Fragmentos
 
 

El Yo

"Ser sufí es desasirse de toda preocupación, y la peor de todas es la del yo. Mientras te ocupas de ti, estás separado de Allâh.
La vía hacia él es sólo de un paso: salir de ti mismo".
(Junayd, s. IX-X)




verdad o falsedad?

La famosa espada del Islam separa la verdad de la falsedad.
El ser humano debe tomar consciencia que si no adora al Dios Único, en realidad está adorando a distintos ídolos y postrándose en múltiples direcciones. Por eso, el sufismo acepta la naturaleza humana en toda su dimensión.

El gran poeta persa y místico sufí Jalaluddin Rumi, también llamado Mevlana (Horasan 1207 - Konya 1273), nos describe al ser humano como un ser con alas de ángel y cola de burro por su libertad para escoger entre el bien y el mal. Rumi dice que existen dos inteligencias; por un lado, una negativa que siempre duda, discute y va contra la verdad, y por otro, una positiva que, por el contrario, está correctamente orientada hacia la verdad, que es una ayuda y una luz en la dirección de descubrir la faz de Allah detrás de toda la existencia.
















 
 


Tu y Yo

Entre la afirmación de Dios y yo suceden diversos estados de conciencia

Cuando el sufí se desposee completamente de su "yo" no queda ya más que el "Tú" de Dios.
Sin embargo, éste no es el último estadio de la unión con Dios puesto que Dios todavía es un "Tú", y por tanto quedan aún restos de alteridad entre Dios y el hombre.
Es preciso que Dios como un "Tú" desaparezca también.



Darse Cuenta

Al-Bistâmî, uno de los primeros místicos del Islam relata su experiencia:

"Al principio estaba yo equivocado en cuatro puntos.
Me aplicaba a tener a Allâh presente, a conocerle, a amarle y a buscarle.
Al llegar al fin me di cuenta de que él me tenía presente antes que yo lo hiciera,
que su conocimiento había precedido al mío,
que su amor hacia mí había existido antes que el mío hacia él,
y que me buscó antes que yo le buscara". (Al-Bistâmî, s. IX)



Murmurar y Calumniar

Murmurar es decir de tu hermano lo que le desagradaría si lo oyera, aun cuando pudiera ser la verdad, y ya sea que concierna a su persona, actos, palabras, religión, mundo, vestido, casa, montura, o cualquier otra cosa. Cuando dices algo concerniente a cualquiera de esas cosas, y es verdad, y sabes que lo perturbaría si lo oyera, eso es murmurar.

Si no es verdad entonces es calumnia, lo que es aun peor. Hace poca diferencia que el sujeto a quien se refieren esas cosas esté presente o ausente.



El milagro

Un "Milagro" algo que no podemos explicar con la logica se denomina en arabe "muayisa" es una palabra de la misma familia que "anciano" (ayus), con su misma raíz.
¿Qué es un anciano? Alguien que ha perdido sus fuerzas, al que abandona toda potencia.
"Muayisa", por tanto, eso que traducimos por "milagro", "prodigio", literalmente en árabe es un participio activo que quiere decir "algo que te reduce a la impotencia, algo que destruye tus fuerzas, algo que destruye tus seguridades, algo que cuestiona tu universo"; es decir, puesto que confiamos plenamente en nuestro universo divinizado por nosotros, convertido en algo autónomo (de Allâh), separado de cualquier esencia, resulta que hay momentos en que suceden cosas que nos hace cuestionar absolutamente todo eso.

Eso es precisamente asomarse al caos.
No al cosmos, el cosmos ya lo tenemos; no nos exige nada.
Realmente para crecer espiritualmente hay que asomarse a lo insondable, a aquello que no podemos justificar de ninguna manera... ese desafío que lanza el Corán es una forma de abrirte a la posibilidad de conocerte de otra manera, en la cual tú no seas tan protagonista, es decir, te invita al caos, a confiar también en el caos, a entregarte completamente, a abandonarte en lo que tú no puedes dominar de ninguna manera, que ya no se rige por leyes que tu razón pueda codificar de alguna forma.

El sufi dice que nada tiene la menor lógica; para mí es tan sorprendente que el vaso se caiga si lo suelto como que el mar se abra cuando Moisés introduce en él su vara. Porque el sufi funciona al nivel de la esencia: se queda en la percepción abismal de la esencia de Allah que no trata de comprender porque sabe del absurdo de pretenderlo. Porque ya ha sido reintegrado nuestro universo en la Unidad y Unicidad de Allâh: ésa es la experiencia sufi y a lo que invita el Sufismo precisamente. El sufi quiere saborear hasta sus últimas consecuencias ese universo caótico que es como a nosotros -criaturas y por ello dependientes de sus limitaciones para existir- se nos muestra la esencia de Allâh, simplemente eso.



Relacion

El Profeta Muhammad (swas) dijo: "Ninguno de Uds. Tendrá una fe auténtica hasta que sus corazones sean encauzados, ni sus corazones podrán ser encauzados hasta que sus lenguas sean encauzadas, ni sus lenguas podrán ser encauzadas hasta que encaucen sus acciones."



Imaginario-Realidad

El mundo fenoménico
está fundado sobre lo imaginario,
y tú a eso le llamas el mundo de la realidad,
sólo porque es visible y tangible.
En cambio, calificas de imaginarias
las realidades espirituales
a las cuales el mundo de aquí está subordinado.
Pero, es justo lo contrario.
Este mundo, tu mundo,
es irreal e imaginario,
y el de las realidades espirituales
es lo único real y lo que reduce a nada
todos tus mundos”

(Mawlânâ Rûmî, m. 1273)



La Gente del Recuerdo

Afirman los derviches (quienes caminan el sendero sufí) que el hombre es, por naturaleza, un ser fundamentalmente olvidadizo. Lo olvidamos todo, incluso qué somos.
De ahí que, según ellos, la tarea fundamental en el camino interior sufí, la única que en verdad cuenta, sea el recuerdo o dhikr.
Pronto, los derviches dieron en llamarse ahl ad-dhikr, o lo que es lo mismo, "los del recuerdo".
Y es que lo que primero caracteriza a quienes recorren la senda sufí es su capacidad de recordar o, dicho de otro modo, de no olvidar. Recordar, que quiere decir traer algo, nuevamente, al corazón; actualizarlo, hacerlo presente una y otra vez. No obstante, el recuerdo no es, para el derviche, un mero ejercicio de la memoria. Recordar es rememorar, sí, pero también, y sobre todo, reconocer.
Pero, ¿recordar o reconocer qué? o ¿no olvidar qué? Pues, lo que siempre se ha sido y se es, pero se ha olvidado, fruto de la ignorancia y el deslumbramiento que produce en nosotros el brillo efímero de lo cotidiano. Recordar lo que verdaderamente se es; reconocer lo único que realmente es.
Así pues, somos seres olvidadizos, pero, afortunadamente, nada se pierde en la consciencia humana. Y ese es el gran aliado interior que todos, sin excepción, llevamos dentro. Quien probó una vez la dulzura del amor, lo reconocerá de nuevo.




Que es el dawq

Para la puesta en práctica del sufismo , se necesita algunas medicinas: fuerza de voluntad, perseverancia, paciencia o intención sincera, entre otras.

El Sufismo es acción

La acción es poner en práctica el conocimiento que ya tenemos, porque sólo haciendo las cosas, llegaremos a ser sabios. Conocer es necesario, pero hay que acompañarlo de la acción. Un conocimiento sin acción, es locura. Decía al-Gazzali: “Un conocimiento sin práctica es locura, la práctica sin conocimiento, inutilidad”. El sabio es el que pone el conocimiento en acción, vive en la acción. El sabio es el que, habiendo saboreado la vida, conoce el arte de vivir en acción.

Saborear la vida

Sabor: dawq. Los cinco sentidos son imprescindibles para el ser humano. Hablar de los cinco sentidos físicos, de lo sentiente (vista, oído, olfato, gusto y tacto) es hablar de los órganos físicos, los cuales nos permiten percibir y sentir el mundo de la existencia. Se dice que se tiene dawq, saboreo, cuando un órgano sutil de percepción se despierta; este saboreo tiene que ver con el llamado sexto sentido de percepción, es decir, con la intuición del corazón. El dawq es saborear la vida en sus distintos estados espirituales.Sin este atribut funcionando uno solo vive en exterior y no conoce la esencia de las cosas, el Batin

El catador de vinos, gracias a su paladar, saborea los vinos en sus múltiples cualidades. El conocimiento que ha adquirido en el “saboreo” de los vinos lo vuelca en un tratado sobre el vino. Alguien que nunca saboreó un vino, lee un tratado enológico y adquiere cierto conocimiento teórico-intelectual de ello; pero no llega a ser sabio, porque no ha saboreado con su paladar el vino. Por esto, la vida es acción, es decir, es llevar el recetario de cocina a la práctica, pues sólo así es posible un buen horneado de dulces. Quien sabe de amores sabe de sabores y sinsabores

En el Sufismo existe el Principio de Unicidad, Tawhid; es la unicidad esencial del Ser Necesario. La realidad última es Allah; todo lo que no es Allah es una simple apariencia, nada existe excepto Allah, Sus Nombres, Atributos y manifestaciones. Se alcanza el estado del Tawhid atravesando varias etapas para alcanzar a Allah, conocerLe, amarLe, estar cerca de Él y formar parte de Él (ser absorbido en Él, para ser más precisos). Tawhid es la cumbre sublime de la meta humana y la meta final del viaje espiritual. El trabajo del corazón y el esfuerzo son medicinas imprescindibles para el buscador