Adab y Discernimiento
 
 
  El Adab, es, de hecho, un sector particularmente problemático de la Sunna (tradición o costumbre del Profeta), y esto a causa de dos factores, a saber, la interpretación estrecha y la convención ciega. El Adab puede convertirse, al hacerse anodino, en un formalismo separado de sus intenciones profundas, hasta el punto de que las actitudes formales suplanten a las virtudes intrínsecas que son su razón de ser. Un Adab mal entendido puede dar lugar a la disimulación, a la susceptibilidad, a la mentira, al infantilismo. Bajo el pretexto de que no hay que contradecir a un interlocutor ni decirle nada desagradable, se le deja en un error perjudicial o se omite comunicarle una información necesaria, o se le infligen por amabilidad situaciones cuando menos indeseables, y así sucesivamente.
 
 

Sea como fuere, es importante saber, y comprender, que el Adab, aun bien entendido, tiene sus límites: así, la tradición recomienda cubrir la falta de un hermano si de ello no resulta ningún perjuicio para la colectividad, pero prescribe que se reprenda a este hermano en privado, sin consideración para el Adab, si hay alguna posibilidad de que la reprimenda sea aceptada; del mismo modo, el Adab no debe impedir que se denuncien públicamente faltas y errores que pueden contaminar al prójimo.

En lo que concierne a la relatividad del Adab, recordemos aquí que grandes Shaijs a veces obligaron a sus discípulos a romper ciertas reglas, sin ir, no obstante, en contra de la Ley, la Shari'a. No se trata en este caso del enfoque de la Tariqa Malamati, donde se busca la propia humillación, sino simplemente del principio de la «ruptura de los hábitos» con miras a la «sinceridad» (sidq) y a la «pobreza» (faqr) ante Dios.

El gran Shaij Al Darqáwi, afirmaba:
"La búsqueda sistemática de los actos meritorios y la multiplicación de las prácticas supererogatorias son un hábito entre otros y dispersan al Ojo del Corazón. Que el discípulo se limite, pues, a un solo Dhikr, a una sola acción, cada uno según lo que le corresponda".

Desde un punto de vista algo diferente, se podría objetar que una interpretación quintaesencial y por consiguiente muy libre de la tradición o sunna, sólo puede concernir a algunos sufíes y no a los principiantes. Diremos más bien que esta libertad concierne a los sufíes en cuanto han sobrepasado el mundo de las formas; pero concierne igualmente a los principiantes, en cuanto siguen la vía Sufi y su punto de partida se inspira necesariamente, por este mismo hecho, en la perspectiva conforme a esta vía. Ya que tienen conciencia desde el principio de su camino, de la relatividad de las formas, de algunas sobre todo, de modo que un formalismo social con supuestos sentimentales no puede imponérseles.

La relatividad de ciertas costumbres, no invalida la importancia que tiene la integridad estética de las formas, hasta en los objetos de que nos rodeamos; pues abstenerse de un acto simbólico no es en sí mismo un error, como sí lo es, y en forma permanente, la presencia de una forma falsa. Aun aquel que es subjetivamente independiente de ello no puede negar que es un error, y por lo tanto un elemento contrario, en principio, a la salud espiritual y a los imponderables de la Báraka (gracia).

La Necesidad de Esencialidad
Por otra parte, el conocimiento de los diversos mundos tradicionales y por consiguiente de la relatividad de las formulaciones doctrinales o de las perspectivas formales, refuerza la necesidad de Esencialidad, por una parte, y de Universalidad, por otra.
Lo esencial y lo universal se imponen tanto más cuanto que vivimos en un mundo de sobresaturación filosófica, de falsos maestros y de hundimiento espiritual.