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La Actualizacion del islam Universal
Sheikha Amina Al-Jerrahi
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Un Sol se levanta en Occidente
Málika al-Yerraji
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Musulmanes en un contexto cristiano.
Abdul Malik Al-Yerraji
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Musulmanes en Chiapas
por Thelma Gómez Durán
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PARA AMÉRICA LATINA:
La Actualizacion del islam Universal
Sheikha Amina Al-Jerrahi

Representante en México de la Orden Sufi Jalveti Yerráji Miembro Fundador del Consejo Interreligioso de México Presidenta del Consejo Directivo del Instituto Cultural Interreligioso Luz sobre Luz Representante para América Latina de Peacemaker Community

En el supremo nombre de Al-láh, el infinitamente Misericordioso, el Compasivo

En este vuelo espacial vertiginoso que llamamos existencia, los habitantes de América Latina somos conscientes que para vivir necesitamos la presión atmosférica de Lo Sagrado. La cultura, incluyendo la fibra básica del lenguaje, es ya de por sí un ámbito sagrado, una atmósfera espiritualmente respirable. Pero la sacralización consciente de nuestra experiencia humana cotidiana -tanto comunitaria como personal- es constantemente erosionada por el egocentrismo, la negatividad rapaz, el convencionalismo obsesivo y la pérdida del sentido de lo trascendente.

Sin embargo, y a pesar de la existencia aparente de estas barreras, siempre ha existido un cierto consenso espiritual. Actualmente, este consenso se manifiesta en el ámbito social por la atracción que ejerce su inteligencia no convencional y su forma amorosa de expresar los más nobles y altos ideales humanos.
El reconocimiento de la elevación de la conciencia como el trabajo humano fundamental involucra tanto a laicos como a practicantes, a adeptos y a ciudadanos de las distintas culturas comprometidos con las diversas tradiciones sagradas. Es una fuerza genuinamente democrática, auto-organizada que fluye a través de personas de todas las descripciones posibles. Esta fuerza no florece en una estructura compleja con altos niveles de organización; no se confina tampoco a una institución, fundación, empresa con o sin fines de lucro, compañía, ni a nada convencionalmente calificable.

Este consenso entre diversos es más bien un organismo vivo, natural, libre, impredecible. Está compuesto por individuos dedicados a servir al mundo y a desarrollarse a sí mismos como refinados instrumentos de servicio. Ellos aprenden a reunirse en la energía de la buena voluntad, desde la cual fluye sutilmente hacia el mundo entero la auténtica acción compasiva.

Los musulmanes de América Latina haríamos bien en promover y proveer un espacio abierto para todos esos servidores que, en cada generación, buscan activamente aprender a cultivar con sabiduría el terreno sagrado de la existencia, reconociendo que de lo contrario se erosionarán no sólo los planos de la Creación manifiesta, sino también el misterioso microcosmos del corazón humano.

La visión comunitaria del mundo físico -no como mera materia, sino como un reino intrínsecamente Sagrado- es la visión consistente y orgánica que siempre han promulgado las tradiciones sagradas, no sólo el Islam. Esta visión tiene el poder de centrarnos y conducirnos al futuro de la civilización global sin menosprecio de lo diverso. Es Lo Sagrado lo que siempre nos ha guiado a salvo hacia todo futuro.

Sólo podemos actualizar nuestras vidas en la revelación de Mujámmad, s.a.w.s., --permanecer humanos o volvernos verdaderamente humanos--, existiendo de manera inclusiva y equilibrada, dentro de un ambiente sagrado que aprecie y abrace la diversidad. Éste es un arte muy sutil; no puede ser impuesto desde afuera por ninguna autoridad organizada, pero sí puede ser cultivado y enriquecido por medio del encuentro, el estudio colectivo y el conocimiento mutuo de los ciudadanos comprometidos de cada uno de los universos sagrados en despliegue.

Los que practicamos el Islam en América Latina podemos dar voz y cohesión no a nuevos ghettos, sino al conjunto de estas tradiciones sagradas, a los hombres y mujeres comprometidos en su interior con Lo Sagrado, para que la sabiduría intemporal y orgánica que nutre esas tradiciones, penetre e ilumine activamente, con nueva frescura, la cultura moderna. Para que los practicantes del Islam tomemos nuestro espacio en la vida de nuestras culturas americanas, lejos del aislamiento y la victimización, lidiando con los prejuicios y sintiéndonos acusados y perseguidos, es necesario que valoremos, exploremos y desarrollemos profundo aprecio y reconocimiento por las diversas expresiones de la religión universal que propone el sagrado Corán. Sólo reconociéndonos en el otro, en lo diverso, podemos actualizar nuestras vidas temporales en la realidad absolutamente misericordiosa que Se expresa en la revelación.

El Sagrado Corán nunca pretende añadir o sustraer del núcleo esencial de las enseñanzas proféticas que pertenecen a toda la Humanidad. Respetar y aceptar el Corán significa afirmar también todas las revelaciones de Dios a través de la historia, que comparten precisamente la misma esencia. Las varias revelaciones divinas, que históricamente han evolucionado hasta convertirse en las tradiciones reveladas como las conocemos hoy en día, son formas de vida santas únicas y autolegitimadas, no sólo un conjunto de doctrinas. Aunque la historia presente un panorama de gran diversidad religiosa, Al-láh asegura a la Humanidad en Su Sagrado Corán que tal diversidad no debería ser vista como la desviación de la Verdad de una u otra tradición, sino como el Misterio Divino que Dios Mismo explicará e iluminará en un contexto de conciencia que trasciende a la historia. "Hemos revelado una vía sagrada singularmente auténtica a cada nación, verdaderas disciplinas espirituales que deben practicarse con cuidado y constancia... En el Día del Juicio, cuando ustedes despierten del sueño de la existencia finita, Al láh el Más Sabio les explicará claramente la diversidad que ahora parece dividir Sus varias Revelaciones."(22:67-70)

Este aspecto de la visión coránica, la armonía de religiones, representa mucho más que la generosidad, tolerancia y espíritu ecuménico humanos. Sólo Dios puede ofrecer tal absoluta seguridad con respecto a la unidad intacta e inquebrantable entre todas las tradiciones reveladas. Esta unidad religiosa no es un simple deseo, ni una especulación intelectual, ni siquiera es un alto ideal moral que puede o no cumplirse. La enseñanza esencial transmitida a través de todos los Profetas está establecida claramente por Dios una y otra vez en el Corán como verdad revelada. Es sorprendente y directa, llena de poder curativo e iluminador para la transformación de nuestra forma básica de experimentar el mundo. El sentimiento instintivo de separación entre los miembros de los diferentes cuerpos religiosos y culturales sólo se puede disolver al contemplar la Verdad revelada, y no a través de procesos racionales y diplomáticos que permiten a nuestras motivaciones egocéntricas y divisorias continuar funcionando. "A lo largo del curso de la historia Hemos enviado Mensajeros santos para llevar un solo mensaje esencial: 'No hay seres conscientes separados del infinito Yo Soy que Soy. Entonces, entreguen su mismísimo ser a la Fuente y Destino del Ser.'"(21:19-25)

La coherencia e inclusividad de este único mensaje, en el centro del drama de la revelación, es evidente en sí mismo no sólo porque ha sido afirmado tan claramente por el Sagrado Corán, sino porque realmente es el punto esencial de todas las revelaciones a lo largo de la historia. Este mensaje es autoevidente porque nuestra conciencia es creada para estar en armonía con la Verdad de que no hay separación fundamental dentro de la sola Realidad.

Ciertamente, la revelación no sólo se compone de principios generales, también se caracteriza por una particularidad y exclusividad de una gran riqueza. Ninguna de las situaciones históricas que se han transformado en vehículos para la Revelación Divina se pueden desechar en favor de una teoría general de la revelación. Y tampoco se supone que una revelación anterior sea reemplazada por una más reciente. El hecho de que exista una diversidad religiosa radical crea tensiones entre las tradiciones históricas, aunque de acuerdo con la visión coránica estos sentimientos de tensión o de extrañamiento entre los pueblos de las distintas revelaciones deben ser descartados, y debe esperarse humildemente la propia explicación de Dios. De todas maneras, una vez que la Verdad se revela a sí misma a través de una figura histórica única, irrepetible, esa persona permanece como el portador de bendiciones supremas para la Humanidad, para todas las generaciones futuras. Así la voz de la Verdad le asegura a la patrona espiritual de numerosas comunidades de nuestras tierras, la Virgen María, en el Sagrado Corán:

Desde antes de la eternidad, Al láh el Más Misericordioso ha ordenado este nacimiento espontáneo como una demostración única de Su Amor y Compasión para que los seres humanos lo contemplen a lo largo de la historia.(19:16-36)

Las diversas revelaciones proféticas, lejos de estar entre sí en alguna competencia fundamental o atávica, se confirman, expanden y salvaguardan unas a otras. Una vez más esta profunda percepción de armonía está basada en la Verdad revelada, no es sólo una teoría racional o empírica aducida por eruditos o reformadores bienintencionados. Como revelación, esta armonía universal de las religiones, debe ser profundamente contemplada y devotamente asimilada, más que debatirse en las dimensiones intelectuales o políticas de nuestra conciencia superficial. "A través del profeta Jesús, la Fuente de la Sabiduría transmitió el Evangelio, colmado de la misma luz de Verdad que mana a través de la Toráh Viviente... la Fuente Eterna revela ahora a través de ti, Mujámmad, este Libro de Verdad, que confirma y salvaguarda la enseñanza esencial de la Torá, del Evangelio, y de todas las demás escrituras auténticas que existieron antes que ellas."(5:49-52) Podríamos preguntarnos por qué Dios permite que la diversidad religiosa e incluso la franca contradicción doctrinal se desarrollen alrededor del mensaje esencial de participación consciente en la Unicidad de la Realidad. Esto es similar a otra pregunta fundamental:

¿por qué Dios generó tal diversidad de seres creados, algunos incluso en conflicto de muerte entre sí, dentro de la Paz Perfecta de la Unidad Divina? La respuesta es la misma: para la educación espiritual y el florecimiento de las almas.

"La Fuente del Poder podría haber unido a todos los pueblos en una sola nación, pero Al láh el más Misericordioso ha elegido manifestar Su Verdad a través de diversas tradiciones sagradas como enseñanza y prueba para los seres humanos. Si cada nación espiritual practica fielmente la senda revelada a través de sus propios Profetas, entonces toda la humanidad retornará junta a la Fuente del Amor."(5:49 52)

Esta visión coránica de la unidad de la revelación puede traer un gozo y prosperidad inconmensurables a la América Latina moderna. Esta armonía interna de todos los caminos revelados hacia Dios -armonía de toda la existencia, ya que la Creación misma es también revelación- es el ámbito natural del alma, no una visión del futuro posible o imposible. Todos los Profetas y escrituras han generado este profundo sentido de armonía última, sin la cual el ser humano no puede respirar espiritualmente y se sofoca en los conflictos superficiales de intereses personales y colectivos, incluyendo los conflictos de religión. Este aire fresco de revelación siempre ha existido como la atmósfera espiritual respirable de la humanidad. "Tantos de estos luminosos Mensajeros han surgido de la familia humana que no puede existir ninguna impresión de que Al láh el Más Misericordioso no ha hablado a todas las naciones."(4:163-166) Tendencias a fomentar el divisionismo dentro del propio Islam; la exaltación de una corriente de pensamiento en particular, como la única legítima que debe prevalecer sobre todas las demás, surge en gran medida de la ignorancia de sus fanatizados promotores sobre otros universos sagrados, de sus corrientes y de la diversidad de expresiones al seno de todas las tradiciones sagradas. A través del Sagrado Corán, la voz de la Verdad invita a la Humanidad de una forma clara y nada ambigua a la armonía global.

El profeta Mujámmad fue el apoderado de Dios para hacer un profundo llamado a la reconciliación universal. Este llamado no representa simplemente su propia amplitud mental o su sentido de diplomacia pacífica, que fueron definitivamente parte de la forma personal de ser del Profeta, sino que representa la Iniciativa Divina revelada a través de él. Estas palabras de Verdad se dicen a todos los pueblos a través del profeta Mujámmad. "Yo afirmo la Verdad de toda Revelación que ha descendido como un Libro Sagrado proveniente de la Fuente de la Verdad, y he sido instruido por esta Fuente para ser imparcial ante los Pueblos de la Revelación". (42:13-18)

Se enfatiza la naturaleza integral de cada tradición revelada porque los seres humanos necesitan de un rico suelo histórico en el cual puedan echar raíces. Las almas no pueden vivir y crecer con fuerza si flotan en un espacio abstracto de principios generales. Eso sería filosofía, no revelación. Dios desea proteger la ecología balanceada de cada ámbito viviente de Su Revelación. "Así, las tradiciones judía y cristiana deberían aceptarse con respeto a la luz del Glorioso Corán... Pero ustedes no deberían aceptar, ninguna enseñanza o práctica de tradiciones más tempranas que han surgido de concepciones humanas limitadas o que contradicen los claros Principios de Verdad revelados a través del Corán Viviente."(5: 49-52)

No se supone que esta Advertencia Divina genere una actitud de división, sino que simplemente agudice nuestro reconocimiento realista de que el proceso histórico puede producir distorsiones sutiles u obvias en cualquier cuerpo de revelación, que de todas formas permanece esencialmente auténtico, puro en su núcleo, y digno de nuestra aceptación reverente.

Un mundo sagrado particular y todas las estructuras sutiles que lo sustentan- es esencialmente una manifestación orgánica y no una forma simple de organización accidental, arbitraria u opresiva. Lo Sagrado florece espontáneamente. La tendencia del ego personal y colectivo de controlar y oprimir no está en armonía con el poder trascendente que brota desde Al-láh, la Fuente misma de toda existencia. Sólo porque ciertos líderes y organismos religiosos se hayan contaminado con las partículas del poder y la arrogancia, no se puede invalidar la empresa comunal que sostiene y mantiene en expansión nuestro sentido de Lo Sagrado. La corrupción de funcionarios de gobierno o de gobiernos enteros, ¿implica acaso que debemos prescindir de todo gobierno?

La decisión acerca de qué aspectos de una tradición dada han sido distorsionados se complica por la superficie caótica de diferencias culturales así como por serios problemas de comunicación. Seguir esta Instrucción Divina no es criticar agresivamente a otras grandes tradiciones, sino existir humildemente en el asombro y respeto ante la Unidad Divina mientras se permanece, integrado por completo, con la transmisión del cuerpo particular de revelación en el cual uno de hecho vive y respira.

Sin embargo, el alma nunca debe identificarse esencialmente con una corriente histórica de revelación como si fuera opuesta a otra, pues hemos visto que la revelación es una, igual que Dios es Uno. El Sagrado Corán nos permite tener una valiosa visión de la revelación única, la religión más allá de las religiones que de todas maneras constituye el núcleo viviente de cada religión, la religión que no se le impone a la Humanidad, sino que es la naturaleza misma de la Humanidad como fue creada por Dios.

El hinduismo, el budismo, el taoísmo, el judaísmo, el cristianismo, el Islam, los seguidores de Confucio, las innumerables tradiciones indígenas de América Latina, no son primordialmente instituciones sociales que puedan ser estudiadas desde fuera. Una tradición sagrada es un entero mundo sagrado sin fronteras, inagotable en enseñanza y bendiciones. Sólo podemos penetrar la esfera de un mundo sagrado a través de la amistad con sus guías, iniciados y todos los que participan de manera comprometida.

El aprecio por la intrincada ecología de Lo Sagrado proveerá modos de resolver nuestras asfixiantes preocupaciones -incluyendo justicia social, justa disribución de la riqueza, respeto a los derechos humanos, protección ambiental, emancipación de adicciones diversas-, y puede ser una amplia vía de acceso a una educación comprensiva que integre y no soslaye las necesidades del espíritu vivo en cada ser humano y, sobre todo, al desarrollo de una cultura de apreciación de la diversidad cultural, política y religiosa emergente.
Comprendemos con claridad que Lo Sagrado se expresará a sí mismo a través de la conciencia humana, tanto de manera completa y libre, así como en formas diversas, intrincadas e incluso distorsionadas. Pero nadie puede justificar el regreso a la perspectiva fragmentaria de aceptación o validación de una sola tradición sagrada. Actualmente encaramos una paradójica diversidad de mundos sagrados -sorprendentes paisajes distintos entre sí pero con correspondencias igualmente sorprendentes.

El estilo cultural de apertura, creciente en América Latina y prevalente en muchas sociedades occidentales contemporáneas, nos permite considerar el abrazar el budismo, el hinduismo, el Islam, o renovar la fe en la religión de nuestra infancia, ya sea judía, cristiana o indígena. Incluso nos permite imaginar que estamos de pie, fuera por completo, del ámbito de cualquier tradición sagrada, o probar diversas enseñanzas esotéricas o seculares de cuestionable autenticidad. Esta última situación resulta de la erosión de los universos sagrados de la humanidad. Paseamos por un centro comercial de cultura de exhibidor, más que realmente existir con asombro y compromiso dentro de un ambiente integral de Lo Sagrado.

La solución espiritual a este dilema actual es considerar el mundo secular moderno como un llamado de Lo Sagrado al pluralismo cultural, religioso, y a sus estándares flexibles, para evaluar que es de hecho una invitación de Lo Sagrado para que la humanidad moderna se adentre más en la existencia sagrada. Pero Lo Sagrado no puede florecer como una abstracción intelectual, como una nostalgia romántica, ni como una norma socialmente impuesta. Brota sólo del libre compromiso y la comunidad justa.

Lo Sagrado es esencialmente una experiencia compartida y comunicativa, no divide ni excluye. Nuestra sagrada lucha es por la unidad primordial, no por la uniformidad, por la continuidad no por la inmovilidad, por la comunidad, el compromiso y el diálogo. Esa es la tarea que tenemos por delante los musulmanes de América Latina. Tendremos que liberarnos de numerosas suposiciones y prejuicios seculares modernos, así como de innumerables prejuicios religiosos nacidos a lo largo de siglos de historia de instituciones religiosas, para que nuestro servicio y entrega a Al-láh ayude genuinamente a generar una sagrada forma de existir.

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UN SOL SE LEVANTA EN OCCIDENTE
Málika al-Yerraji

México D.F. 2003/1423

"El Islam es como un agua clara y pura que toma la forma del recipiente en que se vierte."
Sheij Muzaffer Ashki al-Yerraji

Las vigorosas comunidades musulmanas, incluidos los círculos sufis, que proliferan en culturas no islámicas occidentales y en las de habla hispana, son, por decirlo así, como recipientes nuevos para el Islam. Exhiben apariencias muy variadas. Sus formas, incluso pueden ser percibidas por la mirada del mundo convencional que opera también en el pensamiento religioso- como demasiado exóticas, como contaminadas o incluso como extrañas al Islam. Este tipo de corriente de pensamiento tiende a desestimar la pureza del agua a través del examen de la forma del recipiente. Prefiere dictaminar sobre el jarro que beber de él. Es una mirada inconsciente tanto de la diversidad que pulsa en el medio cultural, como de la que expresa como recipiente individual. Tiende a construir e imaginar una universalidad islámicas monolítica y gris, que niega toda diferencia y especificidad. Este tipo de mentalidad es un verdadero dolor de cabeza para las comunidades de musulmanes que están floreciendo.

Sé que es peligroso generalizar la experiencia que hemos tenido en nuestra comunidad, en México. Pero intuitivamente pienso que nuestra vivencia no está desasociada de la experiencia de los demás círculos de musulmanes occidentales. Tampoco creo que sea un fenómeno exclusivo del cuerpo del Islam. Esa misma voz esta en todas las tradiciones sagradas: juzgando, dividiendo, haciendo cuidadosas disecciones entre los que considera ciudadanos de primera y segunda de los universos sagrados, e intentando imponer una identidad que invalide las expresiones de lo diverso en favor de los códigos, los usos y las costumbres culturales propias. Como humanidad hemos podido atestiguar, en el extremo de este tipo de visión, actos criminales, del todo ajenos a la compasión y la misericordia que traen a la experiencia humana el Islam y las demás revelaciones.

Este modo de pensamiento distorsionado ataca directamente la ternura de los corazones creyentes. Esta voz legitima una sola forma de recipiente, sea cultural o sea personal. Habla desde el cuerpo de convenciones y limitaciones con el que interpretamos y recreamos desde nosotros el mundo. Un mundo a la medida de nuestro ego individual o social, que se nos presente seguro, totalizado y uniforme. Un mundo por cierto muy estrecho, plagado de idolatrías en las que se levanta al propio entendimiento por sobre la sabiduría de la Revelación.

Incluso entre las estrecheces de este tipo de pensamiento religioso convencional hay distintos grados de sofoco. Y con mucho, quizá el espacio más asfixiante es el que se asigna a la mujer, rayando a veces en la crueldad o la animalidad. No es necesario decir, que estos espacios son del todo contrarios a la liberación, la libertad y dignidad con que Dios unge a la humanidad.

La revelación coránica nos descubre la diversidad humana y la de los universos sagrados como una misericordia divina. Nos instruye a contemplarla como un misterio de Su Voluntad, idéntica a Su Misericordia, que aclarará en el Día de la Resurrección. Nos invita a respetar las manifestaciones de su guía más allá del propio entendimiento, por brillante y amplio que consideremos que sea, y nos previene sobre el error de juzgar la intimidad del creyente con Su Señor.

Abú Talib al-Makki, autor del "Alimento de los Corazones", y otros sabios del Islam también han explicado ampliamente, que "Dios nunca se muestra a Sí mismo en una sola forma a dos individuos, ni en una sola forma dos veces". La Creación es constantemente renovada y cada alma es una cristalización única e irrepetible de Atributos Divinos, porque Dios no se repite a Sí mismo. ¿Cómo se podría entonces no apreciar el origen divino de la diversidad humana, de la diversidad religiosa?

Este foro me parece un espacio privilegiado en el que apreciar esta enseñanza. Una oportunidad que podría favorecer la creación de redes entre hermanas y hermanos que están constantemente reconstruyendo su visión del mundo en busca de la verificación en sí mismos de la mirada profética. Inconcebiblemente abarcadora, nunca despreciativa, que atraviesa lo que no tiene existencia real en nosotros para abrir espacio interior a la unicidad que subyace en lo diverso.

Digo todo esto no para hacer una defensa de la muy cuestionable cultura occidental dominante hoy, ni para negar los valores que puedan tener las culturas orientales. La cultura, cualquiera, es un cuerpo de interpretación de la experiencia de los pueblos, y como toda interpretación humana, tendrá rasgos más o menos cercanos a la Verdad y tendrá zonas oscuras. Es más bien para reflexionar sobre nuestras particularidades y el trabajo común que podemos hacer los que abrazamos y fuimos abrazados por el Islam en medios culturales similares y no islámicos. Lo que puede verse como una desventaja, no tener por lengua materna el árabe, no haber crecido en una sociedad musulmana, etc., y que nos puede hacer aparecer como ciudadanos de segunda del Universo islámico, es posiblemente una tremenda bendición que nos impulsa a cuestionar los más variados y ocultos juicios y distorsiones que forman parte constitutiva del cuerpo cultural en que vivimos y del cuerpo cultural islámico.

No puedo evitar, teniendo en claro la excepcionalidad irrepetible del evento original, ver cierto reflejo del desarrollo de la comunidad original del Profeta Mujámmed (s.a.w.s.) en el florecimiento de estas nuevas comunidades. La revelación llega a nosotros sin las asperezas y rigideces que causan siglos de cruzamiento de elementos culturales con las interpretaciones limitadas de lo religioso.

La revelación llega a autodevelarse en los corazones y a disolver prejuicios. Este proceso puede causar una especie de crisis de identidad. En algún momento algunos podemos preguntarnos cómo se supone que debe "lucir" un musulmán o una musulmana, nos preguntamos sobre el uso del velo, y sobre la relación entre hombres y mujeres, y otros asuntos espinosos, como los posibles conflictos con nuestra familia, posiblemente practicantes de otra tradición sagrada.

Hacen crisis en nosotros los valores y principios culturales que teníamos integrados, y vemos que muchos de ellos no pasaron por la claridad de la conciencia. Pero no creo que tengamos que atravesar una clarificación de la visión del mundo evaluándola bajo una nueva luz, la de la Revelación, para luego vestir -como un corsé- una nueva identidad cultural limitada. El proceso de clarificación no parece estar relacionado con la negación de nuestra experiencia vital, ni del total de la cultura en que nacimos, ni de la historia de nuestras vidas. Seguramente todos aquí hemos visto alguna vez los efectos del intento de revestirnos de formas culturales llamadas islámicas que pueden distanciarnos de la frescura y vitalidad de la Revelación. Quizá también hemos visto la disolución del espíritu comunal por la censura que viene del pensamiento disgregador o el quebrantamiento de corazones por el prejuicio.

La apropiación genuina de un modo santo de vida nos desnuda de todo elemento de imitación, de prejuicio, de limitación, y censura. Y la posibilidad de compartir aquí el distinto proceso de apropiación, de actualización del Islam, puede darnos posibilidad de tender puentes, de tener labores de tejedor haciendo redes de comunicación que vinculen nuestras comunidades. Podemos ser caja de resonancia para una voz compasiva e intrépida que exprese la regia amplitud de las puertas del Islam y se haga eco de la clarificación constante a la que la humanidad es llamada, a la que todo universo sagrado está siendo llamado.

Qué particularidades tiene hoy ser musulmán, budista, cristiano, en el momento en que las culturas, las religiones, las prácticas sociales no son contenidas por fronteras territoriales. Este fenómeno trajo al primer plano de nuestro mundo la necesidad del aprecio y la protección de la diversidad como riqueza de la humanidad. Como el lugar que refleja la belleza del rostro divino. Y nos exige la revisión de los prejuicios que podamos tener contra el otro, y el aprendizaje de modos de comunicación armoniosos y genuinamente apreciativos de la diversidad interna del Islam, y de la diversidad respecto de las demás tradiciones sagradas. Se trata quizá de ser capaces de seguir nuestros caminos sin proyectar nuestras limitaciones sobre los caminos que proponen los otros universos revelados.

El proceso de clarificación de lo que en nosotros es mundo, es prejuicio, es adición cultural, nos puede aproximar al cuestionamiento del tipo de relaciones humanas (del signo que sean) en que estamos inmersos. Muchas de ellas establecidas en el terreno de las relaciones de poder. Con formas propias, en las actuales culturas dominantes, en occidente y oriente, buena parte de las relaciones humanas se construyen sobre la base de relaciones de poder y dominación, no sobre relaciones simétricas que privilegien la circulación del amor. Vemos suceder esto en la cultura, en lo social, en lo religioso, en lo familiar, o en los espacios de intersección de estos ámbitos. La Revelación propone relaciones simétricas, no piramidales. Da la opción de profundizar en un tipo de relación en la que circulan distintos grados de amor y compasión y no de poder humano. La "jerarquía" tiene una vinculación directa en grados con el servicio y la responsabilidad, no con el ejercicio del poder y la dominación. A mayor jerarquía corresponden más intensos niveles de servicio y compromiso, en otras palabras mayor circulación de amor y compasión.

Este punto quizá es el que a mí en lo personal más me impacta. Vislumbrar en el Corán formas de organización social que están por venir, que estando plasmadas en el cuerpo del Corán permanecen lejos de nuestra vista porque no ha llegado el tiempo de comprender sus sentidos cabalmente.
Por esto decía que estamos viviendo una experiencia que, aunque reflejada en un pequeño espejo, contiene a la escala de nuestra experiencia, la dimensión original del advenimiento del Corán en la comunidad profética. No podemos ser musulmanes clones de los que producen otras culturas, no podemos dejar de hacer traducciones que nos acerquen el agua clara del Islam a la boca, no podemos erigirnos en jueces que validan o invalidan los procesos que la Revelación trae a los corazones. No podemos tampoco desechar la experiencia de ningún musulmán, ni dejar de tomar en cuenta el conocimiento producido por inspiración divina en tantos siglos de Islam.

Es más bien que requerimos darnos espacio para transformarnos, requerimos de apertura para que los corazones puedan vibrar con la guía y la transmisión directa de la voz divina, del Corán, para que no sumemos durezas a las que nos produce la experiencia de vivir. Para dejar que lo que viene vivo pueda deshacer los muros de arena culturales y permitirnos una comunicación profunda, respetuosa y digna, con la veracidad, el respeto y la dignidad que nos trae el Islam.

¿Cuáles son los caminos que llevan a las comunidades al fortalecimiento y arraigo, en el ámbito cultural en que vivimos? En un sentido más real, los caminos comunales serán seguramente tan únicos e irrepetibles como lo es la experiencia individual de cada ser humano. Pero quizá el fortalecimiento está en relación con la capacidad de las comunidades para desarrollarse como una fuerza positiva y creativa. Que se afirme integrando al proceso de crecimiento lo mejor de nuestros pueblos.

Volviendo a la frase inicial de este texto, creo que ser musulmán en nuestros países no tiene que significar la negación de los valores que son nobles y afines a la Revelación, porque el Islam es esa agua clara, incorruptible, que toma la forma del recipiente en que se vierte. Y lo mejor de nuestras culturas pueden ser recipiente tan hermoso como lo es lo mejor de las culturas orientales islámicas.

¿En qué podemos trabajar aquí para servir a los que vendrán después de nosotros? El Sagrado Corán ocupa el lugar central de transmisión de guía divina, complementándose con el Bendito Hadiz. Quizá podríamos revisar las traducciones del Corán al español en forma conjunta, en mi humilde opinión sería bueno tener la traducción del Corán en inglés de Yusuf Alí con las notas completas. Quizá podamos formar un círculo de mujeres y hombres de diferentes culturas y nacionalidades de habla hispana que reflexionen juntos, que aprendan juntos, de la traducción y transliteración del Corán al español, y del espíritu original del Jadiz. Que trabajen sobre las experiencias y obstáculos con que las comunidades se encuentran en el camino que nos propone el Islam universal para alcanzar el estado de completud, de humanidad perfecta.

Pero seguramente lo que se geste en esta primera reunión simplemente de la actividad de conocernos, oírnos y estar juntos compartiéndonos será, Inshaláh, más interesante que cualquier propuesta que pueda yo traer.

Málika al-Yerraji
México D.F. 2003/1423

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MUSULMANES EN UN CONTEXTO CRISTIANO.
Abdul Malik Al-Yerraji

Orden Sufi Jalveti Yerraji de México

Las nuevas comunidades islámicas, floreciendo en un contexto sociocultural y religioso en el que son minoría, se enfrentan a la necesidad de establecer un medio apropiado para su práctica y desarrollar una posición que les permita, tanto a nivel individual como grupal, mantener dicha práctica en su dignidad y pureza esenciales. Esto se hace aún más necesario en un medio en el que el desconocimiento del Islam es casi total, aunado a las distorsiones que los medios de comunicación difunden acerca de él. Además, el "nuevo" musulmán se enfrenta a un entorno familiar y cultural dominado por un exclusivismo religioso que, aunque se ha ido transformando en las últimas décadas por la insatisfacción espiritual que ha producido en muchas almas, en ciertos ámbitos sigue viendo al Islam como algo inasible, ajeno, lejano y exótico.

Quisiera dejar oír la voz de Sheij Nur Al Yerraji en su planteamiento de estas cuestiones:
"Los que integran la civilización occidental no han sido educados sensiblemente o siquiera informados acertadamente respecto al Islam, no como cristianos ni como judíos, tampoco sencillamente como individuos responsables intelectualmente. Por más de mil años se han infundido en las culturas europeas prejuicios obvios y sutiles en contra de la vía de amor y sabiduría llamada Islam. Incluso algunas personas de buena voluntad que han tenido contacto con el Islam siguen interpretando la reverencia por el Profeta Mujámmad (s.a.w.s.) y la aceptación global de su mensaje como la supervivencia inexplicable del fervor de una antigua tribu del desierto. Esta visión ignora catorce siglos de civilización islámica, que ha florecido en forma extraordinaria con artistas, estudiosos, estadistas, filántropos, científicos, caballerosos guerreros, filósofos, santos y místicos, así como también con incontables hombres y mujeres comunes, devotos y sabios, de casi todas las naciones del planeta."

"La coherente civilización llamada Islam, fundada en la visión del Corán, no se puede considerar simplemente como el producto de una ambición individual y nacional, respaldada por accidentes históricos. Esta vasta comunidad espiritual, integrada hoy por más de mil millones de personas, puede entenderse solamente como resultado de la vida sagrada de Mujámmad (s.a.w.s.). El Islam seguirá floreciendo en el futuro en todo el planeta, despertando a seres humanos a la verdadera nobleza del alma y a lo sublime de su Fuente, haciendo posible para un gran segmento de la humanidad una forma de vida disciplinada y armoniosa."

"…El poder de la auténtica revelación no se puede entender simplemente en función de la historia política y cultural. Existe una Fuente Última de la cual el universo entero está fluyendo en armonía."
"No hay forma en que yo pueda hacer que se desvanezca toda impresión falsa o incompleta que los lectores de este libro puedan tener acerca de la espiritualidad islámica. En cambio, les pido que experimenten suspendiendo temporalmente cualquier juicio negativo. Simplemente asuman que el Islam está entre las tradiciones de gran sabiduría de la humanidad, todas las cuales merecen un respeto fundamental. Esto propiciará una actitud de apertura en la que el lector podrá beber de la fuente iluminadora del Sagrado Corán."

1---Elementos para una convivencia armoniosa

En esta ponencia queremos compartir algunas ideas y experiencias de nuestra pequeña comunidad islámica en México, sobre algunos elementos y principios que nos han ayudado a aclararnos a nosotros mismos y a los que nos rodean, en el camino hacia una convivencia -y no sólo sobrevivencia- con respeto y armonía.
En México, como todos sabemos, la mayoría de la población se declara cristiana, y más específicamente católica. Para los "nuevos" musulmanes que somos (o "conversos" desde otro punto de vista), así como para los de nuestro entorno más inmediato, ha resultado de suma importancia conocer los puntos de unión entre el cristianismo y el Islam, buscando sortear las contradicciones

Como sabemos, en el Islam la guía para toda conducta personal o comunitaria proviene de la revelación, el Sagrado Corán, así como de la bendita tradición oral del Profeta Mujámmad (s.a.w.s.).
A continuación presentamos algunos de ellos, aunque puedan ser del conocimiento de la mayoría de nosotros:
El mensaje esencial de todos los profetas ha sido el mismo: Lá iláha ila-l-láh. No hay nada digno de adoración, excepto el Dios Uno, y el mensaje universal del Islam confirma la armonía esencial de todas las religiones reveladas y su coexistencia pacífica sobre la tierra (Sura 42: 13-18)

Los musulmanes reconocen que Jesús, la paz esté con él, es el sublime siervo de Dios y uno de Sus divinos mensajeros. Con el conocimiento de que Jesús fue creado sin padre, lo llaman Ruhul-láh, el Espíritu de Dios.

"Al-láh el Más Alto elogia a los Padres y Madres del Desierto del cristianismo antiguo como dedicados amantes de Dios que han renunciado al mundo para vivir en Su cercanía, y cuyos ojos derraman lágrimas al reconocer las palabras divinas del Corán como la verdad viviente."

"De acuerdo a la tradición oral islámica, la condición profética de Mujámmad (s.a.w.s.) fue percibida y confirmada cuando él era un niño por un Padre del desierto cristiano."

"La armonía espiritual entre cristianismo e Islam se resume en un hermoso dicho del profeta Mujámmad (s.a.w.s.). "Aquel que ama a Jesús y a mí recibe una doble bendición". ¿Qué otra religión en el mundo ha reconocido este nivel de correspondencia con la tradición precedente? El Dios Uno revela en Su glorioso Corán que las diferencias entre Sus diversas revelaciones globales serán aclaradas solamente por Él, al final de los tiempos. Esta convicción divina implica claramente que nuestra tarea es alcanzar la armonía espiritual y el amor por toda la humanidad sin excepción, en lugar de involucrarnos estériles o agresivos debates religiosos."

"En otra parte del Corán, Al-láh el Más Alto explica que pudo haber unificado a todas las naciones en una sola comunidad religiosa, sin embargo desarrolló la pluralidad de comunidades sagradas como una prueba para el alma. El alma enfrenta esta prueba divina exitosamente a través de la humildad, el sosiego y el compromiso con el principio de unidad, y no a través del odio o el divisionismo."

"Ambas comunidades, musulmanes y cristianos, aceptan tanto el nacimiento virginal del amado Jesús (a.s.), como su misteriosa ascención corporal al Paraíso. También las dos tradiciones aguardan fielmente la palpable segunda venida de Jesús, el Mesías, como se hace referencia en el Sagrado Corán. Por lo tanto, los cristianos y los musulmanes están de acuerdo en cuanto a la misteriosa aparición y desaparición de Jesús (a.s.)"

"En cierta ocasión, un musulmán le preguntó al sheij Muzzafer Ozak: 'Efendi, ¿por qué es que nosotros sí aceptamos de todo corazón y veneramos a la Virgen Madre y a su amado hijo Jesús, mientras que los cristianos después de catorce siglos todavía no aceptan la autenticidad de nuestro noble Profeta?' El gran sheij, riendo con su conocido buen humor, respondió simplemente: 'Ellos llegaron primero. A nosotros nos concierne respetarlos y no insistir en que ellos nos respeten a nosotros'. Otro musulmán se acercó a Muzzafer Efendi y preguntó: '¿Qué pasará en el Día del Juicio a las almas cristianas que han rechazado e inclusive ridiculizado, la naturaleza profética del Mensajero de Al-láh?' Este hombre de gran humildad, respondió inmediatamente: 'El amor genuino que cualquier cristiano siente por el Mesías Jesús será tomado en cuenta como amor por el Profeta Mujámmad, que la paz y bendiciones de al-láh estén con ambos. El amor sincero que cualquier judío siente por el noble Abraham y el noble Moisés será tomado en cuenta igualmente como amor por Mujámmad, el sello de la profecía. ¿Por qué? Porque Al-láh, el Más Alto, enseña claramente en Su glorioso Corán, que todos los mensajeros comparten una sola esencia'.

2. Algunos principios y características a tomarse en cuenta en una comunidad musulmana inserta en un contexto con mayoría de otra(s) religión(es)

En nuestra experiencia, hemos visto repetidamente que el prejuicio contra el Islam muchas veces se disuelve en el contacto directo con la práctica espiritual de una comunidad, por pequeña que sea, de los que han abrazado el Islam.

Y esta práctica sincera debiera naturalmente conducir, con la guía de Al-láh, a una actitud y a una conducta para con su entorno, cualquiera que éste sea, congruentes con el espíritu de tolerancia, justicia y armonía que nos presenta el cuerpo de enseñanza del Islam.

En este sentido, no podemos hacer de nuestras comunidades guetos, ni alentar en ellas el más mínimo sentimiento elitista. La existencia digna de nuestras comunidades se da en el espacio abierto, en la búsqueda de una convivencia armoniosa y apreciativa hacia los que nos rodean.

Una tendencia que puede surgir en los miembros de una comunidad nueva es la actitud de tratar de "convencer" a los demás de las bondades del Islam. Esto está bastante lejos, por lo menos en nuestra experiencia, de ayudar a consolidar el espacio digno que merece el Islam. Los llamados al Islam no acuden a un llamado proselitista sino a la llamada divina. El equilibrio entre permanecer abiertos y a la vez no tener una compulsión por atraer adeptos, genera el espacio que necesita la gente para acercarse al Islam sin temor.
Como nos recuerda el Sagrado Corán:

Si hubiera sido la Voluntad del Señor, todos en la tierra creerían sincera y abiertamente. ¿Por qué entonces deberían intentar persuadir u obligar a alguien para volverse creyente?(Sura 10:99)

El Sagrado Corán revela que, durante la larga historia de la humanidad, se han enviado profetas auténticos a cada nación espiritual, sin excepción. La palabra de Al-láh también proclama que nunca se debe hacer alguna distinción esencial entre estos inspirados mensajeros. El Corán declara que tampoco debería existir la más mínima compulsión en el camino de la religión universal. La verdadera religión no puede ser impuesta desde afuera sino que es natural al alma humana.

Nunca disputen agresivamente con aquellos entre las varias gentes de la Revelación que son pacíficos y sinceros, sino que afirmen amorosamente: "creemos en la integridad de la Revelación Divina Esencial que ha descendido a nosotros igualmente que a ustedes. Al-láh el Más Alto es la Realidad Una a Quien todos nosotros reverenciamos ya Quien sometemos nuestras almas".(Sura 29:46)


Un aspecto que hemos encontrado fructífero es la búsqueda de inserción en cada vez más espacios desde los cuales difundir una visión de lo que significa el Islam, no en una versión monolítica, ni en lo religioso ni en lo cultural, sino en sus dimensiones profundas de universalidad, de abrazo a la humanidad como un solo cuerpo, mostrando, en conjunción y en armonía con la diversidad, el potencial que le es reservado al ser humano por la misericordia divina.

Esta necesidad de apertura hacia la diversidad es a la vez un ejercicio de respeto por la libertad religiosa y una forma promoción del diálogo y el acercamiento necesarios para una convivencia armoniosa. En este sentido, es importante la búsqueda de puntos de acuerdo que abran espacios para el trabajo conjunto --por ejemplo en México, a partir del interés común en la promoción de una ley que diera reconocimiento legal a más asociaciones religiosas, derivó en la formación del Consejo Interreligioso de México que un tiempo después pudo generar un documento tan importante como el Código de Ética entre Religiones.

Finalmente, el solo hecho de preservar nuestra práctica, independientemente de las condiciones que tengamos en nuestro medio, es en sí mismo un servicio que se presta a la familia humana. Ser el testimonio viviente de un modo de vida que nos dignifica como seres humanos, dignifica al mismo tiempo ante nuestros ojos a todo ser humano, apreciándolo en su propio camino. El Islam, la sumisión a nuestra Única Fuente y a Su Voluntad, poniendo toda confianza en Sus manos, basta como objetivo, medio y meta.

No puede haber absolutamente ninguna compulsión en la religión universal. Simplemente permitan a la Verdad Viviente permanecer claramente fuera de error. Quienquiera que evite toda negación y viva afirmando sólo a Al-láh es uno que ha comprendido la esencia indestructible. Al-láh el Altísimo es la Única Consciencia que constituye toda visión y audición.(Sura 2: 256)

Simplemente oren de manera incesante, den generosamente, asimilen completamente el sagrado modo de vida del Mensajero, y recibirán infinita Misericordia Divina. (Sura 24: 56)

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Musulmanes en Chiapas
por Thelma Gómez Durán
De la Revista Milenio, México, 5 de Febrero del 2001.


San Cristóbal.- En las afueras de San Cristóbal de las Casas, al final de un largo camino de terracería, indígenas tzotziles construyen una habitación. Es una mezquita. Faltan detalles para terminarla, pero ya la utilizan para reunirse y adorar a Alá.

"Encontramos la verdad en el islam", comenta Mariano Hernández Méndez, quien hace cinco años dejó de profesar como testigo de Jehová, para ahora "rezar en árabe, porque ése es el principio, la raíz".
Ante sus hermanos de credo, Mariano es Muhammad Isah e integra una de las dos comunidades islámicas que habitan en Chiapas. Hace un año en la entidad había un solo grupo de musulmanes. Ahora, los seguidores de Alá se han dividido.

El mensaje del Islam llegó a San Cristóbal de las Casas en 1994. Lo llevaron dos españoles que se establecieron en un lugar que parecía predestinado: calle Damasco, colonia Nueva Esperanza.
Fundada hace algunas décadas por indígenas tzotziles, expulsados de San Juan Chamula por ser evangelistas, la Nueva Esperanza se ubica en los límites de San Cristóbal, en una de las áreas más pobres de la ciudad, en donde el silencio se rompe esporádicamente cuando algún automóvil circula por el periférico que divide la colonia.

"Los españoles llegaron poco después del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Se reunieron con varias familias para dar a conocer el islam", explica Juan o Muhammad, veinteañero que dejó a los evangelistas para unirse a los musulmanes, como lo hicieron todos sus parientes hace cinco años.
Cerca de 200 indígenas fueron seducidos por el mensaje que llevaron Aureliano Pérez y Esteban López, los españoles portadores del mensaje islámico.

"Prometieron muchas cosas. Decían que tendríamos oro, plata, terrenos. Pero, no cumplieron". Las palabras de Juan coinciden con la de otros indígenas: "Decían que éramos una mierda, que no teníamos que comer tortilla, porque es una mierda, ni hablar en nuestra lengua".

Esta actitud alejó a muchos de los indígenas que ya se habían convertido al islam y que prefirieron regresar a su antigua religión.

Las diferencias entre los españoles y los tzotziles aumentaron en 1998, cuando Ismael López, miembro de la comunidad musulmana en la ciudad de México, arribó a Nueva Esperanza para conocer el trabajo que ahí se realizaba.

"Hace dos años, algunos indígenas de San Cristóbal de las Casas llegaron a la ciudad de México a buscar a la comunidad musulmana. Los españoles les habían dicho que no había musulmanes en todo el país, pero ellos se informaron y enteraron que sí existía una comunidad en el Distrito Federal."

Ismael, quien lleva diez años profesando como musulmán, pasó tres días en San Cristóbal de las Casas: "Me di cuenta de que el islam que ellos predicaban está totalmente en contra de lo que nuestro profeta Muhammad (Mahoma) nos enseñó. Ellos -los españoles- me daban la excusa de que predicaban las enseñanzas de su Sheij (líder espiritual), que está fuera de México. Cuando los nativos se dieron cuenta de que no eran los únicos musulmanes en el país y que yo no hacía las oraciones como se las estaban enseñando, comenzaron a cuestionar a los españoles".

Abdul Rahim o Marcos Hernández Gómez fue quien más desconfió de la forma en que los españoles les estaban enseñando su credo: "Aureliano Pérez decía que teníamos que dejar la casa, abandonar la escuela y formar una comunidad musulmana. Nosotros estudiamos y nos dimos cuenta que el islam no es así. La religión nos permite estar en nuestras casas y no dejar la carrera, ni sacar a los niños de la escuela del gobierno".

Hace un año, Abdul Rahim y su familia, así como otros indígenas, decidieron separarse de los españoles y formar su propia comunidad musulmana, la cual está inscrita dentro de la corriente sunita, una de las tantas ramificaciones del islam y con el mayor número de seguidores en el mundo.

"Los españoles tienen otras ideas que no son las que enseñó el profeta Muhammad. El islam respeta las razas y no se puede inventar cosas", explica Muhammad Isah, quien dice con orgullo que es tzotzil, como los miembros de las otras cinco familias musulmanas que viven en Molino Los Arcos, una pequeña comunidad aislada de la urbanización donde conviven evangelistas y adoradores de Alá.

Ahí todos son tzotziles y comparten las mismas carencias. Todas las casas son de madera, a excepción de la pequeña construcción de cemento que funciona como escuela primaria y el cuarto de adobe que a pesar de estar todavía inacabado funciona ya como mezquita. La mayoría de los hombres se dedican al cultivo del maíz, pero para poder contar con más recursos económicos hay quienes van al bosque, ahí pueden tener trabajo temporal en el aserradero.

Calle Damasco, número 8, colonia Nueva Esperanza. No hay más Dios que Allah y Muhammad su mensajero. Centro de Información sobre las Enseñanzas del Islam. Centro de convivencia y desarrollo social para los musulmanes. El letrero ocupa gran parte del muro blanco que resguarda la casa. Durante el día funciona como escuela, carpintería y sitio de oraciones. El sonido de la sierra cortando la madera es lo primero que se escucha al llegar a la puerta del centro musulmán.

Mujeres con el cabello cubierto con una pañoleta y largas faldas de tonos sepia reciben al visitante. Es viernes, día del Yuma, de oraciones y comida en la que participan todos. El ajetreo en la cocina es incesante. Entre tanto, al fondo del amplio terreno, los hombres trabajan en la carpintería y un pequeño grupo de niños permanece en uno de los cuartos de madera que funciona como salón de clases.

No es posible hablar con Aureliano Pérez, conocido entre los indígenas musulmanes como Sirinafia -Señor Nafia-, ni tampoco con Esteban López. Viajaron a España y regresarán en un par de días. En su lugar se encuentra Mariano, hombre barbado, alto y delgado, de ojos claros y acento andaluz.
Se sorprende por la visita de la reportera. Es él quien inicia la entrevista: ¿Cómo te enterarse de la existencia del centro? ¿Quién te habló de nosotros? ¿Qué quieres saber de los musulmanes?
Escucha las respuestas, con atención y cierta desconfianza. Pero no responde, no puede, dice. Para ello requiere de la autorización de Aureliano Pérez. Sólo él puede hablar, nadie más.
Mariano trata de localizar a Sirinafia por teléfono, mientras tres niños juegan y hablan en tzotzil en el salón contiguo.

-¿Están en clase?
-Sí, aquí les enseñamos cómo aprender a vivir, cómo aprender a ser hombres y mujeres.

-¿No van a la escuela del gobierno?
-No, aquí les enseñamos lo que tienen que aprender.
-¿Tienes mucho tiempo viviendo en México?
-Más o menos. Perdón por el hermetismo, pero no podemos informarte nada. No confiamos en los periodistas.

Comenta, sin embargo, "en Europa se dice que México es el mejor mercado para las religiones". Y remata: "Nosotros nos comunicaremos contigo".
Han pasado los días. La reportera continúa esperando la entrevista.
En la comunidad musulmana dirigida por los españoles se siguen lineamientos estrictos: los niños no deben ir a la escuela oficial, las familias no deben recibir ayuda del gobierno y no se debe tener contacto con los kafir, es decir, con los no musulmanes.
Al respecto, Ismael López menciona que "Muhammad no cortó relaciones con quienes no creyeron en su mensaje. Por ello, no tenemos por qué cerrarnos en una cápsula y decir 'soy musulmán y todo lo demás no vale nada´, como ellos lo hacen. Además, el islam te invita a que seas una persona de conocimiento y así ser benéfico para tu comunidad y tu país".

De acuerdo con las oraciones y la forma de organización que tienen, la comunidad encabezada por los españoles pertenece a un movimiento islámico conocido como Morabidum, cuyas raíces se encuentran en el norte de África, pero con una gran aceptación en el sur de España.

Para Omar Weston, director del Centro Cultural Islámico de México -agrupación que representa a la mayoría de los musulmanes en el país-, los Morabidum combinan elementos del sufismo, corriente mística del islam.
"Ellos quieren fundar un Estado islámico en España. Sus tendencias políticas están encaminadas a establecerse como un Estado independiente de cualquier gobierno."

Según Weston, el Sheij del grupo morabitum asentado en Chiapas es un escocés llamado Abdul Kadar y cuya residencia está en Córdoba, España. Son las cinco de la mañana. En Molino Los Arcos los hombres se disponen a ir a la mezquita a realizar la primera de las tres oraciones que se deben hacer en el día. Las mujeres sólo pueden acudir a la mezquita por la tarde.

"Nosotros respetamos a la mujer, eso es lo que enseña el islam", dice Abdul Rehim quien aún no se ha casado. Cuando él decida hacerlo, tiene que buscar a una mujer que cumpla con cuatro cualidades: nobleza, religión, belleza y riqueza.

En Molino Los Arcos, donde viven cerca de 40 musulmanes, los niños sí asisten a la escuela gubernamental. "En la mañana aprenden a leer y escribir, por la tarde tienen que ir a la mezquita para estudiar el Corán", explica el padre de Abdul, Muhammad Isah, quien a cada momento repite que ellos son hombres de paz.
"No permitimos matazón ni el derrame de sangre. Ellos -los españoles- están enseñando a matar. Nosotros somos esclavos de Dios y no podemos matar a otros que tienen alma como nosotros."

Abdul y su padre, al igual que sus hermanos musulmanes, difunden las enseñanzas de Muhammad entre otros tzotziles. "Queremos dar a conocer el camino correcto del islam". Además, esperan que pronto llegue el día en que puedan cumplir con una de las obligaciones de todo musulmán: visitar la Meca, en Arabia Saudita.
Por lo pronto, dicen: "Estamos amando a Alá y enseñando la verdad".

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