“¿Te
das cuenta que yo también llevo un hijo?”,
preguntó Mariam.
“Mira
– dijo Ishá – el bebé de mi
vientre está haciendo reverencias al bebé
que está en el tuyo!”.
La humilde postración hecha por el nonato Juan
al nonato Mesías Jesús, fue un saludo
de reverencia, no un acto de adoración. La postración
en adoración se hace solamente al Señor
de los Mundos. El acto de devoción del nonato
Juan fue un reconocimiento a la naturaleza profética
del amado Jesús y en honor a su misión
de Divina Palabra.
Al honorable Juan se le describe en el Sagrado Corán
como aquél que atestiguará la verdad de
una palabra de Al-lâh. (C.3:39)
Ishá le dijo a su iluminada sobrina: “Oh
María, el movimiento de regocijo que siento en
mi vientre me ha hecho comprender que tú llevas
un gran ser, milagrosamente concebido. Sin embargo,
la gente común, incluyendo a nuestras propias
familias, no serán capaces de apreciar este misterio.
Te considerarán como una desgracia y les impondrán
a ti y a tu hijo una carga de culpa, acusándolos
de traidores y engañosos. No tengas a tu hijo
aquí, mejor busca un lugar fuera de la ciudad
para el alumbramiento”.
Ciertamente se dio esa hostilidad, en cuanto se hizo
evidente la condición de la bendita Virgen la
gente empezó a decirle: “¿Cómo
pudo pasarte esto? ¿Qué no eres tú
la hermana del santo Aarón y la hija de ese hombre
perfecto, ‘Imran? ¿Acaso no eres tú
la hija de Hanna, ejemplo de virtud espiritual?”.
María no respondió a estas dolorosas preguntas
con palabras. En su lugar, ella puso la mano derecha
sobre su frente y luego la bajó al abdomen, para
tocar primero su hombre derecho y posteriormente el
izquierdo; en un gesto de sello místico. Este
signo original de la cruz significaba su declaración
silenciosa –como la que hizo una vez su tío,
el profeta Zacarías- ella señaló
a la gente: “El bebé en mi vientre se parte
del destino escrito en mi frente. Los ángeles
que apuntan a mi derecha e izquierda dan testimonio
de esto, como lo hace Al-lâh, el Altísimo”.
Esta es la forma en que el venerable Al-Kalbí,
un historiador islámico iluminado, relata el
evento:
La
gente le decía a José, primo de María:
“¿Has oído las noticias? María
ha sido acusada de faltar a su castidad y se encuentra
encinta. Si esto llegara a los oídos de nuestro
más alto sacerdote, la condenaría a la
muerte por lapidación”.
El
venerable Zacarías había solicitado a
José de Canaán que fuera el guardián
de la Virgen María, puesto que era pariente de
ella. José estaba muy sorprendido al escuchar
tales cosas, puesto que nunca la descuidó. ¿Cómo
pudo María, el alma misma de la pureza, haber
cometido tan pecaminosa falta?
Una
vez que José se convenció de la veracidad
de las acusaciones, estaba preparado para permitir que
las autoridades religiosas la juzgaran. Sin embargo,
un ángel apareció en forma humana. Este
ser radiante, una vez declarada su identidad angelical,
le informó a José: “Ten cuidado
de cometer un lamentable error. Su embarazo es un milagro
del Espíritu Santo. Ella es una mujer casta y
perfectamente virtuosa. Aquél que le haga cualquier
daño se verá condenado eternamente”.
Después
de haber escuchado estas inspiradas palabras, José
llevó en un burro a la bendita Virgen María
fuera de la tierra de Palestina, hacia Egipto. Con esto
la salvó de morir lapidada, ya que la inflexible
ley religiosa de la Torah no se practicaba en Egipto.
De acuerdo a otra tradición oral, mientras que
los días pasaban, José se dio cuenta de
la indudable condición de la joven mientras ambos
servían en el templo. El se encontraba perdido
tratando de entender cómo pudo haber ocurrido
este embarazo: “¿Cómo puedo sospechar
que María haya pecado, cuando se encuentra incesantemente
en alabanza y obediencia a Al-lâh, y es tan intenso
su temor y amor por Al-lâh? No, no, eso no puede
ser, ella es del todo inocente. Soy testigo de que ella
emplea todo el día y la noche en meditación
y servicio a Dios, exaltado sea. Siempre está
a mi lado, sirviendo al Señor de los Mundos”.
Cierto, nadie podrá ser comparado con la devoción
y cercanía al Creador del Universo que tenían
en esa época José y María.
El noble José estaba desesperadamente preocupado.
Él tenía la seguridad de su inocencia,
aunque era claro como la luz del día que ella
estaba embarazada. ¿Cuál podría
ser la explicación? Finalmente se acercó
a María y le dijo: “Oh Virgen María,
me siento muy afligido por tu condición. Nunca
me he sentido tan triste. No quería decir nada,
pero ahora me siento forzado a preguntarte. ¿Cómo
pasó esto? ¿Ha habido una cosecha sin
haberse sembrado semilla?”.
María dijo que, en efecto, así había
sucedido.
“¿Ha
retoñado un árbol sin haber sido regado?”,
insistió José.
Ella otra vez asintió tranquilamente.
Cuando José preguntó: “¿Ha
venido a la existencia un niño sin padre?”,
la Virgen bendita respondió: “Cuando Al-lâh,
Exaltado Sea, creó los primeros frutos, ¿acaso
crecieron de semilla? ¿No has considerado que
Al-lâh creó primero a los árboles
con el mandato, ¡Sea! Y sólo entonces hizo
que el agua fuera su fuente de vida? Fue después
de la creación de los frutos, que la semilla
fue creada. ¡Oh José! Recapacita cuidadosamente.
Tu pregunta es un negación sutil del poder de
Al-lâh. ¿Podría evitar la ausencia
de agua que Al-lâh creara a los árboles?
En ausencia de semilla ¿habría El carecido
del poder para producir el fruto? De hecho, el Exaltado
Creador, que produjo árboles cuando no había
agua y frutos sin haber semilla, es el responsable de
la creación sin padre del niño que ahora
llevo en mi vientre”.
José entendió la profundidad con la que
la Virgen María había hablado. Estuvo
de acuerdo con lo que ella dijo y no hizo mas preguntas.
Él continuó fielmente a su lado en el
servicio sagrado del templo, atestiguando con temor
el despliegue de su destino.
Biógrafos inspirados e historiadores tienen diversos
puntos de vista con respecto a la duración del
embarazo de la Madre Virgen. Algunos dicen que llevó
al niño el término de duración
normal de nueve meses y diez días; mientras que
otros sostienen que dio a luz al octavo mes.
Hay otros que aseguran que el período de gestación
fue de seis meses, o inclusive, no más de tres
horas. Se ha sugerido, que el tiempo entre la concepción
y el nacimiento fue apenas de una hora; ya que Al-lâh,
Exaltado Sea, no menciona nada en Su Sagrado Corán
del intervalo entre estos dos eventos.
Así ella lo concibió y retiro con él
a un lugar remoto. (C.19:22)
Un comentarista conservador escribe:
“Podemos
desprender de este verso coránico, que la Virgen
bendita concibió a Jesús en el lugar donde
se bañaba, a una hora de distancia de la ciudad,
y que fue creado y formado dentro del vientre de su
madre en esa misma hora y que lo dio a luz en el medio
día de ese mismo día”
El comentarista agrega:
“En
el tiempo en el que dio a luz al amado Jesús,
la Virgen María tenía quince años
de edad. Solamente había menstruado en dos ocasiones”.
La bendita Virgen no sabía que hacer cuando se
presentó el parto. Decidió buscar un lugar
apartado, donde no hubiera testigos. Dejó Jerusalén
y caminó hasta alcanzar un área rodeada
por palmeras de dátiles. Para relajar la presión
de las contracciones, descansó su espalda contra
el tronco de una palmera.
No había un lecho, ni una superficie suave, ni
siquiera un pedazo de tela con que recibir al recién
nacido. Sus benditos ojos se dirigieron a las hojas
caídas de aquella palmera, y entonces, escuchó
una voz divina: “Recoge algunas hojas y extiéndelas
sobre el piso para que te sirvan de lecho”.
María obedeció humildemente este mandato
divino. La cama, natural y sencilla, fue preparada y
pronto arribó el esperado invitado para honrar
este mundo. Mientras el amado Jesús estaba siendo
alumbrado, los ángeles vinieron, rango sobre
rango, y rodearon la palmera, proclamando la grandeza
de Al-lâh.
Sediento después del esfuerzo del parto, la bendita
Mariam buscaba un poco de agua, el elemento que sostiene
la vida. La necesitaba para recuperar su energía
vital y para lavar al luminoso bebé recién
nacido. Sus sentimientos se encontraban confundidos,
el asombro y el temor se alternaban con la ternura maternal
y la compasión. Ella rebosaba de amor por su
bebé acabado de nacer, sin embargo, surgió
la ansiedad en su hermoso corazón mientras se
preguntaba qué diría en defensa de su
honra y virtud, cuando la gente viera al santo niño.
Consternada suspiró: “Si tan sólo
hubiera muerto antes de esto y ya estar completamente
olvidada”. (C.19:23)
Pero Al-lâh el Altísimo no la había
olvidado. Surgió una voz cerca de ella diciendo:
“¡No te aflijas! Tu Señor ha puesto
un riachuelo junto a ti. Sacude el tronco de la palmera
para que caigan los dátiles maduros”. (C.19:24-25)
Algunos eruditos del Corán consideran que la
voz que Mariam escuchó fue la del ángel
Gabriel. Otros creen que fue la del mismo niño
Jesús, dirigiéndose milagrosamente a su
madre, por el mandato de Al-lâh, en el momento
mismo de su bendito nacimiento.
El milagro de que un recién nacido hablara no
tiene precedente histórico en la humanidad, y
no se repetiría hasta el nacimiento de nuestro
glorioso Mensajero, el Amado de Al-lâh.
El noble Profeta Muhammad se postró en alabanza
en el mismo momento en el que dejó el vientre
materno, para orar al Señor de los Mundos por
el bienestar de su futura comunidad espiritual.
Este milagroso suceso fue reportado por la venerada
madre de nuestro Maestro, la bendita Amina. El venerable
poeta místico Suleiman Chelebi representa este
evento, en su Mevlid-i-Sherif, a través de los
ojos de Amina:
“Volviéndose,
la bendita madre Amina descubrió al bebé,
quien era el bienestar de toda humanidad, orando en
profunda alabanza en la dirección de la Santa
Kaaba, en postración total. Entonces se sentó
y entonó la oración de testimonio de la
Unidad Divina, ashadu an la ilaha illa-llah, levantando
el índice de su pequeña mano derecha.
El bebé llamó a Al-lâh en tonos
que fundían el corazón: “Ya Al-lâh.
Me vuelvo hacia Ti y solo a Ti, tráeme mi comunidad
espiritual. Permíteles a todos alcanzar la bendita
cercanía Contigo”.
No deberíamos pensar que son milagros increíbles.
Al-lâh, el Todopoderoso hizo que un insecto le
hablara al profeta Salomón en el Valle de las
Hormigas. En el Día de la Resurrección,
por venir, El hará que nuestras manos testifiquen
sus acciones, mientras nuestros labios permanecerán
sellados. Si así El lo desea, Al-lâh es,
con toda seguridad, capaz de dar el poder de hablar
aun infante.
Nuestro ilimitado intelecto es incapaz de comprender
la creación de los Profetas y los milagros conferidos
sobre ellos. Una actitud receptiva a estas maravillosas
manifestaciones, nos es más fructífera
que su negación.
El niño Jesús no habló por su propia
voluntad, sino por la inspiración de Al-lâh,
quien es capaz de todas las cosas. Al-lâh el Más
Alto consoló a la afligida Madre Virgen haciendo
que el niño se dirigiera a ella.
En esencia su Señor estaba diciendo: “¡Oh
bendita madre María!, no te desesperes. Tu Exaltado
Señor ha hecho de este niño un gran profeta
y un noble líder. Mira, tu Señor ha hecho
que fluya una corriente de agua clara y dulce. Bebe
de esa agua y lava a tu bebé y a ti misma en
ella. Sacude la palma para que te de dátiles
frescos”.
Al-lâh
continuó hablando al corazón de la Virgen:
Así que come, bebe y confórtate. Y si
vieres a algún mortal, dile: "He prometido
ayuno al Todomisericordioso, así que no puedo
hablar a ningún ser humano" (C.19:26)
El
dulce arroyo, que la Realidad Todopoderosa y Autosubsistente
hizo fluir donde no había agua antes, no era
un arroyo terrenal. Se volvía frío cuando
la Virgen bendita deseaba beber y se volvía caliente
cuando ella quería bañarse o lavar a su
pequeño hijo.
El
venerable Ibn Abbás establece que este arroyo
surgió en el punto en el que Jesús tocó
el piso con su pie. Igual como apareció el santo
manantial Zamzam, cuando el bebé Ismael -que
la paz esté con él- golpeó con
su talón en el suelo donde hoy está el
santuario de la Meca.
Tan
pronto como la Virgen María dio a luz al niño
Jesús, la palma invernal se tornó verde
y dio frutos para que ella se consolara. De la misma
forma. Al-lâh el Altísimo surtió
a Mariam con frutos invernales en verano y frutos veraniegos
en invierno, cuando ella devotamente se encontraba en
alabanza solitaria en un cuarto accesible solamente
al profeta Zacarías, que la paz esté con
él.
Sólo
Al-lâh es Todocapaz y Todopoderoso. Estos milagros
fueron enviados para librar la ansiedad y la pena que
sentía la Madre Virgen al comprender la calumnia
que tendría que soportar. Se le dijo claramente:
"¡No te aflijas! No respondas a esos infieles
que niegan el poder de Al-lâh. Señálales
que el día de hoy tienes voto de silencio. Come
y bebe con júbilo y no te preocupes. El ignorante
no es digno de tu explicación".
Verdaderamente,
es mejor alejarse con dignidad de las tonterías
y la ignorancia. La Madre bendita obedecía muy
animada estos mandatos divinos.
Alimentaba
al niño Jesús que le conversaba con lenguaje
fluido. José el carpintero se encontró
con que su amada protegida había dado a luz.
Se puso a recoger madera para hacer una fogata que mantuviera
caliente a la Virgen. Entonces sacó siete nueces
de su bolsillo, las partió y se las dio para
que las comiera.
"Cuando
estaba encinta de Jesús -recordaba la Virgen
bendita- solía oírlo glorificar a Al-lâh
desde mi vientre. Cuando alguien me saludaba, escuchaba
a Jesús devolviendo el saludo desde mi interior".
La
siguiente tradición oral ha sido transmitida
desde el Príncipe de los Profetas, el bendito
Muhammad Mustafá: "Cada vez que un ser humano
nace, Satán apunta hacia el bebé con un
dedo. Pero el demonio no tuvo forma de hacerlo al hijo
milagroso de María. Al-lâh protegió
a Jesús de este toque perverso".
En
el mismo día, después del Nacimiento Virgen,
se vio caer en postración a los falsos ídolos
de todo el mundo. El nacimiento de Jesús causó
a Satán gran aflicción. El Mesías
Jesús también daría las nuevas
a la humanidad y a los seres de los planes sutiles de
la venida del Príncipe del Universo, el amado
profeta Muhammad.
El
glorioso Corán revela las siguientes palabras
del amado Jesús: "Oh, hijos de al sagrada
Israel, yo soy un mensajero de Al-lâh para ustedes,
confirmando la sagrada Torah que me precede, y traigo
buenas nuevas de un Mensajero que vendrá después
de mí, cuyo nombre es Ahmad, que significa el
altamente alabado".
Pero
cuando Jesús se presentó ante ellos con
claras señales divinas, ellos dijeron: “Esto
es pura brujería” (C. 61:6)
Jesús,
que la paz esté con él, había dado
a la gente de Israel las buenas noticias de que nuestro
maestro Muhammad vendría como una gracia para
todos los mundos. Sin embargo, cuando Muhammad finalmente
llegó, fue acusado de hechicería, descartando
al Sagrado Corán y a sus benditos milagros como
producto de la imaginación y la magia.
Satán
y sus fuerzas negativas se aterrorizaron cuando los
ídolos falsos se voltearon cara hacia abajo después
del nacimiento de Jesús. No podían entender.
Todos los demonios se congregaron para consultar a Satán,
a quien encontraron sentado en un trono que flotaba
en el agua: “¿Qué ha pasado? –les
preguntó- ¿Cuál es la razón
de todo este pánico?”
En
una sola voz respondieron: “Esta mañana
hemos encontrado todos nuestros falsos ídolos
volteados sobre sus caras. Tememos que los humanos ya
no los adoren. Hemos venido a buscar tu consejo, pues
no sabemos la causa ni el significado de todo esto”.
Satán
les dijo: “Tampoco sé nada de estos sucesos,
deben esperar pacientemente mientras investigo qué
está pasando en el universo les informaré
tan pronto sepa”.
Instantáneamente
voló en su extraño trono. Al llegar al
lugar donde el amado Jesús había nacido
y encontrar ahí a los santos ángeles ensimismados
en adoración, Satán se dio cuenta de que
había encontrado la causa. Cuando los ángeles
vieron a Satán, le impidieron el paso, arrojándolo
del sagrado lugar de la natividad.
Así
Al-lâh, gloriosa sea Su Majestad, protegió
a Jesús del daño de Satán. A esto
es a lo que nuestro bendito Maestro se refería
en la tradición oral que se citó anteriormente.
Cuando
Satán se presentó ante sus cómplices
demoníacos, les dijo: “La caída
de los ídolos falsos parece haber sido causada
por el nacimiento del profeta Jesús. Usualmente
se me informa cuando una mujer está encinta,
pero no tuve noticias del nacimiento de este niño.
–Agregó entonces- a muy pocos profetas,
a los que nos hemos opuesto anteriormente, han sido
otorgados poderes milagrosos como los de Jesús.
La razón por la cual no tuve conocimiento previo,
es que el Mesías Jesús fue creado por
el aliento de Gabriel, el Confiable, y yo no puedo ir
a donde esté presente el arcángel Gabriel.
Pero no se desanimen. Tomaremos ventaja del hecho de
que este niño fue concebido sin padre. Llevaremos
por el camino erróneo a muchos de sus futuros
seguidores con la creencia de que, como Jesús
no tiene padre mortal, debe ser el literal hijo de Dios”.
Aquéllos
que aman al noble Jesús, deberían tener
presente que dos grupos de gente son desviados por las
maliciosas distorsiones difundidas por Satán.
El primer grupo consiste en los que aman intensamente
al Mesías Jesús, pero que le atribuyen
divinidad absoluta y niegan su naturaleza humana. Tienen
la creencia politeísta de que Jesús es
solamente una segunda deidad, por lo que pierden las
bendiciones de su humanidad perfecta. El segundo grupo
está formado por los que niegan la auténtica
naturaleza profética de Jesús. Lo miran
como un hijo ilegítimo y le atribuyen falsamente
a su santa madre los pecados del adulterio y la mentira.
La negación involucrada en ambos grupos no prevalecerá
sobre la verdad.
Los
musulmanes creen que el amado Jesús es un alma
profética suprema, que se manifestó únicamente
por el poder de Al-lâh, para expresar el mismo
Espíritu de Dios. Los musulmanes creen que Jesús
fue crucificado sólo en apariencia, ya que en
el Corán está escrito: Ni lo mataron ni
lo crucificaron, aunque eso les pareció... Al-lâh
lo elevó hasta Sí Mismo. (C. 4:157-158)
Tanto
los musulmanes como los cristianos aceptan la ascensión
corporal de Jesús al Paraíso y ambos esperan
su milagroso retorno a la tierra. Al-lâh reveló
al noble profeta Muhammad un total de más de
cien versos coránicos, en los que enaltecen y
veneran a Jesús y a su madre Virgen.
Dos
Suras completos del Sagrado Corán están
principalmente dedicados a ellos, el Sura Mariam y el
Sura as-Saff. Este último también es llamado
el Sura Isa, o Capítulo de Jesús.
Los
versos del Sagrado Corán están dirigidos
a aquellos que tienen temor de Dios, a aquellos que
adoran, obedecen y aman al Dios Uno, a los que reconocen
al noble Muhammad y a todos los profetas que vinieron
antes que él, junto con las sagradas escrituras
que les fueron reveladas y a aquellos que comparten
sus sustento con el pobre. Se nos ha asegurado que la
salvación y el éxito en ambos mundos es
alcanzado por personas de fe como esta.
Al
recibir interiormente las noticias del nacimiento del
amado Jesús, un grupo de sabios emprendió
la marcha desde sus tierras, para presentar sus respetos
al santo Niño. De camino a Belén, la caravana
atrajo la atención del gobernante de Siria, quien
preguntaba acerca de su destino. “El Mesías
ha venido al mundo –le dijeron- una estrella milagrosa
ha aparecido en el cielo para guiarnos hasta él,
a fin de presentarle regalos al Santo Niño”.
“¿De
qué tipo son los regalos que ustedes portan?”
preguntó el tirano.
“Oro,
bezoar y mirra son los regalos simbólicos más
importantes que llevamos” respondieron.
Cuando
se les preguntó por qué consideraban apropiadas
estas ofrendas para el Mesías, explicaron: “El
oro es el maestro de todos los poderes del mundo, y
el Mesías Jesús es el Maestro de esta
era. Bezoar es el remedio para cualquiera herida, el
antídoto para toda enfermedad. El Mensajero que
acaba de nacer será un remedio curativo para
muchos que están enfermos y que sufren. Con el
permiso divino, hará que el ciego vea, que sane
el leproso y volverá a la vida a los muertos.
En cuanto a la mirra, su perfume se eleva a las moradas
celestiales y atrae a la corte angelical. Esto también
es simbólico, pues la gente buscará matar
a Jesús, pero el exaltado Señor lo elevará
al cielo, así como se eleva la esencia de la
mirra”.
El
gobernador de Siria se volvió loco de envidia
al escuchar este relato de los sabios y decidió
convertir al amado Jesús en un mártir.
“Infórmenme de su paradero cuando lo encuentren
–les dijo a los sabios- para que yo también
pueda enviarle las ofrendas apropiadas”.
La
caravana continúo su camino hasta llegar con
la Virgen María y presentar sus regalos. El pequeño
Mesías se dirigió a ellos y les dijo:
“Si se encuentran nuevamente al gobernador de
Siria, no le digan donde estoy. Él siente envidia
hacia mí e intenta hacerme un mártir”.
En
el viaje de regreso a sus lugares de origen, la caravana
evitó pasar por los dominios sirios.
Capítulo
Siete
El regreso de la Madre Virgen a su gente
El noble José escondió a su prima Mariam
en una cueva por cuarenta días después
del alumbramiento. Al término, se reunieron con
la familia. En el camino, el niño Jesús
le decía a su madre: “Oh, madre bendita,
recibe las buenas nuevas de que yo soy servidor y Mesías
del Exaltado Señor. No sientas pena ni desmayo”.
Sin
embargo, los parientes de María sintieron aflicción
cuando la vieron llegar con el bebé en su pecho.
El Santo Corán nos relata: Entonces ella lo trajo
a su gente, llevándolo en sus brazos. Ellos dijeron:
“¡Oh! Hermana de Aarón, tu padre
no fue un hombre inmoral, tampoco fue impura tu madre”.
Ella les indicó que debían preguntarle
al amado Jesús. Dijeron: “¿Cómo
podemos hablarle si sólo es un pequeño
de cuna?” Jesús respondió: “Yo
ciertamente soy un servidor de Al-lâh. Él
me ha dado la revelación y me ha designado Su
profeta. Él me ha hecho bendito, donde sea que
me encuentre, y me ha ordenado que rece y que Lo sirva
a lo largo de toda mi vida. Él me ha hecho amable
con mi madre y no me ha hecho ni arrogante ni rebelde.
La paz estuvo conmigo el día en que nací
y estará el día en que muera y el día
en que ascienda al Paraíso”. Así
era Jesús, el hijo de María. Esta es una
clara afirmación de la verdad que ellos discutían.
(C. 19:27-34)
La
lectura cuidadosa de estos versos coránicos nos
muestran que el amado Jesús le dijo a su gente:
“Soy el servidor de Al-lâh”. Él
no afirmó: “Soy literalmente el hijo de
Al-lâh”.
Los
musulmanes reconocen que Jesús, la paz esté
con él, es el sublime sirviente de Dios y uno
de Sus divinos mensajeros. Con el conocimiento de que
Jesús fue creado sin padre, lo llaman Ruhullah,
el espíritu de Dios.
Los
creyentes cristianos aciertan al sentir gratitud por
el venerable Muhammad Mustafá, aún cuando
no han podido aceptarlo como su profeta, porque ha sembrado
un gran amor por la Virgen María y su hijo Jesús
el Mesías en millones de corazones.
El
mensaje esencial de todos los profetas ha sido el mismo:
La ilaha ila-láh. No hay nada digno de adoración,
excepto el Dios Uno.
Por
lo tanto, mencionamos a cada profeta con la única
afirmación de unidad divina:
La
ilaha ila-láh, Adam Safíiu-láh.
Sólo
el Dios Uno es digno de alabanza, y Adán es el
amigo de Al-lâh.
La
ilaha ila-láh, Nuh Nayiu-láh.
Sólo
el Dios Uno es digno de alabanza, y Noé es el
Confidente de Al-lâh.
La
ilah ila-láh, Ibrahim Jalilu-láh.
Sólo
el Dios Uno es digno de alabanza, y Abraham es el Íntimo
amigo de Al-lâh.
La
ilaha ila-láh, Dawud Jalifatu-láh.
Sólo
el Dios Uno es digno de alabanza, y David es el Representante
de Al-lâh.
La
ilaha ila-láh, Musa Kalimu-láh.
Sólo
el Dios Uno es digno de alabanza, y Moisés es
el que Conversó con Al-lâh.
La
ilaha ila-láh, Isa Ruhu-láh.
Sólo
el Dios Uno es digno de alabanza, y Jesús es
el Espíritu de Al-lâh.
La
ilaha ila-láh, Yumlatul-anbíiai Nabíiu-láh.
Sólo
el Dios Uno es digno de alabanza, y cada profeta es
el profeta de Al-lâh.
La
ilaha ila-láh, Muhammad Rasulu-láh, wa
Habibuláh Hátamun-Nabíin, Saíidul-Mursalin,
Rasuluz-Zaqalain, Hátamul-Mursalin.
Sólo
el Dios Uno es digno de alabanza, y Muhammad es el Mensajero
de Al-lâh, el Amado de Al-lâh, el Sello
de los Profetas, el Jefe de los Mensajeros, el Mensajero
de los Hombres y de los Yinn, el sello de los Mensajeros.
Salawatu-lahi
aláihim ayma’in.
Que
las bendiciones de Al-lâh estén con todos
ellos.
La
Virgen bendita provenía de una familia reconocida
por su virtud y honor, por su pureza y devoción.
En el Sagrado Corán se le refiere como hermana
de Aarón. Este Aarón no es el hermano
del venerable Moisés, sino un amigo íntimo
de Dios, reverenciado por su rectitud y santidad entre
los Hijos de Israel.
El
padre de María, ‘Imrán, es mencionado
en el Sagrado Corán como un hombre honorable
y muy respetado. Su madre, la noble Hanna, era también
un ejemplo de pureza y virtud. Así podemos entender
el relato coránico del recibimiento tan sobresaltado,
viendo que Mariam había sido educada en una familia
como esta, cuando la gente la vio llegar madre soltera
con un bebé en brazos.
Según
el historiador ‘imrán ibn Maimun, los vecinos
de María, la detuvieron y la llevaron ante la
corte religiosa para que fuera juzgada. Ya estaban preparados
para lapidarla pero, al darse cuenta que niño
Jesús podía hablar, detuvieron las demandas
de castigo y, sin atreverse a insultarla, se retiraron
y la dejaron sola.
Otros
eruditos sostienen que la Madre Virgen fue llevada por
un primo y protector José el carpintero, a una
región de Egipto, llamada Rabwa.
“Y
Nosotros hicimos del hijo de María y de su madre
una bendita señal. Y Nosotros les proporcionaremos
refugio en Rabwa, un lugar seguro y regado por manantiales”.
(C.23: 50)
La
tradición oral indica que María pasó
dos años en Egipto, donde ella sostenía
a su pequeño hijo con el sudor de su frente,
hilando lino y trabajando en los campos durante el tiempo
de cosecha. Bajo el ardiente sol, llevaba a su apreciado
hijo bajo el brazo mientras recolectaba o apilaba lo
cosechado.
Además
de Egipto, nuestras fuentes mencionan otros diversos
lugares donde la Santa Madre y su hijo se habrían
refugiado; la ciudad de Damasco fue uno de estos lugares,
según la respetada autoridad de Abd as-Salám,
que Al-lâh esté complacido con él.
Él era un noble compañero del amado profeta
Muhammad y un famoso erudito judío antes de acoger
el Islam.
También
la ciudad de Ramla, según la autoridad de Abú
Huraira; quien fue otro de los benditos Compañeros.
Y la tierra santa de Arabia, de acuerdo a Qatada y a
Ka’b, que Al-lâh esté complacido
con ambos.
El
erudito Sa’id al-Hudri hace la crónica
de la educación escolar del amado Jesús:
Cuando
la Madre Virgen consideró que su hijo tenía
edad suficiente para aprender a leer y escribir, lo
llevó y entregó al cuidado de un maestro
religioso.
El
maestro inició las lecciones instruyendo a Jesús
en la forma de decir: Bismilahi Rahman ir-Rahim, En
el nombre de Dios, Todomisericordia y Compasión.
Cuando
el hermoso y precoz niño le preguntó sobre
el significado secreto de Bismilah, el maestro confesó
que no lo sabía. El niño explicó
calmadamente: “La letra b significa Baha’uláh,
la espléndida belleza de Al-lâh. La s significa
Sana’uláh, la majestad sublime de Al-lâh,
y la letra m quiere decir Mulku-láh, el poder
soberano de Al-lâh”.
Entonces
el maestro le pidió a su extraordinario alumno
que recitara el alfabeto. El amado Jesús le respondió
preguntándole si sabía el significado
secreto de las letras. El maestro lleno de cólera
estaba a punto de pegarle a Jesús con una vara,
cuando el niño dijo: ¡Espera! Primero pregúntame
si conozco el significado del alfabeto. Puedes pegarme
si no te doy la repuesta correcta”.
El
maestro asombrado le pidió que le diera la interpretación
de abyad, que son las primeras cuatro letras; que corresponden
a abcd en español,
El
noble Jesús explicó: “La letra alif
significa Ala’uláh, los agraciados favores
de Al-lâh, la bá es de Baha’uláh,
la belleza espléndida de Al-lâh, yim significa
Yalaluláh, la majestuosidad de Al-lâh,
y dal es de Dinuláh, la religión de Al-lâh”.
“¡Continúa
por favor!”, le suplicaba el maestro. El profético
niño continuó a través de todo
el alfabeto. “Para la letra há en hawwaz,
está en lugar de hawiya, una de las profundidades
del infierno. La waw de de wayl, que significa infortunio,
como en ¡Infortunio para los habitantes del Infierno!
Zay de zafir, la crepitación de las llamas del
fuego del Infierno. El grupo hutti significa que los
pecados son perdonados a aquellos que se arrepienten
y buscan el perdón de Al-lâh. El grupo
kalaman se refiere al carácter no creado e invariable
del discurso de Al-lâh. Kalamulahi jairu mahuqin,
la mubaddila li-kalimatih; el discurso de Al-lâh
es increado, Sus palabras son inalterables.
“El
grupo sa’fas es la forma resumida de una expresión
que significa cualquier acción en este mundo
será recompensada o castigada en la otra vida.
El significado de qarashat es que en el Día de
la Resurrección, aquellos cuyos pensamientos
y acciones los arrastran al Infierno serán castigados
por su fuego”.
El
maestro quedó pasmado por el profundo comentario
escuchado de los labios de un niño. Mandó
llamar a la Virgen María y dijo: “Toma
a este, tu hijo, ya que no tienen necesidad de ninguna
instrucción que yo pueda darle. Este muchacho
ha estudiado en la escuela mística de Dios. ¿Qué
podría aprender de un maestro terrenal?”.
Capítulo
Ocho
La veneración de la bendita Virgen María
Los ángeles dijeron: ¡Oh! María,
Al-lâh te trae buenas nuevas de Su palabra. Su
nombre debe ser el Mesías Jesús, el hijo
de María, reverenciado en este mundo y en la
otra vida, y uno de los más cercanos a Al-lâh.
(C. 3:45)
En un breve y humilde tratado como este, no es posible
hacerle justicia a la bendita Virgen María, ese
ser perfectamente santificado por la gracia divina y
honrado con Su revelación.
Ella
y su amado hijo Jesús han sido rechazados por
mucha gente. Sin embargo, musulmanes de toda raza y
color, incluyendo turcos, persas, afganos, indios, paquistaníes,
indonesios, albanos, árabes y nigerianos, no
tienen más que amor y respeto por esta santificada
mujer, igual que los cristianos de todas partes del
mundo, entre ellos, españoles, franceses, italianos,
alemanes, checos, ingleses, americanos, holandeses,
suecos, suizos, noruegos, griegos, búlgaros,
rumanos, húngaros, serbios y rusos.
Que
estos dos grupos de amantes se amen los unos a los otros.
Los
Hijos de Israel creen en el milagro del amado Moisés,
cuando su bastón se convirtió en una serpiente.
Ellos aceptan el hecho de que su bendita mano estaba
radiante de luz. También creen que el Mar Rojo
se separó cuando el profeta lo golpeó,
liberando así a su gente de la tiranía
del Faraón.
Además
de las manifestaciones milagrosas del noble Moisés,
los Hijos de Israel también reconocen aquellas
demostraciones de otros muchos profetas. ¿Acaso
no es extraño que algunos negaran la naturaleza
profética de Jesús, quien les trajo tal
honor y quien así lo hará eternamente?
Como
musulmanes, creemos en el nacimiento milagroso y en
la sublime espiritualidad de Jesús. El Sagrado
Corán atestigua la santidad de Mariam, como el
receptáculo bendito de la revelación divina,
y como la Madre Virgen del gran Profeta, a quien ella
concibió y dio a luz a través del poder
de Al-lâh únicamente.
El
Sagrado Corán glorifica su nombre al vincularlo
siempre con el nombre de su amado hijo, llamado Isa-bnu
Mariam, Jesús hijo de María.
En
el servicio funeral islámico, el fallecido es
nombrado con un matronímico, como un gesto de
respeto al amado Jesús. Además del respeto
hacia él, las almas serán llamadas por
su matronímico para entregar cuentas en el Día
de la Resurrección.
Como
un signo adicional de respeto por el estadio exaltado
de Jesús, seremos resucitados en cuerpos espirituales,
esencialmente con la apariencia que teníamos
a la edad de treinta y tres años, o sea, a la
edad en que el mismo Jesús dejó el mundo
inferior.
Aquellos
fieles a Al-lâh y a todos Sus Mensajero, expresan
su gratitud, afecto y respeto por la bendita Virgen
poniéndole a sus hijas el santo nombre de Mariam.
Su
concepción a través del aliento del Espíritu
Santo y el exaltado milagro de la forma en que alumbró
al Mesías es considerado por toda la gente de
fe como un maravilloso signo de gracia divina.
Su
noble nombre y persona son honrados y venerados. Su
radiante morada espiritual está en los corazones
iluminados de todos aquellos que creen en Al-lâh,
el Altísimo. Ella es una santa viviente, como
una entre los santos amigos de Al-lâh, ella no
murió, sino que entró en el dominio de
ser eterno.
Aquí
hemos intentado ofrecer humildemente al menos un pequeño
botón de un vasto jardín de rosas, transmitiendo
la fragante esencia de la Virgen María como está
descrita en el Glorioso Corán y en la tradición
oral del Islam.
Que
obtengamos el placer eterno de la sublime guía
de Al-lâh, derramada a través de todos
los profetas, y que seamos incluidos entre los rectos
sirvientes. Digamos Amén, en el nombre del Príncipe
de los Mensajeros, Muhammad, que la paz y las bendiciones
estén con él.
Capítulo Nueve
La
tumba de la Virgen María
De acuerdo a algunas fuentes islámicas, cuando
María llegó a su fin en este mundo, su
bendita forma fue enterrada en el Monte de los Olivos.
Ciertas fuentes europeas establecen que la Virgen murió
en Efeso.
El
amado Muhammad es el único profeta cuyo lugar
de descanso terrenal es conocido con absoluta certeza.
La forma del noble mensajero de Al-lâh yace bajo
el domo verde en Medina, mientras que él vive
en el mundo espiritual y atestigua íntimamente
la condición de su comunidad.
Al-lâh,
el más Misericordioso, seguramente recompensará
a los siervos que visiten Efeso con la creencia sincera
de dar sus respetos a la tumba de la Virgen María;
puesto que en el Islam, como el noble Mensajero nos
ha dicho, el valor de las acciones se deriva de su intención.
Si
nuestros antecesores no hubieran estado inciertos acerca
del lugar, hubieran considerado su deber construir una
mezquita en Efeso que llevara el nombre de María.
A
la luz del estadio tan exaltado que se le otorga en
el Sagrado Corán, sería apropiado para
los musulmanes benevolentes de la generación
actual, construir la Mezquita de María en Efeso,
donde continúen venerándola musulmanes
y cristianos sinceros.
En
el mundo contemporáneo la humanidad está
dividida en dos campos, los que creen en Dios y en el
Día de la Resurrección, sean los judíos,
cristianos, musulmanes, o aquellos de otras nobles tradiciones.
Y, en el otro campo, los materialistas y los ateos.
Como
musulmanes, aceptamos de todo corazón a todos
los Profetas que precedieron a nuestro bendito Maestro,
así como también a los libros de las Escrituras
que les fueron revelados; a pesar de que la Gente del
Libro, judíos y cristianos, no muestran igual
amor y respeto al profeta Muhammad, la paz y las bendiciones
sean con él, ni al Sagrado Corán.
Con
la construcción de la mezquita de la Virgen María
en Efeso, fomentaríamos el crecimiento del amor
entre cristianos y musulmanes. Sería un lugar
de sinceros amantes de la Virgen para que las dos nobles
tradiciones se encuentren y experimenten la dulzura
de una amistad santa.
Capítulo
Diez
Una súplica del autor
¡Oh!
Al-lâh, el más Alto,
no
tienes compañero ni igual.
¡Oh!,
más Hermoso que los hermosos,
Tú
eres el Maestro de los cielos y de la tierra,
Señor
de todos los universos físicos
que
conocemos y desconocemos.
¿Cómo
podemos atribuir a Ti un hijo físico,
o
cualquier otro atributo de limitación?
Eres
evidente en Tus obras,
inmutable
en Tus atributos;
abarcándolo
todo en Tu esencia,
eres
capaz de toda manifestación.
En
esencia, eres Único.
En
atributos, eres Unidad.
Tú
no tienes necesidad de nada
pero
todo necesita de Ti.
Ubicado
en ningún lugar,
Tú
estás en todos lados.
Tú
no eres engendrado,
ningún
ser viene a la existencia fuera de Ti.
Nada
en absoluto puede ser comparado a Ti,
pues
sólo Tú existes.
Tú
estás más cerca de nosotros que nuestra
propia alma,
pero
estamos lejos de realizarTe.
Acércanos
a Ti con afecto verdadero.
Otórganos
la unión contigo en el amor.
Que
nuestros labios se adornen con Tus nombres,
y
que con Tu amor sean embellecidos nuestros corazones.
Satán
no encuentra sitio en los corazones llenos de Tu amor.
Venimos
a la puerta de Tu misericordia,
buscando
sólo Tu divino beneplácito.
Haz
que nuestros ojos y corazones estén dignos de
contemplar
Tu belleza.
Que
poseamos labios amorosos
para
mencionar Tus hermosos nombres,
Y
corazones que Te amen con el amor que mereces.
Causamos
ofensa con nuestra arrogancia,
y
aún así, Tú nos otorgas compasiva
recompensa.
La
rebeldía y el olvido surgen de nosotros,
el
perdón y la gracia de Ti.
Nos
has moldeado de una gota en el vientre
y
has vestido nuestras almas con la bendita forma humana.
De
entre la humanidad Tú escoges
a
Tus amados Mensajeros y Santos.
Has
preparado el Paraíso y la unión mística
para
aquellos que son humanos en lo interior y en lo exterior.
Has
nuestro mundo interno sublimemente humano,
igual
que manifiestas nuestro exterior en forma humana.
Expresa
Tus cualidades divinas a través de nosotros.
ilumina
nuestro semblante
y
abrillanta nuestro oscuro y estrecho corazón.
Permítenos
encontrar placer supremo
en
el servicio a la humanidad,
y
deleite perfecto en Tu adoración.
Admítenos
en Tu presencia.
Inclúyenos
entre aquellos
que
están ante Ti en oración,
que
caen ante Ti en postración sincera
que
Te glorifican, que Te santifican
y
que Te aman sin cesar.
A
menos que nos ames, ¿cómo podríamos
amarte?
Si
no nos admites en Tu más íntima presencia,
¿cómo
podríamos entrar en Ella?
Inclúyenos
entre quienes llegan a Tu presencia,
contemplan
Tu belleza y alcanzan la unidad divina.
¡Oh!
Señor,
danos
ojos que lloren con Tu amor,
labios
que mencionen Tus hermosos nombres,
y
corazones que Te amen incesantemente.
Emplea
nuestras manos y nuestros pies en obras
que
merezcan Tu divina complacencia.
Cuida
nuestras mentes de susurros satánicos.
No
nos permitas que nos obsesionemos con el mal y la fealdad,
si
no manténnos en meditación
en
toda nobleza y belleza.
Haznos
compasivos hacia los pobres
y
útiles a aquellos en necesidad,
Consérvanos
en buena salud.
no
permitas que nos olvidemos de nuestra verdadera intimidad.
ni
que seamos ejemplos negativos a nuestros hijos,
ni
que muramos siendo esclavos de tiranía alguna.
Aunque
te hayamos desobedecido con frecuencia,
Tú
no nos has privado de nuestro sustento,
pues
uno de Tus nombres divinos es Paciencia.
Tú
siempre nos has otorgado dulce alivio.
Tú
nunca eres negligente.
Tú
no nos desilusionas cuando imploramos con todo nuestro
corazón
¡Al-lâh!
¡Al-lâh!
Te
pedimos nos hagas jubilosos,
En
honor de Adán, Tu amigo,
Noé,
Tu confidente,
Abraham,
Tu amigo íntimo,
Moisés,
Tu interlocutor.
En
honor a la virtud y castidad de María
y
la espiritualidad pura de Jesús.
En
honor a Tu amado mensajero Muhammad
permite
que nuestras últimas palabras sobre la tierra
sean:
¡Al-lâh!
¡Al-lâh!
Que
muramos en perfecta fe,
con
el glorioso Corán como testigo.
Que
nuestras tumbas se conviertan en jardines del Paraíso,
perfumadas
con rosas e iluminadas con la luz de la fe.
cuando
el imponente Día de la Resurrección venga,
permítenos
caminar calmadamente y con dignidad
al
lugar de reunión.
Permítenos
reunirnos bajo el verde estandarte de alabanza,
cerca
de Tu amado Sello de Profecía.
Permítenos
tomar el agua luminosa de Kawzar
de
las manos del venerable Muhammad Mustafá,
que
Al-lâh lo bendiga y le otorgue paz.
Y
que recibamos el agua de ese bendito arroyo,
de
Alí, el Elegido; de Fátima, la Iluminada;
de
Hassan, el Elegido;
de
Husein, el Mártir de Karbalá.
Danos
refugio en la sombra de Tu Trono
del
imponente poder del Día Final.
Haz
que nuestras buenas acciones tengan gran peso
en
el balance de la justicia,
y
permítenos entrar agraciados al Paraíso.
Que
nuestras caras estén cubiertas de alegría
cuando
los registros de nuestras acciones sean leídos.
Permítenos
cruzar el puente místico
con
deslumbrante rapidez.
Inclúyenos
con aquellos sumergidos
en
el océano infinito de Tu bienaventuranza.
Líbranos
del infierno por la intercesión
de
Tu amado Muhammad
y
permítenos morar en el Paraíso ¡Oh!
Señor,
junto
del amado de Al-lâh.
Otórganos,
¡Oh! Señor,
nuestra
más alta meta,
la
bienaventurada visión de Tu belleza
y
la realización de Tu unidad.
¡Oh!
Señor,
protégenos
de la malicia de nuestros enemigos
y
presérvanos de los horrores de la guerra.
Otórganos
que la humanidad aprenda a vivir en paz.
¡Oh!
Señor,
encomienda
a la adorable señora Feriha
-fundadora
de la Masyid al-Farah en la ciudad de Nueva York-
al
cuidado de la bendita Virgen María,
de
la noble Jadiya y de la noble Fátima.
Que
ella esté completamente feliz
y
que sus propósitos de caridad se cumplan,
dale
salud a su dulce y agraciada persona
e
incrementa el amor divino que habita en su corazón.
Haz
que su semblante sea aún más radiante.
¡Oh!
Señor,
borra
cualquier tristeza de su pecho.
Hazla
siempre jubilosa
y
asístela incesantemente en las buenas obras
que
Tú has hecho sea digna de desempeñar.
¡Oh!
Señor,
satisface
los deseos de su querida
y
respetada madre A’isha,
y
resguarda a sus estimados hermanos y hermanas de todo
mal.
Que
sus tristezas se conviertan en alegrías.
¡Oh!
Señor,
que
su amado esposo Haidar
viva
hasta una edad madura,
inmune
a la tristeza y la aflicción.
¡Oh!
Señor,
A
Haidar al-Karrar,
el
indomable León de Al-lâh,
el
glorioso Alí,
te
encomendamos su esposo,
de
gentil corazón, siempre sonriente y de buena
naturaleza;
ese
sirviente fiel de la humanidad,
ese
líder de artistas y de artes,
el
compasivo Haidar Bey,
quien
aún a sus enemigos trata con magnanimidad,
e
inmediatamente perdona a aquellos que le hacen mal.
Hazlo
feliz en este mundo y en el Paraíso.
¡Oh!
Señor,
asiste
a Nur en su trabajo
de
ofrecer guía espiritual a la gente.
Hazlo
resplandecer con la luz
de
la afirmación de la unidad divina.
Hazlo
firme en Tu amor
y
puro de espíritu a través de la remembranza
constante
y
la adoración consagrada a Ti.
¡Oh!
Señor,
que
Nur continúe trayendo a la vida
todos
los corazones muertos y las almas anhelantes;
ofreciéndoles
el remedio universal para el sufrimiento y la pena
y
actuando como un líder en el camino de la Verdad.
¡Oh!
Señor,
Sostén
el trabajo de enseñanza del reverendo Tosun Bey,
El
sheikh de Spring Valley,
a
través de quien primero conocí
a
los nobles amantes y buscadores de América.
Mantén
su función y estado.
¡Oh!
Señor,
otórgale
honor a Muhtar Bey,
quien
ha traducido mis humildes trabajos
a
la lengua inglesa.
Encomiéndalo
al cuidado de Ahmad Muhtar,
el
escogido de Al-lâh.
¡Oh!
Señor,
otorga
realización suprema
a
la excelente señora Umid Hanim,
quien
fue mi asistente
mientras
realizaba este tratado.
¡Oh!
Señor,
otorga
buena salud
al
respetado editor de mi trabajo;
que
su negocio prospere y su fortuna se incremente,
que
sea bendito con la guía correcta.
¡Oh!
Señor,
confiere
Tu luz de Guía sobre todos
aquellos
que lean este ensayo,
y
a quienes lo hacen disponibles a otros.
Que
disfruten de la tierna compasión
de
la bendita Virgen María,
y
de la poderosa intercesión de Jesús, el
Mesías.
¡Oh!
Señor,
bendice
a aquellos que rezan por nosotros mientras estamos vivos
y
aquellos que nos recuerden en sus oraciones
cuando
hayamos dejado este mundo.
¡Oh!
Señor,
cubre
las faltas de aquellos
que
benignamente pasan por alto las fAl-lâhs
que
puedan encontrar en este libro.
¡Oh!
Señor,
haznos
felices aceptando nuestras oraciones
en
honor a los Suras coránicos Tá-Há
y Iá-Sin,
y
en honor a Muhammad,
el
Corán Viviente,
y
a su bendita comunidad espiritual.
Gloria
al Señor de Majestad más allá de
cualquier descripción,
Y
que la paz esté con todos Sus Mensajeros.
Alabanza
agradecida a Al-lâh, el Más Alto,
Señor
de los mundos.
Alhamdulilahi
rabbi-l-alamín.
Epílogo
El
pasaje coránico central que describe la anunciación
de la Virgen y la natividad de Jesús conlleva
muchos niveles de interpretación. El Sheikh Muzaffer,
autor de este libro, observó en una ocasión:
“Hay tantas dimensiones diversas de significado
en el glorioso Corán como hay palabras, y más
aún, como hay letras en su Sagrado texto en árabe”.
La
siguiente meditación sobre el Sura 19 del Sagrado
Corán, versos 16 al 36, viene de mi libro Heart
of the Korán. Éste contiene versiones
contemplativas de más de cien selecciones del
Libro de la Realidad, en el que Al-lâh, el Más
Alto, describe su revelación al noble profeta
Muhammad. Este misterioso proceso revelatorio, llamado
el Corán, duró veintitrés años,
a partir de los cuarenta años del Profeta hasta
su muerte física a la edad de sesenta y tres.
Alrededor de seis mil versos altamente condensados,
o ayats, fueron revelados a su profético corazón
y pronunciados en un estado de profunda unión
consciente. Estas hermosas declaraciones fueron memorizadas
y escritas en hojas de palma por sus compañeros
espirituales. Los versos coránicos contienen
ilimitadas implicaciones que, junto con la tradición
oral del Profeta, han guiado confiablemente a la comunidad
global del Islam por catorce siglos, sin ninguna pérdida
de vitalidad espiritual o creatividad cultural.
He
interpretado el relato coránico de la Anunciación,
como la experiencia exaltada de la Virgen María
“en el plano de visión espiritual, más
real y más intensa que la esfera de percepción
mundana”. Esto no es, de ninguna manera, el único
posible punto de vista sobre este rico pasaje, que abre
muchos horizontes del entendimiento.
En
este libro he incluido un comentario adicional, que
indica que en el pasaje comentado también figura
el proceso de impregnación y de alumbramiento
espirituales experimentados por el derviche a lo largo
del camino místico islámico, o tariqa.
Durante
su segunda visita a América en 1978, el gran
Sheikh de la orden Yerrahi, con su característica
generosidad me trajo un manuscrito de una edición
encuadernada en piel, de un treintavo del sagrado Corán.
Después de recibirlo directamente de sus benditas
manos, besé el pequeño volumen para expresar
mi gratitud y lo coloqué en el alféizar
de una ventana para mantenerlo respetuosamente en un
lugar alto. Nunca volví a ver este regalo. Simplemente
desapareció en el fluir de los visitantes a la
casa cercana a la ciudad de Nueva York, donde Muzaffer
Effendi se hospedaba. Pero tiempo después, empecé
a trabajar en un manuscrito de tafsir, o comentario
coránico libre, que sería publicado diez
años más tarde como Heart of the Korán.
Tales
son los milagros sutiles, visibles solamente a los ojos
del corazón, que ocurren alrededor de un guía
verdadero. Ese volumen sagrado de antigua caligrafía
arábiga desapareció misteriosamente en
mi ser y volvió otra vez con una inesperada forma
nueva, más adecuada para la iluminación
de mi ambiente cultural de habla inglesa.
Cada
palabra y matiz en estas meditaciones están fundamentadas
en el Corán original, en las enseñanzas
verbales y en la atmósfera sutil del Sheikh Muzaffer,
que todavía irradia mis experiencias en sueños
y en vigilia.
La
espontánea aparición del libro Corazón
del Corán es un ejemplo concreto del proceso
místico de impregnación y alumbramiento,
tan perfectamente expresado por la experiencia de la
Virgen María.
La
visión de anunciación de María
Mi
amado Muhammad (saws) por favor relata a tu gente la
imponente experiencia visionaria de la Virgen María.
Retirándose al amanecer a una recámara
solitaria que daba al oriente, ella contempló
la Fuente de la Belleza durante la hermosa salida del
sol en el desierto. Sentada con gran tranquilidad, entró
gradualmente en un profundo estado meditativo, en el
que la existencia de su familia, e inclusive la del
mundo entero, se cubrió con un velo de luz divina.
En un plano de visión espiritual, más
real y más intenso que el de la esfera de percepción
mundana, mi amada María experimentó la
concepción y el nacimiento del profeta Jesús.
La
fuente de luz se le manifestó primero como una
intensamente luminosa y exaltada forma humana.
Distraída
de su concentración en la oración, exclamó:
“¡Que el Todo Compasivo me proteja de este
ser enigmático!” La forma angelical respondió:
“¡Bendita María, sólo soy
un servidor y mensajero de Al-lâh, el Más
Alto, enviado para confirmar que procrearás un
hijo santo, de pureza insuperable!”.
Mi
amada respondió: “¿Cómo puedo
ser madre, habiendo vivido en virginidad perfecta?”.
El radiante emisario de la Fuente de Luz explicó:
“Bendita Virgen Madre, cualquier cosa que sea
afirmada por la Fuente del Ser, deviene sin ningún
esfuerzo. Desde antes de la eternidad, Al-lâh
el Más Compasivo, ha ordenado este amor, para
que los seres humanos la contemplen a través
de la historia”. Así mi amada María,
alcanzada por un rayo de luz divina, directamente de
la Fuente de Luz, concibió instantáneamente.
En su visión se retiró a un oasis secreto
y permaneció aislada ahí en oración
solitaria.
A
través del misterioso decreto de la Fuente de
Poder, el santo nacimiento ocurrió inmediatamente.
Las contracciones le llegaron junto al tronco de una
palmera. El bebé nació rápidamente.
Impactada y agobiada por la milagrosa natividad, la
Santa Madre exclamó: “¡Que haya yo
muerto en el desierto y que mi cuerpo nunca fuera encontrado!”
Pero el recién nacido le habló suavemente
en su visión: “Mi bendita Madre María,
no hay razón de pena o de temor. La Fuente del
Amor ha manifestado junto a ti un manantial de agua
fresca, y si sacudes esta palmera, caerán dátiles
maduros a tus pies. Así que come, bebe y consuélate
en perfecto silencio por la ilimitada misericordia de
Al-lâh. Si te encuentras con algún extraño,
di: ‘Estoy ayunando en alabanza al Todomisericordioso
y no puedo conversar contigo’”.
Todavía
ensimismada en el alto plano de visión espiritual,
condujo en sus brazos a casa a este niño de luz.
Conmocionada por su maternidad, su familia protestó:
“Hija de un inmaculado linaje, ninguno de tus
ancestros ha transgredido la forma santa de vida. ¿Por
qué has cometido esta acción inmoral?”
Mi amada, ahora serena y en su silenciosa sumisión
a la Fuente del Amor, tranquilamente indicó que
su familia debía preguntar al radiante niño
en sus brazos. Aún más consternados, dijeron:
“María, ¿has perdido la razón?
¿Cómo podemos conversar con un recién
nacido? Al momento, el niño Jesús con
voz dulce y clara: “Miren cuidadosamente. Ustedes
verán y entenderán que yo soy el devoto
sirviente y fiel mensajero de Al-lâh el Altísimo.
La fuente de sabiduría ya ha puesto el Santo
Evangelio en forma sutil dentro de mi corazón
secreto y me ha despertado como Su penúltimo
profeta. La Fuente siempre presente me ha emanado como
un ser humano totalmente bendito, sin importar hacia
donde vaya o lo que haga. Al-lâh, el más
Misericordioso, me ha dado el poder para rezar incesantemente
y para ofrecer servicio amoroso e iluminación
espiritual a todos los seres. Principalmente, la Fuente
del Amor me ha enseñado a apreciar a mi preciosa
madre, la Virgen María, quien será un
canal de amor divino para todos las generaciones futuras.
Puesto que mi Señor me ha hecho su más
humilde servidor y mensajero, la misma paz de Al-lâh,
el más Alto, fluirá a través de
mí a toda la humanidad, desde el momento de mi
milagroso nacimiento hasta el momento de mi ascensión
milagrosa al Paraíso”.
Tal
fue la noble visión espiritual que tuvo María
del niño Jesús, ese Mensajero de la Verdad
lleno de pureza, directamente enviado de la Fuente del
Amor, y cuya naturaleza profética todavía
se duda tontamente. Al surgir la exaltada alma profética
del Mesías Jesús, Al-lâh el Altísimo
no concebía a un niño en ningún
sentido humano. Esto es claramente imposible para la
Fuente Última, que es simple radiancia ilimitada.
Al-lâh, el más Misericordioso, canalizó
su palabra de amor perfecta e inmaculadamente a través
de una mujer viva de absoluta pureza. La Fuente del
Ser solamente necesita contemplar la existencia de un
ser para que ese ser devenga.
Mi
amado Muhammad, explica a tu gente: “Es absolutamente
cierto que la Fuente siempre Presente es tu fuente,
al igual que mi fuente. Dediquen sus vidas completamente
a la Fuente de la Vida. Este es el camino directo del
Islam”.
Meditación
sobre el Sagrado Corán (C. 19:16-36
Epílogo
El
autor de este trabajo, Sheikh Muzaffer Ozak, dejó
el mundo visible en 1985. Él es un Waliuláh,
o íntimo amigo de Al-lâh, término
usado para referirse a los santos en la tradición
islámica.
El
Sheikh Muzaffer Ozak al –Yerrahi fue, durante
20 años, el Sheikh de la Orden de Derviches Halveti-Yerrahi.
Fue un prolífico autor en lengua turca. El Sheikh
Muzaffer fue bien conocido por su sabio consejo, su
orientación espiritual y su maestría para
interpretar sueños.
Él
fue educado por una sucesión de maestros sabios
y eruditos que lo instruyeron en todas las ramas de
la tradición islámica. Fue muezzín
y posteriormente tomó el cargo de Imán
en muchas mezquitas de Estambul.
Más
tarde se retiró del oficio de Imán y predicaba
sermones los viernes en una mezquita cerca del famoso
mercado de libros de Estambul. Ahí era dueño
de una tienda especializada en libros antiguos y religiosos.
Realizó
numerosos viajes, no sólo hizo la Peregrinación
a la Meca once veces, sino que viajó al Este
Medio, a los países Balcánicos, a Europa
Occidental y los Estados Unidos de Norteamérica.
Ahí dejó patente su profundo amor por
la gente americana, al fundar las numerosas ramas de
la Orden Halveti-Yerrahi.
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