproximadamente 10 días antes de cada nuevo año. Incluye el ayuno de comidas y bebidas desde el amanecer hasta el ocaso, es decir, durante aproximadamente 18 horas. Si bien constituye una obligación para todos los musulmanes adultos y sanos, se contemplan excepciones en niños menores de 12 años, en los enfermos, en ancianos, embarazadas y mujeres durante la lactancia.

Como queda claro, los diabéticos quedan excluidos de este compromiso sobre todo aquéllos insulinodependientes. No obstante, no es infrecuente que muchos creyente musulmanes decidan ayunar durante el Ramadán.

Si se trata de un paciente bien controlado, ya sea con hipoglucemiantes orales de la familia de la sulfonilureas (glibenclamida, glipizida, etc.) o con insulina, el mayor riesgo está en la aparición de una hipoglucemia. Si por lo contrario, el control metabólico es deficiente puede deshidratarse en diverso grado.

Por las características del ritual, no son infrecuentes las amplias oscilaciones en los niveles de glucemia, que obligan a un estrecho monitoreo glucémico. Muchos practicantes del Islam evitan hacer ejercicio físico para ahorrar energía y, esta misma razón puede que no concurran a los controles, sobre todo en el día viernes en el que suelen asistir a la mezquita.

Pautas para manejar la alimentación

La cocina islámica abunda en platos dulces y confituras, muchos de ellos preparados especialmente para el Ramadán. Estas preparaciones, ricas en hidratos de carbono simples y complejos (harinas o almidones) acompañadas por bebidas y jugos dulces y ciertas frituras, son consumidos en las horas libres del ayuno, alternando con el prolongado período de ayuno.

La tradición señala sólo 2 comidas diarias durante el Ramadán. Se trata de la consumida muy temprano por la mañana (Sehri) y la que se administra al concluir el ayuno con la caída del sol (Iftar). La primera comida del nuevo día suele practicarse, en ocasiones, cerca de las 4 a.m.

Para evitar los desequilibrios glucémicos originados en esa distribución inusual de los alimentos se recomienda:

Limitar el consumo de alimentos dulces durante el Iftar. Consumir porciones pequeñas de platos tradicionales como ladoo, jelaibi o burfi.

Ingerir en abundancia alimentos compuestos por carbohidratos complejos. Es el caso del arroz basmati, cahapati o naan.

Incluir frutas, vegetales, dhal y yogur en ambas comidas diarias

Tratar de practicar el Sehri inmediatamente antes de la salida del sol y no en la madrugada, para lograr distribuir en forma más regular el consumo de alimentos.

Para beber, evitar las gaseosas y jugos azucarados. Las bebidas o gaseosas sin azúcar deben ser el instrumento con el cual saciar la sed. Recuerde que puede utilizar edulcorantes, de ser necesario.

Reducir las raciones de alimentos fritos, tales como paratha, puri, samosas, chevera, pakoras, katlamas y kebabs fritos. Utilizar con mesura el aceite en las preparaciones culinarias.

Tanto los alimentos consumidos en las 2 comidas diarias como los que se presentan en la mesa en ocasión del Eid-ul-Fitr, que marca el final del ayuno, son alimentos con una alta densidad calórica, lo cual puede llevar a un aumento de peso, circunstancia no deseable en los diabéticos tipo 2. Es conveniente entonces, reflexionar sobre la conveniencia de adoptar comidas menos hipercalóricas, sin descuidar las tradiciones.

Recaudos con el tratamiento farmacológico

Si Ud. se trata con metformina o con agentes de la familia de las glitazonas (pioglitazona o rosiglitazona), no existen tantos riesgos de padecer una hipoglucemia, pero su administración debe seguir ciertas pautas:

cambiar el horario por el del momento en el que finaliza el ayuno, con la caída del sol, con el objeto de cubrir los momentos de ingesta.

reducir la dosis si aparece sensación de malestar.

En los diabéticos que utilizan sulfonilureas (solas o combinadas con metformina o pioglitazona, es posible que el diabetólogo cambie el producto habitual por otro de acción muy rápida o bien por otro de acción prolongada o sostenida, o por otras drogas que actúan sólo sobre el pico de hiperglucemia secundario a la ingesta (repaglinida).

Si se trata de diabéticos con insulinoterapia, el especialista enfatizará la necesidad de o suspender la administración de la droga. Por supuesto, se impondrán cambios en la modalidad y el tipo de insulina a utilizar: suele indicarse insulina NPH en el momento del Sihri (por la mañana) e insulina corriente (con muy pocas unidades de NPH) en la comida de la noche. También puede ser de utilidad el empleo del análogo de la insulina (Lispro), porque actúa inmediatamente después de comer y tiene una acción muy corta.

Recuerde: si Ud. es diabético, sigue la doctrina del Islam y no desea dejar de participar del Ramadán, acepte las recomendaciones de su médico. Consulte con la debida antelación, explíquele sus deseos de participar en el ritual anual del ayuno y convenga con él una conducta que le permita cumplir con sus convicciones sin poner en riesgo su salud.