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En
primer lugar, lava tus manos intentando retirarlas de
los asuntos de este mundo. Luego enjuaga tu boca recordando
y recitando el nombre de Allah. Enjuaga tu nariz deseando
inhalar los perfumes de lo divino. Lava tu cara sintiendo
vergüenza e intentando quitarle la arrogancia e
hipocresía. Lava tus antebrazos confiando en
que Allah te haga hacer el bien. Humedece la parte superior
de tu cabeza sintiendo humildad y limpia tus orejas
deseando escuchar como se te dirige tu Señor.
Quita de tus pies la suciedad del mundo para no manchar
las arenas del paraíso. Luego da las gracias
y alaba al Señor y manda paz y bendiciones sobre
nuestro Maestro, quien trajo los cánones del
Islam y nos las enseñó.
Después
de dejar el sitio de la ablución sin darle la
espalda, ejecuta dos ciclos de oración en esperanza
y agradecimiento por la pureza.
Después
ponte en el sitio donde vayas a hacer tus oraciones
como estando entre las dos manos de tu Señor.
Imagínate sin formas ni líneas que estás
mirando hacia la Kaaba y que no hay nadie aparte de
ti en la faz de la tierra. Esfuérzate a expresar
la servidumbre físicamente. Elige los versos
que vayas a recitar y entiende su significado dentro
de ti. Con los versos que empiezan por: “Di…”,
y sinete que estás hablando a tu Señor
como El desea que lo hagas: haz que cada palabra contenga
alabanza. Deja espacio entre las frases para contemplar
lo que nuestro Maestro, el Mensajero de Allah, nos ha
dado e intenta mantenerlo en tu corazón. Creyendo
que tu destino te está escrito en la frente,
sitúala humildemente en el suelo para la postración.
Cuando termines y des el saludo a la derecha e izquierda,
pon la mirada en ti mismo y la conexión con tu
Señor, porque estás saludando al Uno bajo
cuyos poder estás y que está dentro de
ti.
Cuando entres en un sitio, da saludos en nombre de Allah
internamente y una vez que estés dentro, bendícelo
con dos ciclos de oración.
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