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De nada sirve ver cien mil milagros y prodigios si no
se goza de esta participación de profecía
y santidad. Esta correlación es la que produce
la fiebre y la inquietud. Si en la paja no hubiese una
parte de ámbar, ella nunca iría hacia
el ámbar; una y otro tienen una homogeneidad
invisible y oculta. Imaginar cada cosa es lo que impulsa
al hombre hacia esa cosa. Imaginar el jardín
dirige al hombre hacia el jardín, imaginar la
tienda lo dirige hacia la tienda.
Pero estas imaginaciones son engañosas: tú
vas a cierto lugar; después lo lamentas y dices:
«Imaginaba que estaba bien, pero no era verdad».
Estas imaginaciones se parecen a velos, y alguien se
oculta tras cada velo. Cada vez que se disipa la imaginación
y las verdades se muestran sin velos, es la Resurrección,
no puede existir pesar en ella. Cada realidad que te
atrae es sólo esa realidad y rio otra; siempre
es la misma. «EI día en que los secretos
se pongan a prueba», (13) Decimos en verdad que
la cosa que atrae es una, pero parece múltiple.
¿No ves que los deseos del hombre son diversos?
Dice uno: «Quiero comer tutmash, (14) burak, (15)
haIva, (16) qeIya, (17) fruta, o dátiles».
Al oído, estos platos difieren, pero el origen
es único: su apetito. Una vez saciado, dice:
«Nada deseo ya». Es evidente que había
una sola cosa, y no diez ni cien, en el origen de su
deseo.
«No los hemos puesto [a los malaika guardianes
deI fuego] en ese número sino para tentarlos»:
(18) esta multiplicidad de las criaturas es una puesta
a prueba: así se dice que éste es uno
y aquellos cien, que el santo es uno, pero los hombres
múltiples: ¿no es ésta una gran
prueba? «No los hemos puesto en ese número
sino para tentarlos.» Gente sin manos, sin pies,
sin inteligencia y sin alma, que se mueven como por
un sortilegio y como mercurio; dices que son sesenta,
o cien, o mil, y que éste es uno; pero realmente
ellos son nada, y es éste quien es mil, y cien
mil, y miles de millares.
«Son poco numerosos cuando se les cuenta, numerosos
cuando actúan». (19)
Cada profeta es único en este mundo
Ha atacado el ejército real como único
jinete
Alejaos del engañoso espanto
Por sí solo ataca a un mundo.
Cierto rey dio la ración de pan de cien hombres
a un sólo soldado y su ejército se lo
reprochó. El rey se dijo:
— Un día llegará en que comprendan
la razón de esta preferencia.
El día del combate, todo el ejército huyó
y sólo combatió este soldado.
— Mirad, dijo el rey: ésta era la razón
de mi elección.
El hombre debe purificar de todo prejuicio su facultad
de discernir y buscar un amigo religioso, pues la religión
es el conocimiento del amigo. Pero cuando el hombre
pasa su vida con gente sin discernimiento, su juicio
se embota y ya no puede conocer al amigo religioso.
Tú alimentas tu cuerpo, cuando el principio del
ser humano es el discernimiento del que este cuerpo
carece. ¿No ves que el loco está privado
de discernimiento aunque tenga manos y pies?
El discernimiento es el sutil sentido que te anima:
pero tú te agotas día y noche alimentando
lo que carece de discernimiento y pretendes que el discernimiento
depende de ello. ¿Cómo puedes ocuparte
sólo de tu cuerpo descuidando el discernimiento?
El cuerpo existe gracias al discernimiento, pero no
a la inversa. Esta luz brota de los ojos, de los oídos,
etc. Sin estas aber¬turas, se inventaría
otras ventanas. Tú pones una lámpara ante
el sol y pretendes ver el sol mediante esa lámpara.
¿Para qué necesi¬tas una lámpara?
¿No se muestra el sol por sí mismo sin
necesidad de ella?
Es preciso no perder la confianza en Al-lâh: es
el comienzo del camino seguro. Si no caminas por esta
senda, conoce al menos el comienzo del camino y no digas:
«He cometido faltas». Esfuérzate
por ser siempre recto y nada tortuoso te desviará.
La rectitud es la vara de Moisés, y lo tortuoso
es la magia. Tan pronto como se manifiesta la rectitud,
ésta devora cualquier magia. Si hacéis
el mal, os lo hacéis a vosotros mismos. El daño
no alcanza a Al-lâh.
Un ave se ha posado en la cima de una montaña;
y ha levantado el vuelo.
¿Qué ha perdido o ganado la montaña
con ello? (20)
Cuando eres recto, desaparece todo lo tortuoso. Nunca
pierdas la esperanza.
Asociarse con los reyes no amenaza la vida que, antes
o después, se pierde. El peligro está
en otra parte: cuando aparecen los reyes; cuando, semejante
a un dragón, su alma carnal (nafs) se ha fortalecido,
quien se asocia con ellos y pretende su amistad y sus
favores tiene que mostrarse necesariamente de acuerdo
con sus opiniones; acepta en su corazón sus frases
aviesas sin poder oponerse a ellas. Y ahí está
el peligro: en el perjuicio que esta sumisión
puede causar a su religión. Cuando te pones de
parte de Al-lâh, se te hace extraño lo
esencial. Mientras sigues esta dirección, tu
Amado se aleja de ti. Y mientras mantienes buenas relaciones
con las gentes de este mundo, el Amado está airado
contigo. «Si ayudas a un tirano, Al-lâh
hace que ese tirano te domine.» (21) Ir hacia
él implica el mismo dominio. Al final, cuando
adoptas esa dirección, Al-lâh hace que
él te domine.
Es lástima llegar al mar para sacar de él
sólo un cántaro de agua, cuando en él
se encuentran perlas y cien mil cosas preciosas. ¿Qué
valor tiene el agua? ¿Y de qué se glorifican
los sabios? ¿Por qué lo hacen, cuando
todo el universo es espuma sobre el mar? Este mar es
el conocimiento de los santos. ¿Dónde
se encuentra la Perla? Este universo es espuma llena
de ramillas. Por el movimiento de las olas y el hervor
del mar, esta espuma reviste una cierta belleza.
«El amor de lo apetecible aparece engalanado para
las gentes: las mujeres, los hijos, el oro y la plata
atesorados, los caballos de raza, los ganados y los
campos de cultivo. Todo eso es breve disfrute de la
vida presente.» (22)
Al-lâh dice «engalanado» para mostrar
que esas maravillas no son hermosas en sí mismas;
su belleza es prestada y tiene otro origen. Es una moneda
falsa recubierta de oro, y el mundo, como un copo de
espuma, es esta moneda, falsa y carente de valor, pero
que nosotros hemos recubierto de oro. Éste es
el sentido de las palabras «engalanado para las
gentes».
El ser humano es el astrolabio divino, pero se necesita
un astrónomo que conozca bien el astrolabio.
¿Qué interés, si posee uno, podrá
sentir por el astrolabio el vendedor de verduras y especias?
¿Y qué le revelará ese astrolabio
sobre el estado de los cielos, su rotación, o
las influencias y movimientos de los astros? El astrolabio,
en cambio, presenta una gran utilidad para el astrónomo,
pues, «quien se conoce a si mismo, conoce a su
Señor». (23)
Lo mismo que este astrolabio de cobre es el espejo de
las esferas, es igualmente astrolabio de Al-lâh
el ser humano, del que Al-lâh ha dicho «Hemos
ennoblecido a los hijos de Adán».(24) Cuando
el Altísimo se ha dado a conocer al hombre y
lo ha hecho consciente de Él, este hombre, en
el astrolabio de su propio ser, ve en cada instante,
en cada momento, la irradiación de Al-lâh
y su Belleza, sin igual en ninguna otra. Y esta Belleza
nunca está ausente del espejo.
Al-lâh tiene servidores revestidos de sabiduría,
conocimiento y gracia, aunque la gente carezca de la
visión que les permitiría verlos. No obstante,
a causa del extremado celo (de Al-lâh), estas
gentes se engalanan, como dijo Mutanabbî.
No llevan sedas estampadas como adorno,
sino para preservar su belleza.
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