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| Adab:
la cortesía del sendero
Los sufis crearon un sistema de desarrollo humano basado en el amor, y utilizan al pode del amor para despertar y transformar a los seres humanos. Rumi enseñó que toda persona tiene el potencial para graduarse en el arte de amar. El amor es la respuesta al problema de la existencia humana. El camino hacia Dios pasa por el servicio. El asunto es amar y estar conectados con otros mediante ese amor. La forma de trabajo sufi normalmente incluye un grupo o familia espiritual. Los sufis crearon un medio en el cual el amor humano era tan poderoso que éste automáticamente se elevaba al nivel de amor cósmico. Todas las formas de amor llevan finalmente al amor espiritual. "Ashq olsun", dicen en turco: "que se convierta en amor." Los sufis cultivaron una amabilidad y refinamiento que permitieron que el amor fermentara hasta convertirse en un vino fino. Alentaron el servicio a la humanidad como una expresión del amor que sentían. Aceptaron una disciplina rigurosa con el objeto de mantener el fuego del amor ardiendo con fuerza. El cargador corre a quitar la carga pesada
a los demás,
Muhammad dijo: "Ninguno de Uds. Tendrá una fe auténtica hasta que sus corazones sean encauzados, ni sus corazones podrán ser encauzados hasta que sus lenguas sean encauzadas, ni sus lenguas podrán ser encauzadas hasta que encaucen sus acciones." A medida que uno comienza a darse cuenta de los beneficios y de las posibilidades del adab, se visualiza con impresionante claridad todo lo que se ha perdido en la cultura contemporánea en nombre de una libertad e individualidad hipotéticas. Cuando un derviche pasa sobre el umbral de una tekia sufi, deja atrás el "mundo" (dunya) y sus intereses. Nunca pisa el umbral, pasa por encima de él. La tekia es la escuela del amor, Vamos allí para observar, escuchar y aprender a practicar el servicio, no para perseguir las ambiciones del mundo, ni satisfacer o promover nuestro ego, así como tampoco a consumir experiencias "espirituales" excitantes. Recomendamos llegar a la tekia en estado de ablución --esto puede consistir en darse un regaderazo corto antes de ir. Es bueno tener un cuerpo y un aliento limpios. Incluso es conveniente considerar qué comemos antes de un encuentro. Si algunos tienen la fragancia de almizcle y rosas, mientras otros huelen a ajo y cebolla, la "atmósfera" sufrirá. Usar ropa modesta limpia y sencilla es una señal de respeto hacia uno mismo. Vamos a un lugar y a un momento de adoración -no a un evento deportivo o a un club nocturno. Es importante llegar por lo menos un poco
antes del inicio de la reunión –se recomienda con 10 minutos
de anticipación. No es necesario darle un abrazo obligado a todas
las personas que veas -especialmente antes de la reunión cuando
puede haber poco tiempo. Una vez comenzada la reunión, nuestro
foco se centra en el proceso que se ha iniciado. Los que llegan tarde
deberán encontrar un lugar donde sentarse si es que hay espacio
en el círculo, pero sin interrumpir la meditación de las
personas. Al término del zikr saludamos a las personas que se encuentran
al lado derecho y al izquierdo besándoles sus manos y dando gracias.
La intención de esto, sin embargo, es que sea un saludo simple
-no una meditación prolongada. La vida de la tekia nos relaciona con gente
a la que quizás no escogeríamos para compartir nuestra vida
cotidiana; sin embargo, lentamente llegamos a comprender que cada relación
es importarte y nos ha sido provista como una oportunidad para conocernos
a nosotros mismos y purificar nuestros corazones. Este círculo
de amantes está aprendiendo a manifestar la realidad de la Unidad
(taujid), la realidad de la hermandad entre hombres, entre mujeres, el
verdadero compañerismo. Debemos tratarnos unos a otros no solo
como una familia, sino incluso mejor de lo que la mayoría de las
familias se tratan. Puede ocurrir que en la tekia aprendamos a tratar
a nuestra propia familia de la forma en que deberían ser tratados.
Como estamos intentando alinearnos con la Realidad, enfrentaremos muchas pruebas y es inevitable que existan algunas tensiones interpersonales de vez en cuando. El adab nos ayuda a evitar algunas conductas destructivas que pueden interferir o incluso destruir relaciones en un círculo sufi (jhalka). Existe una relación especial entre el o la derviche y su sheij. El respeto y el afecto que se desarrollan se traducen en amabilidad y en una consideración especial hacia el sheij, especialmente durante los encuentros. El sheij es quien determina el tono del círculo y quien guía el discurso. Idealmente, es como un centro vacío que responde a las necesidades más profundas del círculo. Es quien percibe los vientos espirituales, ajusta las velas y determina el curso del barco.
- Ser rectos, sinceros y veraces. Como dijo un amigo nuestro, el Sheij Tosun Bayrak al-Yerrahi: "Con lo difícil que puede ser encontrar un sheij perfecto, más difícil aun es encontrar un derviche con las condiciones mínimas." En uno de los textos sufis más antiguos, el Kashj al-Mahjub de Hujwiri, se cita a Abu Hafs Hadad Nayshaburi diciendo: "el sufismo, en su totalidad, consiste de diversas formas de adab. Cada momento, cada estación, y cada estado tiene su acción propia. El expresar un comportamiento adecuado en cada momento es alcanzar la medida de los grandes sufis. Quien falla en este adab no puede imaginarse la cercanía con Dios, ni que Dios pudiera aceptar su comportamiento."
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