Dios
creo las almas antes que a la creación material
, y las almas existen en un reino mas sutil, el reino
de las almas, un mundo que esta mas cercano a Dios que
esta dimensión de la materia en la cual existimos.
. En el Reino de las almas, los velos que separan a
Dios de Su Creación son virtualmente no existentes
.Todos nosotros existimos por milenios en un reino paradisíaco,
en un sentido es como haber estado sentados a los pies
de Dios bañados por la Luz Divina y por Su Amor.
Dios les pregunto a las almas, “Soy Yo Vuestro
Señor?” Esta fue la primera comunicación
directa entre el Creador y su Creación.
Esto fue más una profunda experiencia espiritual
para las almas que una conversación cotidiana.
El sonido de la Voz Divina se convirtió en la
raíz de toda la música sagrada, de todas
las músicas que tocan el corazón e inspiran
y nos elevan.
Las almas sabían que Dios las había creado,
ellas estaban en armonía con la Voluntad de Dios
y ellas estaban profundamente inspiradas por estar en
su Divina Presencia
Cuando Dios envió al alma individual a que bajara
al mundo material, el alma empezó a tomar los
aspectos de este mundo. Se sumergió en cada uno
de los 4 elementos de la creación. Primero el
alma pasó a través del agua y se volvió
húmeda. Entonces paso a través de la tierra
y se transformó en barro. Entonces pasó
a través del aire y se transformó en arcilla
y finalmente pasó a través del fuego y
se transformó en arcilla cocida .El alma inmaterial
paso a través de los elementos materiales básicos,
los elementos que generan el mundo material. Todo el
peso del ser material cubrió el alma
El alma de luz quedo atrapado en una olla de arcilla.
Tu cuerpo es esta olla de arcilla. Esto no solo incluye
tu cuerpo material, sino también tus emociones,
pensamientos, energías etc. Estos diversos niveles
de incorporaciones están sumariados por los cuatro
elementos.
El Alma se escondió en este cuerpo y su conexión
con lo Divino se oscureció. El Alma es aun perfecta
y divina y cercana a su Señor, pero ahora esta
cubierta o escondida.. El ser material esta ligado al
mundo material donde siempre permanecerá. Tu
cuerpo es como un burro, que esta creado para ser montado
por ti, y este mundo es un establo.
El Alma esta siempre pura y siempre será pura,
Dios la envió con sus Atributos Divinos y ellos
deben ser manifiestos en la creación material.
En otras palabras cada individuo es una conexión
entre el Reino Divino y el Reino de la Tierra.
Por esta razón estamos aquí, para manifestar
lo Divino en la tierra y para manifestar Amor, Compasión,
Misericordia y los demás Atributos de Dios.
Desdichadamente cuando el alma se incorpora y se encaja
en lo material, nosotros nos transformamos en ciegos
de esa parte, a ese secreto de nosotros mismos.
Nos olvidamos lo Divino dentro de nosotros.
No podemos manifestar estas cualidades Divinas porque
nos hemos olvidado lo que son.
La materia es atraída magnéticamente hacia
la materia, y tanto es así que esta materia dentro
nuestro es profundamente atraída a las cosas
de este mundo.
Pero Dios nos da también las herramientas para
retornar a nuestros niveles originales de conciencia
y así romper esta olla de arcilla.
Las herramientas son la Mente y la Voluntad.
La Mente nos da la habilidad de saber y distinguir lo
bueno de lo malo y la Voluntad nos provee la capacidad
de elegir lo que es correcto y evitar lo incorrecto
Todos nosotros tenemos esta Voluntad pero pocos nos
esforzamos lo suficiente.
El Principio básico es muy simple Tal como nuestro
profeta Muhammad (swas) decía “ haz solo
aquello que sea legal y saludable, no hagas aquello
que sea ilícito y no saludable y si no estas
seguro si algo es legal o saludable, espera y no hagas
nada hasta que estés seguro”
Haz aquellos que sea correcto y no hagas lo prohibido
y si no sabes, pregunta.
Esto es básicamente muy simple.
Esto se vuelve complicado principalmente porque nuestra
voluntad no es lo suficientemente fuerte. Todos, casi
siempre, sabemos lo que tenemos que hacer, pero no lo
hacemos y entonces nuestros egos toman nuestra mano
y nosotros nos damos excusas para justificar el no haberlo
hecho.
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