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Con
el Salat, lo Eterno, lo Esencial, se manifiesta, y lo
efímero, lo contingente, desaparece absorvido
en el Uno que todo lo contiene. El Salat es un acto
de extrema radicalidad: es el instante en el que todos
los ídolos son derrumbados, el momento en el
que al aparecer lo verdadero, lo falso huye. En el Salat
hay autenticidad; es cuando el musulmán se vuelve
hacia Al-lâh y es transportado por El, transfigurado
completamente, y se reconoce y reconoce al Dueño
de los Mundos.
El Salat es la soledad de Al-lâh, en el Salat
Al-lâh se muestra como Singular, ajeno a todas
las quimeras, despojado de todas las fantasías
humanas, y se muestra a Sí mismo extinguiéndolo
todo, consumiéndolo todo, doblegándolo
todo.
Cuando ya no hay nada, cuando el musulmán se
postra finalmente, Al-lâh aparece como Soberano,
como lo es en Su Realidad, y cuanto existe brilla bajo
Su Resplandor. Y el Salat es el instante también
en el que el ser humano proclama su califato, su soberanía,
pues con su 'Ibada se desembaraza de lo que lo confundía,
de lo que lo engañaba y esclavizaba: al contemplar
la Unidad de Al-lâh, sus ídolos caen, sus
mentiras se disipan, y ahora es la clarividencia la
que ocupa el lugar de la insensatez. Rindiéndose
ante su Señor, desenmascara a los dioses, los
denuncia, los aniquila con una mirada fulminadora. Al
igual que Al-lâh, en el Salat aparece el ser humano
en su verdadera dimensión. Al igual que Al-lâh
que con el Salat hace desvanecerse todo lo falso, todo
lo que no es El, el hombre se alza y barre lo que era
confuso y se sumerge en el océano de la Grandeza.
Por ser un acto de tan alta trascendencia y sus efectos
tan radicales, no puede iniciarse brúscamente:
antes es necesaria la Tahara, despojarse de todo lo
que pudiera empañarlo. Por ello han sido prescritas
las abluciones.
Valor del Adzán o llamado a la oracion
El Adzán es la llamada con la que se convoca
al Salat, y el que la realiza es llamado Muádzdzin.
Rasulullah (s.a.s) ha dicho: "Hay tres hombres
que el Yáwm al-Qiyama, cuando resurjamos después
de la muerte, aparecerán sobre una colina de
almizcle negro (o almizcle oscuro, el más oloroso
y preciado), y no temerán cuando a los hombres
Al-lâh les exija cuentas, el momento en que todos
los hombres sentirán terror: el hombre que recite
el Corán sin otro deseo que agradar a Al-lâh
y sirva de Imam a las gentes y las gentes estén
complacidas con él, y el hombre que proclame
el Adzán en una mezquita invitando a las gentes
a Al-lâh, y el hombre al que se haya puesto a
prueba concediéndosele riquezas y las riquezas
no lo hayan hecho desatento".
Y también dijo: "No escuchan la llamada
del Muádzdzin ni hombre ni genio, ni ninguna
otra cosa, sin que tengan que dar testimonio a su favor
el Yáwm al-Qiyama", es decir, todo aquello
a lo que llegue la voz del Muádzdzin hablará
a su favor ante Al-lâh. Y también dijo:
"La Mano del Rahmán está sobre la
cabeza del Muádzdzin desde que comienza hasta
que acaba el Adzán".
Y se ha dicho acerca de las Palabras del Corán
"¿Quién dice algo mejor que el que
convoca a las gentes hacia Al-lâh y obra rectamente?"
que se refieren a los Muádzdzinin. Y Rasulullah
(s.a.s.) dijo: "Cuando escuchéis la LLamada,
repetid las palabras que pronuncia el Muádzdzin",
y así es recomendable (mustahabb) para todo el
que las oiga, salvo las dos "háyyas"
en cuyo lugar dirá: "La háwla wa
la qúwwata illa billlah".
Y al acabar de oir el Adzán, la Sunna enseña
que debe hacerse el siguiente Du'á: "Alláhumma
rábba hádihi d-dá'wati t-támmati
was saláti l-qáimati áti Muhámmadan
il-wasílata wal fadílata wad dárayata
r-rafí'ata wa b'ázhu l-maqáma l-mahmúda
l-ladi wa'ádtah, ínnaka la tújlifu
l-mi'ád", que quiere decir: "Al-lâhumma,
Señor de esta LLamada Perfecta y del Salat establecido,
concede a Muhammad el Medio, el Bien y el Grado elevado,
y hazlo aparecer en el Rango Elogiado que le has prometido,
y ciértamente Tú no traicionas tu Palabra".
El Sahabi Sa'id ibn al-Musib dijo: "Quien haga
el Salat en una tierra desierta, a su derecha se coloca
un Málak y a su izquierda se coloca un Málak
y él hace de Imam para ellos; y si además,
antes de empezar el Salat, proclama el Adzán
y la Iqama, hacen el Salat detrás de él
Maláikas semejantes a montañas".
Valor de los cinco Salawat prescritos (o Maktubas)
Al-lâh dice en el Corán: "El Salat,
para los múminin, es una prescripción
determinada para ciertos momentos". Rasulullah
(s.a.s.) dijo: "Hay cinco Salawat que Al-lâh
ha prescrito para los hombres. Quien los cumpla con
la atención que requieren sin faltar a ninguno
de sus pilares obtiene la promesa de Al-lâh de
hacerle entrar en el Jardín. Quien no los cumpla
no tiene ninguna promesa de Al-lâh: si quiere
lo atormentará y si quiere lo hará entrar
en el Jardín". Y también dijo: "Los
cinco Salawat son como un río que pasara por
delante de la puerta de vuestras casas y en el que os
bañárais cada día cinco veces,
¿quedaría algún resto de suciedad
(idolatría) en vosotros?.
Los cinco Salawat hacen desaparecer vuestros Dzunub
(faltas) como el agua elimina la suciedad". Y también
dijo: "Los Salawat os evitan el mal de los Dzunub
que cometáis entre ellos mientras os apartéis
de los grandes Haram". Y dijo: "Quien se encuentre
con Al-lâh (después de la muerte) habiendo
desperdiciado la ocasión de los Salawat, encontrará
que Al-lâh no dará valor al resto de sus
acciones por meritorias que sean".
Y dijo: "El Salat es la columna del Islam, quien
lo abandone derriba el Din".
En cierta ocasión, le preguntaron: "¿Cuál
es el mejor acto que puede llevar a cabo un hombre?",
y él (s.a.s.) respondió: "El Salat
en su momento". Y dijo: "Quien persevere en
el cumplimiento de los Cinco vigilando rigurosamente
el wudu que los precede y sus momentos, verá
-cuando esté junto a Al-lâh- que son Luz
que lo rodea y lo protege, y serán un argumento
a su favor el Yáwm al-Qiyama; y quien los descuide
se verá aparecer ante Al-lâh entre Faraón
y Hamán (los que están privados de todo
bien)". Y también dijo: "La llave del
Jardín es el Salat". Y dijo: "Nada
hay más amable para Al-lâh, después
de la proclamación del Tawhid (la Shahada) que
el Salat, pues si lo hubiera lo habría impuesto
a los Maláika, pero los Maláika está
o bien inclinados, o bien postrados, o bien erguidos,
o bien sentados (las posiciones del Salat)".
Y dijo: "Quien abandone la práctica del
Salat a propósito debiera ser contado entre el
número de los káfirs",...es decir,
a punto está de desaparecer de él todo
vestigio de Imán. Y también dijo: "Quien
abandone a propósito el Salat queda fuera de
la garantía ante Al-lâh que ofrece Muhammad".
Y dijo: "Lo primero que Al-lâh tendrá
en cuenta es el Salat de cada uno de vosotros".
Abu Bakr decía: "Cuando escuchéis
el Adzán, levantáos para apagar con el
Salat el Fuego que habéis encendido (y que os
aguarda)".
Valor del cuidado que debe tenerse en el cumplimiento
de los Pilares del Salat (o Arkan del Salat)
Rasulullah (s.a.s.) dijo: "El Salat Maktuba es
como una balanza y tiene su justa medida, quien la respeta
cumple con su equilibrio". Yaçid ar-Raqqashi
dijo: "El Salat de Rasulullah (s.a.s.) era perfecto
y parecía como si estuviera medido".
Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Dos hombres de mi Nación
hacen un Salat parecido, sus inclinaciones y sus postraciones
son las mismas, pero son dos Salat tan distantes entre
sí como el cielo y la tierra",...se refiere
a que uno de ellos los hace con Jushu' y el otro sin
él, y el Jushu' es la profundidad del Salat y
es su principal pilar: de poco sirve un Salat si no
es profundo. Y dijo: "Al-lâh no mirará
el Yáwm al-Qiyama al hombre que no se yergue
perfectamente entre la inclinación y la postración".
Y dijo: "¿No teme el que durante el Salat
desvía su rostro (de la orientación debida
hacia la Qibla) que Al-lâh se lo trastoque en
el rostro de un asno?". Y dijo: "Quien cumpla
el Salat en su momento y realice a la perfección
la ablución que lo precede, y haga con exactitud
sus inclinaciones y postraciones, y no desatienda la
profundidad que el Salat exige, ése notará
que el Salat sale de él y asciende siendo una
claridad brillante que le dice: Al-lâh te guarde
como me has guardado. Y quien haga el Salat fuera de
su momento, y no realice bien su Wudu, y descuide las
formas de las inclinaciones y las postraciones, y su
Salat no sea profundo, verá a su Salat salir
de él como algo oscuro y tenebroso que le dice:
Al-lâh te arruine como me has arruinado".
Y dijo: "El peor de los hombres es el que le roba
a su Salat".
Valor de la Asamblea (o Yama'a)
Rasulullah (s.a.s.) dijo: "El Salat en grupo supera
al Salat en solitario en veintisiete grados". 'Uzmán
dijo: "Quien acuda a hacer el Salat 'Isha en comunidad
es como si hubiera velado media noche entera haciendo
Salat; y quien acuda al Subh es como si hubiera velado
toda la noche". Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Quien
hace el Salat en Yama'a es como si se colmara de 'Ibada".
Sa'id ibn al-Musib dijo: "Desde hace veinte años,
cada vez que oigo al Muádzdzin proclamar el Adzán,
acudo sin falta a la mezquita".
Muhammad ibn Wási' dijo: "Del mundo sólo
tres cosas me parecen apetecibles: un amigo que, cuando
me tuerzo, sabe enderezarme; un alimento Halal que me
evite caer en lo Haram; y un Salat en asamblea que corrige
los defectos de mi ignorancia y me enriquece junto a
Al-lâh".
Hátim al-Asamm dijo: "Sólo una vez
perdí la ocasión de un Salat en Yama'a
y hasta mi casa vino al-Bujari para darme el pésame".
Ibn 'Abbas dijo: "Quien escuche al Muádzdzin
y no le obedezca es porque Al-lâh no quiere nada
bueno para él".
Abu Huráira dijo: "Que a un hombre le llenen
los oídos de plomo fundido es mejor para él
que oir la Llamada y no responder a ella".
Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Quien haga durante cuarenta
días los Salawat en Yama'a sin perderse ningún
Takbir es protegido por Al-lâh contra dos males:
el de la hipocresía y el del Fuego".
Se ha dicho: "En el Yawm al-Qiyama habrá
gentes con rostros resplandecietes como estrellas que
dirán: Cuando escuchábamos el Adzán
inmediatamente nos poníamos a hacer el Wudu sin
que nada nos detuviera. Otro grupo tendrá los
rostros resplandecientes como lunas, y dirán:
Nosotros hacíamos el Wudu antes de escuchar el
Adzán. Y aún otro grupo tendrá
los rostros resplandecientes como soles, y dirán:
Nosotros oíamos el Adzán en la mezquita".
Valor de la postracion (o Suyud)
Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Con nada se acerca el
hombre a Al-lâh que sea mejor que un Suyud secreto".
Y dijo también: "Cuando un musulmán
se postra ante Al-lâh, Al-lâh eleva su rango
y elimina el efecto de sus torpezas".
Un hombre dijo a Habibullah (s.a.s.): "Invoca a
Al-lâh para que me proporcione tu intercesión
ante Él y me haga tu compañero en el Yanna",
y Rasulullah (s.a.s.) le contestó: "Ayúdame
haciendo muchos Suyud". Y dijo también:
"Lo más cerca que un hombre puede estar
de Al-lâh, lo está durante el Suyud".
El Corán dice: "Póstrate y acércate",
y también: "Ellos (los múminin) tienen
el signo en sus frentes, la huella del Suyud"...
se ha dicho que ese signo es la marca que deja el contacto
de la frente con el suelo, y también se ha dicho
que es la Luz del Jushú' o profundidad del Salat.
Se ha relatado que cuando un musulmán hace el
Suyud, Shaytán llora y dice: "A él
se le ha ordenado postrarse y se ha postrado y su destino
es el Jardín; a mí se me ordenó
que me postrara y me negué y fuí expulsado
del Jardín, y mi destino es el Fuego".
Se ha contado que 'Ali ibn 'Abdullah ibn 'Abbás
se postraba ante Al-lâh cada día mil veces,
y por ello fue llamado el Sayyád. También
se ha contado que el califa 'Omar ibn 'Abdelaziz nunca
se postró sobre alfombra alguna, sino directamente
sobre el polvo.
Valor de la profundidad durante el Salat (o Jushú')
Al-lâh ha dicho: " Establece el Salat en
mi Memoria", y también: "No seáis
de los que olvidan", y también: "No
os acerquéis al Salat estando ebrios, sino esperad
a saber lo que decís"...
Se ha dicho que "ebrios" significa aquí
"aturdidos por las preocupaciones".
Habibullah (s.a.s.) dijo: "Quien haga dos Rak'as
sin pensar durante ellas en nada del mundo, a ése
se le disculpan todos sus Dzunub anteriores". Y
dijo: "El Salat es calma, humildad, concentración,
lamento, retorno a Al-lâh, y que al final extiendas
las manos y digas Al-lâhumma, Al-lâhumma;
si no, tan sólo es algo inacabado".
Se ha contado que en los Libros Antiguos Al-lâh
ha dicho: "No acepto cualquier Salat, sino sólo
aquél que va acompañado de pequeñez
ante mi Inmensidad, aquél en el que no hay arrogancia
y lo hace quien alimenta al hambriento por amor hacia
mí". Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Sólo
ha sido prescrito el Salat, y ha sido ordenado el Hayy
y las circunvalaciones (alrededor de la Kaaba), no se
han erigido los estandartes más que para establecer
entre los hombres el Dzikr de Al-lâh, para que
Al-lâh sea recordado; si en tu corazón
no está la presencia del Recordado, que es el
objeto de la 'Ibada, si en él no hay temor ante
la contemplación de la Grandeza, ¿qué
valor tiene tu Dzikr?".
Y también dijo: "Cuando hagas el Salat,
hazlo como si estuvieras a punto de morir y te despidieras
del mundo"... es decir, cuando empieces el Salat,
despídete de todo e incluso de tí mismo,
recordando las palabras de Al-lâh: "Oh ser
humano, hacia tu Señor te diriges y con Él
te encontrarás".
Bakr ibn 'Abdullah dijo: "Si quieres entrar a donde
está tu Dueño y hablar con Él sin
necesidad de traductor, puedes hacerlo. Haz bien el
Wudú, y entra en tu Mihrab, y he aquí
que has entrado a donde está tu Señor,
sin haber pedido permiso a nadie, y he aquí que
te diriges a Él sin intermediario".
Aisha, la esposa de Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Rasulullah
(s.a.s.) nos hablaba y le hablábamos, pero cuando
llegaba el momento del Salat era como si no nos conociera
ni nosotros lo conociéramos"... y era porque
estaban completamente dedicados a la contemplación
de la Grandeza de Al-lâh.
Y Habibullah (s.a.s.) dijo: "Al-lâh no mira
al Salat del hombre que no une su corazón al
cuerpo".
En cierta ocasión, el Nabí (s.a.s.) vio
a un hombre que, haciendo el Salat, se mecía
la barba y dijo: "Si su Salat fuera profundo, su
cuerpo estaría en calma". Cuando llegaba
el momento del Salat, el Imam 'Ali temblaba y palidecía;
al preguntársele por ello, contestó: "Éste
es el instante de algo extraordinario que Al-lâh
ha confiado a los hombres después de habérselo
propuesto a los cielos, a la Tierra y a las montañas,
que lo rechazaron por verse incapaces para cumplir con
esa confianza, pero el hombre quiso asumirla".
Su nieto, 'Ali ibn al-Husain, también palidecía
durante el Wudu, y lo explicó diciendo: "¿Es
que no sabéis ante Quién voy a ponerme
de pié?".
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