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Sin
embargo siempre tengo la esperanza de que un guía
benevolente me saque de esta oscura morada y me lleve
a las mansiones eternas. No espero llegar hasta el palacio
del rey del que hablas, me alcanzará con llegar
hasta su puerta. ¿Cómo se puede esperar
que yo busque al Simurg cuando he vivido en el paraíso
terrenal? No tengo otro deseo más que el de vivir
nuevamente allí. Ninguna otra cosa tiene sentido
para mí".
La Abubilla respondió: "Tú te apartas
del Camino verdadero. El palacio de este Rey supera
tu paraíso. Nada será mejor que tratar
de llegar a él. Es la habitación del alma,
es la eternidad, es el objeto de nuestros deseos más
auténticos, la morada del corazón, el
trono de la verdad. El Altísimo es un vasto océano;
el paraíso de la gracia terrenal es sólo
una pequeña gota; todo lo que no es este océano
es distracción. Si puedes tener el océano,
¿por qué querrías una gota de rocío?
¿Podría el que participa de los secretos
del sol entretenerse con una mota de polvo? ¿El
que tiene el todo puede preocuparse por una parte? ¿Se
ocupa el alma de los miembros del cuerpo? Para llegar
a la perfección busca el todo, elige el todo,
sé el todo".
El
Maestro y su Discípulo
Un
discípulo preguntó a su Maestro: "¿Por
qué se vio obligado Adán a abandonar el
paraíso?". El Maestro respon¬dió:
"Cuando Adán, la más noble de las
criaturas, entró al paraíso, escuchó
una voz resonante del mundo invisible que decía:
`Oh, tú que estás atado al paraíso
terrenal por cien lazos, debes saber que, en ambos mundos,
a cualquie¬ra que se identifique con lo que está
entre él y yo, lo privaré de todo lo visible,
para que pueda estar atado sólo a mí,
su verdadero amigo'. Para un amante, cien mil vidas
no son nada sin su amada. Todo aquel, así fuera
el mismo Adán, que vivió en pos de algo
que no fuera El, fue expulsado. Los moradores del Paraíso
saben que lo primero que deben entregar es su corazón".
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